viernes, 11 de diciembre de 2020

Diálogo entre la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego: donde florece la virtud, se desarrolla la nobleza de sentimientos y la cortesía

 


Fiel retrato de San Juan Diego, de Miguel Cabrera


Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. En el libro de Edesia Aducci, “María y sus títulos gloriosos”, puede leerse el siguiente diálogo entre Nuestra Señora y el vidente Juan Diego:

“En la primera aparición, Nuestra Señora, hablando en el idioma mexicano, se dirige a Juan Diego: “Hijo mío, a quien amo tiernamente, como a un hijo pequeñito y delicado, ¿adónde vas?” Respuesta de él: “Voy, noble Señora mía, a la ciudad, al barrio de Tlaltelolco, a oír la Santa Misa que nos celebra el ministro de Dios y súbdito suyo”.

Ella: “Sabe, hijo muy querido, que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, y es mi deseo que me erijan un templo en este lugar, de donde, como Madre piadosa tuya y de tus semejantes, mostraré mi clemencia amorosa y la compasión que tengo de los naturales y de aquellos que me aman y procuran; oiré sus ruegos y súplicas, para darles consuelo y alivio; y, para que se realice mi voluntad, has de ir a la ciudad de México, dirigiéndote al palacio del Obispo que allí reside, al cual dirás que yo te envío y que es voluntad mía que me edifique un templo en este lugar; referirás cuanto viste y oíste; yo te agradeceré lo que por mí hicieres a este respecto, te daré prestigio y te exaltaré”. 




Respuesta de él: “Ya voy, nobilísima Señora mía, a ejecutar tus órdenes, como humilde siervo tuyo”.

Segunda aparición: Juan Diego vuelve del palacio del obispo, el mismo día por la tarde. La Santísima Virgen lo esperaba. “Mi muy querida Reina y altísima Señora, hice lo que me mandaste, y aunque no pudiese entrar a hablar con el señor obispo sino después de mucho tiempo, le comuniqué tu mensaje, conforme me ordenaste; me oyó afablemente y con atención; pero, por su modo y por las preguntas que me hizo, entendí que no me había creído; por tanto, te pido que encargues de eso a una persona (...) digna de respeto, y a quien se pueda creer, porque bien sabes, mi Señora, (...) que no es para mí este negocio al que me envías; perdona, mi Reina, mi atrevimiento, si me aparté del respeto debido a tu grandeza; que yo no haya merecido tu indignación, ni te haya desagradado mi respuesta”.

La Santísima Virgen insiste con Juan Diego. Este vuelve al obispo y el prelado exige una señal de la aparición. Vuelve el buen indio [al Tepeyac] y Nuestra Señora manda que regrese al día siguiente, al mismo lugar, que Ella satisfaría el deseo del obispo; pero Juan Diego, necesitando llamar un sacerdote para asistir a su tío, que enfermara gravemente, se desvía del camino combinado, seguro de que la Santísima Virgen no lo vería. Pero he aquí que Nuestra Señora le aparece en otro local. “¿Adónde vas, hijo mío, y por qué tomaste este camino?” Juan Diego: “Mi muy amada Señora, ¡Dios te guarde! ¿Cómo amaneciste? ¿Estás con salud?... No te fastidies con lo que te voy a decir: está enfermo un siervo tuyo, mi tío, y yo voy de prisa a la iglesia de Tlaltelolco, para traer un sacerdote para confesarlo y ungirlo, y después de hecha esta diligencia volveré a este lugar, para obedecer tu orden. Perdóname, te pido Señora mía, y ten un poco de paciencia, que mañana volveré sin falta”.

Respuesta de Ella: “Oye mi hijo, lo que te voy a decir: no te aflija cosa alguna, ni temas enfermedad ni otro accidente penoso. ¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás debajo de mi protección y amparo? ¿No soy yo vida y salud? ¿No estás en mi regazo y no andas por mi cuenta? ¿Tienes necesidad de otra cosa?... No tengas cuidado alguno con la dolencia de tu tío, que no morirá de esta vez, y ten certeza de que ya está curado”. 




Acerca de este acontecimiento pueden hacerse varios comentarios. De ellos, creo que el más interesante es aquel en que se ha hecho menos insistencia, sobre la actitud de Juan Diego delante de Nuestra Señora, y el lenguaje que él usa para dirigirse a Ella.

Digo esto porque los otros aspectos de la cuestión —a saber: que Nuestra Señora se complace en aparecer a los humildes, que Ella procura las personas simples para mandar recados a las grandes, que busca las almas castas para que sean Sus portavoces— se han resaltado en tantas apariciones, que me parece que no hay una razón especial para que insistamos sobre eso en la noche de hoy.

Pero el lenguaje y la actitud del indio para con Nuestra Señora tiene un sabor extraordinario. Ella lo trata como a un hijo de una nación que está en decadencia, de un pueblo que está desapareciendo, pero es un alma pura, un alma simple. Ella lo trata, entonces, con un cariño extraordinario, casi como se hace con un niño. Vemos, de un lado, la predilección que Nuestra Señora tiene no sólo por las almas grandes, heroicas, que realizan hechos históricos sino, por otro lado, cómo Ella ama todas las formas de belleza, todas las formas de virtud, el amor que también tiene por las almas simples, pequeñas, que le son enteramente dedicadas y que ignoran su propia virtud, cómo Ella habla a esas almas con una ternura completamente particular.

Después, tenemos la actitud de Juan Diego para con Nuestra Señora: él le dirige la palabra como un verdadero cortesano, saluda a Nuestra Señora, le pregunta cómo Ella se encuentra, si está bien... y después de haber descrito el fracaso de la misión que tuvo, se porta como un verdadero diplomático y le explica la razón humana de su revés. Al mismo tiempo, manifiesta su deseo de no aparecer, de no brillar. Ustedes están viendo todas las cualidades de alma que entran en eso.

Resultado: La Virgen aprecia su actitud, sonríe para el consejo diplomático, pero no lo acepta. Al contrario, exige que él regrese. Juan Diego, obediente, vuelve, pues no tiene pereza, no le hace resistencia, es hijo de la obediencia. ¿Recibió una orden? ¿La Virgen así lo quiere? ¡Él vuelve de nuevo!...

Nuestra Señora reprodujo su imagen en el manto de Juan Diego, quien murió en olor de santidad.

Aquí tenemos un principio que deseo resaltar: donde existe la verdadera virtud, aparecen la delicadeza, la cortesía, las maneras nobles. Por el contrario, donde la virtud muere, las maneras nobles, la delicadeza y la cortesía van desapareciendo...

Juan Diego, como tiene delicadeza de alma, sabe tener delicadeza de maneras, y sabe tratar a Nuestra Señora con respeto, con una verdadera hidalguía. Al contrario, si no tuviese delicadeza de alma, él podría ser un hidalgo, pero no trataría a Nuestra Señora con verdadera hidalguía.

Lo que a su vez, prueba lo siguiente: si la civilización occidental desarrolló las buenas maneras, la hidalguía de trato, el señorío, el garbo, el tono aristocrático hasta un punto donde nunca ninguna civilización llegó, eso se debe a que hubo una Edad Media, donde esas cosas nacieron y continuaron a desarrollarse incluso después del fin de esa época. Hubo un momento de alta virtud, de alta piedad, donde las almas estuvieron ávidas de nobleza de trato, de delicadeza, de grandeza. Y como las costumbres nacen de la avidez de las almas buenas o malas, de ahí germinó, en el suelo sagrado de la Europa Cristiana, toda la cortesía occidental, hija precisamente de esa piedad y de esa virtud.

Cuando estalla la Revolución, que partió la vida espiritual de Europa, cuando entraron los principios igualitarios en el espíritu del europeo, comenzó inmediatamente la decadencia. ¿Por qué? Porque bajo este punto de vista, Revolución, igualitarismo, falta de delicadeza de sentimientos y falta de nobleza de maneras son cosas completamente relacionadas. Y no puede tener nobleza de maneras, ni delicadeza de sentimientos, quien es igualitario. Quien es igualitario tiene dentro de sí lo contrario: es egoísta, brutal, tiende para el régimen de masas, no quiere reconocer los méritos y las cualidades de los demás sino, al contrario, quiere sujetar toda la vida social y toda convivencia humana —y por lo tanto, todo el trato de las almas— a una dura, fría y ruda igualdad.

Entonces, tenemos la decadencia del tono aristocrático de Europa y la aparición de esa cosa monstruosa que es el estilo hollywoodiano, que es exactamente el igualitarismo y la falta de elevación de trato. Pero tenemos, más allá de eso, como etapa posterior de la Revolución, el igualitarismo total soviético, la crueldad soviética, la brutalidad soviética que es el extremo opuesto de aquella delicadeza que germinaba en el alma virginal, sobrenatural y tan delicada de nuestro buen Juan Diego.

Así, comprenderemos bien hasta qué punto la cortesía y el tono aristocrático son hijos de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana. Y, por el contrario, las maneras triviales, bajas, igualitarias, brutas son – precisamente – el fruto de la Revolución y del demonio.



Plinio Corrêa de Oliveira
Extracto de conferencia para jóvenes cooperadores de la TFP brasileña, del 12 de diciembre de 1966. 

lunes, 7 de diciembre de 2020

La Estrategia Apostólica de Pio IX

 




"Yerran los que condenan las manifestaciones vigorosas de la Fe, y que juzgan imprudente y contraproducente cualquier gesto de firmeza y de vigor combativo 
de los hijos de la Luz 
contra los hijos de las tinieblas".



Pio IX con el Rey de las Dos Sicilias, Francesco II (a la izquierda, de frac oscuro) en 1862

 

     Muchos fueron los comentarios de carácter litúrgico y piadoso que se hicieron de la Fiesta de la Inmaculada Concepción. En medio de esto, una de las reflexiones que el asunto suscita, quedó completamente de lado. Cabe recordarla, porque ella conserva hoy una actualidad palpitante.

     No es fácil para quien vive en nuestros días, tener una idea de la devastación que el racionalismo y el modernismo hicieron en la sociedad europea y americana en el transcurso del siglo XIX.

     El espíritu humano, profundamente trabajado por los materialistas y por los revolucionarios de todos los matices, sentía dentro de sí una rebelión ardiente contra lo sobrenatural, que lo llevaba a rechazar todo cuanto no pudiese estar directamente bajo la acción y control de los sentidos. Por esto, todas las religiones, y principalmente la católica, en la cual lo sobrenatural se verifica de forma visible y auténtica, fueron como que puestas en cuarentena por la opinión pública. Y todos los espíritus procuraban, en la medida de lo posible, liberarse de la creencia de un orden de fenómenos que no se encuadrase rigurosamente dentro de las leyes de la naturaleza.

     Siendo más claro, tal vez nueve décimos de la opinión europea estaba impregnada de racionalismo y de modernismo. Evidentemente, esa contaminación no era igualmente extensa ni igualmente profunda en todos los espíritus. Entonces, más visibles en unos, menos en otros, ella se había insinuado de tal manera que incluso entre los católicos legos de los más eminentes, se podía notar una y otra infiltración de aquellas formas de herejías.

     Cuatro eran las posesiones principales tomadas por la opinión pública frente a la gran crisis religiosa de la época:

     1- aquellos, que corroídos a fondo por el virus racionalista y modernista, habían sido atraídos a los extremos de la irreligiosidad, esto es el ateísmo radical seguido de un anticlericalismo militante y no raras veces sanguinario;

     2- aquellos, que sin tener el coraje de romper con toda y cualquier convicción religiosa, estaban explícitamente colocados fuera de la Iglesia, admitiendo tan solamente un espiritualismo o un cristianismo vago, bastante acomodado a los principios modernistas y racionalistas;

     3- aquellos, que sin tener el coraje de romper con la iglesia, ni con el espíritu del siglo, se reconocían católicos, pero sostenían su derecho de profesar, en uno u otro punto, doctrinas contrarias a las de la iglesia;

     4- aquellos, que sin tener el coraje de sostener que divergían de la iglesia, y mucho menos de separarse de ella, intentaban sin embargo, interpretar capciosamente la doctrina católica, para alterarle en algunos puntos el contenido auténtico y tradicional, y acomodarla con los errores de la época.

     A decir la verdad, los que estaban enteramente fuera de esta clasificación, los que habían roto por entero con el espíritu del siglo y que se conservaban sin ninguna influencia de racionalismo o de modernismo, eran tan pocos, que podían ser contados con los dedos, en las filas del laicado, especialmente en los círculos intelectuales y sociales elevados.

     El aspecto que la Iglesia presentaba, era entonces la de un inmenso edificio que se desmorona en pedazos. De sus millones de hijos, poquísimos conservaban su espíritu auténtico. Casi en su totalidad, ellos conservaron apenas rastros de Fe, como el horizonte del crepúsculo que conserva rastros de luz, evidencia de un día que está llegando a su fin. Y la noche absoluta no habría de tardar.

     En vista de esto, ¿Cómo debería actuar la Santa Iglesia?

     Las opiniones estaban divididas y efectivamente, el asunto era de los más delicados.

     Por un lado, una reacción clara y definida habría de generar una inmensa opinión, arrastrando hacia la herejía explicita y categórica, muchos espíritus que aún se sentían unidos, más o menos, a la Iglesia Católica. Por otro lado, si no se opusiese un dique formal y categórico a la ola de la herejía que iba subiendo, sería inevitable que, tarde o temprano, los desastres asumiesen proporciones tales, que la Iglesia llegase a conocer los más tristes y más angustiosos días de su existencia.

     Pio IX optó por un gesto de energía, y resolvió convocar el Concilio Vaticano a fin de estudiar y decidir sobre la infalibilidad papal y el dogma de la Inmaculada Concepción. Con un gran gesto de audacia la Iglesia enfrentaba el espíritu del siglo, en un desafío que parecía loco. Realmente, hablar de dogmas en aquella época, ya era una temeridad. Definir dogmas nuevos, temeridad mayor. Y definir como dogmas exactamente la Inmaculada Concepción y la infalibilidad papal, en una época tremendamente racionalista y democrática, parecía una verdadera locura.

     Por esto mismo, una inmensa conmoción se levantó en los propios medios católicos cuando se conoció la deliberación del Pontífice. Se discutió ampliamente. Y para ser objetivo, manda la verdad que se diga, que la oposición fue tan fuerte que casi la totalidad de los obispos franceses se opuso claramente a la definición de aquellas dos verdades de Fe.

     ¿Por qué esto? ¿Por qué discordaron de ellas? Porque les parecía que, con el espíritu desviado del siglo XIX, el redil sólo podría ser atraído con una larga sonrisa de concesión y de tolerancia; que no es con golpes de audacia sino con una invariable blandura que se consigue la conversión de las masas; que sería una locura de las más declaradas, procurar desafiar el espíritu público. Realmente, con esta actitud osada, todos se irritarían y se confirmarían en el error. Sería necesario contemporizar y conquistar por la persuasión y por la dulzura. Sólo esta táctica sería viable.

     En el Concilio Vaticano I, se reunió la Santa Iglesia a través de sus Obispos, iluminados por el Espíritu Santo, y además de la cuestión doctrinaria, este gran problema de estrategia fue discutido. La verdad, era tal vez la primera ocasión en que este problema estratégico se presentaba al examen del Episcopado con tanto rigor, después del Concilio Tridentino.

     Los hechos parecían darles entera razón a los Obispos de opinión contraria al Papa. Una conmoción inmensa se levantaba por Europa. Las apostasías se multiplicaban. Las discusiones en el Concilio eran largas y apasionadas. En último análisis, junto con la cuestión doctrinaria, se discutía el siguiente problema:

     1- un gesto de vigor tendiente a preservar a las masas del error, ¿conseguirá realmente inmunizar los elementos no contagiados?

     2- ese gesto, ¿no tendrá como consecuencia exacerbar los espíritus que vacilan, y llevarlos a la herejía?

     3- sobre todo, ¿no producirá este el efecto de arraigar en el error, individuos que podrían tal vez, por la persuasión, ser conducidos a la Verdad?

     A la primera cuestión, el Concilio respondió “sí”. A las otras dos, dijo “no”. Este fue el significado de la promulgación solemne de aquellos dos grandes dogmas.

     Aparentemente, el Concilio erraría. Continuaba la irritación de la incredulidad. El Arzobispo de París fue asesinado en plena Catedral, por un individuo irritado por el dogma de la Inmaculada Concepción. Ríos y ríos de tinta se gastaron para probar que el Concilio era retrógrado y oscurantista. Ruy Barbosa escribió su famoso “El Papa y el Concilio”. La rebelión contra la Iglesia era franca y declarada...

     Mientras, los resultados esperados por el Concilio no se hicieron esperar mucho.

     En primer lugar, todos los católicos militantes dieron su adhesión incondicional. En el seno del pueblo, las verdades definidas por la Iglesia fueron aceptadas gracias al vigor con que la Iglesia las promulgara. Hasta en los círculos intelectuales, dicho vigor con el que actuara el Papa le atrajo el respeto general, y todo el mundo comenzó a respetar e interesarse por una Iglesia dotada de tal vitalidad. El racionalismo y el modernismo fueron decayendo gradualmente. Y, hoy en día, la Iglesia aplastó con su vigorosa autoridad el dragón que amenazó devorarla en el siglo XIX.

     Evidentemente, nadie puede negar el alcance de este acontecimiento histórico. Yerran los que condenan las manifestaciones vigorosas de la Fe, y que juzgan imprudente y contraproducente cualquier gesto de firmeza y de vigor combativo de los hijos de la Luz contra los hijos de las tinieblas.

Portada del libro de autoría del Sr. Gonzalo Larraín, en el que hace una historia a su vez, del libro En Defensa de la Acción Católica, en el que el Dr. Plinio denunciaba en 1943, los errores del modernismo infiltrado ya en la Acción Católica de Sao Paulo y del Brasil. PUEDE ADQUIRIRLO AQUÍ
 


     E
l triunfo formidable y definitivo de Pio IX así lo demuestra. A lo que quedó dicho recién, sólo una acotación tenemos que agregar. Y es que si el modernismo y el racionalismo fueron enfrentados y aplastados en su forma incipiente, ellos aún se disimulan bajo la forma de mil errores distintos, y necesitarán aún ser vigorosamente combatidos. Fue para la extirpación de estos y otros errores, que Pio XI constituyó la Acción Católica. Y a nosotros, sólo nos cabe apoyarla y prestigiarla con todas nuestras fuerzas, para que ella realice hoy lo que ya en el siglo XIX realizó el magnífico golpe de fe del Papa Pio IX.

Plinio Correa de Oliveira

(Legionario, 11/12/1938)

lunes, 30 de noviembre de 2020

La vacuna más segura contra el coronavirus

 






Por Roberto De Mattei


     En las últimas semanas, algunas de las compañías farmacéuticas más importantes del mundo han anunciado la inminente producción de vacunas contra el covid 19. Al comentar esta noticia, un prestigioso virólogo italiano, el profesor Andrea Crisanti, ha hecho una declaración llena de sentido común. Cuando se le preguntó si se vacunaría ahora, dio la siguiente respuesta: «Normalmente se necesitan de cinco a ocho años para producir una vacuna. Por eso, no disponiendo de datos, no me pondría la primera vacuna que apareciera en enero. Me gustaría tener la seguridad de que la vacuna ha tenido oportunidad de probarse y de que satisface todos los criterios de seguridad y eficacia. Como ciudadano, tengo derecho a ello, y no estoy dispuesto a aceptar un atajo».

     Es una respuesta llena de sentido común, y es además coherente con el principio de precaución que tanto se invoca hoy para la protección del medio ambiente. No se entiende cómo es que ese principio no deba aplicarse también en el terreno de la salud. El profesor Crisanti no es contrario a las vacunas, pero sostiene acertadamente que los comunicados de prensa de las empresas farmacéuticas no bastan para garantizar la seguridad de ellas, y está a la espera de datos científicos que sean posteriormente verificados por agencias dedicadas a ello. Por este mensaje de prudencia, ha sido demonizado por los medios de difusión y por algunos de sus colegas.

      Crisanti se ha defendido con una carta al director publicada en Il Corriere della Sera el pasado día 23, en la que entre otras cosas afirma: «Los guardianes de la ortodoxia científica no admiten vacilaciones ni indecisiones. Exigen un acto de fe a quienes no disponen de información privilegiada. “La vacuna funcionará”, exclaman indignados. Soy el primero que espero que así sea. Con todo, me tomo la libertad de objetar que la vacuna no es un amuleto. Dejemos la fe para la religión y las dudas y el debate a la ciencia, de la que son estímulo y garantía».

     He dado espacio a estas declaraciones porque, a mi juicio, son la voz del sentido común en una época en la que con frecuencia se pierde el buen uso de la razón. Quien, como nosotros, no es inmunólogo ni microbiólogo, y no está por tanto en condiciones de hacer previsiones científicas y sólo puede esforzarse por no renunciar al buen uso de la lógica, no puede menos que dar toda la razón al profesor Crisanti. Pero como además hacer uso de la razón es necesario vivir esta pandemia a la luz de la fe, podemos señalar la existencia de un remedio para el coronavirus que es indudablemente el más eficaz, porque no sólo previene los males del cuerpo, que todos temen, sino también los mucho más peligrosos del alma, de los que nadie habla.

      Me refiero a la Medalla Milagrosa, cuya festividad se celebra el 27 de noviembre. Fue la propia Virgen la que un día de 1830 se apareció a Catalina Labouré, novicia de 24 años, en la casa matriz de las Hijas de la Caridad en la parisina calle Bac. Catalina Labouré recuerda: «Vi formarse en torno a la Santísima Virgen un cuadro de forma más bien ovalada sobre el cual, arriba, se podían leer como haciendo un semicírculo que salía de la mano diestra de la Virgen estas palabras escritas en letras de oro: “Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos”. Entonces oí una voz que me dijo: “Manda acuñar una medalla siguiendo este modelo. Todas las personas que la porten obtendrán grandes gracias, sobre todo si la llevan al cuello. Las gracias serán abundantes para quienes la lleven con confianza”. En ese momento tuve la impresión de que el cuadro se daba la vuelta y vi el reverso de la medalla. En él figuraba la letra M (inicial de María) bajo una cruz que tenía por base la letra I (inicial de Jesús en latín.) Más abajo había dos corazones, uno rodeado de espinas (el de Jesús) y el otro traspasado por una espada (el de María). Por último, todo estaba circundado de doce estrellas. Luego, todo desapareció como si se apagara, y me quedé llena de, no sé, de buenos sentimientos, de alegría y consuelo».




      En 1832 se acuñaron los 1500 primeros ejemplares de la medalla que había pedido la Virgen. A partir de entonces se multiplicaron las gracias y milagros: pecadores convertidos, moribundos que sanaban, peligros alejados… toda clase de gracias. La parroquia parisina de Nuestra Señora de las Victorias se convirtió en un centro de extraordinaria propagación. Catalina Labouré llevó a cabo silenciosamente el apostolado de la Medalla Milagrosa hasta su muerte, que tuvo lugar el 31 de diciembre de 1876. Para aquellas fechas, la cantidad de medallas distribuidas superaba ya el millón. El fruto más sonado de la nueva devoción fue la conversión del judío Alfonso Ratisbonne, al que se le apareció la Virgen de la Medalla milagrosa el 20 de enero de 1842 en la iglesia de Sant’Andrea delle Frate en Roma.

      En 1894, con ocasión del cincuentenario de las apariciones de la calle Bac, León XIII declaró auténtica la milagrosa conversión de Ratisbonne y estableció la festividad de la Medalla, para que se celebrase el 27 de noviembre de cada año. El 27 de julio de 1947, Catalina fue canonizada por Pío XII, y actualmente su cuerpo se venera en la capilla de las apariciones en la calle Bac, junto a la de Santa Luisa Marillac, fundadora junto con San Vicente de Paúl de las Hijas de la Caridad.

       ¿Por qué escogió la Virgen una simple medalla para distribuir sus gracias? Por la misma razón por la que eligió a una humilde novicia como destinataria de su mensaje: demostrar que la Providencia se vale siempre de instrumentos aparentemente insignificantes para derrotar a enemigos que se creen invencibles: «Dios ha escogido lo insensato del mundo para confundir a los sabios; y lo débil del mundo ha elegido Dios para confundir a los fuertes; y lo vil del mundo y lo despreciado ha escogido Dios, y aún lo que no es, para destruir lo que es» (1 Cor.1,27-29).

      En su aparición del 27 de noviembre a Santa Catalina Labouré, la Virgen apoya victoriosa los pies sobre el mundo, y tiene en las manos otro orbe más pequeño y se lo ofrece a Dios. Si se lo ofrece es porque le pertenece. María, mediadora de todas las gracias y corredentora del género humano, es también Reina del Cielo y de la Tierra. El mundo es de Ella y no del dirigente del mundialismo. Hay un orden mundial que es santo, y es suyo.

      El 19 de julio de 1931, con motivo del proceso de beatificación de Santa Catalina Labouré, Pío XI afirmó refiriéndose a los males que aquejaban a la Iglesia: «En estos días refulge la Medalla Milagrosa, como para recordarnos de modo visible y palpable que todo es posible para la oración, incluso los milagros, y sobre todo los milagros. Es ya de por sí un gran milagro que los ciegos vean… Pero hay otro milagro que debemos pedir a María, Reina de la Medalla: que vean los que no quieren ver».

      La Medalla Milagrosa se bendice y se lleva puesta, preferiblemente al cuello. Sus devotos no sólo la portan al cuello o en el vestido, sino que la siembran en las propias casas, donde sea que hay dolor y pecado; puede propagarse por todas partes.

      Llevada con fe por numerosos católicos en todo el mundo, la Medalla Milagrosa sigue cumpliendo hoy su extraordinaria misión y es una portentosa vacuna contra los males de nuestro tiempo. El último gran milagro que le pedimos es que se disipen las tinieblas del caos que envuelven al mundo en que vivimos.


Nota:

Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana”- 

Se describe a sí mismo como "sobre todo ... discípulo del profesor Plinio Corrêa de Oliveira ".

Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre ellas: La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés) y . El cruzado del siglo XX. Plinio Corrêa de Oliveira 


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viernes, 27 de noviembre de 2020

Lágrimas, la suave manifestación de la profética melancolía de la Santísima Virgen

 





     En algunas ocasiones la Santísima Virgen ha manifestado con lágrimas su dolor causado por la decadencia del mundo contemporáneo.

     Decadencia originada por los pecados individuales y sus efectos sobre todas las esferas del acontecer humano: desde la sociedad temporal hasta el interior de la sociedad espiritual, esto es, de la Santa Iglesia.

     Las manifestaciones de dolor ante los pecados de los hombres se han visto reflejadas en algunas apariciones de la Madre de Dios.

     En 1846, en La Salette, Francia, por ejemplo, Melania, la pequeña vidente, quiso consolar a María Santísima, quien lloraba copiosamente. 

     ¡Cualquiera de nosotros, ¿no querría hacer lo mismo, incluso, llorar junto a la Reina del Cielo acompañándola en su dolor? 






     Melania escribió: “Quise lanzarme en sus brazos y decirle: ‘¡Mi madre querida, no llores! Quiero amarte por todos los hombres de la Tierra”.

     De hecho, una situación similar sería propensa a causar compasión en cualquier corazón verdaderamente católico. 

     La Virgen cubría su rostro con las manos y las lágrimas caían por su vestido. 

     Nuestra Señora lloraba y se lamentaba en esa ocasión, entre otras cosas, por los pecados causados por la inobservancia del descanso dominical, por las blasfemias y por la degradación moral del clero. Esto último, encerraba una gravedad mucho mayor.


Acontecimientos que dejaron rastros de destrucción


Santa Catalina Labouré y Nuestra Señora de las Gracias



     En 1830, 16 años antes de las apariciones de La Salette, la Madre de Dios se había manifestado a Santa Catalina Labouré, pronunciando las siguientes palabras: 

     “Estos tiempos son muy malos. Las calamidades se precipitarán sobre Francia. El trono será derribado. El mundo entero será trastornado por males de todo orden”. 

     La vidente pudo notar en la Virgen un rostro muy entristecido. Ella no lloró, pero talvez sus lágrimas permanecieron dolorosamente reprimidas en su tierno corazón de Madre, para no alarmar demasiado a Santa Catalina de las crisis políticas y sociales que se desencadenarían luego de que Carlos X, Rey de Francia, sea depuesto en ese mismo año, 1830.

     De cualquier forma, son lamentaciones causadas por las graves consecuencias de los pecados cometidos contra instituciones milenarias de la Cristiandad, y las revelaciones a Santa Catalina anunciaban, con décadas de anticipación, la revolución de la Comuna de París (1871) y, un poco después, la explosión del comunismo en Rusia (1917). Tristes acontecimientos que han dejado hasta hoy su rastro de destrucción en la civilización cristiana. 


Los pecados colectivos ultrajan el Corazón Inmaculado de María

     En 1895, en Ecuador, la revolución liberal traería consigo una cruenta persecución contra la Iglesia Católica, acompañada de un ateísmo militante que no tardó en lanzar un feroz ataque contra templos sagrados, y el apresamiento cuando no el martirio, de religiosos, como el del Beato Padre Emilio Moscoso, Rector del colegio “San Felipe Neri” de Riobamba, asesinado por la espalda el 4 de mayo de 1897. En dicha ocasión, los liberales profanaron de manera monstruosa las formas consagradas, burlándose de ellas y pisoteándolas; profanaron también el Sagrario de la capilla, disparando contra él y rompiéndolo a culatazos, acribillaron todas las imágenes de santos y simularon una ejecución de la imagen de la Santísima Virgen, para finalmente saquear el colegio.

     Poco después, ya en el siglo XX, en1904, los liberales expidieron una “ley de cultos”, que prohibió la fundación de órdenes y congregaciones católicas, suprimió los noviciados de las órdenes contemplativas y buscó la disolución de los institutos de clausura; convirtió a los religiosos en “interdictos” para administrar sus bienes. Incluso se llegó a expedir una ley mediante la cual se pretendía derogar los decretos de Consagración de la República a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, que afortunadamente no fue aprobada debido a las voces de protesta de la población.

     Pero lo más grave se dio el 4 de octubre de 1902, cuando se expidió la ley del matrimonio civil, con la que se desconocía todo el valor legal del matrimonio religioso-sacramental, estableciendo además el divorcio. La institución milenaria del matrimonio había sido socavada, y le aguardaba un tormentoso Calvario. Con la implantación del divorcio, quedarían abiertas las puertas para la corrupción total de las costumbres y el aniquilamiento de la familia, causando nuevos e indecibles dolores al Corazón Inmaculado de María.


Comedor del Colegio San Gabriel de Quito.
El establecimiento religioso fue fundado en 1862,
durante el Gobierno de Don Gabriel García Moreno



     Ella, así lo manifestó en la noche del viernes santo 20 de abril de 1906, cuando en el Colegio San Gabriel de Quito, una hermosa oleografía de la Santísima Virgen de los Dolores, y que pendía de una de las paredes del comedor, abría y cerraba sus párpados, mientras mostraba expresiones faciales semejantes a los de una persona viva.

     Si bien, la imagen del cuadro no lloró, resultó inmensamente simbólico el hecho de que el parpadeo milagroso se diese en una imagen que representaba los siete dolores de la Madre del Redentor. No es para nada desacertado creer que la Virgen expresaba su inmensa tristeza por la aprobación de ese pecado colectivo, el divorcio. Es más, y como para que no quedaran dudas, el prodigio se repitió en junio y julio del mismo año en otras cinco ocasiones.



Foto del Cuadro original de la Virgen Dolorosa del Colegio San Gabriel de Quito



Lágrimas maternales y un urgente aviso

     Cuando una madre derrama lágrimas frente a sus hijos es por una razón seria. Por tanto, se podría afirmar que cuando una imagen de la Santísima Virgen derrama sus lágrimas, es porque Ella tiene un mensaje urgente para toda la humanidad.

     En 1973, en la ciudad de Akita, Japón, la Hermana Agnes (Inés) Katsuko Sasagawa, de las Siervas de la Sagrada Eucaristía, sintió como que una imagen de María Santísima, que tienen en la capilla del convento de dicha congregación, cobrara vida, y le habló por el fenómeno místico de locución interior. Cabe resaltar que Sor Agnes padecía de sordera, que frecuentemente se agudizaba. La estatua milagrosa, de una sola pieza, fue tallada a fines de la década de los 60 por el artista japonés Saburo Wakasa, tomando como modelo una estampa de Nuestra Señora de Todos los Pueblos, de Ámsterdam, pero dándole rasgos faciales japoneses. La imagen representa a la Virgen María con los brazos abiertos, extendidos hacia abajo —como en la Medalla Milagrosa—, de pie sobre el globo terráqueo y con la espalda arrimada a una gran cruz. El conjunto, que mide unos 90 centímetros de altura, fue tallado en madera dura de árbol de Judea, sin ningún tipo de uniones o ensambles.


Sor Agnes Sasagawa y la Imagen de la Virgen de Akita



     El 13 de octubre de 1973, la Hermana Agnes recibió un mensaje de extrema gravedad para el mundo. En dicho mensaje, Nuestra Señora dijo:

     "Lloro porque la humanidad no acepta mi invitación maternal a la conversión. Los signos de mi inmenso dolor ... no se creen. El hombre se está volviendo cada vez más corrompido, impío, perverso y cruel. Un castigo peor que el diluvio está a punto de caer sobre esta pobre y pervertida humanidad. El fuego descenderá del cielo. Si la gente no se arrepiente, esto sucederá. La acción del demonio infiltrará hasta la iglesia. Iglesias y altares serán destruidos. El demonio se concentrará especialmente en las almas dedicadas a Dios. Esta será la señal de que Dios en Su justicia ha fijado, a partir de ahora, la hora de Su gran manifestación. Lloro porque la iglesia sigue el camino de la división, de la pérdida de la verdadera fe. Lloro porque, en gran número, las almas de mis hijos se pierden y van al infierno...".



Imagen de Nuestra Señora de Akita



     Un mes antes de estas alocuciones, en julio, una herida sangrante apareció en la mano derecha de la imagen de Nuestra Señora, en la capilla. En septiembre, la imagen comenzó a sudar de la cara a los pies. Los ojos, anegados en lágrimas, corrían por su rostro, mientras un olor a fragancia dulce llenaba la capilla. Esto ocurrió muchas veces en la presencia de otras personas, incluyendo al obispo del lugar, John Ito. La imagen lloró durante seis años consecutivos, en un total de 101 ocasiones.


Nuestra Señora llora y su imagen es condenada a la desaparición.

     El 13 de mayo de 1982, en la Basílica de San Juan de Dios de Granada, España, la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas, un busto de medio cuerpo del siglo 18, vertió lágrimas de sangre.

     Más de 70.000 fieles acudieron a venerarla, y muchas de ellos, provenientes de Granada y de toda Andalucía relacionaron las lágrimas de la Virgen con el mensaje de Fátima y con la situación de España y del mundo, particularmente en relación al peligro comunista y a la inmoralidad. Ciertamente tenían razón...

     En octubre de ese año, el Partido Socialista Obrero Español, PSOE, subía al poder, y poco después, algunos de sus líderes destacaban reiteradamente la gran revolución cultural que impulsaban en la nación ibérica. El entonces vicepresidente de Gobierno, Alfonso Guerra se jactó entonces, chabacanamente, de que el PSOE realizaría transformaciones tan grandes que "a España no la va a reconocer ni la madre que la parió". No menos enfático fue el socialista andaluz José Rodríguez de la Borbolla cuando anunció: "Estamos cambiando al país y le vamos a dar la vuelta como a un calcetín" 

     Dejando de lado las metáforas, Guerra explicó luego de unos años el alcance de la revolución emprendida por el PSOE: "Hemos hecho una revolución silenciosa en las costumbres (...) El pueblo español es el más tolerante en las costumbres, el más progresista en las costumbres, el que se declara más de izquierdas (...) Hemos hecho una revolución absolutamente tremenda. No nos hemos dado cuenta, casi, que es mejor todavía. Hay una revolución cultural en este país verdaderamente asombrosa. Que queda mucho por hacer, sin la menor duda. Pero hay apetencia (...) Y esas revoluciones, que son mucho más calladas que las revoluciones políticas, se están dando en España".


     Para la revolución emprendida en ese país y que luego se esparció por toda Europa, las expropiaciones, el colectivismo y la violencia, quedarían en segundo plano. Era necesario minar los cimientos de la familia, y la libertad religiosa.

     Para eso impulsaron leyes a favor de las uniones homosexuales, del divorcio exprés, del aborto, de la Educación para la ciudadanía, de la memoria histórica, de retirar los símbolos religiosos en el ámbito educativo sin importar la titularidad pública o privada de los centros, para lograr, en definitiva, una ruptura silenciosa pero radical con la tradición cristiana, y lograr ante todo, por medio de tácticas nuevas y sin llamar la atención de la opinión pública, cambiar las mentalidades y crear un nuevo tipo humano. 

     Diríamos que esa revolución logró sus propósitos, y previendo sus efectos tan funestos, la imagen de la Virgen de los Dolores de Granada, vertió lágrimas, y de sangre.



Nuestra Señora de las Lágrimas de Granada



     De modo inexplicable, las autoridades eclesiásticas levantaron un muro de silencio ante el increíble suceso y decidieron poco después, destituir al párroco y sorprendentemente, retirar la imagen de la Basílica. Nunca más se supo de ella.


Tres razones por los que llora la Santísima Virgen

     En Fátima, en sus apariciones a los tres pastorcitos, Nuestra Señora dio a notar su aprehensión por los “errores de Rusia” que se esparcirían por todo el mundo, así como por los sufrimientos que abatirían a las naciones y al Santo Padre.

     Nuestra Señora no lloró visiblemente en Portugal en 1917, pero sí lo hizo en julio de 1972, en la famosa lacrimación de la Imagen Peregrina de Nuestra Señora de Fátima, en Nueva Orleans, Estados Unidos.


Imagen Peregrina de Nuestra Señora de Fátima
que lloró en Nueva Orleans, en julio de 1972



     ¿Por qué razón demostró Ella en dicha ocasión tanta tristeza? Ciertamente por los mismos motivos por los que lloró en distintos lugares y fechas aquí descritos hace poco, esto es, por los pecados individuales, por los pecados colectivos y por la profunda crisis en la Santa Iglesia.

     Con un añadido: ¡esos pecados son constantes! No han otorgado ni siquiera el mínimo descanso al corazón adolorido de la Madre de Dios.


Para el "católico" actual la Iglesia ya no es su Madre ni su Maestra

     En los Estados Unidos, en una encuesta hecha en 2019, alrededor de seis de cada diez católicos (61%) dijeron estar a favor de permitir que homosexuales y lesbianas se casen. La unión entre personas del mismo sexo se volvió legal en los Estados Unidos luego de un fallo de la Corte Suprema en 2015.

     En Europa occidental, una gran mayoría de católicos dijeron en 2017 que apoyaban la unión legal entre personas del mismo sexo. Ese fue el caso de los Países Bajos (92%), el Reino Unido (78%), Francia (74%) y Alemania (70%). Dicha unión es legal en la mayoría de los países de Europa occidental encuestados. En Suiza e Italia, el 76% y el 57% de los católicos, respectivamente, dijeron en 2017, que apoyan la unión homosexual.

     En cuanto a las opiniones de los católicos sobre la homosexualidad en general, en una encuesta global realizada en 2019, católicos de los cinco continentes dijeron que la sociedad debería aceptar la homosexualidad. En Canadá, casi nueve de cada diez católicos (87%) adoptaron esta opinión, en Argentina (80%), Estados Unidos (76%), México (72%) y Brasil (71%). ), España (91%), Australia (81%), Filipinas (80%) y Sudáfrica (62%).

     Nótese los altos porcentajes de católicos favorables a la homosexualidad, pese a que la Iglesia Católica enseña que "los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados".

     Ante tantas ofensas contra Dios y su Santísima Madre, los católicos fieles deben actuar como lo hizo Melania, en la Salette, en 1846. Si amáramos a Nuestra Señora tendríamos el deseo único de intentar consolarla como lo hizo la pequeña vidente ante el llanto desconsolado de la Virgen. Y el mejor consuelo que podríamos dar a la Madre Celestial consistiría en evitar, en primer lugar, todo pecado individual.

     Si así lo hiciéramos, los pecados de las naciones, y los que son cometidos dentro de la Iglesia, se volverían de algún modo, menos frecuentes y menos ofensivos a Dios y a su Purísima Madre
.







Fuentes:
Agencia Boa Imprensa
Revista Tesoros de la Fe
Francisco Casavi
Life Site News
Plinio Correa de Oliveira.info

jueves, 12 de noviembre de 2020

Noticias de actualidad: SUICIDIOS EN ECUADOR.- El aumento del suicidio, reflejo del apagamiento de la luz de la fe





      La sociedad moderna se ha construido como una civilización anticristiana. Una civilización anticristiana es un mundo inhumano. El enfrentamiento con Dios comporta la destrucción del hombre ya en este mismo mundo. 

     Cuando quienes nos rodean se dan cuenta del vacío de sus vidas, ya no se giran para echar mano del salvavidas de la fe. Solamente encuentran consuelo en el alcohol, las drogas, el cibersexo o el balcón por donde lanzarse. 

     Lo menos malo que puede pasar es que estas personas estén tan hundidas que no tengan capacidad de reacción.

     El ser humano es la criatura capaz del desprecio de sí hasta el abandono en Dios y del abandono de Dios hasta la destrucción de sí mismo. No hay simetría entre una cosa y otra. Cuando el hombre se somete por completo a Dios, el hombre alcanza su plenitud, pero cuando el hombre se enfrenta con Dios lo único que consigue es arruinarse a sí mismo. 

     No es de  sorprender que en estos días de pandemia, y de crueles confinamientos,   aumenten los suicidios, las separaciones y los conflictos matrimoniales, pues el mundo viene viviendo aletargado en el sinsentido de la existencia.

     El Ecuador no está exento de dicho sinsentido. Es un ejemplo del apagamiento de la luz de la fe anunciado hace cuatro siglos por María Santísima del Buen Suceso.

     Las siguientes noticias así lo indican:


En Ecuador se reportaron 220 suicidios durante el confinamiento por la pandemia, según el ECU911

Los especialistas sostienen que el círculo más cercano de las personas que intentan quitarse la vida debe abrir espacios de diálogo y, si es el caso, establecer contacto con profesionales en salud emocional y mental.

ECUADOR

Nov 9, 2020 - 05h00

     Quito, Pichincha. El 6 de octubre pasado, dos vigilantes metropolitanos de tránsito evitaron que una mujer salte de un puente peatonal en el sur de Quito; tres semanas más tarde, otra agente impidió que un hombre se lance al río Chiche, en Puembo, al nororiente de la capital. Cerca de esa parroquia, en Pifo, a los pocos días, dos niños fueron encontrados sin vida por envenenamiento y su madre fue trasladada a un hospital luego de que intentó suicidarse con sustancias químicas.

     En estas historias se pudo evitar una tragedia; sin embargo, existen otras que no corrieron la misma suerte. Según las estadísticas del ECU911, desde el inicio del confinamiento, en marzo pasado, hasta el 3 de noviembre, se reportaron 220 suicidios y 429 alertas por intentos.

     La mayor parte de los suicidios recogidos en esa base de datos se registraron en Guayaquil (34 casos). En Quito, 13; Santo Domingo, 12; Machala, 11; Ambato, 9; y en el resto de cantones 141.

     En cuanto a los intentos, la mayor cantidad de alertas se originaron en Quito (47 casos), Cuenca (44) y Guayaquil (37).

     El director del ECU911, Juan Zapata, lamentó estos indicadores y explicó que en muchos casos se ha podido evitar una tragedia gracias a las cámaras de videovigilancia, a las llamadas de emergencia y a la intervención de los vigilantes.

     Sin embargo, los indicadores que maneja la Policía muestran una situación más compleja. Información proporcionada por la Dirección Nacional de Delitos contra la Vida (Dinased) muestra que entre el 1 de enero y el 28 de octubre de este año hubo 978 suicidios a nivel nacional.

     De ese total, la principal causa fueron los problemas sentimentales (350 casos). Luego se registraron los conflictos familiares (321) y las crisis económicas (106). Ocho de cada diez utilizaron el ahorcamiento y el uso de sustancias químicas.

     Por edades, el segmento con la mayor cantidad de suicidios fue el de adultos de 30 a 65 años (413 casos); le siguieron los jóvenes de 18 a 30 años (315), adultos mayores de más de 65 años (121), adolescentes de 12 a 18 años (111) y niños de hasta 12 años (18). En cuanto a género, 191 suicidios corresponden a mujeres y 787 a hombres.

     Quito y Guayaquil concentraron el 30% de los casos, superando a provincias enteras, como Azuay o Manabí, entre las más pobladas. La tendencia entre las dos ciudades, sin embargo, es inversa: mientras en la capital hubo 28 casos menos que en el mismo período del 2019, en el puerto se reportaron diez más, de acuerdo con los datos de la Dinased.

     La psicóloga clínica Priscila Narváez subrayó la estadística de suicidios de hombres y mujeres (una relación de 4 a 1), pues, sostiene, está atravesado por un problema cultural. "Los hombres, en promedio, no comunican sus emociones más que las mujeres. Culturalmente, desde niños se les dice "no llores, eres hombre" y ese tipo de cosas que marcan serias diferencias", dijo.

     Cada segmento tiene su propia realidad y es un tema delicado de abordar simplificándolo, agregó. "Se debe olvidar aquel tabú de que un intento de suicidio es solo por llamar la atención, cuando, en realidad, es un síntoma de serios problemas, que requieren de una solución conjunta, de los seres más cercanos de quien está atravesando este problema".

Salud emocional

     Christopher, quien vive en Tumbaco y pidió mantener en reserva su apellido, contó que en el 2020 al cumplir los 27 años quiso suicidarse. Había perdido a su madre, las deudas se le fueron de las manos, se divorció y tuvo que separarse de su hija. "En esos días, mientras manejaba, pensé en botarme al barranco o meterme debajo de un tráiler, pero cuando estuve a punto de hacerlo pensé en mi hija y tuve miedo. Me detuve en el último momento".

     Sin embargo, nunca quiso acercarse a ningún profesional de la salud y ha preferido mantener esa experiencia como un asunto reservado.

     Especialistas consultados por este Diario coincidieron en que, al suponer que un allegado tiene tendencias a quitarse la vida, se deben encender las alarmas en el entorno más cercano, con el fin de abrir espacios de conversación y, si es necesario, acudir a un especialista.

     La psicóloga educativa Ana Castro explicó que las personas son proclives a decisiones extremas cuando no saben manejar la frustración o algún inconveniente grave. Señaló, por ejemplo, que en estos tiempos de pandemia hay una gran presión sobre los niños y jóvenes, pues el encierro no les permite socializar más allá del contacto a través de la pantalla.

     "Eso cansa, estresa, satura, causa dolor de ojos... Si le sumamos la falta de actividad física, entran en depresión. Si bien hay personas de buen corazón, que tratan de evitar cuando ven a una persona que quiere saltar de algún lugar, desde el gobierno no hay mayores acciones o campañas de información o bienestar emocional", añadió.


Problemas sentimentales, la principal causa de suicidio en Ecuador




ECUADOR

Oct 30, 2020


Quito, Pichincha

     En los 10 meses de este 2020 se ha registrado 978 suicidios a nivel nacional. Pichincha es la provincia con mayor índice con 171. La mayoría de casos corresponde a problemas sentimentales según la Dirección Nacional de Delitos contra la Vida, Desapariciones, Extorsión y Secuestros de Personas (DINASED).

     El General de Distrito Fausto Olivo Cerda, Director Nacional de la DINASED explica que, de los suicidios cometidos en el año, el 90% serían causadas por problemas sentimentales y violencia intrafamiliar. El mayor rango de edades es de 30 a 65 años seguido por las personas de 18 a 30 años. En cuanto al sexo de las personas que cometen suicidio, se reporta 787 hombres y 191 mujeres.

     Con corte hasta el 28 de octubre se reporta un incremento de 30 casos comparado con el año anterior. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca de 800.000 personas se quitan la vida al año.


Fuentes: 

Diario El Universo

Credo Chile

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