En la mañana del sábado 11 de noviembre, un boletín oficial de la Santa Sede sorprendió a buena parte de los católicos en el mundo. El comunicado apenas decía:
"El Santo Padre ha relevado del gobierno pastoral de la Diócesis de Tyler (EE.UU.) a S.E. Mons. Joseph E. Strickland y ha nombrado Administrador Apostólico de la diócesis vacante al Obispo de Austin, S.E. Mons. Joe Vásquez" .
En realidad era algo que ya esperaba. Desde hace algunas semanas se rumoreaba que tras la Visita Apostólica a la diócesis de Tyler, se le iba a exigir la renuncia a Mons. Strickland. El obispo, de 65 años, había adelantado que “si el Papa lo destituye, obedecerá".
El obispo estuvo siempre empeñado en defender la fe católica en contra de los errores que hoy la acechan, en una tarea que apenas tiene parangón en el resto del episcopado mundial.
Precisamente por cumplir el mandato que tuvo como obispo fiel a Cristo, venía siendo objeto últimamente de un ejercicio de acoso y derribo y que tuvo como desenlace su destitución como pastor de la Iglesia en la diócesis texana de Tyler.
Recientemente, Mons. Joseph Strickland ha dicho en una entrevista a LifeSiteNews que cree que fue destituido porque "amenazó a algunos de los poderes con la verdad del Evangelio". Añadió que "si quieren que cambie [la verdad del evangelio], entonces yo soy un problema".
Cuando se le preguntó el por qué había sido destituido de su cargo, respondió: "La única respuesta que tengo a eso es porque las fuerzas de la Iglesia en este momento no quieren la verdad del Evangelio".
"Quieren que se cambie. Quieren que se ignore. Quieren librarse de la verdad que gloriosamente no va a desaparecer. La verdad que es Jesucristo, Su cuerpo místico, que es la Iglesia, todas las maravillas por las que murieron los mártires y por las que vivieron los santos a lo largo de casi 2000 años desde que Cristo murió y resucitó."
El Vaticano no ha dado una explicación oficial de la destitución del obispo quien indicó que no atribuye toda la culpa de su destitución al Papa Francisco porque "hay muchas fuerzas trabajando en torno a él e influyéndole para que tome este tipo de decisiones".
Dijo además que:
"Por eso rezamos por el Papa, por él como hijo de Dios y por su papel como sumo pontífice".
"Pero tenemos que reconocer que en el mundo actúan fuerzas tremendas y poderosas", subrayó. "San Pablo nos recuerda que no luchamos contra seres humanos, de carne y hueso; luchamos contra las potestades y los principados del mal".
"Y el mal no quiere la verdad de Jesucristo".
Cumpliendo con su misión de verdadero pastor velando para que sus ovejas no se descarríen, Mons. Strickland había publicado en las últimas semanas varias cartas pastorales sobre la fe y la moral católica y la naturaleza de la Iglesia. En una de ellas, defiende la verdadera doctrina católica sobre la homosexualidad y la transexualidad y advierte a quienes quieren atentar contra la misma desde dentro de la propia Iglesia que la verdad no se puede cambiar.
En una otra carta pastoral dedicada al sacramento de la Eucaristía.y tras explicar el dogma eucarístico, se centró en refutar el mayor ataque que está recibiendo dicho sacramento desde dentro de la propia Iglesia: la necesidad de estar en gracia de Dios para comulgar:
«... debemos tener claro que la Iglesia no puede ofrecer la Sagrada Comunión a una persona si esa persona participa activamente en una relación del mismo sexo, o si una persona no vive según el sexo para el que Dios le formó en el momento de su concepción y nacimiento».
«Además, quiero dejar claro que la Iglesia nunca ha tolerado ni tolerará la recepción de la Eucaristía por parte de un católico que persista en una unión adúltera. Una persona debe primero arrepentirse del pecado de adulterio y recibir la absolución sacramental, y también tener la firme resolución de evitar este pecado en el futuro. En otras palabras, el adulterio debe terminar para que el individuo pueda recibir la Sagrada Comunión...».
Defender la verdadera ortodoxia le costó el cargo a Mons. Strickland, cargo al cual no se aferró pues al fin y al cabo es efímero, pero que defendió hasta el final con honor.
A propósito de los poderes enquistados en la autoridad de la Iglesia y aludidos por Mons. Strickland bien vale recordar lo que Nuestra Señora del Buen Suceso, le comunicó a la Venerable Madre Mariana de Jesús, en Quito, en 1634, de que la autoridad abusaría de su poder, cometiendo injusticias y oprimiendo a los débiles.

