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| Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito |
Cuando llegó el momento de elegir a la Abadesa para un nuevo periodo, todo indicaba que se daria la reelección de la Madre Mariana, quien gobernaba el monasterio sapiencialmente, con la fortaleza necesaria para mantener la observancia rigurosa de la regla.
Pero eso provocaba la envidia y el orgullo de ciertas religiosas nativas, o criollas, quienes luego de un proceso de relajamiento interior, y de decadencia progresiva en la práctica de la vida monástica, decidieron no cumplir más con la regla del convento, a la que consideraban muy rígida. La rebelión contra la autoridad, ostentanda en esos momentos por la Madre Mariana y las demás fundadoras españolas, había comenzado, y tomó más cuerpo a raíz de la elección de otra religiosa como nueva Abadesa.
Con esta nueva Priora, débil de carácter y condescendiente con las rebeldes, la observancia de la regla comenzó a decaer, desapareció el silencio estricto, y se cometieron deslices en materia de clausura. En una palabra, comenzó el relajamiento de la perfección monástica.
La Madre Mariana, viendo la situación tan dolorosa del convento que había fundado, pidió a su Superiora que frene las inobservancias. Pero ésta, a instancias de las insubordinadas, abusando de su poder, y con la anuencia del Obispo, mandó a encarcerlar por un mes, a la santa española junto con las demás Madres fundadoras y con las monjas fieles a la observancia, en una improvisada prisión cerca del coro inferior. Fueron veinticinco en total las prisioneras, acusadas vilmente de provocar la división en la Comunidad.
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| La Madre Mariana recluida en la prisión |
En dicho sitio, lúgubre y húmedo, fueron expuestas las cautivas a toda clase de humillaciones. Las monjas revolucionarias les quitaban el velo a la fuerza, las flagelaban, les daban de comer en el piso, y las ofendían con mofas e improperios.
Sufriendo tanta vejación, las inocentes recluidas rezaban en recogimiento, haciendo de la cárcel la antesala del Cielo, al mismo tiempo que las rebeladas las atormentaban con calumnias e insultos. Las esposas amantes del Cordero, imitaban en la prisión a su Divino Modelo, y con sacrificios, penitencias y oraciones, vida de continua inmolación, aplacaban la Justicia Divina, irritada por tantos crímenes que se cometían en el mundo, y por los relajamientos en el monasterio.
Ante las injusticias de las Autoridades eclesiástica y monacal, la Madre Mariana llegó incluso a pedir los pasaportes de todas las españolas para regresar a su patria, llevando con ellas los restos de la Madre María Taboada, y declarar cerrado el monasterio. Recibió incluso el ofrecimiento de un canónigo, de llevarlas al Norte y allí obsequiarles el mejor de sus terrenos para la edificación de un nuevo convento, prometiendo proveerlas de todo lo necesario. Pero Dios Nuestro Señor había destinado una vocación grandiosa, como ya lo anticipamos, para ese lugar y para sus fundadoras, desde mucho tiempo atrás.
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Cuerpos incorruptos de la Madre María Taboada
y de otras fundadoras del Monasterio
de la Inmaculada Concepción de Quito |
Por eso mismo, la cárcel oscura fue visitada y santificada con la presencia del propio Dios, de su Bendita Madre, la Inmaculada Concepción, de San Francisco de Asís, y del Apóstol San Juan, quienes prodigaron con apariciones y revelaciones a todas y cada una de las santas fundadoras.
En el presente artículo nos ocuparemos de la aparición del Apóstol del Amor.
Durante la Última Cena, cuando San Juan Evangelista escuchó latir el Corazón de Jesús, Nuestro Señor pensó en el Ecuador.
“Habrá profanaciones
de la sagrada Eucaristía!
¡Muchas veces, en esa época,
los enemigos de Jesucristo,
instigados por el demonio,
robarán en las ciudades
las Hostias Consagradas,
con el único fin de profanar
las Especies Eucarísticas!
¡Mi Hijo Santísimo
será arrojado al suelo
y pisoteado por pies inmundos"
Luego de que Nuestro Señor, la Santísima Virgen y San Francisco aparecieran a la Madre Mariana y a algunas de las fundadoras, otra de ellas, la Madre Magdalena de San Juan, vio al Evangelista San Juan, quien, amable y risueño, quería hablar con ella y contarle algo extraordinario.
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Nuestro Señor y San Juan Evangelista
en la Última Cena. Giotto. |
Le reveló que en la noche de la Última Cena, cuando había reclinado su cabeza en el Pecho de su Maestro, Nuestro Señor le dio a conocer varios secretos guardados en su Sagrado Corazón; uno de ellos fue el de la fundación del Monasterio que Él tanto amaba: el de la Inmaculada Concepción de Quito.
San Juan conoció también que en ese sitio tan bendito, habría almas eucarísticas que tomarían sobre sí, la reparación de los sacrilegios cometidos contra la Víctima Divina.
Como parte de ese secreto, la Madre Magdalena pudo ver el sacrilegio enorme que se cometería en la ciudad de Riobamba. La que sería entonces República del Ecuador - 1830 años después de la Muerte de Nuestro Señor - le fue presentada como el Calvario, y la ciudad de Riobamba, como el Gólgota, donde expiaba la Víctima Eucarística, en las violencias del doloroso amor, bajo los inmundos pies de hijos desnaturalizados, que daban muerte cruel e ignominiosa a un sacerdote, cuya hermosa alma, entraba inmediatamente en el Cielo, sin pasar por el Purgatorio, momentos antes de que terminaran en la tierra, las profanaciones eucarísticas que le siguieron a su martirio.1
La religiosa pudo ver también que en ese mismo día, alguien se paseaba por las calles de Riobamba, y que al ser preguntado por amigos cómo estaba, les respondió con descaro: "Muy bien, pues pasé la noche más entretenida de mi vida agarrando curas". Y continuando su camino, al pasar delante de una construcción, una viga le cayó en la cabeza, matándolo en el acto, llendo su desgraciada alma al infierno.
La Madre Magdalena contempló de igual manera los actos de reparación que hacían las personas simples del pueblo. Vio también a sus hermanas religiosas del Monasterio Concepcionista de Riobamba (fundado en 1605), así como todas las oraciones, desagravios y lágrimas que vertían las esposas del Cordero sin mancha, en los silenciosos muros de dicho claustro. Dichas reparaciones subían al Cielo como el humo del incienso, en la soledad de un templo, aplacando la ira del Señor. El día era muy triste, llovía, y la naturaleza lloraba el sacrilegio sin nombre que sufría su Creador.
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El Beato, Padre Emilio Moscoso, SJ
muerto por las tropas liberales |
El Apóstol le reveló que Dios, de algún modo se valió de ese sacrilegio público, para reparar las muchas profanaciones ocultas de las que era víctima la Sagrada Eucaristía.
La Madre Magdalena conoció que el Convento de Quito, era el sitio destinado por el Corazón de Jesús, para desagraviar el sacrilegio del 4 de mayo de 1897 y los posteriores. Vio entonces todas las penitencias y actos públicos de humildad que las religiosas del monasterio harían y cómo con esto muchas faltas serían perdonadas. "Quien me diera -decía ella- poder vivir en esos tiempos, para unirme a mis hermanas, y tomar parte activa y personal con ellas, en esos actos de reparación".
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Monasterio de la Inmaculada Concepción
de Riobamba |
Conoció de igual forma, que de no haberse dado tales reparaciones, un gran castigo hubiese caído sobre la culpable República del Ecuador, la cual habría sucumbido ante una terrible inundación, a no ser por los sacrificios de las vírgenes del Monasterio de la Inmaculada Concepción.
Con seguridad, las Madres conceptas, reparan actualmente las innumerables ofensas cometidas contra la Sagrada Eucaristía: comuniones en pecado mortal, con ropas indecentes, en un mundo que ha perdido la brújula y la noción del bien y del mal. A esto añadimos formas actuales de distribución de las Hostias sagradas, que no pocas veces desembocan infelizmente en el robo sacrílego de ellas para ritos satánicos.
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Los santos Ángeles llenos de dolor e indignación
recogiendo las sagradas hostias
que fueron echadas al piso por los liberales sacrílegos y pisoteadas por sus caballos |