Le fue dado a ella el ver las convulsiones de las guerras de independencia y la tierra bañada en sangre. Su corazón se sintió estallar al ver todo ese caos y destrucción, pero, aun así, le rogó a Nuestro Señor que su voluntad prevaleciera, comprendiendo que la Colonia se separaría de su tierra natal y se convertiría en la República del Ecuador.
El fin de los hermosos amaneceres
Cuando esto sucediera, se opacaría y perdería esplendor el espectáculo tan deslumbrante del hermoso amanecer que refulgía en cada alborada, tanto que motivaba a inmumerables personas a levantarse a disfrutar de esa maravilla de la creación de Dios. Este menguamiento del fulgor sería la expresión de que la República se corrompería al encaminarse a abrir sus puertas al laicismo y al liberalismo, dándole así la espalda a los beneficios recibidos de Dios.
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| La radiante aurora que rayaba todos los días en la época de la Colonia perdería su esplendor con la irrupción de la conjuración anticristiana en Europa y América |
Muchos cargos civiles, así como eclesiásticos, serían ocupados por numerosos Judas contumaces que, poseídos y alentados por el espíritu diabólico, venderían a su Señor por unas pocas monedas. La Madre Mariana de Jesús Torres, virtuosa esposa de Cristo, vio el destino eterno fatídico de esas infaustas almas.
A ella también le fueron revelados los castigos, tanto ocultos como de conocimiento general, que se sufriría en estas tierras que en el futuro se denominarían República del Ecuador, las que hubieran sido destruidas y enterradas bajo los escombros de un terrible terremoto, de no haber mediado las oraciones y sacrificios de un pequeño número de santas almas heroicas que, de diversas maneras, se constituirían en víctimas expiatorias y, así, aplacarían la Justicia Divina con sus oraciones, sacrificios y grandes sufrimientos durante el siglo XX... y —¿por qué no?— también en el siglo XXI?
Guerra entre ángeles y demonios
Luego de presenciar la visión del final de las guerras de independencia, la venerable concepcionista vio al Ecuador completamente cubierto por una nube negra formada por legiones de demonios que, en medio de alaridos diabólicos y risas sardónicas blasfemas, llegaban con la consigna de subyugar a la nueva República desde su inicio.
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| Los demonios no cesan en su lucha por erradicar de raíz el origen incuestionablemente cristiano del Ecuador. Cuadro de Gustav Doré |
Para ese fin, insuflaban el dinamismo de la malicia de los siete pecados capitales y el odio a Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre, intentando suprimir todos los conventos, claustros e instituciones piadosas, esparciendo para este fin su hollín blasfemo por todo el territorio, contaminando toda la atmósfera con una densa niebla que oscurecía el inestimable panorama de la luz de la Fe y endurecía los corazones. A todas luces, dicha visión parece referirse a los tiempos actuales, en que la vida religiosa ha dejado de ser motivo de atracción y entusiasmo de innumerables vocaciones jóvenes como lo fue otrora. Las vocaciones en los monasterios de clausura son hoy realmente escasas.
En la siguiente visión, el Cielo se abrió y una luz muy clara, provocada por un estallido de estrellas, fluyó sobre todo el naciente Ecuador. La Madre Mariana escuchó entonces la voz del Príncipe de los Ángeles, San Miguel, que decía:
"¡Malditas negras legiones! Cuanto más triunfantes piensen que son, más se acerca su derrota. Desciendan inmediatamente a las profundidades de los abismos, ¡porque aquí Dios vive, Dios triunfa y Dios reina! ¡Ay, de esta nueva república¡ ¿Qué sería sin sus comunidades religiosas? ¡Sin ellas, no podría subsistir!".
Enseguida, relámpagos y espadas de fuego perforaron cada rincón de la tierra. Las diabólicas legiones huyeron, pero aullaban y proferían amenazas de librar una guerra cruel contra esta pequeña porción de tierra donde «la Mujer» (*), su enemiga, sería tan venerada y amada, gritando con furia que si lograsen extinguir la devoción de la gente hacia Ella, tan sólo así, de ellos sería la victoria.
"Ese momento llegará —vociferaban— cuando tengamos agentes muy adiestrados que conquistarán casi toda esta tierra para nosotros. Los recompensaremos con placeres, comodidades y riquezas terrenales, y luego los atormentaremos en el infierno por toda la eternidad, porque estos desgraciados y desagradecidos ignoraron las misericordias y los beneficios de su Creador".
Cuando los demonios fueron expulsados, la calma regresó y el sol volvió a brillar.
Visiones del Niño Jesús del Pichincha
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| Religiosas del Monasterio de la Limpia e Inmaculada Concepción de Quito |
Entonces, Nuestra Señora del Buen Suceso se le apareció a la Madre Mariana, con su Dulce Niño en brazos, y le dijo:
"Pobre hija de mi corazón, con tan formidable visión han desfallecido tus fuerzas, y si quisieras volver a la vida, humanamente no podrías. Pero aún no es tiempo de que abandones la Tierra. Lo harás siete años después. En memoria de mis siete dolores y alegrías aún peregrinarás por esta tierra, sufriendo y regocijándote en tu espíritu. Entonces, tu Amor te llamará a su Casa y a su compañía en el Cielo, donde tu larga vida [en esta Tierra] parecerá haber durado sólo un día, y te reirás de tus grandes sufrimientos de esta vida , que te parecerán insignificantes, y entonces desearás vivir de nuevo para sufrir y merecer el doble.
"De ahora en adelante, la estima de tus hermanas y las devotas de este mi amado Convento será el mayor sufrimiento para tu corazón, que anhelará, sin lograrlo ya, el desprecio, la burla y la calumnia, porque ya pasó para ti ese tiempo dorado, sin embargo, volverá [dicho tiempo] para mis hijas —y tuyas— en el futuro, pues tendremos almas muy hermosas en este amado lugar.
"Secreto y oculto, tu espíritu vivirá en ellas, y serán objeto de burla por parte de sus propias hermanas, cuyas mentes, oscurecidas por un orgullo disimulado, no comprenderán ni sabrán valorar el tesoro que poseerán en sus santas hermanas. ¡Cuántas mencionarán tu nombre, deseando haber vivido en tu época, y no se darán cuenta de que tú misma vivirás en algunas de sus hermanas, las más olvidadas y oprimidas! Felices mis buenas hijas, cuyas almas, unidas a Dios y a su Madre, pasarán desapercibidas y, tranquilas en la oscuridad y el dolor, harán el bien a propios y a extraños".
Nuestra Señora anunciaba de este modo que el espíritu [la mentalidad y la disposición de alma] de la Madre Mariana, altamente elevado por la virtud, se transmitiría en el transcurso de los siglos a determinadas religiosas del Monasterio Concepcionista de Quito.
Con este extraordinario preámbulo, la Santísima Virgen preparó así el corazón de su hija muy querida, quien poco después, recibiría al Niño Jesús crucificado en el Monte Pichincha, en cuyas faldas había sido erigida la bella ciudad de Quito.
(*) Durante los exorcismos es usual que los demonios se refieran a María Santísima como la Mujer, debido al profundo malestar que les produce pronunciar su nombre.







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