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| Doña Lucilia y su hijo, Plínio Corrêa de Oliveira |
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| Doña Lucilia y su hijo, Plínio Corrêa de Oliveira |
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| La miseria generada por el socialismo y el comunismo en todos los lugares en que se implantó. En la foto, antiguas casas de la Habana transformadas en barracones. |
Debemos proteger la familia, la propiedad privada y al Ecuador de los peligros del socialismo, ya que éste comparte con el comunismo la misma ideología
1. El socialismo y el comunismo tienen la misma ideología
El comunismo no es sino una forma extrema del socialismo. Desde el punto de vista ideológico, no hay diferencia sustancial entre los dos.
De hecho, la Unión Soviética comunista se llamó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1922-1991) y la China comunista, Cuba y Vietnam se definen a sí mismas como naciones socialistas.
2. El socialismo viola la libertad personal
El socialismo busca eliminar la “injusticia” al transferir los derechos y responsabilidades de los individuos y las familias al Estado.
En el proceso, el socialismo realmente crea injusticia.
Se destruye la verdadera libertad: la libertad de decidir todos los asuntos que se encuentran dentro de nuestra propia competencia y de seguir el curso mostrado por nuestra razón, dentro de las leyes de la moralidad, inclusive los dictados de la justicia y la caridad.
3. El socialismo viola la naturaleza humana
El socialismo es antinatural. Destruye la iniciativa personal ‒un fruto de nuestra inteligencia y libre albedrío‒ y lo sustituye por el control del Estado. Donde quiera que se implementa, se tiende al totalitarismo, con su gobierno represivo y policial.
4. El socialismo viola la propiedad privada
El socialismo clama por una “redistribución de la riqueza”, tomando de los “ricos” para darle a los pobres.
Establece impuestos que castigan a aquellos que han sido capaces de aprovechar mejor su talento productivo, y capacidad de trabajo o de ahorro.
Utiliza los impuestos para promover el igualitarismo económico y social, un objetivo que podrá lograrse plenamente, de acuerdo con el Manifiesto Comunista, con la “abolición de la propiedad privada.”
5. El socialismo se opone al matrimonio tradicional
El socialismo no ve ninguna razón moral para restringir las relaciones sexuales al matrimonio, es decir, la unión indisoluble entre un hombre y una mujer.
Por otra parte, el socialismo socava la propiedad privada, que Friedrich Engels, el fundador del socialismo moderno y del comunismo junto a Karl Marx, vio como el fundamento del matrimonio tradicional.
6. El socialismo se opone a los derechos de los padres en la educación
El socialismo da al Estado, y no los padres, el control de la educación de los niños.
Casi desde el nacimiento, los niños han de ser entregados a las instituciones públicas, donde se les enseñará lo que el Estado quiere, independientemente de las opiniones de los padres.
La teoría evolucionista debe ser enseñada. La oración en la escuela debe ser prohibida
7. El socialismo promueve la igualdad radical
Una supuesta igualdad absoluta entre los hombres es la premisa fundamental del socialismo. Por lo tanto, considera que toda desigualdad es injusta en sí misma.
Los empleadores privados son rápidamente calificados de “explotadores”, cuyas ganancias pertenecen realmente a sus empleados. Como consecuencia, se descarta el sistema salarial.
8. El socialismo promueve el ateísmo
La creencia en Dios, que a diferencia de nosotros es infinito, omnipotente y omnisciente, choca frontalmente con el principio de igualdad absoluta.
El socialismo por consiguiente rechaza lo espiritual, afirmando que sólo existe la materia. Dios, el alma, y la otra vida son ilusiones, de acuerdo con el socialismo.
9. El socialismo promueve el relativismo
Para el socialismo no hay verdades absolutas o moral revelada, que establecen las normas de conducta que se aplican a todos en todo lugar y en todo tiempo.
Todo evoluciona, incluyendo la verdad y el error, el bien y el mal. No hay lugar para los Diez Mandamientos, ni en la vida privada ni en la esfera pública.
10. El socialismo se burla de la religión
De acuerdo con Karl Marx, la religión es “el opio del pueblo.”
Lenin, el fundador de la Unión Soviética, está de acuerdo:
“La religión es el opio del pueblo. La religión es una especie de aguardiente espiritual de mala calidad, en el que los esclavos del capital ahogan su imagen humana, y su demanda por una vida más o menos digna del hombre…” (El socialismo y la religión escrito en 1905).
Que Dios y María Santísima del Buen Suceso protejan a Ecuador del socialismo y del comunismo.
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| “La Última Cena” (1325–1330), de Ugolino di Nerio (Ugolino da Siena) |
La beata estigmatizada Ana Catalina Emmerich, beatificada por Juan Pablo II en 2004, fue un alma con dones sobrenaturales como pocas veces se han conocido en la historia de la Iglesia. Entre ellos, sus visiones, que le hicieron contemplar como una espectadora, la Pasión de Jesucristo así como la vida de la Santísima Virgen.
Tal como nos dice el padre Angel Peña, O.P., destacando que la beata nunca estuvo físicamente en dichos lugares, «Para comprobar la autenticidad esencial de las visiones de Ana Catalina, podemos poner como ejemplo el hallazgo de la casa de la Virgen en Éfeso. Según el relato escrito en “La vida de la Santísima Virgen María”, la casa de María se encuentra a unas tres horas de Éfeso sobre una colina situada a la izquierda de la carretera de Jerusalén. La montaña cae a pico hacia Éfeso que se divisa, viniendo del sudeste.
«El 1891, el padre Jung, sacerdote lazarista, acompañado por otro hermano y dos laicos, se dirigieron hacia Éfeso, en Turquía, para estudiar la realidad del relato de acuerdo a la visión de Ana Catalina. Encontraron una capilla en ruinas que eran los restos de un modesto y antiguo santuario que la tradición local llamaba Panaghia Kapulu (puerta o Casa de la Santísima). Ese sería el lugar donde vivió la Santísima Virgen en Éfeso los últimos años de su vida. Y los fieles acuden a él anualmente el día de la Asunción, en peregrinación.
«Las coincidencias entre el relato de Brentano y la realidad eran tan grandes que se hicieron excavaciones arqueológicas en 1892, sacando a luz los cimientos de una casita edificada entre los siglos I y II y cuyo plano corresponde a lo que indica Ana Catalina como la vivienda de María Santísima. La noticia se extendió rápidamente y, ya en 1896, acudieron un millón de fieles en peregrinación».
En sus visiones sobre La Pasión nos relata, visto en primera persona por ella, todo lo que aconteció en la Última Cena, y tiene detalles muy importantes para aclarar un aspecto de la misma que se presenta en la actualidad por múltiples vías de forma poco realista para avalar múltiples posiciones, sobre todo litúrgicas.
Hoy en día es frecuente ver y oír como se presenta la Última Cena como si fuera un acontecimiento informal, una reunión de amigos, una explosión de alegría desarrollada en un ambiente cuasi festivo de exaltación de la amistad. Esta celebración de alegría informal, según dicen, habría sido bien recogida por la liturgia de los primeros cristianos para posteriormente, a raíz de Trento, ser “adornada” de solemnidad, misterio, recogimiento, boato y espíritu sacrificial únicamente con el fin de contrarrestar los excesos protestantes, lo cual habría oscurecido durante siglos la verdadera liturgia.
Sin embargo, como decía el profesor Amerio, nada más lejos de lo ocurrido:
«En realidad la Última Cena fue un acto supremo de amor divino, pero fue un evento trágico. Se desenvolvió en el presentimiento del deicidio, en la sombra de la traición, en el espanto de los discípulos, inseguros de su propia fidelidad al Maestro, en el temor previo al sudor de sangre de Getsemaní. El arte cristiano ha representado siempre la Última Cena como un evento trágico, y no como un convite divertido.
Y así lo atestiguan las visiones de Ana Catalina Emmerich.
El ambiente de la misma no parecía precisamente una alegre reunión.
«Durante la Cena al principio estuvo muy afectuoso con sus Apóstoles; después se puso serio y melancólico y les dijo: ‘Uno de vosotros me venderá; uno de vosotros, cuya mano está conmigo en esta mesa’, y amenazó sin decir el nombre al traidor: ‘El Hijo del hombre se va, según esta escrito de Él; pero desgraciado el hombre que venderá al Hijo del hombre: más le valdría no haber nacido’».
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| La Eucaristía y la Ultima Cena. Museo: San Marco, Florencia. Autor: Fra Angelico |
En la Cena había en todo momento un aire de solemnidad, o sea nada cotidiano:
— «De pie en medio de los Apóstoles, les habló algún tiempo con solemnidad».
La predicación no fue únicamente sobre la amistad, sino sobre «la penitencia, la confesión de las culpas, el arrepentimiento y la justificación».
Los Apóstoles lejos de entregarse a una alegre cena de amistad, comprendían perfectamente lo que estaba pasando y, dice la beata:
— «Vi también que todos reconocían sus pecados y se arrepentían».
Cuando llegó el sagrado momento de la institución del Sacramento del Altar:
— «El Señor estaba entre Pedro y Juan; las puertas estaban cerradas; todo se hacía con misterio y solemnidad. Cuando el cáliz fue sacado de su bolsa, Jesús oró, y habló muy solemnemente. Yo le vi explicando la Cena y toda la ceremonia: me pareció un sacerdote enseñando a los otros a decir misa».
De otra parte, el “cutrismo” litúrgico, que suele usar vestimentas y cálices “pobres”, sin adornos de ningún tipo, supuestamente más acordes con el cristianismo primitivo, no parece que fuera lo que vio la beata:
— «El cáliz que los apóstoles llevaron de la casa de Verónica [para la Última Cena], es un vaso maravilloso y misterioso. Había estado mucho tiempo en el templo entre otros objetos preciosos y de gran antigüedad, cuyo origen y uso se había olvidado” y nos atestigua además que “había servido ya muchas veces a Jesús para la celebración de las fiestas».
Estamos pues ante un acontecimiento lleno de solemnidad, donde se usó el cáliz que solía usar Nuestro Señor Jesucristo, un cáliz especial, un vaso maravilloso lleno de misterio, un objeto precioso, y todo ello envuelto en un ambiente serio, de misterio, envuelto en el arrepentimiento de los pecados personales, al punto que la beata nos dice como conclusión:
— «Lo que sé es que todo me recordó de un modo extraordinario el santo sacrificio de la Misa».
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| Bienaventurada Ana Catalina Emmerich |
Recordemos que en época de la beata, la Misa se celebraba como la forma extraordinaria actual, es decir con todo el ritualismo, misterio y solemnidad del milenario rito que es lo más alejado que podamos imaginar a la ‘imagen’ de una alegre ‘cena’. Todo ello lo refrenda nuevamente en su relato de la subida al Monte de los Olivos donde nos cuenta:
— «Los Apóstoles conservaban aún algo del entusiasmo y del recogimiento que les había comunicado la santa comunión y los discursos solemnes y afectuosos de Jesús».

La Santa Misa según el rito instituido por el Papa San Pio V
Y respecto a la Sagrada Comunión, nos dice:
— «Tomó la patena con los pedazos de pan y dijo: ‘Tomad y comed; este es mi Cuerpo, que será dado por vosotros’. Extendió su mano derecha como para bendecir, y mientras lo hacía, un resplandor salía de Él: sus palabras eran luminosas, y el pan entraba en la boca de los Apóstoles como un cuerpo resplandeciente: yo los vi a todos penetrados de luz; Judas solo estaba tenebroso».
Esta narración de los hechos parece sugerir claramente una comunión directa de los Apóstoles en la boca, con efectos claramente sobrenaturales pues ‘‘entraba en la boca de los Apóstoles como un cuerpo resplandeciente’’ lo cual es la antítesis de presentar la comunión de los apóstoles como si comieran un pan más, un alimento. Lo que sucedió es muy ajeno a ese espíritu, y se dio en un ambiente sobrenatural de misterio y reverencia. ¿Se puede deducir de todo esto que esta comunión fue dada directamente en la boca? Pues es perfectamente posible y parece sugerirse.
De hecho, como nos explica Mons. Schneider, aparte del propio relato de la beata:
— «No es para nada desdeñable la idea: Es posible suponer que Cristo, durante la Última Cena, haya dado el pan a cada Apóstol directamente en la boca y no sólo a Judas. Efectivamente existía una práctica tradicional en el ambiente del Medio Oriente en el tiempo de Jesús y que aún ser conserva en nuestros días: el anfitrión nutre a sus huéspedes con su propia mano, poniendo en su boca un pedazo simbólico del alimento”.
El capítulo posterior donde nos narra los acontecimientos en el Huerto de los Olivos, no puede más que dejar acongojado a cualquier católico de buena voluntad por el absoluto realismo con el que describe cómo parte del sufrimiento que hizo sudar sangre a Jesús fue por la visión de los pecados futuros de los cristianos, especialmente los cometidos contra la Santísima Eucaristía.
Es un episodio que merece la pena ser leído por que describe proféticamente casi milimétricamente lo que desgraciadamente vivimos hoy en día:
«Apareciéronse a los ojos de Jesús todos los padecimientos futuros de sus Apóstoles, de sus discípulos y de sus amigos; vio a la Iglesia primitiva tan pequeña, y a medida que iba creciendo vio las herejías y los cismas hacer irrupción, y renovar la primera caída del hombre por el orgullo y la desobediencia; vio la frialdad, la corrupción y la malicia de un número infinito de cristianos; la mentira y la malicia de todos los doctores orgullosos, los sacrilegios de todos los sacerdotes viciosos, las funestas consecuencias de todos estos actos, la abominación y la desolación en el reino de Dios en el santuario de esta ingrata humanidad, que Él quería rescatar con su sangre al precio de padecimientos indecibles.…
«En medio de todas esas apariciones, yo veía a Satanás moverse bajo diversas formas horribles, que representaban diferentes especies de pecados. Estas figuras diabólicas arrastraban, a los ojos de Jesús, una multitud de hombres, por cuya redención entraba en el camino doloroso de la cruz. Al principio vi rara vez la serpiente, después la vi aparecer con una corona en la cabeza: su estatura era gigantesca, su fuerza parecía desmedida, y llevaba contra Jesús innumerables legiones de todos los tiempos, de todas las razas. En medio de esas legiones furiosas, de las cuales algunas me parecían compuestas de ciegos, Jesús estaba herido como si realmente hubiera sentido sus golpes; en extremo vacilante, tan pronto se levantaba como se caía, y la serpiente, en medio de esa multitud que gritaba sin cesar contra Jesús, batía acá y allá con su cola, y desollaba a todos lo que derribaba. Entonces me fue revelado que estos enemigos del Salvador eran los que maltrataban a Jesucristo realmente presente en el Santísimo Sacramento. Reconocí entre ellos todas las especies de profanadores de la Sagrada Eucaristía. Yo vi con horror todos esos ultrajes desde la irreverencia, la negligencia, la omisión, hasta el desprecio, el abuso y el sacrilegio; desde la adhesión a los ídolos del mundo, a las tinieblas y a la falsa ciencia, hasta el error, la incredulidad, el fanatismo y la persecución.
«Vi entre esos hombres, ciegos, paralíticos, sordos, mudos y aun niños. Ciegos que no querían ver la verdad, paralíticos que no querían andar con ella, sordos que no querían oír sus avisos y amenazas; mudos que no querían combatir por ella con la espada de la palabra, niños perdidos por causa de padres o maestros mundanos y olvidados de Dios, mantenidos con deseos terrestres, llenos de una vana sabiduría y alejados de las cosas divinas.
«Vi con espanto muchos sacerdotes, algunos mirándose como llenos de piedad y de fe, maltratar también a Jesucristo en el Santísimo Sacramento. Yo vi a muchos que creían y enseñaban la presencia de Dios vivo en el Santísimo Sacramento, pero olvidaban y descuidaban el Palacio, el Trono, lugar de Dios vivo, es decir, la Iglesia, el altar, la custodia, los ornamentos, en fin, todo lo que sirve al uso y a la decoración de la Iglesia de Dios. Todo se perdía en el polvo y el culto divino estaba si no profanado interiormente, a lo menos deshonrado en el exterior. Todo eso no era el fruto de una pobreza verdadera, sino de la indiferencia, de la pereza, de la preocupación de vanos intereses terrestres, y algunas veces del egoísmo y de la muerte interior.
VIDEO:
LA DESACRALIZACIÓN DE LA MISA CONLLEVA AL IRRESPETO A LA SAGRADA EUCARISTÍA
«Aunque hablara un año entero, no podría contar todas las afrentas hechas a Jesús en el Santísimo Sacramento, que supe de esta manera. Vi a los autores de ellas asaltar al Señor, herirle con diversas armas, según la diversidad de sus ofensas. Vi cristianos irreverentes de todos los siglos, sacerdotes ligeros o sacrílegos, una multitud de comuniones tibias o indignas. ¡Qué espectáculo tan doloroso! Yo veía la Iglesia, como el cuerpo de Jesús, y una multitud de hombres que se separaban de la Iglesia, rasgaban y arrancaban pedazos enteros de su carne viva. Jesús los miraba con ternura, y gemía de verlos perderse».
No nos dejemos pues influir por ese espíritu que desvirtúa la Última Cena para justificar la mundanización y desacralización de la sagrada liturgia, el culto y la reverencia debida al Santísimo Sacramento y que tanto hizo sufrir a Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos.
No, no se pareció a una alegre cena de amigos informal, sino “que todo me recordó de un modo extraordinario el santo sacrificio de la Misa”.
Beata Ana Catalina Emmerich, ruega por nosotros.
Fuente: Infocatólica
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La Gripe Española, la epidemia que entre 1918 y 1920 causó la muerte de 50 millones de personas, también afectó al Padre Pío y a su familia. Su hermana Felicita y su sobrino Pellegrino murieron a causa del virus. El Santo de Pietrelcina vivió el sufrimiento aceptando la voluntad de Dios. Hizo votos, comprometiéndose a rezar sólo por los demás y, gracias a su intercesión, muchos se curaron. La Brújula entrevistó a Stefano Campanella, autor del libro “La pandemia di Padre Pio”.
Hoy existe la Covid-19. Hace un siglo hubo otra pandemia, la Gripe Española, que entre 1918 y 1920 mató a decenas de millones de personas en todo el mundo. Se le dio a la enfermedad el nombre de “Española” porque al inicio fue reportada principalmente en los periódicos españoles. Como España no estuvo involucrada en la Primera Guerra Mundial, su prensa no estuvo sujeta a la censura de guerra que en otros países ocultaba la noticia de la epidemia. Fue una pandemia real que afectó a aproximadamente una cuarta parte de la población mundial, es decir, 500 millones de personas, provocando la muerte de 50 millones. La tasa de mortalidad fue tan alta que la Gripe Española pasó a la historia como la pandemia más grave.
No todo el mundo sabe que la primera pandemia del siglo XX también afectó a un joven capuchino en el convento de San Giovanni Rotondo, el Padre Pio y su familia. En estos días ha aparecido un libro, La pandemia di Padre Pio, Discepolo dell’Addolorata (“La pandemia de Padre Pío. Discípulo de La Dolorosa”), que cuenta la historia del Santo de Pietrelcina en el período de la Gripe Española y que fue escrito por Stefano Campanella, director de Tele Radio Padre Pio y Padre Pio TV. La Brújula Cotidiana lo entrevistó.
Stefano Campanella, ¿cómo surgió la idea del libro?
La idea nació cuando el convento de los capuchinos de San Giovanni Rotondo fue golpeado por la Covid-19. En el período comprendido entre el 5 de noviembre y el final del año, 12 de los 20 frailes resultaron infectados. Dos ancianos, ya enfermos, murieron por complicaciones provocadas por el virus. Yo, habiéndolos atendido, esperando la PCR, permanecí en cuarentena. Y en ese período comencé a buscar documentos sobre cómo Padre Pío vivió la pandemia de la Gripe Española. Encontré mucho material y surgió un instant book.
¿Entonces la familia del Padre Pío sufrió por la Gripe Española?
Sí, la Gripe Española también afectó a su familia: a causa del virus murieron su hermana Felicita de 29 años (25 de septiembre de 1918) y su hijo Pellegrino de 4 años (tres días antes que su madre). Felicita vivía con su esposo y tres hijos en Pietrelcina, el lugar de nacimiento del Padre Pio. Cuando se enfermó, su madre fue a su casa para cuidar tanto a su hija como a su yerno y nietos. Y ella también enfermó gravemente.
¿El Padre Pio oró mucho por su familia?
Me gustaría recordar un hecho importante: el Padre Pío hizo un voto al Señor en el que se comprometió a orar solo por los demás, es decir, no por lo que le preocupaba a él mismo o por sus seres queridos, incluida la salud y la vida de su familia. Logró obtener la sanación de la Gripe Española de muchas personas en San Giovanni Rotondo. En cambio, pidió a sus hijas espirituales que oraran por sus familiares, obviamente también por su madre. Y, en este caso, las oraciones fueron acogidas y su madre se recuperó.
¿Y el Padre Pio se contagió ?
El Padre Pio también se enfermó. Sintió los primeros síntomas de la Gripe Española a principios de septiembre de 1918, luego se recuperó y se sintió mejor alrededor del día 20 del mes. Y precisamente en la mañana del 20 de septiembre celebró la Misa que precedió a su permanente estigmatización. Pero a los pocos días tuvo una recaída, que lo llevó a estar indispuesto hasta mediados de diciembre. Durante su enfermedad tuvo fiebres muy altas y sufrió de bronconeumonía, provocada por el virus. Pero la muerte de sus familiares fue motivo de un gran sufrimiento para él.
¿Dónde estaba él en el momento de su enfermedad?
Se encontraba en el convento de San Giovanni Rotondo, pero para no contagiar a los demás frailes y seminaristas (en ese momento el convento era también sede del seminario capuchino) se vio obligado a ir a dormir a una de las dos habitaciones de la casa de huéspedes. Una de sus hijas espirituales le trajo comida, quedándose en la otra habitación y le pasaba la comida por una pequeña ventana.
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¿Qué sabemos de la vida del Padre Pío en el período de su enfermedad?
El Padre Pío vivió el período de la pandemia con gran altruismo, rezando por los demás y no por sí mismo. Y, en esa ocasión, dio prueba de la gran fuerza de su intercesión. Me gustaría citar un episodio: una de sus hijas espirituales tenía una hermana embarazada que se estaba muriendo a causa de la Gripe Española. Existía el riesgo de que tanto la madre como el feto murieran y parecía que no había nada más que hacer. La mujer corrió hacia el Padre Pío pidiendo sus oraciones por su hermana moribunda. Y él respondió: “Aunque la veas morir, debes creer que se curará”. De hecho, esa mujer se curó y le dio al mundo una hermosa niña.
¿Por qué le dio al libro el subtítulo “Discepolo dell’Addolorata”?
Quería evitar que el libro fuese solo el relato de una serie de hechos, si bien ya elocuentes en sí mismos, y estaba pensando en la mejor manera de aclarar el mensaje espiritual que surge de la forma en que Padre Pío ha enfrentado el sufrimiento que le infligió la pandemia de la Gripe Española: aceptar la voluntad de Dios y el altruismo, que es la expresión típica del amor verdadero. Y ésta es precisamente la actitud que caracterizó la existencia de la Virgen María, sobre todo cuando tuvo que presenciar la pasión y muerte de su Hijo. No es casualidad que el Padre Pio afirmara: “Bajo la cruz se aprende a amar”. Aprendió, por tanto, del ejemplo de Nuestra Señora de los Dolores y, después de ser discípulo, se convirtió a su vez en maestro de todos aquellos que quieren ser sus auténticos devotos, convirtiéndose en sus discípulos.
La respuesta del Padre Pío a la tragedia
La biografía Padre Pío The True Story publicada por Our Sunday Visitor refiere que el avance de la Gripe Española en Italia significó un momento aterrador para estar vivo, ya que parecía que todo el mundo se iba a infectar de ese virus salvaje.
Muchos se asustaron por este repentino giro de los acontecimientos, y acudieron al Padre Pío.
El libro registra la respuesta del santo místico a esta pandemia mundial, con las poderosas palabras de consejo que le dio a una de sus hijas espirituales.
En septiembre, todos en San Giovanni Rotondo parecían estar enfermos, las escuelas estaban cerradas y el poco comercio que había en la ciudad se detuvo.
Doscientas personas de una población de diez mil murieron en los siguientes meses. Las hijas espirituales del Padre Pío se acercaron a él aterrorizadas y le suplicaron que las salvara. «No temas«, le aseguró a Nina Campanile. “Ponte bajo la protección de la Virgen, no peques y la enfermedad no te vencerá”. Aunque algunas de las “hijas” enfermaron, ninguna murió.
El Padre Pío ya se había ofrecido como víctima para el cese de la guerra, y también por los chicos del “Seraphic College” en el que se desempeñaba como director. Poco después se ofrecería por el mundo.
El 17 de septiembre de 1918 se entregó como víctima para el fin de la epidemia.
Al poco tiempo, el Padre Pío recibió los estigmas del Señor, signos visibles de la Pasión de Cristo en su cuerpo.
Fuentes:
Brújula Cotidiana
Aleteia
Monseñor Bertram Wick, Obispo de Santo Domingo alerta: "Por nuestro voto nos hacemos cómplices y puede ser un pecado muy grave".
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| Estampa de Nuestra Señora del Buen Suceso, en tamaño 20 x 30 cms. |
Estimados devotos de Nuestra Señora del Buen Suceso:
El pasado 2 de febrero, en el canal de YouTube de Mater Fátima Internacional, anunciamos la publicación de una estampa de la Santísima Virgen. Hoy tenemos el agrado de comunicarles que la estampa ya está disponible. En el reverso de la estampa viene una oración con las predicciones más relevantes para nuestros días, que María Santísima comunicó a la Madre Mariana de Jesús Torres.
La meta es difundirla, en primera instancia, por todo el Ecuador, para lo que nos gustaría contar con su valiosa ayuda, primero, adquiriendo la estampa y además, compartiendo este articulo con sus amigos y conocidos de diversas ciudades, de manera que también la puedan solicitar. Pero la situación general de la Iglesia y del mundo nos muestran hoy claramente que, en Quito, la Virgen se refería a una crisis universal.
La estampa también está disponible para los devotos fuera del Ecuador. Para averiguar los costos de envío deben escribirnos a los números de WhatsApp o al correo electrónico indicados abajo.
Agradecemos el apoyo de todos los que han hecho posible esta impresión; no cabe duda que la Virgen les está agradecida, y le suplicamos a Ella que inscriba sus iniciales en su báculo celestial, tal como un día se lo prometió a la Madre Mariana.
Tenemos la firme convicción que, difundiendo la devoción a Nuestra Señora del Buen Suceso en todo el Ecuador, contribuimos al cumplimiento de otra promesa de Ella; a saber, que esta nación “será muy feliz cuando en toda su extensión me conozcan y me honren bajo esta advocación, pues tendrán buen suceso en las almas, en las casas y en las familias, y esta advocación será prenda de salvación”.
Junto con la estampa, se enviará un artículo sobre la visión que la Madre Mariana tuvo del Niño Jesús en el monte Pichincha, donde la Virgen también le hizo revelaciones importantes.
En Jesús y María,
Apostolado Seglar Nuestra Señora del Buen Suceso
Colabore con su pedido para la continuación de esta iniciativa, solicitando su estampa por las siguientes vías:
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† IHS In memoriam del Señor Gonzalo Larraín Campbell Tenemos el penoso deber de comunicar el fallecimiento del sr. Gonzalo Larrain C...