viernes, 6 de noviembre de 2020

Nuestra Señora del “Grand Retour” — Una historia de esperanza para nuestros tiempos

 



Imagen de Nuestra Señora del Grand Retour. Como fondo, el Santuario
de Boulogne-sur-Mer

     En el año 636, una pequeña embarcación sin velas, ni remos, ni marineros, flotaba dentro del puerto de Boulogne-sur-Mer, una encantadora ciudad portuaria en el canal de la Mancha, al norte de Francia.

     Cuando los pobladores se reunieron alrededor de aquella embarcación, descubrieron que contenía una imagen de madera de la Santísima Virgen llevando en su brazo izquierdo al Niño Jesús. Ella tenía un aire de majestuosidad divina, aunque calmada y maternal. La imagen fue llevada solemnemente a la capilla, y el recién consagrado templo de Notre Dame de Boulogne se convirtió en uno de los más conocidos y visitados santuarios en la Cristiandad. Su festividad es el 20 de febrero, pero localmente se celebra en Boulogne el 22 de octubre.

     Los cronistas medievales escribieron sobre muchos de los milagros de Nuestra Señora de Boulogne. Una crónica de la vida del rey de Francia, san Luis IX, incluye varias referencias a curaciones milagrosas obtenidas por su intercesión. Ella era especialmente poderosa para los marineros y las embarazadas.


La invasión inglesa

     En 1544, llegó el desastre a Boulogne-sur-Mer. Enrique VIII, rey de Inglaterra, le declaró la guerra a Francia y envió una flota con 47,000 hombres a través del Canal. Una de las primeras ciudades que atacó fue Boulogne, sitiándola el 18 de julio. Aunque era una ciudad amurallada con fuertes defensas, Boulogne era guarnecida apenas por 2,000 soldados. La ciudad se rindió el 14 de setiembre de 1544.

     El ejército protestante invasor saqueó la ciudad. Imágenes, altares, reliquias de santos y otros objetos sagrados fueron cortados en pedazos y quemados en las calles en una orgía de odio a la fe católica. Lo peor de todo fue que la imagen de Nuestra Señora de Boulogne fue arrastrada afuera de la iglesia, escarnecida e insultada, y llevada hacia Inglaterra como trofeo de victoria. Transformaron el Santuario mariano medieval en armería.



     Los ingleses finalmente entregaron Boulogne el 25 de abril de 1550, y poco después devolvieron la imagen. La iglesia y la ciudad fueron reconstruidas y restauradas en las siguientes décadas y el santuario de Nuestra Señora recuperó gran parte de su esplendor original.


La ciudad de Boulogne-sur-Mer sitiada por las tropas de Enrique VIII en 1544 (Antonio Salamanca y Giovanni Orlandi, Roma 1549)

La ofensiva hugonote

     El mismo virus revolucionario que había infectado Europa se preparaba para una rebelión sangrienta y una guerra civil religiosa en Francia con los hugonotes, la secta protestante francesa.


Imagen de Nuestra Señora de Boulogne, elaborada en marfil
en el siglo XV, en Francia. 

     Durante la noche del 11 de octubre de 1567, cientos de soldados hugonotes irrumpieron en secreto dentro de la iglesia de Nuestra Señora de Boulogne. Destrozaron la iglesia y arrancaron la imagen milagrosa. Atándole una soga al cuello, la arrastraron por las calles enlodadas hasta que llegaron a la entrada principal de la ciudad vieja. Allí, se burlaron y blasfemaron de ella.

     Pero cuando trataron despedazar la imagen de Nuestra Señora, una fuerza milagrosa la protegió. La golpearon una y otra vez con espadas y martillos, pero la imagen, como si fuera de acero, no sufrió daños. El milagro enfureció a los protestantes aún más, y la arrojaron a una gran hoguera. Una vez más, la imagen fue milagrosamente protegida y salió intacta de las llamas. Los hugonotes la llevaron fuera de la ciudad y la arrojaron a un pozo.

     Para el año siguiente, el orden ya estaba restablecido en la ciudad portuaria. Una católica del lugar, sabiendo dónde se encontraba la imagen milagrosa, la recuperó en secreto y se la llevó a casa. El 26 de setiembre de 1607, ante las aclamaciones de una gran multitud de fieles, la Madre de Dios volvió a entrar solemnemente en Boulogne.


La devastación de la Revolución Francesa

     La Revolución Francesa empezó en 1789 con trágicas consecuencias para Francia y para Nuestra Señora de Boulogne.

     El 10 de noviembre de 1793, luego de que los revolucionarios en Boulogne terminaron de celebrar en lo que previamente era una iglesia la llamada “Fiesta de la diosa Razón”, empezaron una orgía de destrucción. Llenos de odio hacia la fe católica, amontonaron numerosas imágenes, pinturas, paramentos y reliquias en la plaza de la ciudad y destruyeron todo en una hoguera gigante.

     Una chusma armada de picas y vociferando "la Marsellesa", arrastró a Nuestra Señora de Boulogne a la plaza principal. Los sans-culottes pusieron un gorro frigio rojo —símbolo de la Revolución Francesa— en la cabeza de la imagen y comenzaron a burlarse de ella y proferir blasfemias. Cuando se cansaron de ello, la quemaron en una gran hoguera, bailando como salvajes para celebrar la victoria de la “razón” sobre la “superstición”.


Los revolucionarios quemaron
 la imagen original y milagrosa de
Nuestra Señora de Boulogne en 1793.
Antes de ser destruida, una católica piadosa alcanzó a cortar y conservar un pedazo
de uno de los brazos.
Actualmente es venerado en un relicario


     Nada satisfechos con la destrucción de la imagen milagrosa, en 1798, el gobierno revolucionario demolió completamente el santuario. La devoción a Nuestra Señora de Boulogne, quien por más de once siglos sirvió como símbolo del amor mutuo entre el pueblo francés y la Madre de Dios, llegó a su fin.

     ¿Habrá sido así? ¿Nuestra Señora abandonó a la Francia que la abandonó? O, viendo a sus hijos hacer penitencia y regresar a la fe verdadera, ¿haría ella un Gran Retorno tal como lo había hecho luego de los desastres previos, primero bajo los ingleses y luego bajo los hugonotes?


Una nueva imagen, un nuevo santuario

     

La iglesia medieval representada
en un antiguo grabado


     Poco después del final de la Revolución, los católicos de Boulogne decidieron hacer una copia de la imagen original tal como la recordaban, y la devoción a Nuestra Señora de Boulogne recomenzó una vez más. El padre Benoit-Agathon Haffreingue, un sacerdote de Boulogne-sur-Mer, decidió reconstruir la iglesia en ruinas. El 1º de mayo de 1827, puso la primera piedra del nuevo santuario, el cual fue terminado treinta y nueve años después, el 24 de agosto de 1866. Cientos de miles de peregrinos afluían a Boulogne cada año. La devoción a la Virgen de Boulogne superó lo que había sido incluso antes de la Revolución Francesa.

     Francia y Europa tenían mucho más sufrimiento por delante. La Guerra Franco-Prusiana y la Primera Guerra Mundial devastaron absolutamente Francia. Sin embargo, fue durante la Segunda Guerra Mundial que Nuestra Señora de Boulogne obró el mayor de sus milagros: el Grand Retour, o el “Gran Retorno”.


El Padre Benoit-Agathon Haffreingue, párroco de Boulogne-sur-Mer,
decidió reconstruir la iglesia


Orígenes del “Grand Retour”

     A mediados 1938, Boulogne hospedó un congreso mariano. Para preparar a los fieles para este evento nacional, dos sacerdotes decidieron hacer cuatro copias de la imagen original de Nuestra Señora de Boulogne y las llevaron en un gran recorrido a los pueblos y parroquias de la diócesis. Llamado el “camino ardiente”, fue un éxito muy superior a las expectativas. En diez semanas las cuatro imágenes recorrieron más de 2,414 kilómetros e hicieron 466 paradas en parroquias.


Basílica de Nuestra Señora
de la Inmaculada Concepción,
en Boulogne-sur-Mer. En ella se venera la imagen de Notre Dame du Grand-Retour

    

     Después de la clausura del congreso mariano, algunos clérigos liderados por el padre Gabriel Ranson SJ, decidieron continuar este “camino ardiente” de la Santísima Virgen por toda Francia hasta el próximo congreso, que se realizaría a mediados 1942 en Le Puy, al sur del país. Entre fines de 1939 y la primera mitad de 1940, él y un puñado de jóvenes laicos llevaron a Nuestra Señora de Boulogne al noreste de Francia donde visitaron muchas parroquias, como también, campos de batalla de la Primera Guerra Mundial.

     Cuando la Alemania Nazi invadió Francia el 10 de mayo de 1940, la Virgen se encontraba en Reims. La guerra detuvo inmediatamente sus viajes y la imagen fue escondida en un monasterio trapense para mantenerla a buen recaudo, donde permaneció por espacio de dos años. Sin embargo, los católicos clamaban para que la Virgen de Boulogne se uniera al congreso como se planeó originalmente. Entonces, a mediados de 1942, ella continuó su trayecto a través de Francia en dirección a Le Puy.


Religiosos descalzos encabezan
la procesión con la imagen
de Nuestra Señora
por las calles de Périgueux

     Después de un exitoso congreso, Nuestra Señora de Boulogne continuó su recorrido hasta Lourdes. Allí llegó el 7 de setiembre de 1942, en la víspera de la Natividad de la Santísima Virgen, y fue recibida por una enorme multitud de peregrinos. Con su entrada triunfal en Lourdes, parecería que el gran recorrido de la Virgen por Francia había llegado a su fin.

     Precisamente en ese momento, el Papa Pío XII dirigió una súplica a la Madre de Dios. El 8 de diciembre de 1942, en la fiesta de la Inmaculada Concepción, el Sumo Pontífice consagró el género humano al Inmaculado Corazón de María. Al año siguiente, el 28 de marzo de 1943, los obispos franceses renovaron solemnemente esta consagración. Este día fue también el comienzo de lo que llegó a ser conocido como el Grand Retour de la Virgen de Boulogne.


Comienza el “Grand Retour”

      El obispo de Tarbes, en cuya jurisdicción se encuentra Lourdes, tuvo la idea de enviar la imagen de Nuestra Señora de Boulogne en peregrinación a las parroquias de su diócesis. En cada una de ellas, los fieles renovarían la consagración al Inmaculado Corazón de María. Después de haber recorrido su diócesis y otras a lo largo de Francia, la imagen haría su retorno final a Boulogne, de ahí el nombre de “Gran Retorno”.


Imagen de Nuestra Señora del Grand-Retour (siglo XVII), que es parte del tesoro que se encuentra en la cripta del Santuario 

     La acogida fue tan grande que los organizadores decidieron enviar las cuatro réplicas a toda Francia en diferentes itinerarios. Con la carta de aprobación del Papa Pío XII en mayo, las cuatro imágenes empezaron su gran recorrido por Francia, el cual continuó sin detenerse durante cinco años seguidos.

     Cada imagen viajó junto a un grupo de aproximadamente una docena de hombres jóvenes, todos voluntarios, dirigidos por dos o tres sacerdotes. Colocaron la imagen en un carro muy simple que hombres jalaban durante todo el recorrido de pueblo en pueblo. Estos hombres y la multitud entera a menudo iban en procesión descalzos en espíritu de penitencia. Cuando la Virgen llegaba a la parroquia del lugar, una guardia de honor la cargaba adentro de la iglesia. El sacerdote predicaba un sermón sobre Nuestra Señora de Boulogne y sobre el significado del Grand Retour y se oían confesiones.


Nuestra Señora del Gran Retorno cruzando el río Loira, cerca de Nantes, el 4 de julio de 1944, durante la ocupación nazi en Francia 


     Luego, empezaba la vigilia que duraría toda la noche en la que los lugareños acompañaban una, y no rara vez, más horas. A la medianoche, empezaba la Misa. Cada persona recibía una copia de la Consagración al Inmaculado Corazón de María del Papa Pío XII. Los presentes rezaban la consagración en voz alta y cada uno de ellos la firmaba y la colocaba a los pies de la Virgen, junto con otras intenciones escritas.


Jóvenes scouts, descalzos en señal de penitencia, cargan una imagen de
Nuestra Señora del Grand Retour
por las calles de París, en febrero de 1946

     Con la Segunda Guerra Mundial en curso, las intenciones frecuentemente eran peticiones simples por el regreso a salvo de un padre, esposo, hermano o hijo, de un campo de prisioneros o de trabajos forzados en Alemania. Muchos pedían por la conversión de algún miembro de la familia. Todos le pedían a la Santísima Virgen que salvara a Francia.

     La vigilia nocturna continuaba hasta la mañana siguiente. Al amanecer, el sacerdote celebraba una Misa de despedida. Una gran multitud de lugareños se reunía una vez más para escoltar a la Virgen durante todo el camino hasta el próximo pueblo, donde una gran concurrencia de fieles ya estaba reunida, y la secuencia comenzaba de nuevo.


Conversiones, penitencia, gracias

     

Tímpano en la fachada
de la Iglesia de Boulogne


     Lo más notable sobre el Grand Retour fue la extraordinaria avalancha de gracias, especialmente de conversiones y penitencia. Miles y miles de ateos, comunistas, francmasones y católicos alejados se convertían en el acto cuando veían a la Virgen entrar a sus pueblos.

     Un obispo describió el efecto sobre los fieles: “El paso de Nuestra Señora en mi diócesis es el evento religioso contemporáneo más extraordinario de nuestros tiempos, y el más significativo. Multitudes de personas se levantaron motivadas y entusiastas. De hecho, los confesionarios y los comulgatorios fueron asediados durante las vigilias santas, mientras que el rezo de los misterios del rosario mantenía a los fieles rezando en las iglesias. En algunas parroquias, hubo impresionantes conversiones como nunca antes fue visto en las misiones”.

     Los párrocos también dieron testimonio del efecto del Gran Retorno. “Yo estaba un poco inquieto sobre la bienvenida que le daría a Nuestra Señora mi muy indiferente parroquia. La gente de mi entorno decía que la bienvenida iba a ser mediocre… A tres kilómetros de Nantiat, vemos a la delegación de nuestra parroquia, mi parroquia. Y me conmoví hasta las lágrimas cuando vi qué tan grande era: hombres y jóvenes, mujeres; la multitud entera no dudó en arrodillarse en el suelo húmedo, con los brazos en forma de cruz, para saludar a nuestra ilustre Visitante… Realmente la Santísima Virgen ha enviado una brisa de gracia a una comunidad no muy religiosa”.


Notre-Dame du Grand-Retour,
en el altar principal del Santuario
en Boulogne-sur-Mer


     Otro prelado atestiguó: “El sábado pasado, alrededor de las 2 pm, la Virgen llegó a la parroquia de Basville. Sin duda, por siglos o tal vez incluso desde el comienzo del mundo, ningún rey, o reina, o princesa más noble o poderosa nos había visitado. Verdaderamente, esta tarde fue al menos un retorno al Cristianismo, una conversión general, un llamamiento de mi pueblo a nuestra Madre y Reina… Sí, creo que si los obispos nos mandan una Virgen cada año, en diez años el pueblo de Francia se convertirá Jesucristo por María”.

     Un observador escribió lo siguiente: “Es como la atmósfera en Lourdes. Nos atreveríamos a decir que es más fuerte que Lourdes en cierto sentido. El peregrino de Lourdes es trasplantado fuera de su elemento a un ambiente que está tan impregnado con lo sobrenatural que nada le parece difícil, ni el rosario en su mano, ni el rezo con los brazos en forma de cruz, ni arrodillarse en la tierra. Estos gestos de fe, Nuestra Señora de Boulogne nos lo lleva a hacer donde vivimos, en nuestras calles, bajo las atentas miradas de nuestros vecinos, de personas que conocemos. Ya no nos preocupa lo que piensen, y ellos no se atreven a reír o a criticar”.

     Cuando el Grand Retour llegó a Marsella, pasó por un barrio conocido por su apoyo al comunismo. Mientras ella pasaba por un bar en el cual algunos comunistas se reunían, varios de ellos salieron para investigar la conmoción. El paso de la Virgen blanca tuvo tal efecto en ellos que se convirtieron en el acto y se unieron a la procesión.


La imagen de Nuestra Señora
del Grand Retour es cargada
por los feligreses de París.
Octubre 27 de 1945


     En algunas ciudades como Verdun, Beauvais y Reims, asociaciones de las que se hacen llamar “librepensadores” trataron de organizar manifestaciones en contra de las visitas programadas de Nuestra Señora de Boulogne. En cada caso su plan les salió “el tiro por la culata”. Tanta gente acompañó a la Virgen y tan pocos “librepensadores” se presentaron, que hizo que se vieran ridículos. En Reims, luego de una gran campaña de propaganda, los “librepensadores” solo pudieron juntar a doce personas contra los 35,000 que acudieron por la Santísima Virgen.


Retorno a Dios, a la Iglesia, a la fe medieval

     



     Un monje benedictino que tuvo un rol en el Grand Retour, el padre Jean-Marie Beaurin, publicó en 1945 un libro titulado El Arca de Nuestra Alianza. Describió al Grand Retour como un movimiento profético y comparó lo que estaba pasando en la nación francesa con la apostasía, el sufrimiento y la conversión de los judíos en el Antiguo Testamento. Después de la abominación de la desolación, la ingratitud, las declaraciones de los Papas y las apariciones de la Santísima Virgen y, finalmente la ira de Dios, Francia estaba regresando a la fe de Clodoveo, san Remigio, san Luis y santa Juana de Arco.

     Este renacer de la fe que siguió al Grand Retour no fue de un catolicismo impregnado de espíritu moderno. El padre Beaurin describió el espíritu del Grand Retour como un renacer de la fe medieval y del espíritu de las cruzadas.

     El obispo Paul Rémond de Niza afirmó lo siguiente sobre el Grand Retour: “No es un cortejo triunfal, compuesto de procesiones o de manifestaciones grandiosas… Es mucho mayor que eso: el Gran Retorno es un testimonio de afecto filial y de agradecimiento a nuestra benefactora en el cielo. Es una misión de paso, una cruzada de conquista”.

     Poco después que terminó la Segunda Guerra Mundial, el Gran Retorno empezó a difundirse por el mundo, a Italia, Alemania, España, Portugal, Bélgica, Canadá, e incluso tan lejos como Ceilán, Madagascar y China. En Italia, cientos de ciudades fueron visitadas por imágenes peregrinas de la Virgen de la misma manera que el Gran Retorno francés. El 11 de mayo de 1947, más de 100,000 personas se reunieron en Milán para recibir a la Madonna viajera con una devoción sin precedentes y de fervor católico.


Extraordinario fervor popular
durante el recorrido de la imagen
en Nantes, en julio de 1944


Movimientos  progresistas paralizaron el “Grand Retour”

     En suma, el Grand Retour fue una misión y una cruzada. Representó el comienzo de un renacimiento del catolicismo medieval francés con su espíritu de cruzada y el rechazo a la Revolución Francesa y a sus errores.

     Todo sobre el Grand Retour parecía indicar que fue el medio que la Divina Providencia escogió para volver a cristianizar Francia y, por medio de la hija primogénita de la Iglesia, al mundo entero.

     Trágicamente, esto nunca pasó.


La imagen en Saint-Nazaire, Francia,
en julio de 1944, durante la ocupación nazi, pocos días después del desembarco en Normandía. Al fondo, del lado derecho, un edificio bombardeado parcialmente 


     El 29 de agosto de 1948, las cuatro imágenes que viajaban convergieron al santuario de Boulogne-sur-Mer por última vez, dando de facto por acabado el Grand Retour. ¿Por qué este movimiento, la manifestación de piedad más grande de la historia, terminó tan prematuramente?

     En parte, porque los católicos no correspondieron a la gracia del Grand Retour como debían. Millones de franceses regresaron a la fe, pero otros millones no.

     Adicionalmente, la mayoría de obispos franceses y del clero llano tampoco respondieron ni promovieron el Grand Retour como era su deber. Muchos de ellos eran creyentes del falso “ecumenismo” y no gustaban de procesiones o de actos públicos de piedad. Otros apoyaban las tendencias modernistas, progresistas e incluso tendencias socialistas halladas en la Acción Católica, en la Jeunesse ouvrière chrétienne (Juventud Obrera Cristiana), el Movimiento Litúrgico y en el Movimiento de Sacerdotes Obreros y, por lo tanto, no veían con buenos ojos la espiritualidad católica tradicional en general, mucho menos una cruzada mariana como el Grand Retour.

      El cardenal Achille Liénart de Lille (que por su apoyo público a causas socialistas se ganó el apodo de “el obispo rojo”) resumió la actitud general de gran parte del clero. No prohibió el Grand Retour completamente en su diócesis, pero escribió una fría carta a los organizadores: “Creo que este largo viaje que empezó en Lourdes en 1943 y el cual, sin duda, ha hecho un gran bien, no debe continuar indefinidamente. A fin de proteger su efectividad y vigor, no deben transformarla en una institución permanente. Por lo tanto, deseo el retorno de esta imagen sin demora a Boulogne de donde provino”.


Una de las tantas peticiones dejadas
dentro del barco de Nuestra Señora. Dice:
"Pido a Nuestra Señora de Boulogne
por la salud de mis hijos y el retorno
de mi marido prisionero,
y que salve a Francia"


     ¿Debemos esperar un “Grand Retour” en el futuro?

     

La Vierge nautoniére, pintura del siglo XVII, que se encuentra en la cripta del Santuario 


     Pero este no es el fin de la historia. Más que nada, la historia de Nuestra Señora del Grand Retour debería darnos una esperanza sin límites para el futuro.

     Plinio Corrêa de Oliveira se enteró del Grand Retour durante su viaje a Europa en 1952. Como esclavo de la Santísima Virgen conforme al método de san Luis de Montfort, estaba muy interesado en ello.

     Era obvio que el mundo no se convertiría incluso después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Como devoto de Nuestra Señora de Fátima, él estaba convencido de que otro castigo aún más terrible vendría. Recurriendo a las palabras de Nuestra Señora de Fátima y a los escritos de san Luis de Montfort, Plinio Corrêa de Oliveira planteó la hipótesis de que este castigo se caracterizaría por la confusión en la Iglesia y una tremenda persecución contra los católicos.

     Después de sufrir este terrible castigo, empezaría una “era de paz” como lo predijo Nuestra Señora de Fátima. Este “Reino de María” no puede venir sin muchas, muchísimas conversiones. Conversiones totales, como fue la de san Pablo. Conversiones no apenas de individuos, sino de naciones enteras.


Imagen que el pueblo de Boulogne-sur-Mer mandó a elaborar en 1820. Es una copia de la original, destruida durante la Revolución Francesa

     Necesitamos una gracia particular de la Santísima Virgen, una gracia análoga a la que recibieron los apóstoles en Pentecostés. Así como a ellos les fue imposible predicar y convertir a todas las naciones sin la venida del Espíritu Santo, nadie tendrá la fuerza para construir el Reino de María sin una gracia especial. Y ella será completamente inmerecida, así como Pentecostés fue inmerecido para los apóstoles, que abandonaron a Nuestro Señor durante la Pasión. San Luis de Montfort alude en sus escritos a esta gracia de conversión. Plinio Corrêa de Oliveira desarrolló toda una teoría a su respecto y a esa futura gracia la llamó Grand Retour.

     Fundamentalmente, el Grand Retour es nuestra gran esperanza para el futuro. Tenemos la esperanza de que la Santísima Virgen nos perdonará, nos curará, convertirá al mundo e inaugurará el reino de su Inmaculado Corazón. Y lo más importante de todo es que tenemos que permanecer en nuestros puestos, batallando con todas nuestras fuerzas, hasta el día en que María vendrá. 



Artículo de James Bascom, 

Revista Crusade

martes, 27 de octubre de 2020

Novena a Nuestra Señora del Buen Suceso, ante la amenaza violenta de la revolución anticristiana contra la Iglesia

 




     Frente a las amenazas, el caos y la violencia generalizada que va en franco aumento en todo el mundo, contra la Santa Iglesia y la Civilización Cristiana, invitamos a los devotos de la Virgen Santísima del Buen Suceso a rezar la Novena a Ella, para pedir por su intercesión que se detenga el avance de la revolución. 

     “Las puertas del infierno no prevalecerán", por lo tanto la Victoria de la Santa Iglesia y el Triunfo del Inmaculado Corazón de María están asegurados. 

     El rezo de la novena lo iniciamos el martes 27 de octubre.



domingo, 25 de octubre de 2020

¡Levantaos Señor! ¿Por qué parecéis dormir? El ardoroso clamor de los auténticos católicos ante la profunda crisis religiosa y moral que amenaza destruir la civilización cristiana.

 




San Luis María Grignion de Montfort 


     A lo largo de la historia, Dios ha revelado a través de sus siervos, la futura restauración de la civilización católica, tanto en la esfera espiritual como temporal.

     Uno de esos siervos es el extraordinario santo francés San Luis María Grignion de Montfort, quien escribió en el siglo XVIII la Oración Abrasada.

     Conocida también como la "Súplica Ardiente", con razón lleva ese título, pues todas y cada una de sus cláusulas son otras tantas brasas que saltan ardientes del corazón del apóstol, todo inflamado por el celo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.

     La Oración sirve de prefacio a la Regla de la Compañía de María, y como dicha Regla se escribió en 1713, bien se la pudiera colocar alrededor de esa fecha.

     En la Oración Abrasada, San Luis Grignion no implora nada para sí mismo sino para la mayor gloria de Dios. Y tomando en cuenta su época, se dirige a Él con una pregunta que es casi como que una queja: "Tú, Señor, ¿permitirás que todo sea como Sodoma y Gomorra?"

     También a nosotros, y siguiendo el ejemplo de ese gran Santo, nos sea permitido dirigir una súplica análoga a Nuestro Señor y a su Madre Santísima. Y de Ella, ciertamente escucharíamos de sus labios como respuesta: ‘Ya lo dije en Fátima, en el año de 1917, e indiqué los errores que dominaban el mundo, la inmora­lidad creciente que podía agravarse y esparcirse por el orbe, atrayendo sobre la hu­manidad los castigos de Dios’.





Después del Mensaje revelado por Nuestra Señora en la Cova de Iría, ¿el mundo se regeneró?


     Comparando la situación actual de la humanidad con la de 1917, podríamos preguntarnos cuáles son los pecados que disminuyeron y si acaso hubo una mejoría en uno u otro campo. La santidad, ¿conquistó algún terreno? O por lo contrario, junto con la moral ¿qué terrenos perdieron? Precisamente, la sodomización y la gomorrificación de la Tierra y tantos otros fenómenos afines, ¿no forman actualmente un abismo, en el cual el mundo moderno se va precipitando? Bien podemos afirmar, que las cosas van de mal en peor.

     Décadas después de la muerte de San Luis Grignion de Montfort, estalló en Francia, la Revolución de 1789, en la que la Iglesia fue perseguida con un odio nunca conocido desde el edicto de Milán en el año 313, mediante el cual el emperador Constantino concedió la libertad a la Iglesia católica.

     Pero tal persecución despertó al mismo tiempo la heroica santidad de innumerables sacerdotes y laicos, que prefirieron sufrir el martirio antes que negar su fe.

     Hoy, ante la crisis religiosa y moral, de mayor gravedad para las almas que en la época de la Revolución Francesa
, los auténticos católicos, anclados en una sólida devoción a la Santísima Virgen, tienen que enfrentar la impiedad y el neopaganismo con una fortaleza y una confianza redobladas. Y para eso, la Oración Abrasada será una inspiración colosal.

     Como su título lo indica, la Oración, extensa y profunda en su contenido, es fuego puro. En ella se puede contemplar cara a cara el celo de quien la escribió, y bien se la puede considerar como el timbre de voz que nos llevará a reconocer los sonidos espirituales de la Santa Iglesia Católica.


El Santo predicando a sus fieles.
Vidriera en la iglesia de Montfort-sur-Meu, Francia


     Al leerla, y rezarla, nos encontraremos siempre con algo nuevo. Con su sentido profético, el santo percibe una desolación en el mundo, una gran persecución ante la cual, parecería que Dios está cruzado de brazos, y por ello implora la intervención divina para reestablecer el orden en la Tierra.

     Claramente esta oración, se torna actual, ante la situación de la que hoy somos testigos a lo largo y ancho del mundo.

     Es necesario clamar urgentemente a Nuestro Señor para que intervenga, y el orden sea reestablecido, así como también su Gloria, que la Revolución anticristiana impunemente ha ultrajado.

     Sería necesario tener labios proféticos y no pecadores, para que ese clamor sea perfecto.

     Dejemos pues, que San Luis María Grignion de Montfort clame por nosotros, y pida el fin de esta situación satánica, así como la victoria del Corazón Sapiencial e Inmaculado de María, y el advenimiento de su Reino en la Tierra, por Ella prometido.


     Compartimos a 
continuación algunos trechos de esta magnífica oración para su recitación.


San Luis María Grignion de Montfort,
Basílica de San Pedro, en el Vaticano



Oración Abrasada
— San Luis María Grignion de Montfort —

     "Es hora de que actúes, Señor, han quebrantado tu voluntad (Sal 118, 126). Es tiempo de hacer lo que habéis prometido. Vuestra divina Ley es quebrantada; vuestro Evangelio, abandonado; torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a vuestros mismos siervos; toda la tierra está desolada; la impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado y la abominación se halla hasta en el lugar santo. ¿Lo dejaréis abandonado así todo, Señor justo, Dios de las venganzas? ¿Vendrá todo, al fin, a ser como Sodoma y Gomorra? ¿Callaréis siempre? ¿Aguantaréis siempre? ¿No es menester que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo y que venga vuestro reino? ¿No habéis mostrado de antemano a algunos de vuestros amigos una renovación futura de vuestra Iglesia? ¿No han de convertirse a la verdad los judíos? ¿No es esto lo que espera vuestra Iglesia? ¿No os piden a gritos todos los santos del cielo justicia? Hazme justicia (Lc 18, 3) ¿No os dicen todos los justos de la tierra: Amén, ven, Señor? (Ap 22, 20). Las criaturas todas, aun las más insensibles, gimen bajo el peso de los pecados innumerables de Babilonia y piden vuestra venida para restaurar todas las cosas. La creación entera está gimiendo (Rm 8, 22).

     ¿Qué es lo que os pido? Nada en mi favor, todo para vuestra gloria. ¿Qué es lo que os pido? Lo que Vos podéis, y aun, me atrevo a decirlo, lo que debéis concederme, como Dios verdadero que sois, a quien se ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, y como el mejor de todo los hijos, que amáis infinitamente a vuestra Madre.

     ¿Qué es lo que os pido?...

     ..."¿No me está a mí mejor morir que veros, Dios mío, todos los días tan cruel y tan impunemente ofendido, que hallarme todos los días más y más en peligro de ser arrastrado por los torrentes de iniquidad que van creciendo? Mil muertes me serían más tolerables. O enviad socorros desde el cielo o llevaos mi alma. Si no tuviera la esperanza de que oiréis pronto o tarde, a este pobre pecador en interés de vuestra gloria, como habéis oído a tantos otros, si el afligido invoca al Señor; Él lo escucha, pediría absolutamente con un profeta: Llévate mi alma. Pero la confianza que tengo en vuestra misericordia me hace decir con otro profeta: No moriré, sino viviré y contaré las obras del Señor, hasta que con Simeón pueda decir: Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto vuestra salvación (Lc 2, 29).

     "¿Cuándo vendrá este diluvio de fuego, de puro amor, que Vos debéis encender sobre toda la tierra de manera tan dulce y tan vehemente, que todas las naciones, los turcos, los idólatras, los mismos judíos se abrasarán en él y se convertirán? Sin que nada se sustraiga a su calor (Sal 18, 7). ¡Ojalá estuviera ardiendo!  (Lc 12, 49). Que este divino fuego que Jesucristo vino a traer a la tierra se encienda, antes que Vos encendáis el de vuestra cólera, que reducirá toda la tierra a cenizas.

     "Ved, Señor, Dios de los ejércitos, los capitanes que forman compañías completas; los potentados que levantan ejércitos numerosos; los navegantes que arman flotas enteras; los mercaderes que se reúnen en gran número en los mercados y en las ferias. ¡Qué de ladrones, de impíos, de borrachos y de libertinos se unen en tropel contra Vos todos los días, y tan fácil y prontamente! Un silbido, un toque de tambor, una espada embotada que se muestre, una rama seca de laurel que se prometa, un pedazo de tierra roja o blanca que se ofrezca; en tres palabras, un humo de honra, un interés de nada, un miserable placer de bestias que esté a la vista, reúne al momento ladrones, agrupa soldados, junta batallones, congrega mercaderes, llena las casas y los mercados y cubre la tierra y el mar de muchedumbre innumerable de réprobos, que, aun divididos los unos de los otros por la distancia de los lugares o por la diferencia de los humores o de su propio interés, se unen no obstante todos juntos hasta la muerte, para haceros la guerra bajo el estandarte y la dirección del demonio.

     "Y por vos, Dios soberano, aunque en serviros hay tanta gloria, tanta dulzura y provecho, ¿casi nadie tomará vuestro partido? ¿Casi ningún soldado se alistará bajo vuestras banderas? ¿Ningún San Miguel gritará de en medio de sus hermanos por el celo de vuestra gloria: ¿Quién como Dios? ¡Ah!, permitidme ir gritando por todas partes: ¡Fuego, fuego, fuego! ¡Socorro, socorro, socorro! ¡Fuego en la casa de Dios! ¡Fuego en las almas! ¡Fuego en el santuario! ¡Socorro, que se asesina a nuestros hermanos! ¡Socorro, que se degüella a nuestros hijos! ¡Socorro, que se apuñala a nuestro padre!

     "Álcese Dios y sus enemigos se 
dispersarán! (Sal 67, 2)

     "Despertad, Señor, ¿por qué duermes? ¡Levantaos! (Sal 43, 24). Señor, levantaos: ¿por qué parecéis dormir? Levantaos en vuestra omnipotencia, vuestra misericordia y vuestra justicia... Amén."

     ¡Dios solo!






La introducción del presente artículo fue redactada en base a varos comentarios de Plínio Corrêa de Oliveira a respecto de la Oración Abrasada.

Fuentes: 
- Revista Catolicismo
- Pliniocorreadeoliveira.info    
- Infocatólica
- Luzespiritual.blogspot.com
- docplayer.es










ORACIÓN ABRASADA, de San Luis María Grignion de Montfort. TEXTO COMPLETO

 



San Luis Grignion de Montfort,
escribiendo la Oración Abrasada



ORACIÓN ABRASADA
San Luis María Grignion de Montfort

SÚPLICA ARDIENTE 

     1. Acordaos, Señor, de vuestra Congregación, que hicisteis vuestra desde toda la eternidad (Sal 73, 2), pensando en ella en vuestra mente ab initio; que hicisteis vuestra en vuestras manos, cuando sacasteis el mundo de la nada, ab initio; que hicisteis vuestra en vuestro corazón, cuando vuestro querido Hijo, muriendo en la cruz, la regaba con su sangre y la consagraba por su muerte, confiándola a su Santa Madre. 

     2. Escuchad, Señor, los designios de vuestra misericordia; suscitad los hombres de vuestra derecha, tales como los habéis mostrado dando conocimiento profético de ello a algunos de vuestros mayores siervos: a San Francisco de Paula, un San Vicente Ferrer, una Santa Catalina de Sena y a tantas otras grandes almas en el último siglo pasado, y aun en este en que vivimos. 

I - SÚPLICA AL PADRE 

     3. Dios Todopoderoso, acordaos de esta Compañía aplicando a ella todo el poder de vuestro brazo, que no está acortado; para sacarla a luz y para llevarla a su perfección. Renueva los prodigios, repite los portentos, exalta tu mano, robustece tu brazo (Si 36, 5). ¡Oh Dios soberano, que de las piedras toscas podéis hacer otros tantos hijos de Abraham!; decid como Dios una sola palabra, para enviar buenos obreros a vuestra mies y buenos misioneros a vuestra Iglesia. 

     4. Dios de bondad, acordaos de vuestras antiguas misericordias, y por estas mismas misericordias, acordaos de esta Congregación; acordaos de las promesas reiteradas que nos habéis hecho por vuestros profetas y por vuestro mismo Hijo, de oímos en nuestras justas peticiones. Acordaos de las plegarias que vuestros siervos y vuestras siervas os han hecho sobre este asunto desde hace tantos siglos: que sus votos, sus gemidos, sus lágrimas, la sangre por ellas derramada lleguen a vuestra presencia para solicitar poderosamente vuestra misericordia. Pero acordaos, sobre todo, de vuestro querido Hijo: No rechaces la faz de tu Ungido (Sal 131, 10). Su agonía, su confusión y su llanto amorosa en el Huerto de los Olivos cuando dice: ¿Qué provecho encuentras en mi sangre? (Sal 29, 10); su muerte cruel y su sangre derramada os gritan a voces misericordia, a fin de que por medio de esta Congregación sea establecido su imperio sobre las ruinas del de sus enemigos.

     5. Acordaos, Señor, de esta Comunidad en los efectos de vuestra justicia, Es hora de que actúes, Señor, han quebrantado tu voluntad (Sal 118, 126). Es tiempo de hacer lo que habéis prometido. Vuestra divina Leyes quebrantada; vuestro Evangelio, abandonado; torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a vuestros mismos siervos; toda la tierra está desolada; la impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado y la abominación se halla hasta en el lugar santo. ¿Lo dejaréis abandonado así todo, Señor justo, Dios de las venganzas? ¿Vendrá todo, al fin, a ser como Sodoma y Gomorra? ¿Callaréis siempre? ¿Aguantaréis siempre? ¿No es menester que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo y que venga vuestro reino? ¿No habéis mostrado de antemano a algunos de vuestros amigos una renovación futura de vuestra Iglesia? ¿No han de convertirse a la verdad los judíos? ¿No es esto lo que espera vuestra Iglesia? ¿No os piden a gritos todos los santos del cielo justicia? Hazme justicia (Lc 18, 3) ¿No os dicen todos los justos de la tierra: Amén, ven, Señor? (Ap 22, 20). Las criaturas todas, aun las más insensibles, gimen bajo el peso de los pecados innumerables de Babilonia y piden vuestra venida para restaurar todas las cosas. La creación entera está gimiendo (Rm 8, 22). 

     6. Señor Jesús: Acordaos de dar a vuestra Madre una nueva Compañía, para renovar por ella todas las cosas y para acabar por María los años de la gracia, como los habéis comenzado por ella. Dad hijos y siervos a vuestra Madre; si no, yo muero (Gn 30, 1) Es por vuestra Madre por la que yo os lo pido. Acordaos de sus entrañas y de sus pechos, y no me rechacéis; acordaos de que sois su Hijo y escuchadme; acordaos de lo que Ella es para Vos y de lo que Vos sois para Ella, y cumplid mis deseos. 

     7. ¿Qué es lo que os pido? Nada en mi favor, todo para vuestra gloria. ¿Qué es lo que os pido? Lo que Vos podéis, y aun, me atrevo a decirlo, lo que debéis concederme, como Dios verdadero que sois, a quien se ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, y como el mejor de todos los hijos, que amáis infinitamente a vuestra Madre. ¿Qué es lo que os pido? sacerdotes libres con vuestra libertad, descarnados de todo, sin padre, sin madre, sin hermanos, sin hermanas, sin parientes según la carne, sin amigos según el mundo, sin bienes, sin estorbos, sin cuidados y aun sin voluntad propia. 

     8. Hombres libres: esclavos de vuestro amor y de vuestra voluntad; hombres según vuestro corazón, que, sin voluntad propia que los manche y los detenga, cumplan todas vuestras voluntades y arrollen a todos vuestros enemigos, como otros tantos nuevos Davides, con el báculo de la Cruz y la honda del santo Rosario en las manos. 

     9. Hombres libres: Nubes elevadas de la tierra y llenas de rocío celeste, que sin impedimento vuelan por todas partes según el soplo del Espíritu Santo. Son ellos, en parte, los que conocieron vuestros profetas cuando preguntaban: ¿Quiénes son estos que vuelan como las nubes? (Is 60, 8) - Caminaban de frente, avanzaban a favor del viento del espíritu. (Ez 1, 12) 

     10. Hombres libres: Hombres siempre a vuestra mano. Prontos siempre a obedeceros, a la voz de sus superiores, como Samuel: Heme aquí (1 S 3,16), prestos siempre a correr y a sufrirlo todo con Vos y por Vos, como los Apóstoles: Vamos también nosotros y muramos con él. (Jn 11, 16) 

     11. Hombres libres: Verdaderos hijos de María, vuestra Santa Madre, engendrados y concebidos por su caridad, llevados en su seno, pegados a sus pechos, alimentados con su leche, educados por sus cuidados, sostenidos por su brazo y enriquecidos de sus gracias. 

     12. Hombres libres: Verdaderos siervos de la Virgen Santísima, que, como otros tantos Santo Domingo, vayan por todas partes con la antorcha brillante y ardiente del santo Evangelio en la boca y el santo Rosario en la mano, a ladrar como perros, abrasar como el fuego y alumbrar las tinieblas del mundo como soles; y que por medio de una verdadera devoción a María, es decir: interior sin hipocresía, exterior sin crítica, prudente sin ignorancia, tierna sin indiferencia, constante sin liviandad y santa sin presunción, aplasten, por dondequiera que fueren, la cabeza de la antigua serpiente para que la maldición que Vos le echasteis se cumpla enteramente: Estableceré hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza (Gn 3, 15). 

     13. Verdad es, Dios soberano, que el demonio pondrá, como Vos lo habéis predicho, grandes acechanzas al carcañal de esta mujer misteriosa, es decir, a esta pequeña Compañía de sus hijos, que vendrán hacia el fin del mundo, y que habrá grandes enemistades entre esta bienaventurada descendencia de María y la raza maldita de Satanás; pero es una enemistad totalmente divina, la única de que Vos sois el Autor: Estableceré hostilidades. Pero estos combates y estas persecuciones, que los hijos de la raza de Belial desencadenarán contra la raza de vuestra Santa Madre, sólo servirán para hacer brillar más el poder de vuestra gracia, la valentía de su virtud y la autoridad de vuestra Madre, puesto que Vos, desde el principio del mundo, le habéis dado el encargo de aplastar a este orgulloso, por la humildad de su corazón y de su planta: Ella te herirá en la cabeza. 

     14. Si no, yo muero. ¿No me está a mí mejor morir que veros, Dios mío, todos los días tan cruel y tan impunemente ofendido, que hallarme todos los días más y más en peligro de ser arrastrado por los torrentes de iniquidad que van creciendo? Mil muertes me serían más tolerables. O enviad socorros desde el cielo o llevaos mi alma. Si no tuviera la esperanza de que oiréis, pronto o tarde, a este pobre pecador en interés de vuestra gloria, como habéis oído a tantos otros. Si el afligido invoca al Señor; El lo escucha, pediría absolutamente con un profeta: Llévate mi alma. Pero la confianza que tengo en vuestra misericordia me hace decir con otro profeta: No moriré, sino viviré y contaré las obras del Señor (Sal 117, 17), hasta que con Simeón pueda decir: Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto... (Lc 2, 29). 

III - SÚPLICA AL ESPÍRITU SANTO 

     15. Espíritu Santo, acordaos de producir y formar hijos de Dios, con vuestra divina y fiel Esposa María. Vos formasteis la cabeza de los predestinados con Ella y en Ella; con Ella y en Ella debéis formar todos sus miembros. Vos no engendráis ninguna persona divina en la Divinidad; pero sois, Vos solo, quien formáis fuera de la Divinidad todas las personas divinas; y todos los santos que han sido y serán hasta el fin del mundo son otras tantas obras de vuestro amor unido a María. 

     16. El reino especial de Dios Padre duró hasta el diluvio y terminó por un diluvio de agua; el reino de Jesucristo terminó por un diluvio de sangre; pero vuestro reino, Espíritu del Padre y del Hijo, continúa actualmente y se terminará por un diluvio de fuego, de amor y de justicia. 

     17. ¿Cuándo vendrá este diluvio de fuego, de puro amor, que Vos debéis encender sobre toda la tierra de manera tan dulce y tan vehemente, que todas las naciones, los turcos, los idólatras, los mismos judíos se abrasarán en él y se convertirán? Sin que nada se sustraiga a su calor (Sal 18, 7). ¡Ojalá estuviera ardiendo! (Lc 12, 49). Que este divino fuego que Jesucristo vino a traer a la tierra se encienda, antes que Vos encendáis el de vuestra cólera, que reducirá toda la tierra a cenizas. Envías tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra (Sal 103, 30). Enviad este espíritu, todo fuego, sobre la tierra, para crear en ella sacerdotes todo fuego, por ministerio de los cuales la faz de la tierra sea renovada y vuestra Iglesia reformada. 

     18. Acuérdate de tu Congregación: es una Congregación, una asamblea, una selección, un apartado de predestinados, que Vos debéis hacer en el mundo y del mundo: Yo os he elegido del mundo (Jn 15, 19). Es un rebaño de corderos pacíficos que Vos debéis reunir en medio de tantos lobos; una compañía de castas palomas y de águilas reales en medio de tantos cuervos; un enjambre de abejas en medio de tantas avispas; una manada de ciervos ágiles entre tantas tortugas; un escuadrón de leones valerosos en medio de tantas liebres tímidas. ¡Oh Señor!: Reúnenos de entre las naciones (Sa1 105, 47). Congréganos, únenos para que se dé toda la gloria a vuestro nombre santo y poderoso. 


LA NUEVA COMPAÑIA DE MARÍA 


San Luis María Grignion de Montfort.
Basílica de San Pedro, El Vaticano 


     19. Vos predijisteis esta ilustre Compañía a vuestro profeta, que habla de ella en términos muy oscuros y misteriosos, pero totalmente divinos: 

     1. Derramaste en tu heredad, ¡oh Dios!, una lluvia copiosa, aliviaste la tierra extenuada (Sal 67, 10). 

     2. Y tu rebaño habita en la tierra que tu bondad, ¡oh Dios!, preparó para los pobres (Sal 67,11). 

     3. El Señor pronuncia un oráculo, millares pregonan la noticia (Sal 67, 12) 

     4. Los reyes de los ejércitos van huyendo, las mujeres reparten el botín (Sal 67,13) 

     5. Mientras reposabais en los apriscos, las palomas batieron sus alas de plata, el oro destellaba en sus plumas (Sal 67, 14) 

     6. Mientras el Todopoderoso dispersaba a los reyes la niebla bajaba sobre el Monte Umbrío (Sal 67, 15). 

     7. Las montañas de Basan son altísimas, ¿por qué tenéis envidia, montañas escarpadas? (Sal 67, 16) 

     8. El monte escogido por Dios para habitar, morada perpetua del Señor. (Sal 67, 17) 


     20. ¿Cuál es, Señor, esa lluvia voluntaria que Vos habéis preparado y escogido para vuestra heredad enferma sino estos santos misioneros, hijos de María, vuestra Esposa, que Vos debéis reunir y separar del pueblo, para bien de vuestra Iglesia, tan debilitada y manchada por los crímenes de sus hijos? 

     21. ¿Quiénes son esos animales y esos pobres que morarán en vuestra heredad, y que serán alimentados en ella con la dulzura divina que Vos les habéis preparado, sino estos pobres misioneros abandonados a la providencia que rebosarán de vuestras delicias más divinas, sino los animales misteriosos de Ezequiel, que tendrán la humanidad del hombre por su caridad desinteresada y bienhechora para con el prójimo; la valentía del león por su santa cólera y su celo ardiente y prudente contra los demonios, hijos de Babilonia; la fuerza del buey por sus trabajos apostólicos y su mortificación contra la carne, y, en fin, la agilidad del águila por su contemplación en Dios? Tales serán los misioneros que Vos queréis enviar a vuestra Iglesia. Tendrán ojos de hombre para con el prójimo, ojos de león contra vuestros enemigos, ojos de buey contra sí mismos y ojos de águila para Vos. 

     22. Estos imitadores de los Apóstoles predicarán con gran poder, con mucho valor. Con gran fuerza y virtud, tan grande y tan resplandeciente, que removerán las almas y los corazones de los lugares en que prediquen. A ellos es a quienes daréis vuestra palabra: daré la palabra; vuestra misma boca y vuestra sabiduría: Yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrán hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro (Lc 21, 15), a la que ninguno de sus enemigos podrá resistir. 

     23. Entre estos vuestros amados será donde Vos, en calidad de Rey de las virtudes, de Jesucristo el bien Amado, tendréis vuestras complacencias, puesto que ellos en todas sus misiones no tendrán más fin que el daros toda la gloria de los despojos que arrebatarán a sus enemigas : Los reyes de los ejércitos van huyendo, las mujeres reparten el botín (Sal 67, 13). 

     24. Por su abandono en manos de la Providencia y su devoción a María tendrán las alas plateadas de la paloma: es decir, la pureza de la doctrina y de las costumbres (Sal 67, 14). Y su espalda dorada: es decir, una perfecta caridad con el prójimo para soportar sus defectos y un gran amor para con Jesucristo para llevar su cruz. (VD 58). 

     25. Vos solo, como Rey de cielos y Rey de los reyes, separaréis de entre el pueblo estos misioneros como otros tantos reyes, para tornarlos más blancos que la nieve sobre el monte de Selmón, monte de Dios, monte abundante y fértil, monte fuerte y cuajado, monte en el que Dios se complace maravillosamente y en el que habita y habitará hasta el fin. ¿Quién es, Señor, Dios de verdad, este misterioso monte, del que nos decís tantas maravillas, sino María, vuestra querida Esposa, cuyos cimientos habéis puesto Vos sobre las cimas de los más altos montes? El ha cimentado sobre el monte santo. Monte en la cima de los montes. (Sal 86, 1; Is 2, 2) Dichosos y mil veces dichosos los sacerdotes que Vos habéis tan bien escogido y predestinado para morar con Vos en esta abundante y divina montaña, a fin de que lleguen a ser los reyes de la eternidad, por el desprecio de la tierra y su elevación en Dios; a fin de que se tornen más blancos que la nieve por su unión con María, vuestra Esposa, toda hermosa, toda pura y toda inmaculada; a fin de que se enriquezcan allí del rocío del cielo y de la grosura de la tierra, de todas las bendiciones temporales y eternas de que María está llena. Desde lo alto de esta montaña es desde donde, como otros Moisés, lanzarán por sus ardientes plegarias dardos contra sus enemigos para abatirlos o convertirlos. En esta montaña será donde aprendan de la boca misma de Jesucristo, que en ella mora siempre, la inteligencia de sus ocho bienaventuranzas. En esta montaña de Dios será donde sean transfigurados con El sobre el Tabor; donde mueran con El, como en el Calvario, y de donde suban al cielo con El, como desde el monte de los Olivos. 

CONCLUSIÓN 

     26. Acuérdate de tu congregación. A Vos solo es a quien toca el formar, por vuestra gracia, esta Congregación; si el hombre pone en ello el primero la mano, nada se hará; si mezcla de lo suyo con Vos, lo echará a perder todo, lo trastornará todo. Es vuestra obra, Dios soberano: haced vuestra obra, totalmente divina: juntad, llamad, reunid de todos los términos de vuestro dominio a vuestros elegidos, para hacer con ellos un cuerpo de ejército contra vuestros enemigos. 

     27. Ved, Señor, Dios de los ejércitos, los capitanes que forman compañías completas; los potentados que levantan ejércitos numerosos; los navegantes que arman flotas enteras; los mercaderes que se reúnen en gran número en los mercados y en las ferias. ¡Qué de ladrones, de impíos, de borrachos y de libertinos se unen en tropel contra Vos todos los días, y tan fácil y prontamente! Un silbido, un toque de tambor, una espada embotada que se muestre, una rama seca de laurel que se prometa, un pedazo de tierra roja o blanca que se ofrezca; en tres palabras, un humo de honra, un interés de nada, un miserable placer de bestias que esté a la vista, reúne al momento ladrones, agrupa soldados, junta batallones, congrega mercaderes, llena las casas y los mercados y cubre la tierra y el mar de muchedumbre innumerable de réprobos, que, aun divididos los unos de los otros por la distancia de los lugares o por la diferencia de los humores o de su propio interés, se unen no obstante todos juntos hasta la muerte, para haceros la guerra bajo el estandarte y la dirección del demonio. 

     28. Y por vos, Dios soberano, aunque en serviros hay tanta gloria, tanta dulzura y provecho, ¿casi nadie tomará vuestro partido? ¿Casi ningún soldado se alistará bajo vuestras banderas? ¿Ningún San Miguel gritará de en medio de sus hermanos por el celo de vuestra gloria: ¿Quién como Dios? ¡Ah!, permitidme ir gritando por todas partes: ¡Fuego, fuego, fuego! ¡Socorro, socorro, socorro! ¡Fuego en la casa de Dios! ¡Fuego en las almas! ¡Fuego en el santuario! ¡Socorro, que se asesina a nuestros hermanos! ¡Socorro, que se degüella a nuestros hijos! ¡Socorro, que se apuñala a nuestro padre! 

     29. A mí quien esté por el Señor (Ex 32, 26): que todos los buenos sacerdotes repartidos por el mundo cristiano, sea que actualmente se hallen combatiendo o que se hayan retirado de la pelea a los desiertos y soledades; que todos esos buenos sacerdotes vengan y se junten con nosotros; la unión hace la fuerza: para que formemos, bajo el estandarte de la Cruz, un ejército bien ordenado en batalla y bien regido para acometer de concierto a los enemigos de Dios, que han tocado ya alarma: Bramaron, rechinaron, se amotinaron, son muchos. Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo. El que habita en el cielo sonríe. (Sal 2, 3-4) 

     30. ¡Álcese Dios y sus enemigos se dispersarán! (Sal 67, 2). 

     Despierta, Señor, ¿por qué duermes? ¡Levántate! (Sal 43, 24). 

     Señor, levantaos; ¿por qué parecéis dormir? Levantaos en vuestra omnipotencia, vuestra misericordia y vuestra justicia, para formaras una Compañía escogida de guardias de corps, que guarden vuestra casa, defiendan vuestra gloria y salven vuestras almas, a fin de que no haya sino un rebaño y un pastor y que todos os rindan gloria en vuestro templo: En su templo un grito unánime: ¡Gloria! Amén. (Sal 28, 9) 

¡D I O S  S O L O!



Entrada destacada

La Hermana Lucía predijo que sin la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, Estados Unidos caería de algún u otro modo, bajo las garras del comunismo

† IHS In memoriam del Señor Gonzalo Larraín Campbell      Tenemos el penoso deber de comunicar el fallecimiento del sr. Gonzalo Larrain C...