domingo, 5 de septiembre de 2021

Reflexiones sobre la ropa femenina. Reconocido Cardenal de la Iglesia advirtió hace 60 años que la humanidad caminaría cada vez más hacia la masculinización de la mujer

 






El igualitarismo revolucionario inculca la competencia de la mujer en relación al hombre so pretexto de inferioridad

     El 12 de junio de 1960, el arzobispo de Génova, Italia, Cardenal Giuseppe Siri, publicó una Notificación en la revista de la arquidiócesis de esa ciudad. En ella, el purpurado, trata de la cuestión de la vestimenta femenina, y más especialmente del uso de los pantalones por parte de las mujeres.

     La reedición y la traducción de ese texto nos parecen muy pertinentes, porque a pesar del tiempo transcurrido, es muy actual. Y esto por una doble razón: por un lado, expone motivos que no dependen de las circunstancias, sino de nuestra naturaleza humana y de nuestra vocación divina, y por otro lado, el flagelo denunciado, entonces naciente, no desapareció…al contrario, se difundió por todas partes, y ante nuestros ojos impotentes se verifican las catástrofes entonces denunciadas; por lo tanto, si se quiere poner coto a la desmoralización de las costumbres cristianas, es urgente suprimir sus causas y, en particular, retomar el camino de la decencia en el vestido.

     El lector atento se dará cuenta enseguida de que el Cardenal Siri omite toda referencia, toda indicación para apoyar sus enseñanzas. Ello no debe extrañarnos, porque el cardenal, siendo arzobispo de Génova y doctor de su diócesis, enseñaba con autoridad y podía, pues, dispensarse de mencionar las fuentes en las que se inspiraba. Además, es probable que redactara el texto rápidamente, queriendo reaccionar sin demora ante un uso que juzgaba dañino y que quería extinguir en su nacimiento. No obstante, no hay duda de que esta advertencia se inscribe en la línea de la revelación divina: “Que la mujer no use vestimenta masculina, ni el hombre vestimenta de mujer: porque quien así actúa es abominable delante de Dios” (Deut. XXII, 5).

     El Cardenal Siri, en conformidad con la Carta imperativa De inhonesto vestiendi more, que el Papa Pio XII ordenó a la Sagrada Congregación de Ritos enviar a todos los Ordinarios el 15 de agosto de 1954, cumplía con su grave deber pastoral. Con esta misma seriedad debemos recibir el fruto de su celo por la salvación de las almas y la santidad de las costumbres cristianas.


UT IN OMNIBUS GLORIFECETUR DEUS

NOTIFICACION SOBRE LA VESTIMENTA MASCULINA USADA POR LAS MUJERES

Giuseppe Cardinal Siri Génova 12 de junio de 1960

A nuestro Reverendo Clero,

A todas nuestras Hermanas educadoras,

A Nuestros queridos hijos de la Acción Católica.

A los educadores que quieren inspirarse verdaderamente en la Doctrina Cristiana.

I. 
Las primeras señales de nuestra tardía primavera indican un cierto aumento este año en el uso de la ropa de hombre empleada por mujeres y jóvenes, aún en el caso de madres de familia.

     Hasta el año 1959, en Génova, tal vestimenta significaba usualmente que la persona era un turista, pero ahora parece haber un número significativo de jóvenes y mujeres de la misma Génova que están escogiendo, por lo menos para los viajes de placer, llevar ropa de hombres (pantalones).

     La diseminación de esta conducta nos obliga a pensar seriamente sobre este tema, y les pedimos a quienes está dirigida esta Notificación que le presten toda la atención que este problema se merece, como es propio de las personas que están conscientes que deben ser responsables a Dios.

     Buscamos, ante todo, dar un balanceado juicio moral sobre el que las mujeres lleven ropa de hombre. De hecho, nuestros pensamientos descansan únicamente en el aspecto moral.

     Primero, cuando se trata de cubrir el cuerpo de la mujer, el llevar pantalones de hombre no se puede decir que constituye, en sí, una grave ofensa contra la modestia, porque pantalones ciertamente cubren más del cuerpo de una mujer que lo que cubre las faldas modernas.

     Sin embargo, en segundo lugar, para ser modesto, la ropa no solo necesita cubrir el cuerpo, sino que también no debe estar demasiado ajustada al cuerpo. Es cierto que la ropa femenina se lleva ahora más ajustada al cuerpo que los pantalones, pero éstos se pueden llevar muy ajustados, y es más, generalmente son llevados apretadamente. Por lo tanto, el llevar estas apretadas prendas nos dan la misma preocupación que nos da un cuerpo expuesto. Así que la inmodestia de los pantalones de hombre en la mujer es un aspecto del problema que no se debe de obviar en un juicio general sobre ellas, aún si no debe de ser artificialmente exagerado tampoco.

II. 
Sin embargo, hay otro aspecto del que mujeres lleven pantalones y que a nosotros nos parece ser el más grave.

     El que mujeres lleven indumentaria de hombres afecta primeramente a la mujer misma, al cambiar la sicología femenina propia de la mujer. En segundo lugar, afecta a la mujer como esposa de su marido, al tender a corromper las relaciones entre los sexos. En tercer lugar, la mujer como madre de sus hijos, hiere su dignidad ante los ojos de sus hijos. Cada uno de estos puntos deberá ser considerado cuidadosamente.

a). - Vestimenta masculina cambia la sicología de la mujer

     En verdad, el motivo que impulsa a las mujeres a llevar vestimenta de hombre no es siempre el de imitar, sino la de competir con el hombre quien se considera más fuerte, menos atado y más independiente. Esta motivación muestra claramente que la vestimenta masculina es la ayuda visible para llevar a cabo una actitud mental de ser ‘como un hombre’. En segundo lugar, desde que el hombre ha sido el hombre, la ropa que una persona lleva condiciona, determina y modifica los gestos, actitudes y conducta de la persona. Tan es así que con solo llevar puesta la ropa, el vestir llega a imponer un estado de ánimo especial dentro de la persona.

     Permítanos agregar que una mujer que siempre lleva puesta ropa de hombre, más o menos indica que ella está reaccionando a su feminidad como si fuese inferior [a lo masculino], cuando de hecho es sólo diverso.    

     La perversión de su sicología es claramente evidente.

     Estas razones, sumadas a muchas más, son suficientes para advertirnos de cuán equivocadamente piensan las mujeres al llevar ropa de hombre.

b). - La vestimenta masculina tiende a corromper las relaciones entre las mujeres y los hombres.

     En verdad, cuando las relaciones entre los dos sexos desenrollan con el pasar de los tiempos, es predominante un instinto de atracción mutua. La base esencial de esta atracción es una diversidad entre los dos sexos que se hace posible únicamente por el complemento del uno para con el otro. Si entonces esta diversidad se es menos obvia porque uno de sus signos mayores externos es eliminado, y porque la estructura sicológica normal es debilitada, lo que resulta es la alteración de un factor fundamental en la relación.

     El problema va más allá. La atracción mutua entre los sexos es precedida naturalmente, y en el orden del tiempo, por ese sentido de vergüenza que frena los impulsos que surgen, impone respeto sobre ellos, y tiende a levantar la estima mutua y el temor saludable a un nivel más alto acerca de que esos impulsos se dejan ir hacia adelante a actos no controlados. El cambiar esa vestimenta, que por su diversidad revela y sostiene los límites de la naturaleza y las defensas, es nivelar las distinciones y ayudan a desmejorar las defensas vitales del sentido de la vergüenza.

     Por lo menos es obstaculizar ese sentido. Y cuando el sentido de la vergüenza es obstruido o es frenado, entonces las relaciones entre el hombre y la mujer se hunden degradamente a puro sensualismo - completamente falto de todo respeto o estima mutua.

     La experiencia nos enseña que cuando la mujer es des feminizada, las defensas son socavadas y la debilidad aumenta.

c). - La vestimenta masculina hiere la dignidad de la madre ante los ojos de sus hijos.





     Todo niño tiene un instinto hacia el sentido de dignidad y recato de su madre. El análisis de la primera crisis interna de niños cuando despiertan a la vida que los rodea, aún antes de llegar a la adolescencia, muestra cuánto vale para ellos el sentido de sus madres. Los niños son sumamente sensitivos a esa edad. Los adultos típicamente dejan todo eso atrás y no piensan más sobre ello. Pero hacemos bien en recordar las severas demandas que los niños instintivamente les hacen a sus madres, y las profundas y hasta terribles reacciones que surgen en ellos al observar una mala conducta de parte de sus madres. Muchas vías más adelante en la vida son marcadas en este punto – y no por un bien – en estos primeros dramas de la infancia y la juventud.

     El niño pudiera no conocer la definición de estar expuesto, de la frivolidad o la infidelidad, pero él posee un sentido instintivo para reconocer cuándo suceden estas cosas, sufre a causa de ellas, y es terriblemente herido en su alma por ellas.

III. 
Pensemos seriamente sobre el importe de todo lo dicho hasta aquí, aunque la apariencia de la mujer con vestimenta masculina no provoca inmediatamente la misma molestia causada por una grave inmodestia.

     El cambio de la sicología femenina no fundamental es – a lo largo – un irreparable daño a la familia, a la fidelidad conyugal, a los afectos humanos y a la sociedad humana. Cierto, los efectos de llevar ropa no adecuada no se ven a corto plazo. Pero uno debe de pensar en lo que está siendo lentamente, e insidiosamente, rebajado y pervertido.

     Si la sicología femenina es cambiada, ¿hay alguna reciprocidad imaginable cambiada entre marido y mujer? O ¿hay alguna verdadera educación imaginable en los niños, que es tan delicada en su procedimiento, tan entrelazada de factores imponderables que la intuición de la madre y lo instintivo juegan una parte decisiva en esos primeros años tiernos? ¿Qué podrán estas mujeres darles a sus hijos cuando ellas habrán usado pantalones durante tanto tiempo y su auto estima estará determinada más por su competir con los hombres que por su función como mujer?

     Nos preguntamos por qué es que desde que el hombre ha sido hombre – o más bien, desde que se civilizó – ¿por qué el hombre durante todos las épocas y lugares ha llevado irresistiblemente el diferenciarse y el dividir las funciones de los dos sexos? ¿No tenemos aquí un testimonio estricto para el reconocimiento por toda la humanidad de una verdad y una ley por arriba del hombre?

     En resumen, donde sea que las mujeres llevan vestimenta del hombre, debe de considerarse un factor, a largo plazo, de una desintegración del orden humano.

IV. 
La consecuencia lógica de lo presentado hasta aquí es que cualquier persona en una posición de responsabilidad debe ser tomado por un sentido de alarma en el verdadero y correcto significado de la palabra, una alarma severa y decisiva.

     Nos dirigimos de manera de una grave advertencia, a los sacerdotes parroquiales, a los sacerdotes en general y a los confesores en particular, a los miembros de toda clase de asociaciones, a los religiosos, a las monjas, y especialmente a las monjas que enseñan.

     Les pedimos que estén claramente conscientes del problema para que actúen. Esta conciencia es lo que importa. Sugerirá la acción apropiada a su tiempo. Pero no dejemos que nos aconseje ceder ante el cambio inevitable, como si fuésemos confrontados por una evolución natural de la humanidad.

     El hombre viene y el hombre puede irse, sin embargo, las líneas sustanciales de la naturaleza y las no menos líneas sustanciales de la Ley Eterna nunca han cambiado, no están cambiando, y nunca cambiarán. La fantasía filosóficamente vacía puede permitirle a uno a ridiculizar o trivializar estos límites, pero ellos constituyen una alianza de verdaderos hechos y de la naturaleza que castigan a cualquiera quien pasa por encima de ellos. La historia ciertamente ha enseñado – con impresionantes pruebas de la vida y muerte de naciones – que la respuesta a todos estos violadores de este esquema de la ‘humanidad’ es siempre, tarde o temprano, una catástrofe.

     Las consecuencias de tales violaciones no son un nuevo esquema del hombre, sino más bien desórdenes, una inestabilidad dañina de toda clase, la asombrosa sequedad de las almas humanas, un aumento devastador en el número de seres humanos abandonados de entre ustedes, dejados que vivan su declinación en aburrimiento, tristeza y rechazo. En este naufragio de eternas reglas se encuentran familias destruidas, hogares fríos, vidas acortadas antes de su tiempo, los ancianos desechados, nuestra juventud degenerada voluntariamente y – al final de la línea – almas en desesperación y hasta tomando sus propias vidas. ¡Todas estas ruinas humanas son testigos del hecho de que la ‘línea de Dios’ no cede, ni permite la adaptación de cualquier sueño delirante de los tales llamados filósofos!

V. 
Hemos dicho que, a quienes es dirigida esta Notificación, se les pide que tomen el problema que está por delante como una alarma seria. Ellos saben lo que deben decir, comenzando con las niñas en los regazos de sus madres.





     Ellos saben que sin exagerar la cosa o volverse fanáticos, necesitarán limitar estrictamente cuán lejos pueden tolerar el que la mujer vista como hombre, como regla general.

     Saben que no deben ser tan débiles de llegar al punto de permitir ver una costumbre que va cuesta abajo y que está demoliendo la posición moral de todas las instituciones.

     Los sacerdotes saben que deben tomar una línea fuerte y decisiva en el confesionario, sin afirmarse a que el hecho que la mujer viste como hombre automáticamente sea una falta grave.

     Todos deben pensar en la necesidad de tener una línea unida de acción, reforzada en todos lados por la cooperación de todos los hombres de Buena Voluntad y de todas las mentes iluminadas, para crear un verdadero dique que sostendrá la inundación.

     Aquellos de ustedes quienes son responsables de almas en cualquier capacidad deben comprender cuán útil es tener a hombres de letras y en los medios de comunicación como aliados en esta campaña. La posición tomada por las casas diseñadoras de ropa y de la industria del vestir, es de una importancia crucial en todo el asunto. El sentido artístico, el refinamiento y el buen gusto pueden unirse para encontrar soluciones adecuadas, y a la vez dignas, en cuanto a la ropa que una mujer debe llevar cuando maneja una motocicleta o hace ejercicio, o lo que lleva para ir a trabajar. Lo que es importante es conservar la modestia a la vez de mantener el sentido eterno de feminidad, el cual, más que cualquier otra cosa, todos los niños siempre continuarán asociando con lo que sus madres significan para ellos.

     No negamos que la vida moderna pone problemas y hace requerimientos desconocidos para nuestros abuelos. Pero afirmamos que hay valores con más necesidad de ser protegidos que las experiencias pasajeras, y que para todas las inteligentes siempre habrá suficiente buen sentido y buen gusto para encontrar aceptables y dignas soluciones a los problemas que surgen.

     Conmovidos por la caridad, estamos luchando contra una degradación del hombre, contra el ataque sobre aquellas diferencias sobre las cuales descansa el complemento entre el hombre y la mujer.

     Cuando vemos a una mujer llevar pantalones, deberíamos pensar no tanto en solo ella, sino en toda la humanidad, de cómo será cuando todas las mujeres se masculinicen. Nadie ganará al tratar de llevar a cabo una futura época de imprecisión, de ambigüedad, de imperfección, y, por así decirlo, de monstruosidades.

     Esta carta nuestra no está dirigida al público, sino a los responsables de almas, para la educación, para asociaciones católicas. Que cumplan su deber, y que les permita no ser soldados dormidos en sus puestos cuando entre el mal.

+Giuseppe Cardinal Siri
Arzobispo de Génova



Nota:
Las fotos son de nuestra redacción

sábado, 31 de julio de 2021

VIDEO. Prohibición de la Misa en Latín en las parroquias. ¿Una crisis devastadora para la Iglesia?

 



VIDEO

Prohibición de la Misa en Latín en las parroquias. ¿Una crisis devastadora para la Iglesia? 


Nuestra Señora del Buen Suceso y la mayor crisis religiosa de la historia

 





     Dice en el Libro del Profeta Jeremías:

     Así habla Yavé, el Dios de Israel, contra los pastores que pastorean a mi pueblo:

     «¡Ay de esos pastores que pierden y dispersan las ovejas de mis praderas!»

     «Ustedes han dispersado mis ovejas y las han echado en vez de preocuparse de ellas. Pero ahora me voy a preocupar de ustedes por todo el mal que cometieron, palabra de Yavé.

     «Voy a reunir el resto de mis ovejas, llamándolas de todos los países a donde las haya dispersado. Las haré volver a sus pastos, donde se criarán y se multiplicarán.

     «Yo pondré al frente de ellas pastores que las cuiden, y nunca más temerán o serán asustadas. Ya ninguna se perderán».

     «Llega el día en que yo haré surgir un hijo de David que se portará como rey justo y prudente» (Jm 23,1-5).

     Las revelaciones bíblicas se imponen a nuestra credibilidad como artículos de fe. Las de índole privada, no se imponen a nuestra fe, sin embargo, no son inútiles o superfluas. Ellas tienen en los designios de Dios, una finalidad digna de Su sabiduría y de Su poder. Las revelaciones privadas, declaradas por la Iglesia como auténticas, se justifican de modo suficiente por el hecho de Dios ser absoluto Señor y Juez de las vías por las cuales Él desea conducir a las almas hacia la verdad y atraerlas a Sí mismo, y testimoniar la veracidad de la religión revelada, esto es, la de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

     El 11 de noviembre de 1984, el cardenal Joseph Ratzinger, en ese entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, concedió una entrevista a una publicación de las Hermanas Paulinas, la revista Jesús. En dicha entrevista, publicada en italiano bajo el título ¿Por qué está en crisis la fe?, el cardenal alemán, refiriéndose al Tercer Secreto de Fátima, mencionó que lo contenido en dicho secreto, y en otras apariciones marianas aprobadas por la Iglesia como auténticas, "corresponde a lo que ha sido anunciado en la Escritura".

     Considerando las palabras de Mons. Ratzinger — elegido como el Papa Benedicto XVI en 2005—, las Revelaciones de Nuestra Señora del Buen Suceso, declaradas como auténticas por la autoridad eclesiástica, se compaginan perfectamente con las de Jeremías, confirmando, se podría afirmar, lo anunciado por el profeta, pues la Santísima Virgen habló de una profunda crisis espiritual, marcada por la diseminación de las herejías, así como por la corrupción del clero y por una enorme apostasía en la Iglesia. 


Captura de pantalla de la Revista Jesús,
con trechos de la entrevista hecha en 1984 al Cardenal Joseph Ratzinger



Revelaciones de hace 400 años para nuestros días

     Para un católico es forzoso relacionar la crisis religiosa y moral que sacude al mundo occidental con la decadencia verificada en las filas del clero y las órdenes religiosas.

     Jesucristo dijo que los sacerdotes son la sal de la tierra y la luz del mundo. Si esa luz deja de iluminar, irreversiblemente se abre paso a las tinieblas.

     Esto queda de manifiesto en las Revelaciones de la Santísima Virgen del Buen Suceso a la religiosa concepcionista española, Venerable Madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa, en Quito, al final del siglo XVI e inicios del XVII y que mencionan las catástrofes espirituales y materiales que en el mundo sobrevendrían durante el siglo XX. 

     A respecto de la crisis espiritual, detallamos a continuación, en orden casi cronológico, lo que Nuestra Señora del Buen Suceso advirtió hace más de cuatro siglos:

• Ataque furibundo contra el sacramento sacerdotal

     En su cuarta Aparición, el 21 de enero de 1610, la Santísima Virgen le comunicó a la Madre Mariana que: 

     "El sacramento del orden sacerdotal será ridiculizado, oprimido y despreciado. El demonio perseguirá a los ministros del Señor de muchas formas y trabajará con cruel y sutil astucia para desviarlos de la vocación, corrompiendo a muchos de ellos".

• "Callará quien debía hablar"

     A esto la Madre de Dios agregó:

     "Casi no se encontrará inocencia en los niños ni pudor en las mujeres, y en esta suprema necesidad de la Iglesia, callará aquél a quien le competía hablar a tiempo".

     Esta grave omisión es repetida por Nuestra Señora en la siguiente aparición, el 2 de febrero de 1610:

     "Campearán los vicios de impureza, la blasfemia y el sacrilegio en aquel tiempo de depravada desolación, callando quien debería hablar".

• Sobre las inobservancias religiosas en los Conventos

     En otra de sus Apariciones, la Virgen Santísima advierte:

     "Tiemblen en todos los tiempos, las almas religiosas que trabajen en contra de la observación y de la perfección de sus respectivas reglas".

• Los que deberían defender los derechos de la Iglesia, darán la mano a sus enemigos

     Y más adelante hace a su hija dilecta esta terrible declaración:

     "Tiempos funestos sobrevendrán, en los cuales... aquellos que deberían defender en justicia los derechos de la Iglesia, sin temor servil ni respeto humano, darán la mano a los enemigos de la Iglesia para hacer lo que éstos quieran".

     "¡Ay del error del sabio, del que gobierna la Iglesia, el Pastor del rebaño que Mi Santísimo Hijo confió a su cuidado!"

     Luego agregó, refiriéndose al papel de las malas autoridades religiosas en dicha crisis:

     "Pero cuando aparezcan triunfantes y cuando la autoridad abuse de su poder, cometiendo injusticias y oprimiendo a los débiles, próxima será su caída. ¡Caerán al suelo, desplomados!"

• Por servirle a medias, renegará Dios de muchas almas

     En el inicio de la aparición del 2 de febrero de 1634, el Niño Jesús, a quien Su Santísima Madre acababa de entregarlo en brazos de la Madre Mariana como preparación para su partida al Cielo, le reveló a ésta lo siguiente, a respecto de las muchas almas religiosas y sacerdotales que "quieren servirme a medias, conservando sus caprichos y genios, satisfaciendo en todo, sus voluntades y tomando libertades incompatibles con su estado y profesión. Yo no las tolero; nada por la mitad me agrada. Yo las abandono y dejo que sigan todos los deseos de su corazón pervertido para desconocerlas delante de mi Padre Celestial. ¡Ay de aquéllos y de aquéllas!"

• La luz del Santísimo se apagó...

     Poco después, en la misma Aparición, la luz del tabernáculo se apagó. Nuestra Señora del Buen Suceso indicó entonces que eran varios los motivos por lo que aquello sucedió. Uno de ellos, fue precisamente la crisis en el clero:

     "Los sacerdotes se descuidarán de su sagrado deber; perdiendo la Brújula Divina, se desviarán del camino trazado por Dios.

     "Y como esta Iglesia padecerá en esa ocasión la noche oscura de la falta de un Prelado y Padre, que vele con amor paterno, con suavidad, fortaleza, tino y prudencia, muchos sacerdotes perderán su espíritu, poniendo en gran peligro sus almas".


Camilo Torres, el sacerdote colombiano
que en nombre de la Teología de la Liberación,
se hizo guerrillero del ELN.
Ya se escuchan voces que piden su beatificación.


• La virtud en el clero apagada por la indiferencia

     El 2 de noviembre de 1634, dos meses y medio antes de su fallecimiento, la Madre Mariana pedía al Corazón de Jesús desde muy temprano por las almas del purgatorio, entonces Nuestro Señor le reveló el futuro estado de alma de muchos sacerdotes, seculares y religiosas en el siglo XX, así como de almas religiosas destinadas a la vida conventual: 

     "Tiempos habrá en que la práctica de las virtudes se encontrará apenas en contadas almas, la santidad será una rareza, y los sacerdotes y religiosas caerán en una fatal indiferencia, cuyo hielo apagará el fuego del amor divino".

• Muchas naciones serán castigadas por los pecados de sacerdotes y religiosos

     "Sabe aún que la Justicia Divina acostumbra descargar castigos terribles sobre naciones enteras, no tanto por los pecados del pueblo, cuanto por los de los sacerdotes y religiosos, porque estos últimos son llamados, por la perfección de su estado, a ser la sal de la Tierra, los maestros de la verdad y los pararrayos de la Ira Divina.

     "Desviándose de su sublime misión, se degradan de tal modo que, ante los ojos de Dios, son los que aceleran el rigor de los castigos. Porque apartándose de Mí, pasan a llevar una vida superficial, manteniendo conmigo ese distanciamiento indigno de mis ministros, con frialdad y desconfianza como si fuera Yo un extraño para ellos.

     "¡Ay! Si supieran y se convencieran de cuanto los amo, y que deseo que se recojan en lo más íntimo de sus almas; ahí, sin duda alguna me encontrarían para vivir necesariamente de la vida de amor, y de luz y de continua unión, para la cual no fueron apenas llamados, ¡sino escogidos!"

     Pero, si bien el mensaje de Nuestra Señora del Buen Suceso, al igual que el de Nuestra Señora de Fátima, habla de un gran castigo, que incluiría la actual crisis espiritual sin precedentes en la historia, también ofrece la gran esperanza de una restauración de la Santa Iglesia.

     Nuestra Señora del Buen Suceso también predijo que en el momento en que la situación pareciera perdida, Ella intervendría y salvaría a la Iglesia Católica de la crisis y la devolvería a su esplendor apropiado. En este tiempo feliz, después de una severa purga y limpieza en todas las órdenes religiosas, habrá un renacimiento de las vocaciones, un retorno a la práctica de las reglas originales y una Iglesia floreciente y saludable.

     Después de referirse a la prevaricación en las filas eclesiásticas, Nuestra Señora afirma, también el 2 de febrero de 1634:

     "Ora con instancia, clama sin cansarte y llora con lágrimas amargas en el secreto de tu corazón, pidiendo a nuestro Padre Celestial, que por el amor al Corazón Eucarístico de mi Hijo Santísimo ponga cuanto antes fin a tan aciagos tiempos, enviando a esta Iglesia el Prelado que deberá restaurar el espíritu de sus sacerdotes.

     "A ese hijo mío muy querido lo dotaremos de una capacidad rara, de humildad de corazón, de docilidad a las divinas inspiraciones, de fortaleza para defender los derechos de la Iglesia y de un corazón tierno y compasivo. En su mano será puesta la balanza del Santuario, para que todo se haga con peso y medida, y Dios sea glorificado".

     "Para que esto no suceda, el demonio y sus secuaces incitarán todos los vicios”, provocando así “toda clase de castigos, entre ellos la peste, el hambre, la pendencia entre propios y ajenos, la apostasía, perdiendo a un número considerable de almas... Habrá una guerra formidable y espantosa... Esa noche será horrorosísima, porque al parecer humano será triunfante la maldad. 

     "Entonces, concluye la Reina del Cielo, es llegada mi hora en la que Yo, de una manera asombrosa destronaré al soberbio y maldito Satanás, poniéndole bajo mi planta y encadenándole en el abismo infernal, dejando por fin libres a la Iglesia y la Patria de su cruel tiranía".

     ¿Quién será aquel Prelado santo? Ya antes, en la aparición de 1599, Nuestra Señora se había referido a él como, probablemente, un obispo de Quito:

     "Llegados los tiempos de oro para éste mi monasterio, será feliz y premiado de Dios aquel Prelado, hijo mío tan querido, el cual, conociendo con luz divina la necesidad de la sujeción inmediata a los [Frailes] Menores [o sea, a los franciscanos] para la santificación y perfección de las hijas de mi Inmaculada Concepción, pedirá al Vicario de mi Hijo en la Tierra que los Menores gobiernen este monasterio... Este día vendrá cuando la corrupción de las costumbres en el mundo parezca haber llegado al ápice...".

     En otra aparición la Santísima Virgen también habla del triunfo de la Iglesia, y menciona a un hijo escogido. Aquí no se refiere expresamente a un prelado, pero tampoco dice si es la misma persona. Lo cierto es que éste surgirá cuando el mal parezca triunfante y "la autoridad" haya prevaricado:

     "Pero cuando parezcan triunfantes y cuando la autoridad abuse de su poder cometiendo injusticias y oprimiendo a los débiles, próxima está su derrota, ¡caerán por tierra desplomados!

     "Y la Iglesia, cual tierna niña, resurgirá alegre y triunfante, y adormecerá blandamente, mecida en manos de hábil corazón maternal del elegido hijo mío, muy querido, de aquellos tiempos. Lo haremos grande en la Tierra y mucho más en el Cielo, donde le tenemos reservado un asiento muy precioso. Porque, sin temor de los hombres, combatió por la verdad y defendió impertérrito los derechos de su Iglesia, por el que bien le podrán llamar mártir.  

     Las profecías de Nuestra Señora del Buen Suceso parecen transmitir a través de los siglos el espíritu de la religión y la piedad de los días pasados y que el progresismo católico se esforzó en casi extinguir.

     Las palabras de la Reina del Cielo nos invitan a ver el mundo con los ojos de la fe, a comprender la importancia de discernir lo sobrenatural en las cosas que suceden en nuestra vida cotidiana.

     Sus maternales avisos destacan también muchas verdades religiosas importantes que el progresismo minimiza u oculta hoy: la importancia del tiempo que se nos ha dado en esta vida para ganar el Cielo, la cuenta estricta que cada uno hará por su vida, su juicio, la importancia no solo de practicar las virtudes sino también de no permitir la menor concesión al mal o la relajación de las buenas costumbres y prácticas religiosas.

     Pero, sobre todo, sus Revelaciones nos invitan a acompañar, llenos de inmenso de dolor y compunción, a la Santa Iglesia en su Vía Crucis, en medio de la terrible crisis que la embarga, crisis que amenaza con destruirla, de no existir la promesa divina de Nuestra Señor Jesucristo, de que las fuerzas del infierno jamás prevalecerán contra Ella.

     Las Revelaciones de Nuestra Señora del Buen Suceso no solo deben leerse, sino especialmente, meditarse.



Notas.-

IMPORTANTE ACLARACIÓN:

El presente artículo, no tiene en lo absoluto la intención de condenar ni juzgar a nadie.

1. Fue elaborado con datos extraídos de la obra Vida Admirable de la Rvda. Madre Mariana de Jesús Torres, escrita alrededor de 1790 por Fray Manuel de Sousa Pereira O.F.M. 

2. También fueron consultadas las Revistas Catolicismo, de Brasil, y Tesoros de la Fe, de Perú.

jueves, 8 de julio de 2021

LA COMUNIÓN EN LA MANO: SÍNTOMA DE GRANDE INDIFERENCIA Y CAUSA DE INNUMERABLES ULTRAJES CONTRA LA SAGRADA EUCARISTÍA. Por el Padre David Francisquini

 





     El Concilio de Trento declaró que la costumbre del sacerdote celebrante de comulgar con sus propias manos, y después distribuir la hostia a los fieles, es una tradición apostólica (ses. 13, c. 8). San Basilio (330-379) informó que solo era permitido recibir la comunión con las propias manos en tiempos de persecución o en el caso de los monjes del desierto; es decir, cuando no había ni sacerdote ni diácono para dar la comunión (Carta 93). Con la paz de Constantino esa excepción terminó, pues le fue permitido a la Iglesia salir de las catacumbas. Probablemente eso no era respetado en algunos lugares y se cometían abusos, porque el Concilio de Rouen del año 650 definió: “No se coloque la Eucaristía en las manos de ningún laico o laica, sino únicamente en su boca”.

     De hecho, a medida que la Iglesia fue tomando conciencia de cuán augusto es el tesoro que Nuestro Señor le dejó con el Sacramento de la Eucaristía —su Cuerpo y Sangre realmente presentes en las especies consagradas del pan y del vino—, Ella fue poco a poco perfeccionando su modo de celebrar la Misa, la asiduidad y el modo de distribuir la Sagrada Comunión, así como de conservar y transportar el Santísimo Sacramento. Basta citar, por ejemplo, que los primeros cristianos celebraban la Misa en el mismo lugar de la comida fraterna que tomaban en común (ágape), e inmediatamente después de haber comido. Aún en el siglo V, san Paulino de Nola atestigua la existencia de ese tipo de reuniones en la mesa, no enteramente separadas de la celebración; y fue solamente en el segundo milenio que se hizo más rígida la regla del ayuno eucarístico previo a la recepción de la Sagrada Comunión.

Certeza de la presencia de Jesús en la hostia sagrada

     

La Santísima Virgen y los Apóstoles reciben la Comunión de las Sagradas manos de Nuestro Señor. Fra Angélico. Convento de San Marcos, Florencia


     Concomitantemente se fue imponiendo la costumbre de dar la comunión en la boca, por la certeza de que el Cuerpo de Nuestro Señor estaba tan presente en una pequeña fracción como en una hostia entera, como bellamente escribió santo Tomás de Aquino en el himno Lauda Sion: “Cuando se parte la hostia no vaciles: recuerda que en cada fragmento está Cristo todo entero”. Ahora bien, durante la distribución de la Sagrada Comunión es frecuente que se separen de la hostia pequeños fragmentos, y es por eso que el monaguillo siempre debe colocar la patena debajo del mentón del comulgante, a fin de recoger los fragmentos que eventualmente se desprenden de la hostia. De vuelta al altar, el sacerdote limpia la patena, derramando esos minúsculos fragmentos dentro del cáliz a ser purificado mediante las abluciones.

     Esta creciente conciencia de la presencia milagrosa de Jesús en la hostia y de la necesidad de recibirlo con la debida reverencia, llevó también a la Iglesia a imponer a los fieles recibirlo de rodillas, en señal de adoración. Es un signo exterior para rendirle homenaje y saludarlo con nuestro cuerpo, en un gesto de humildad. La recepción en la boca es también un signo de infancia espiritual, pues de la misma forma que los niños abren la boca para recibir el alimento, abrimos la boca para recibir de la mano del sacerdote nuestro alimento espiritual. Y el sacerdote celebra la Misa “in persona Christi”, o sea, al celebrar, asume la propia persona de Cristo. Estos gestos de humillación se hacen, por lo tanto, delante del mismo Dios; y lejos de rebajar, engrandecen a quien los practica, porque son actos de adoración y de reverencia a Dios.

Cumplir los deberes religiosos con santo fervor

     En el siglo VI, en la Iglesia de Roma, la sagrada hostia ya era depositada directamente en la boca de los fieles, según el testimonio de san Gregorio Magno al contar un milagro de san Agapito (Diálogos, libro 3º). Y fue en la Edad Media que se generalizó la recepción de rodillas, como lo afirma san Columbano, monje irlandés que cristianizó a los escoceses.

     A partir de la Edad Media, los fieles sacaron gran provecho espiritual de esos gestos de reverencia ante las especies eucarísticas. Basta pensar en la institución de la fiesta de Corpus Christi por el Papa Urbano IV, en 1264. El primer gran fruto de ese perfeccionamiento en el trato de la Eucaristía fue el aumento de la fe en la Presencia Real de Nuestro Señor en el pan y en el vino consagrados, que se convierten en el Cuerpo y en la Sangre del Salvador. El segundo gran fruto fue el aumento de la piedad, siendo reconocido que la perfección de la virtud de la religión produce en las almas un afecto filial hacia Dios y una tierna devoción a las Personas divinas, a los santos, a la Iglesia, a las Sagradas Escrituras, etc., llevándolas a cumplir con santo esmero los deberes religiosos.



Infiltración de costumbres protestantes en la Iglesia

     Este movimiento de fervor fue creciendo en la Iglesia Católica a lo largo de los siglos y marcadamente a partir del siglo XVI en oposición a las herejías de Lutero y sus congéneres.

     Todas las sectas protestantes niegan la transubstanciación, es decir, niegan que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor, perdiendo su sustancia y quedando solamente los accidentes. Algunas sectas dicen que la presencia de Cristo es apenas espiritual, mientras otras sostienen que, durante la ceremonia, su Cuerpo y Sangre se unen a la materia de las especies, pero la sustancia del pan y del vino permanece íntegra. Niegan también el carácter de sacrificio de la Santa Misa; y como consecuencia, niegan el sacerdocio como un orden sagrado para realizar el sacrificio “in persona Christi”. De ahí la equiparación de los fieles a los pastores, que son meros predicadores.

     El resultado de la diseminación de esas herejías fue la transformación del altar en una mesa, colocada en frente o en medio de los participantes, y el que hagan una fila para ir a coger ellos mismos con su mano el pan y el vino directamente sobre la mesa. En su óptica herética, todo esto se explica porque el culto es principalmente una predicación; y la “comunión” es simplemente compartir un pan y vino no transubstanciados donde habría una vaga presencia espiritual de Cristo.


En las asambleas protestantes la comunión consiste en simplemente compartir el pan y el vino. Ellos niegan el milagro de la transubstanciación.


     Lo inexplicable es que, después del Concilio Vaticano II, mucho de aquel modo de proceder protestante haya comenzado a infiltrarse en la Iglesia Católica.

     El documento crucial para el abandono de la manera tradicional de recibir la Comunión fue la Instrucción Memoriale Domini, publicada por la Sagrada Congregación para el Culto Divino el 29 de mayo de 1969. En ella se explicaba que un número reducido de obispos había pedido la admisión de la comunión en la mano; pero, habiendo sido interrogados todos los obispos del mundo por el Papa Paulo VI, apenas un cuarto de ellos aprobó esa novedad.

     La Instrucción agregaba que, a consecuencia de lo anterior, “el Sumo Pontífice ha decidido no cambiar el modo, hace mucho tiempo recibido, de administrar a los fieles la sagrada comunión”. No obstante, unas líneas después aducían: “Pero si el uso contrario, es decir, el de poner la santa comunión en las manos, hubiera arraigado ya en algún lugar” (?!), las conferencias episcopales deben “examinar las circunstancias peculiares, si existen”, y “tomarán los oportunos acuerdos” para “la debida ordenación del mencionado uso” (o sea, ¡para regularizar los abusos!).

     El carácter insincero de la Instrucción quedó claro en una nota anexa, en la cual se decía que “el rito de la comunión dada en la mano del fiel no deberá ser aplicado sin discreción”, “introducirlo gradualmente”, “comenzando por unos grupos más preparados” por medio de “una catequesis adecuada”.

     Como se trataba apenas de un indulto, las conferencias episcopales debían aprobar una resolución por mayoría de dos tercios, haciendo un pedido a la Santa Sede. La inmensa mayoría acabó introduciendo esa forma de distribución, de manera que se convirtió en una costumbre prevalente en la Iglesia latina en los cinco continentes.

     La formulación más reciente de la legalización de esa anomalía está contenida en la Instrucción General del Misal Romano de 2002: “No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan consagrado ni el cáliz sagrado, ni mucho menos pasarlo de mano en mano entre ellos. Los fieles comulgan estando de rodillas o de pie, según lo haya determinado la conferencia de obispos. Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe ser determinada por las mismas normas”. Y más adelante: “Si la comunión se recibe solo bajo la especie de pan, el sacerdote, teniendo la hostia un poco elevada, la muestra a cada uno, diciendo: ‘El Cuerpo de Cristo’. El que comulga responde: ‘Amén’, y recibe el sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo”.

     La libertad de elección fue reiterada por la Congregación para el Culto Divino en su Instrucción Redemptionis Sacramentum, de 2004, la cual dice, de manera asaz sesgada: “Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada comunión en la boca, si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el sacramento, en los lugares donde la conferencia de obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia”.


Argumentación contra la comunión en la mano

     

VIDEO

Nuestro Señor Jesucristo, realmente presente en la Sagrada Eucaristía, es víctima del irrespeto y la desacralización (Congreso de la juventud en Filipinas)



     En el libro Corpus Christi – La Sagrada Comunión y la Renovación en la Iglesia, Mons. Schneider, obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), declara que en nuestros días esa práctica es “la más profunda laceración del Cuerpo Místico de la Iglesia de Cristo”, pues acarrea cuatro consecuencias, cada una más grave que la otra:

     - Minimiza los gestos de adoración visible;

     - En los niños y en los adolescentes que no conocieron el modo tradicional de recepción, crea la idea de que la Eucaristía es un alimento común y apenas un símbolo;

     - Permite importantes pérdidas de partículas de hostias, que caen por tierra y son profanadas involuntariamente;

     - Favorece el robo de hostias para actos sacrílegos.

     Además de lo que fue expuesto más arriba, se puede agregar aún lo siguiente: que tal práctica lleva a los fieles a la indiferencia y a la pérdida de la fe, pues aquellas mismas manos que depositaron dinero en la colecta van a tocar la hostia consagrada. Poco a poco, eso induce a la persona a colocar el dinero y la hostia en el mismo nivel, relativizando el valor infinito de la Sagrada Eucaristía.

     Debemos resaltar que Nuestro Señor Jesucristo, realmente presente y en persona, es la víctima de esas cuatro deplorables actitudes.

     En respuesta a aquellos que dicen que la obligación de recibir la comunión en la boca violaría sus derechos de “cristiano adulto”, Mons. Schneider afirma:

     “Esos supuestos derechos violan los derechos de Cristo, el único Santo, el Rey de los reyes: Él tiene el derecho de recibir la excelencia de las honras divinas, incluso en la pequeña y santa hostia. Todas las razones en favor de la práctica de la comunión de pie y en la mano pierden toda consistencia ante la gravedad de la situación evidente de minimización del respeto y de la sacralidad, ante el descuido por las partículas eucarísticas que caen por tierra y frente al creciente fenómeno del robo de hostias consagradas.

     “Por encima de todo, cualquier argumento en favor de la manutención de la práctica de la comunión en la mano pierde todo fundamento en consideración de la disminución (para no decir desaparición) de la integridad de la fe católica en la Presencia Real y en la transubstanciación. Tal práctica moderna, que jamás existió en la Iglesia bajo esa forma exterior concreta, acaba incontestablemente por debilitar la plenitud de la fe católica en la Eucaristía”.

La lección de la aparición del ángel a los pastorcitos de Fátima

    

Los tres pastorcitos recibiendo con suma reverencia la Sagrada Comunión,
 de manos del Ángel de la Paz, en Fátima 



 Como un saludable contraste, interesa recordar la tercera aparición del Ángel de la Paz a los tres pastorcitos de Fátima en 1916. Por un lado, el enviado de Dios nos muestra la reverencia que debemos tener hacia la Sagrada Eucaristía; y por otro, de qué manera los sacrilegios ofenden a Nuestro Señor. A continuación, la narración de la hermana Lucía:

     “Nos incorporamos para ver lo que pasaba y vemos al Ángel trayendo en la mano izquierda un cáliz sobre el cual está suspendida una hostia de la que caían, dentro del cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la hostia suspendidos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces la oración: ‘Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los infinitos méritos de su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores’.

     “Después se levantó, tomó de nuevo en la mano el cáliz y la hostia, y me dio la hostia a mí. Lo que contenía el cáliz se lo dio a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo: ‘Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios’.

     “De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: ‘Santísima Trinidad… etc’. Y desapareció”.

     Pidamos a Nuestra Señora de Fátima que obtenga cuanto antes de su divino Hijo que, en la Iglesia, que es su Cuerpo Místico, se cierre la llaga de la comunión en la mano, síntoma de tanta indiferencia y causa de innumerables ultrajes.


Padre David Francisquini


Tomado de Revista Catolicismo, Brasil, n° 832, abril de 2020

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