jueves, 6 de febrero de 2020

Vida admirable de la Madre Mariana de Jesús Torres. Segunda parte






Cómo la vida de cruz de la Madre Mariana de Jesús Torres atrajo la presencia de Nuestra Señora del Buen Suceso 


Madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa


Eficaz intercesora

     La vida de la Madre Mariana fue una sucesión constante de revelaciones, intervenciones y milagros divinos. Durante su vida, levitaba, se bilocaba para salvar un alma, multiplicaba el pan, reconciliaba familias, predecía el futuro, hacía conversiones y curaba enfermos. Cuántas enfermedades curó dando a tomar agua de anís del país, hecha por sus propias manos. Era ésta su receta predilecta. Obraba prodigios diariamente, sobre todo en las parturientas, evitando la muerte prematura de los niños. Es la razón por la que en esos tiempos mucho se generalizaron los nombres Mariano y Mariana, que las madres agradecidas colocaban a sus hijos e hijas en la pila bautismal.


     Pero hubo una particular característica en su vida: la vida de cruz. Desde muy tierna niña se vio inclinada a sufrir lo indecible por la salvación de las almas, lo que hizo de ella una criatura verdaderamente angelical. En el éxtasis que tuvo el día de su profesión religiosa, Nuestro Señor tomándola como esposa, le obsequió como presente lo que muchos rechazarían: Su propia cruz. La venerable religiosa a partir de ese instante, la adoptó como suya y jamás la abandonó. Con toda seguridad, fueron los sufrimientos de la Madre Mariana las columnas que sostuvieron el Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito, amenazado de desaparecer no mucho después de su fundación, por causa de la furiosa irrupción del movimiento revolucionario que arremetía en su interior.


Confinada en la prisión

     Inmediatamente, con la Madre Valenzuela al mando del Convento pero manipulada por la facción ingobernable, la observancia de la regla comenzó a declinar, la prescripción del silencio no fue observada más, y los abusos se multiplicaron.


     Preocupada y afligida en su corazón con esta situación, que derrotaba el propósito verdadero de la vida conventual, la Madre Mariana se acercó humildemente a su nuevo superior, Fray Salvador de Ribera, O.P., quinto Obispo de Quito, pidiéndole como fundadora y ex-priora que estas infracciones y desviaciones se corrijan por el bien del Monasterio.


     El Prelado escuchó esta súplica, pero la facción rebelde se cercioró de que recibiera el peor informe posible, haciendo parecer a la Madre Mariana como ingobernable e insubordinada.


     Como resultado, el Obispo ordenó que la inocente Sierva fuese encarcelada por tres días. También pidió que su velo le sea quitado, que atienda al público en las horas de comida en el refectorio, y que coma de rodillas en el piso. Esos tres días fueron cumplidos en una prisión oscura y subterránea. Allí, la Madre Mariana tuvo que expiar su perfecta inocencia.


     Luego de tres días, la llevaron a un cuarto solitario. Las Madres Fundadoras, incapaces de contenerse viendo su sufrimiento, allí la visitaron. Por esto, fueron encarceladas junto con la Madre Mariana por un mes completo. Otras, que demostraron solidaridad para con ellas, también fueron enviadas junto a las santas religiosas en la prisión. Fueron veinticinco a la vez las que pagaban así su fidelidad.




La Madre Mariana prisionera en la cárcel del Convento

Consolaciones divinas


     Una noche, una cruz pequeña que la Madre Mariana había pintado en la pared comenzó a brillar intensamente. Mientras la luz aumentaba maravillosamente ante el asombro de las inocentes cautivas, cada una de las siete fundadoras cayó en un sublime éxtasis y a cada una de ellas se les mostró una visión diferente.


San Francisco de Asís

     Por ejemplo, la Madre Francisca de los Ángeles, vio a su Padre Seráfico, San Francisco de Asís, en estado de indignación y que con un arco apuntaba sobre el convento, lanzando flechas en todas direcciones. Una de las flechas perforó el corazón de una de las monjas desobedientes, que cayó muerta inmediatamente.

     A la mañana siguiente las rebeldes encontraron muerta a dicha monja en su celda, con su rostro color púrpura y ennegrecido. Hicieron que las cautivas cargaran el cuerpo para el entierro. ¡Imaginemos el dolor de la Madre Francisca, de tener que cargar el cuerpo de esta hermana que ella amó y sirvió pero que no pudo salvar!

     En otra visión, Sor Magdalena de San Juan contempló a San Juan Evangelista, quien le reveló que en la Última Cena y en momentos en que reposó su cabeza sobre el Sagrado Corazón, el Divino Redentor le dio a conocer muchos secretos. Uno de ellos, era la fundación de este Monasterio. Nuestro Señor le dejó saber cuánto amaba esta Casa y que en ella vivirían siempre almas Eucarísticas que tomarían sobre sus hombros la reparación de los sacrilegios cometidos contra la Víctima Divina.


     De este modo, estas almas santas pasaban días amargos encarceladas dentro de su propia casa, perseguidas, ultrajadas y abandonadas por sus propias hermanas.


Las prisioneras son liberadas


     Torturada por la compasión y el remordimiento, la Madre Valenzuela no pudo soportar más el pensamiento de que estas monjas santas e inocentes estuvieran encarceladas en ese horrible lugar. Escribió una carta al Obispo en la que confesaba su debilidad en permitir que las monjas rebeldes la manipulen y causen el encarcelamiento de estas mujeres perfectamente libres de culpa. El Prelado quedó consternado al recibir este mensaje. Reprendió a la Madre Valenzuela seriamente y pidió la libertad inmediata de las víctimas. Al ser liberadas, las sufridas religiosas besaron humildemente los pies de su Priora y los de sus perseguidoras.


     Fueron constantes los episodios de calumnia y persecución estimulados por el demonio contra las monjas fieles. Esto apenas era el principio de una persecución terrible sufrida por estas almas heroicas, que fueron devueltas más adelante a esa horrible prisión.


Una vez más, elección y encarcelamiento


     Luego de salir del encierro, la Madre Mariana fue otra vez elegida Abadesa recibiendo la mayoría de los votos de la facción obediente del convento. Esto causó tal furia en el bando rebelde que sería ella otra vez difamada a tal punto que el Obispo, no sabiendo qué hacer, la hizo aislar en una celda. El grupo de rebeldes deseaba enviarla a la oscura prisión nuevamente, pero se encontraron  esta vez con la oposición de la Priora anterior, la Madre Valenzuela.


La Madre de Dios pide que una Imagen sea elaborada


     Cierto día, durante ese segundo período de aislamiento, mientras rezaba y sufría, la Madre Mariana contempló otra vez a la Señora de majestad y belleza incomparables rodeada por una luz, y que una vez más presentándose bajo el nombre de María del Buen Suceso, llevaba como en la aparición anterior, al Niño Jesús en sus brazos y en la mano derecha el Báculo de oro, adornado de una cruz con diamantes incrustados relucientes como el sol; piedras preciosas adornaban el centro de la cruz y el nombre de María se hallaba grabado en una estrella de rubíes, brillando con diversidad de luces.


     Esta vez, entre muchas otras cosas, la Santísima Virgen del Buen Suceso le pide a la Madre Mariana que mande a confeccionar una imagen tal como se presentaba ante sus ojos. Deseaba que la misma fuese colocada sobre el asiento de la Priora en el Coro Alto, para desde allí, ser Ella, quien gobierne con eficacia aquél Su Convento. Quería también que el báculo fuese colocado en su mano derecha como muestra de Su autoridad como Abadesa, junto con las llaves del Monasterio para defenderlo en los siglos venideros.


     Defensa que Nuestra Señora cumplió. En varias ocasiones futuras, funcionarios gubernamentales hostiles intentaron desalojar a las hermanas o cerrar el Convento. Ninguno de esos intentos tuvo éxito. En algunos casos la persona responsable moría o era destituida antes de que la consigna fuera realizada. En una ocasión, un gran número de hombres asignados para converger en el Monasterio en un tiempo especificado, se olvidaron inexplicablemente de la cita hasta que el tiempo había pasado.


Medición de la Santísima Virgen


     La Madre Mariana al recibir el encargo de la Santísima Virgen de mandar a elaborar la imagen desconocía el tamaño en que debía ser entallada.  Sintiéndose por esto afligida le dijo a la Reina del Cielo:


     “Linda Señora, mi Madre Querida, debo atreverme a tocar Vuestra frente Divina, cuando ni los Ángeles pueden hacerlo?"


     “Vos sois el Arca viva de la Alianza entre los pobres mortales y Dios, y si Osa sólo por el hecho de haber tocado el Arca Santa para evitar que rodase al suelo, cayó muerto, cuánto más yo ! mujer pobre y débil".


     Nuestra Señora entonces le respondió:


     “No temáis por ello. Me alegra tu recelo y veo el amor ardiente a tu Madre del Cielo que te habla; medid vos misma mi estatura con el cordón que traes en tu cintura".


     Cogió entonces Nuestra Señora una punta del cordón colocándola en su propia frente, mientras la Madre Mariana aplicaba el otro extremo sobre los sagrados pies de la Santísima Virgen obteniendo así la medida exacta de la Madre de Dios.



Cuadro de la Medición de la Santísima Virgen.
Iglesia del Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito

Las dificultades continúan


     Los inconvenientes estaban lejos de desaparecer en el Convento de la Inmaculada Concepción. Estimuladas siempre por el demonio que había hecho la promesa de destruir esa santa Casa, el mismo grupo de monjas rebeldes trazaron un plan para lograr su fin.


     Llegó otra vez el tiempo de una nueva elección para Superiora. El elemento revolucionario levantó tanto la fricción que después de muchas sesiones, ninguna decisión fue tomada. El propio Obispo tuvo que intervenir y presidir la nueva elección.


     Cegada por la envidia y el odio, la líder de la rebelión, una monja de contextura gruesa, de baja estatura y tez morena conocida como “la Capitana” solicitó el puesto de Priora para sí misma mientras que insultaba y se revelaba contra la Madre Mariana y las demás fundadoras españolas. También pedía el regreso de éstas a España.


     Esto resultó ser un error fatal para las insubordinadas, pues el Obispo veía entonces claramente con quién estaba tratando. Indignado, pidió a “La Capitana” que se retire y ordenó que sea inmediatamente encerrada en la misma prisión donde anteriormente sus víctimas inocentes tanto habían sufrido. En cuanto a las otras rebeldes, les revocó su derecho de votar y ordenó que realicen el trabajo más extenuado del Convento. De resistirse, irían a la prisión junto con su líder. Además fueron expulsadas del cuarto de votación.


     Finalmente, eligieron a la Madre Valenzuela como Priora una vez más.


La Santísima Virgen insiste en la elaboración de la Imagen


     La Madre Mariana temía que la población indígena de Quito, recientemente catequizada y aún con inclinaciones idolatras ofreciera la reverencia incorrecta a una representación tan magnífica de la Madre del Dios.


     El 2 de febrero de 1610, arrodillada ante el Santísimo Sacramento y mientras rezaba sus acostumbradas oraciones de la noche, de repente sintió su corazón saltar de alegría en su interior.


     En un instante se encontró ante la Reina del Cielo, Quien se hallaba cubierta de luces que resplandecían intensamente dentro de un marco oval de estrellas que brillaban tenuemente. Notó entonces que Nuestra Señora la vía con cierta severidad y sin decir una palabra.


     La Madre Mariana rogó a la Celestial Reina que no la mirara de esa forma y le prometió realizar todo lo que Ella le ordene aunque le cueste su vida.


     La Divina Señora entonces la reprendió pacentemente, preguntándole porqué dudó y temió a pesar de saber que Ella es una poderosa Reina. Le aseguró que no habría peligro de idolatría. Más por el contrario, esta imagen no sólo sería necesaria para el convento sino también para la gente en general a través de los siglos.


     Entonces la Santísima Virgen escogió al artista que debía realizar esta santa tarea. Sería Don Francisco de la Cruz del Castillo, hombre de buena familia y un escultor consumado, temeroso de Dios, honesto y vertical con su esposa e hijos, gobernando su hogar guiado por los diez mandamientos. A este hombre piadoso, tendría la Madre Mariana que indicarle los pormenores físicos de la Reina del Cielo, a quien veía con sus propios ojos. Creyéndose incapaz de ello, la Sierva de Dios se dirigió a Nuestra Señora diciéndole:


     “Pero Señora, Madre Querida de mi alma, yo, insignificante criatura, jamás podré describir vuestra hermosa figura a artista alguno…. Realmente sería necesario que uno de los arcángeles elabore esta Santa Imagen que vos deseáis”.


     La celestial Reina calmó su preocupación asegurándole que Francisco del Castillo la esculpiría y sus ángeles le darían el toque final.





sábado, 1 de febrero de 2020

Con ocasión de la festividad de Nuestra Señora del Buen Suceso





     Porque no hace nada el Señor Dios sin revelar su designio a sus siervos los profetas (Amós 3:7).

     A lo largo de la historia de la Iglesia, la Santísima Virgen ha ejercido su solicitud maternal en una infinidad de maneras. En la era contemporánea se  destacan dos apariciones, debidamente aprobadas por la autoridad eclesiástica.

     Una fue en Francia, en 1846, en La Salette, localidad de las estribaciones alpinas, a los pastorcitos Melanie Calvat y Maximin Giraud.  Monseñor Brouillard, obispo de Grenoble, la aprobó a los tres años. En 1851 fue oficialmente aprobada por el Papa Beato Pío IX, quien la defendió contra sus impugnadores.

     La segunda es conocida por la casi generalidad de los católicos practicantes. Se trata de las apariciones de la Virgen en Fátima, en 1917, a los pequeños pastores Lucía, Francisco y Jacinta, en seis ocasiones, de mayo a octubre. Fueron aprobadas por el obispo de Leiría y refrendadas incontables veces por alocuciones e, incluso, visitas papales.

     El tema central de las dos apariciones es el mismo: la impiedad creciente de la humanidad (proliferación del pecado y abandono de la Fe); pedido ingente de oración y penitencia (reforma de vida); y la amenaza de un castigo formidable si la humanidad no se convierte.

     En Ecuador tenemos el singular privilegio de varias apariciones de la Virgen a la Madre Mariana de Jesús Torres, en la que se identificó como María del Buen Suceso, advirtiendo de lo mismo con dos siglos y medio de antelación, entre 1594 y 1634.

     En La Salette, María Santísima habló de una completa derrota futura del mal y de la restauración plena de la Iglesia y de la civilización cristiana. En Fátima indicó lo mismo, al afirmar: "Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará". 

     En nuestra nación, Ella ya había hecho revelaciones en el mismo sentido:

     "…cundirán en estas tierras, entonces república libre, varias herejías. Se apagará la luz preciosa de la Fe en las almas por la total corrupción de las costumbres".

     "…en esos tiempos estará la atmósfera repleta del espíritu de impureza, el que, a manera de un mar inmundo, correrá por calles, plazas y sitios públicos".

     ".... Se apoderará de estas tierras el maldito Satanás, que todo lo conseguirá por medio de tanta gente extranjera sin Fe... [Esas son sus llanas palabras. Señalamos que no se trata de una alusión a ninguna nacionalidad específica.]  Con esa gente entrarán todos los vicios, que atraerán, a su vez, toda suerte de castigos, como la peste, el hambre y la apostasía...”   La Virgen agrega que, como purificación, “habrá una guerra formidable y espantosa... ...humanamente el mal parecerá triunfar".

     "Para poner a prueba en los justos esta fe y confianza, llegarán momentos en los cuales, al parecer, todo estará perdido y paralizado; y entonces será feliz principio de la restauración completa… Es llegada mi hora, en la que Yo, de una manera asombrosa, destronaré al soberbio Satanás, poniéndolo bajo mi planta y encadenándolo en el abismo infernal, dejando por fin libres a la Iglesia y a la Patria de esa cruel tiranía”.

     De forma similar a las apariciones de La Salette y Fátima, las apariciones de María Santísima del Buen Suceso cuentan con importante anuencia eclesiástica. Monseñor Salvador de Rivera, quinto obispo de Quito, creyó en el pedido de la Virgen que fuese tallada su imagen y que fuese él quien la bendijera y entronizara sobre la silla de la Abadesa en el Coro Alto del Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito; y tanto a él como a su sucesor, Mons. Pedro de Oviedo, la Madre Mariana daba cuenta de su alma y experiencias místicas. También confirió un trascendental realce la Coronación Canónica efectuada el 2 de febrero de 1991 por Mons. Antonio González, lo que redunda en una tácita autenticación de las apariciones por parte del Vaticano, ya que la autorización para las coronaciones canónicas es otorgada por la más alta instancia de la Iglesia universal (coronación canónica es el término eclesiástico equivalente a coronación oficial).

     Con la elaboración de la imagen, la Virgen quiso perennizar las apariciones y ser venerada de modo visible como perpetua Abadesa del convento. La misma Santísima Virgen pidió que el maestro Francisco del Castillo la tallara, pero el acabado final del rostro fue por intervención milagrosa de los tres Arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael. 

     La Virgen también profetizó que la futura República del Ecuador sería consagrada al Sagrado Corazón de su Hijo por un presidente “de veras católico” que sería martirizado "en la misma plaza donde queda mi convento", evidente alusión a don Gabriel García Moreno.  Dijo que esa consagración garantizaría la conservación de la Fe en medio de la desolación futura.

     Hace cuarenta años, el insigne líder católico brasileño Plinio Corrêa de Oliveira alentó la difusión de la devoción a Nuestra Señora del Buen Suceso en el propio Ecuador y en todo el mundo. Los ecuatorianos debemos intensificar esa difusión en todo nuestro territorio, confiados en el pronto triunfo de su Corazón Inmaculado. 

     Si escucharais hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones (Salmo 95: 7-8).



Bolívar Plaza Illingworth

Lea aquí trechos del presente artículo publicados hoy, 2 de febrero del 2020, por Diario El Universo

viernes, 31 de enero de 2020

25 años de la Coronación Canónica en videos





      Para Plinio Corrêa de Oliveira, la Imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso es una de las que más se ajustan a la idea que él se hacía de la Santísima Virgen tal como Ella se encuentra en su trono celestial.

     La Coronación Canónica de 1991 otorgó un trascendental realce a la devoción a María Santísima del Buen Suceso. Fue una autenticación tácita de las apariciones por parte del Vaticano. En el 2016, la conmemoración de los 25 años de esa fecha memorable, quedará escrita con letras de oro.

Coronación Canónica del 2 de febrero de 1991

VIDEO 1
La Portentosa Imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso recorre por primera vez en 400 años, el centro histórico de Quito 
VIDEO 2
Flashes del Rosario de la Aurora por las Bodas de Plata de la Coronación Canónica



VIDEO 3
 Las insignias de Generala del Ejército ecuatoriano colocadas a la Virgen del Buen Suceso 


VIDEO 4


VIDEO 5


jueves, 30 de enero de 2020

Vida admirable de la Madre Mariana de Jesús Torres





La Madre Mariana de Jesús Torres, en sus primeros años de religiosa concepcionista


     La Venerable Madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa, fue una de las Fundadoras Españolas del Convento de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Quito. En dicho bendito lugar - en el que vivió entre los siglos XV y XVI -, se convirtió en una gran mística que abrazó el estado de perfección conforme las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo.

     Nacida en España, en la Provincia de Vizcaya, en el año de de 1563, su vida fue una constante sucesión de revelaciones divinas, intervenciones y milagros. Dios Nuestro Señor no le ahorró nada, que no sea para contribuir a su purificación y perfección, pues estaba destinada a una vocación extraordinaria cuál ser víctima expiatoria por los pecados del mundo, y del Ecuador especialmente.

Un alma predestinada

     Honrada con una belleza angelical, sus padres, Diego Torres y Dona María Berriochoa, ilustres de estirpe y católicos fervorosos, la bautizaron con el nombre de Mariana Francisca, y desde muy pequeña se veía arrebatada por Nuestro Señor Jesucristo oculto en el Tabernáculo. Al recibir a los nueve años su Primera Comunión, tan grande fue su alegría, que cayó profundamente desmayada. Fue entonces que vio a Nuestro Señor colocando un hermoso anillo en su dedo, reclamándola para Sí. La niña aceptó gustosa, ante las miradas de la Santísima Virgen y San José, quienes complacidos, presenciaban aquél celestial compromiso.

     En esa misma visión, la Madre de Dios le hizo conocer, que estaba destinada a pertenecer a la Orden de la Inmaculada Concepción. Para ello, le pidió abandonar la casa paterna para abrazar su cruz en una tierra remota. Dicha Orden Religiosa, había sido fundada en el año de 1490 por otra alma privilegiada, Santa Beatriz de Silva, de origen portugués y de noble linaje.

La Orden de la Inmaculada Concepción


     El gran amor de Santa Beatriz era la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios. Después de muchos sufrimientos y dificultades, pudo fundar esta Orden que tenía como fin principal el honrar este privilegio exaltado de María Santísima, siglos antes de que fuera declarado un dogma de fe.

     La nueva Orden adoptó la regla franciscana y tomó a San Francisco de Asís como su Padre y Guía. Las religiosas, a propia indicación de Nuestra Señora, debían vestir, un manto azul, y un vestido blanco, esto es, los colores de la Inmaculada Concepción. Además, un velo en color negro.

Una petición de la entonces colonia española



Felipe II, Rey de España

     Algunas Señoras influyentes y piadosas en la colonia española de entonces (hoy Ecuador), tuvieron conocimiento de la Congregación recientemente establecida en Europa así como de la dedicación del mismo. Por esto, deseaban que se estableciera también en Quito, y para esto, enviaron su petición al rey Felipe II de España quien autorizó en 1556 la fundación del Convento, y para dirigirlo, nombró a una monja de gran virtud, la Madre María de Jesús Taboada. Se dice, que esta virtuosa mujer, era prima del propio Rey. Además, era Ella, tía de la entonces niña Mariana de Torres; debía ser acompañada por otras seis monjas, todas ellas damas de gran mérito y sólida virtud.

     Eran las Madres Francisca de los Ángeles, Ana de la Concepción, Lucia de la Cruz, Magdalena de San Juan, Catalina de la Concepción, y de María de la Encarnación.

La Fundación

     Llegando a Quito el 30 de diciembre de 1576, las fundadoras fueron recibidas con gran alegría y hospedadas en algunos sitios del convento, que aun se hallaba bajo construcción.


Iglesia perteneciente al Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito 

     Así, El 13 de enero de 1577, situado en la esquina colindante con la Plaza de Armas - hoy, Plaza de la Independencia -, se funda el Real Monasterio de la Limpia e Inmaculada Concepción de Quito, primer convento de monjas de clausura en el Ecuador y primero de las Conceptas en América Latina, profesando sus votos las siete fundadoras en las manos de un Fraile Franciscano. Eran las primeras esposas de Nuestro Señor Jesucristo en tierras ecuatorianas. Mariana de Jesús Torres no participó de la ceremonia pues apenas contaba con trece años.

La Virgen de la Paz

     Ocho días después de la fundación, el 21 de Enero de1577, encontrándose dichas primeras religiosas rezando en una capilla provisional, adaptada como Coro, vieron entrar tres luces por las ventanas, de las cuales, una bañaba a la Virgen de la Paz, Imagen de mediana estatura, con el Niño Jesús en sus brazos, traída desde España para ser la Patrona de la fundación, y a la cual, las religiosas la llamaban la Patronita.


Imagen de la Virgen de La Paz, donada por el Rey Felipe II para patrocinar la fundación del Monasterio

     La otra luz iluminaba el retablo del Altar, y la tercera iluminaba la ventana con gran resplandor.

     Así mismo vieron entrar una estrella que se colocó sobre la cabeza de la Imagen. Otra estrella iluminaba el crucifijo que precedía el altar.

     Entonces la Imagen empezó a moverse y las fundadoras luego de contemplar a San Francisco, Patrono de la Orden Concepcionista, oyeron cantos sonoros y gozaron de suaves olores. A partir de las siete de la noche, tras los repiques de campanas, los habitantes acudían al Convento para presenciar el portentoso hecho, entre ellos, el Presidente de la Real Audiencia, don García de Valverde. Se daba así, el primer hecho milagroso en el Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito.

     Poco después, varias jóvenes de Quito eran admitidas en el Convento de la Inmaculada Concepción y la vida de claustro, alcanzaba su pleno florecimiento.

Los Votos

     A los quince años, la joven Mariana se incorporó al noviciado, consagrándose plenamente el 21 de Septiembre de 1579, a los dieciséis años de edad, cambiando su nombre Mariana Francisca por el de Mariana de Jesús. Mientras pronunciaba sus votos ante su tía, Madre María de Jesús Taboada, primera Abadesa del Convento, Mariana de Jesús entró en un éxtasis sublime durante el cual Nuestro Señor Jesucristo le mostraba la cruz que debía cargar en medio de todos los sufrimientos, persecuciones, enfermedades y tentaciones enormes que ella experimentaría para su propio bien y para el nuestro. La preservó solamente de tentaciones contra la pureza. Nunca tendría un solo pensamiento o inclinación contra esta virtud angelical.


La Madre Mariana y el arcángel San Gabriel

     Todo esto irritaba a Satanás, que furioso corría tras ella, buscando causarle daño físicamente, pues le era imposible dañar su alma. La hacía rodar las gradas con crueldad, se enredaba en sus pies y la hacía caer aun durante los actos de la Comunidad. Cuando servía la comida, buscaba hacerla caer con los platos y regar los alimentos. Cuando leía le borraba las letras.

     A pesar de las embestidas del demonio, ella, valiente y siempre serena, conservaba aquella santa imperturbabilidad, propia de las almas sólidamente piadosas.

Vida de Penitencia

     Luego de tomar sus Hábitos, Nuestro Señor otra vez le apareció, revelándole las horas y las penitencias que debía realizar durante la semana. Castigos tan severos que la Madre María Taboada temió por la salud de su sobrina. Sin embargo, Nuestro Señor había colocado en los labios de la penitente, una gota del agua cristalina de su propio Costado, fortificándola tan maravillosamente para todo lo que había pedido de ella.

     Sus suplicios sólo pueden ser entendidos enteramente cuando consideremos que estaba llamada a ser una víctima por los pecados de nuestros días. Así por ejemplo, ella envolvía a excepción de sus manos y pies, completamente su inocente cuerpo en alambres con puntas de hierro, llevando así una vida penitencial y piadosa, cada vez más grande en la virtud.


La Madre Mariana con la cruz a cuestas que cargaba en Semana Santa


     Un día del año 1582, la Madre Mariana rezaba ante el Santísimo Sacramento en el Coro Alto del Convento, cuando escuchó un estruendo aterrorizante y vio la iglesia envuelta en una densa oscuridad. Solamente el altar principal seguía iluminado, como si fuera plena luz del día.

     Súbitamente, se abrió la puerta del tabernáculo, y apareció Nuestro Señor Crucificado, clavado en una cruz de tamaño natural. La Santísima Virgen, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena permanecían juntos, como en el Calvario, mientras Nuestro Señor agonizante decía:

     “Este castigo es para el siglo XX.”

     Luego la santa religiosa vio tres espadas que pendían sobre la cabeza de Nuestro Señor, cada una con una inscripción. En la primera decía: “castigaré la herejía”; en la segunda, “castigaré la blasfemia”; y en la tercera, “castigaré la impureza”.

     Entonces la Santísima Virgen se dirigió a la religiosa: “Hija mía, deseáis sacrificarte por los pecadores?”

     La virtuosa monja aceptó. Enseguida las tres espadas, fulminándola violentamente, perforaban y se hundían en su corazón, para la salvación de muchas almas, quedando sin vida a los Pies del Dios Sacramentado.

     Al día siguiente, la joven religiosa, siempre primera en todos los actos de la comunidad, no compareció, por lo que la abadesa y las otras monjas fueron en su búsqueda, encontrando su cuerpo en el Coro Bajo y con enorme tristeza lo llevaron a su celda, colocándolo sobre su cama.

    El doctor, de nombre Sancho, y los Frailes Franciscanos - bajo cuya tutela se hallaba el Convento de las Conceptas -, fueron llamados de inmediato. Don Sancho confirmó la muerte de la santa monja recomendando un entierro apropiado.

     Afuera, los habitantes de Quito y alrededores, clamaban en las puertas del convento por ver el cuerpo de su querida benefactora, pues la Madre Mariana se había hecho muy conocida al haber ayudado a muchos con sus consejos, su penitencia, sus oraciones e incluso con sus milagros.

Su retorno a la tierra


     La Madre Mariana apareció ante el Divino Juez, Quien no encontrando ninguna falta en ella, le dijo:

     “Venid amada de mi Padre, y recibid la corona que hemos preparado para ti desde el inicio de los tiempos”.

     Se hallaba ella por consiguiente con una felicidad indescriptible, en la Corte Celestial ante la Santísima Trinidad y la Santísima Virgen.
Mientras tanto, en la tierra, las oraciones de la Madre María Taboada y de todas las religiosas, así como de los Padres Franciscanos y de los quiteños en general, se elevaron al trono del Altísimo. Las Madres del Convento, no podían concebir el vivir sin quien era el pararrayos verdadero de la Justicia de Dios para su comunidad. Suspiraban y lloraban, pidiendo a Dios para tenerla de vuelta.

     Queriendo escuchar las súplicas de sus hijos en la tierra, Nuestro Señor le presentó a la Madre Mariana dos coronas, una de gloria y otra de lirios entrelazados con espinas, instándola a elegir una de ellas. Escogiendo la corona de la gloria permanecería en el Cielo lo cual era su derecho, pero eligiendo la otra, ella volvería a la tierra y reasumiría su sufrimiento.

     La humilde concepcionista entonces pidió a su Amado Esposo que eligiera por ella.

     “No!”, contestó Nuestro Señor. “Cuando te tomé como esposa probé tu voluntad, y deseo ahora hacer lo mismo.”

     Intervino entonces María Santísima diciendo:

     “Hija mía, dejé las glorias del Cielo y volví a la tierra para proteger a mis hijos. Deseo que me imites en esto, porque tu vida es muy necesaria para mi Orden de la Inmaculada Concepción” (Según la Mística Ciudad de Dios, escrita por Santa María de Jesús de Ágreda, Religiosa y Mística Concepcionista, Nuestra Señora fue llevada al Cielo en el día de la Ascensión de Nuestro Señor y le fue presentada también la opción de permanecer o volver a la tierra para ayudar a la Iglesia, recién fundada).

     “Qué aflicción para esta colonia en el siglo XX!'' continuó Nuestra Señora, “si para entonces no hay almas que, con su vida de sacrificio y de holocausto, sigan tu ejemplo y apacigüen la Justicia Divina, el fuego vendrá del cielo y consumiendo a sus habitantes, purificará Quito.”

     Al conocer que la Voluntad Divina era su regreso a la tierra, la Madre Mariana pidió a Nuestra Señora todo el valor y el conocimiento necesarios para formar y conquistar almas para Dios dentro y fuera de su Convento.

     En ese momento en la tierra, el Superior Franciscano, inspirado por Dios, se dirige al cuerpo de la Madre Mariana que yacía en el lecho diciendo: "En nombre de la Santa Obediencia, te ordeno Madre Mariana que si estás muerta, tu alma regrese al cuerpo y recobrando la vida nos relates lo que sucedió". 

     Enseguida, tras un suspiro y ante el asombro de su tía, la Madre Abadesa y del doctor don Sancho, la Santa Fundadora abrió sus ojos procediendo luego a relatarle al Padre Director todo cuanto vivió en el Paraíso.

     Poco después retomaría la vida contemplativa pero con mayor esmero y dedicación.

Estigmas y desolación

     En la noche del 17 de septiembre de 1588, mientras rezaba, recibió las heridas santas de Nuestro Señor Jesús en sus manos, costado y pies, provocándole terribles dolores por lo que tuvo que ser ayudada a llegar a su lecho. Los estigmas aparecían en las palmas de sus manos y las plantas de sus pies, como herida de clavos; en su costado apareció una marca roja muy profunda a manera de herida de lanza.

     La enfermedad se prolongó y su cuerpo quedó transformado en una sola llaga. En medio de dolores le era imposible tragar alimentos y no podía mover ningún miembro de su cuerpo. Dios Nuestro Señor le retiró sus consuelos abandonándola a sufrir las penas de un condenado.

     Sin embargo, la Madre Mariana nunca dejó de rezar y sobre todo jamás abandonó sus oraciones de media noche y tres de la madrugada.

     Agravando sus sufrimientos, el demonio hizo lo máximo para tentarla, insinuándole que su vida había sido inútil. La rondó alrededor de su cama constantemente en forma de una horrible serpiente, visión que la atormentó de manera incesante.

     Fue en esta terrible prueba, que duraba ya cinco meses, que el demonio interpuso todo su empeño en martirizarla. La Madre Mariana fue llevada a instancias en que todos los actos de heroísmo en su lucha contra el mal le parecían crímenes, sus buenas obras le parecían obras de perdición, y su propia vocación, era para ella un engaño y una vana ilusión. Asistía a una visión del propio infierno y se creía convencida de su propia perdición, sintiendo ya desprenderse el alma de su cuerpo y la caída de éste en el fuego eterno.  Agotando un último esfuerzo, invocó a la Santísima Virgen diciéndole:

     “Estrella del mar, María Inmaculada, la frágil embarcación de mi alma está por naufragar. Las aguas de la tribulación me ahogan. ¡Sálvame, pues perezco!”.

     Entonces, sintiendo una mano acariciar su cabeza, miró hacia arriba y vio a la Reina del Cielo, hermosa, bondadosa y majestuosa en un nimbo de luz. Fue así que pudo moverse y no vio más a la horrible serpiente, la cual en medio de un estruendoso grito se precipitó en el infierno provocando un estruendo similar al de un temblor.


Iglesia de la Concepción, Quito. Cuadro de la Anunciación. En la parte inferior derecha aparece retratada la Madre Mariana de Jesús Torres 

El Santo Rosario

     Tras el pavoroso ruido, la Madre Abadesa junto a la enfermera fueron a asistirla y vieron que su cuerpo había recobrado sus movimientos. La Madre Mariana  ante las bondades inefables de Nuestra Señora para con ella, las instó a rezar el Rosario en agradecimiento a su Divina Protectora.

     La Santa religiosa entonó luego la Letanía Lauretana siendo seguida con gran alegría por las presentes quienes nunca sintieron sus corazones abrazados del amor a Dios, como en aquellos instantes sublimes en que rezaron junto a la Sierva de Dios.

Segunda resurrección


     Había ya transcurrido un año desde su recaída y su condición empeoró. El Doctor había dictaminado que debido a su vida de penitencia la médula de sus huesos se había secado y sólo tenía vida en su corazón.

     A la mañana siguiente, sucedería lo inimaginable... Al reunirse las religiosas en el Coro Alto para rezar el Oficio, encontraron ante el asombro de todas, a la Madre Mariana rezando junto a ellas..! Tal como su Divino Esposo, al cual intentó imitar en todo, había resucitado la mañana de Pascua y había sido devuelta a la vida una vez más para continuar a través de sus sufrimientos, luchando por la salvación de las almas.

Abadesa

     En 1589, la entonces Abadesa, Madre María Taboada, sintiéndose débil de salud y deseando prepararse para su muerte que se acercaba y que la Providencia se la había predicho a través de su sobrina Mariana de Jesús Torres, sugirió la elección de ésta como nueva Superiora.

     La Madre Taboada había gobernado durante dieciséis años según el deseo unánime de su convento, y las religiosas pensaban que no existía alguien lo suficientemente capaz para continuar la tarea de la Fundadora.

     Sin embargo, respetando sus deseos, eligieron unánimemente a la Madre Mariana de Jesús Torres, confiando en su exaltada virtud a pesar de tener solamente treinta años. La Madre Mariana, dirigió el convento con gran sabiduría, prudencia, caridad y calidad en las vías del Señor, satisfaciendo cada punto de la santa regla, no omitiendo absolutamente nada. Sabía que tendría a su tía con ella por un tiempo más y tomó completa ventaja de sus consejos y dirección.

Predicciones sobre el Monasterio

     Varias veces, las Madres María y Mariana, recibieron revelaciones sobre el futuro del Convento. En ellas, conocieron a cada monja que profesaría en su comunidad hasta el fin del mundo. Sabían que en las diferentes épocas, habría en esa bendita Casa, además de almas con grandes virtudes, méritos y santidad, también espíritus desagradecidos y desobedientes. Las almas santas librarían de grandes calamidades al Ecuador y mantendrían la fe ardiendo incluso durante los calamitosos siglos XX y XXI.

     Los planes del demonio de destruir este Convento fueron evidenciados muy pronto. Incitadas por el príncipe de las tinieblas, algunas monjas ingobernables y desobedientes, deseaban una regla menos rigurosa, e intentarían obtener la separación de su comunidad de la dirección de los Frailes Franciscanos. Dicha separación causará en las monjas fieles el más penoso de los sufrimientos.

Primera aparición de la Virgen del Buen Suceso

     Por ese tiempo, la Madre Mariana sufría por el cuidado del Convento. Carecían de ayuda financiera apropiada, sumándosele la cruz de la amenazadora separación de los franciscanos. Todo esto infligió en su alma un verdadero martirio.

     Antes de la Aurora del día 2 de febrero de 1594, rezaba en el Coro Alto. Prostrada, con su frente tocando el piso, imploraba por la ayuda divina para con su comunidad y por la misericordia para con el mundo pecador.

     Entonces escuchó una dulce voz llamarla por su nombre. Levantándose rápidamente, contempló en medio de una aureola de luz, a una Señora muy hermosa, la cual, sostenía en su brazo izquierdo al Niño Jesús y en su mano derecha un báculo elaborado con el oro más puro y adornado con piedras preciosas nunca vistas en esta tierra.

     Temerosa por no saber de quién se trataba la visión, la Madre Mariana preguntó: “Quién sois, hermosa Señora y qué deseáis de mi? Debéis saber que soy solamente una pobre monja, llena de amor para Dios, es verdad, pero sufriendo todo lo posible".

     La Señora respondió:

     “Soy María del Buen Suceso, la Reina del Cielo y la Tierra. Precisamente porque eres un alma religiosa con completo amor para con Dios y para con su Madre que ahora te habla, es que he venido del Cielo para consolar tu agobiado corazón”.

      Nuestra Señora realzaría luego, cómo los rezos y penitencias de la Sierva de Dios satisfacían a Dios, indicándole también que sostenía el báculo de oro en su mano derecha, porque deseaba Ella misma gobernar el Convento, que lo asumía como de Su propiedad, y que el demonio haría todos sus esfuerzos para destruirlo por medio de algunas hijas ingratas que allí vivían.

    “Él no logrará su meta”, continuó la Santísima Virgen, “porque soy la Reina de las Victorias y la Madre del Buen Suceso. Bajo esta invocación quiero, en los siglos venideros, realizar los milagros necesarios para la preservación de éste mi Convento, y para los habitantes de esta colonia".

     “Hasta el fin del mundo tendré hijas santas, almas heroicas, en la vida silenciosa de este Convento, que sufrirán persecuciones y calumnias dentro de su propia comunidad, serán muy amadas por Dios y Su Madre… Sus vidas de oración, penitencia y sacrificio serán extremadamente necesarias en todos los tiempos. Después de pasar todas sus vidas desconocidas al mundo, serán llamadas al Cielo para ocupar un elevado trono de gloria.”

     Le reveló también Nuestra Señora que su vida sería larga y sufrida, pidiéndole que jamás pierda el valor.

     Dicho esto, colocó al Niño Jesús en los brazos de la humilde religiosa, quien al abrazarlo firmemente entre su corazón, sintió fuerzas para sufrir lo indecible.


Portentosa imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso. Iglesia del Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito

     

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