domingo, 24 de octubre de 2021

LA CRUZADA EXORCÍSTICA DEL BEATO FRANCISCO PALAU




Nuestro Señor expulsando al demonio. Catedral de Pisa, Italia


LA CRUZADA EXORCÍSTICA DE UN CARMELITA CARLISTA CONTRA EL ESPIRITISMO EN EL SIGLO XIX

Una de las vidas místicas españolas del siglo XIX fue la de Francisco Palau y Quer, O.C.D.

Nacido en Aitona (Lérida) el año 1811. De 1828 a 1832 siguió los cursos de Filosofía y Teología en el Seminario de Lérida y allí descubrió sus dos grandes guías espirituales: las enseñanzas de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Su devoción a los dos más grandes místicos españoles lo encaminó a abrazar en 1833 la vida carmelitana y profesó en el Convento de Descalzos de San José de la Ciudad Condal con el nombre de fray Francisco de Jesús, María y José. Sufre la exclaustración y la persecución revolucionaria, incluso es encarcelado en las mazmorras de la Ciudadela. Cuando es liberado se refugia en una cueva próxima a Aitona, para llevar vida de ermitaño y ayuda al párroco. Predica mientras que los carlistas dominan el territorio, pero con la derrota de Berga el carmelita marcha al exilio con tantos otros carlistas, instalándose en Montauban (Francia) desde 1841 a 1851. Sus prédicas allí le granjean la envidia del clero local y en 1851 retorna a Barcelona, fundando la "Escuela de Virtud". En 1860 instituirá la congregación de Hermanos y Hermanas Carmelitas Terciarios en las Islas Baleares, el embrión de las Carmelitas Misioneras Teresianas.

A partir de 1864 el P. Palau siente un llamado especial a ejercer el exorcismo como ministerio eclesial y de su testimonio de entrega en favor de los más necesitados y marginados de su tiempo. Desde este lugar de Santa Cruz de Vallcarca – Els Penitents, acogió y ayudó a sanar y liberar a mucha gente que acudía a él con heridas abiertas. La pasión por la Iglesia le llevó a hacer presente la misericordia y la caridad hecha ternura y servicio a los más débiles y olvidados. Jesús deja muy claro lo que es curar enfermos y expulsar demonios: Mt. 11, 5; Lc. 7, 22; Mc. 1, 24; Mc. 1, 25 ; Lc. 8, 1-3; Mt. 12, 28 . El diablo existe y el propio Cristo exortizó y dejó este ministerio a su Iglesia.


El islote de Vedrá, en donde el Beato Palau hacía sus retiros espirituales.


Su celo apostólico responde a la demandas de la época: en sus días han surgido corrientes inquietantes de pensamiento herético. El materialismo y el espiritismo arrecian: positivismo comtiano, marxismo, darwinismo… Y el espiritismo sintetizado por Allan Kardec están arrasando en las elites científicas y en las masas ignorantes. Y el P. Palau no se refugia en una torre de marfil, sino que emprende el buen combate mediante todos los medios a su alcance. Funda así varios periódicos, entre los que figura "El Ermitaño", realizando así una ímproba tarea de apostolado escrito que no le resta tampoco tiempo para realizar uno de los quehaceres menos conocidos, pero tan propios de su ministerio: el exorcismo.

     Para el gran carmelita el exorcismo no era apenas un arma para aliviar casos personales, que no dejaban de ser, a propósito, tremendos e impactantes. Cada batalla con un demonio poseedor le significaba un episodio de la gran guerra que el demonio y sus secuaces emprenden contra Cristo, su Iglesia, las naciones cristianas y los fieles.

     El leviatán de doctrinas revolucionarias y convulsiones políticas, la progresiva descomposición moral, la vertiginosa desarticulación de la organización social con la irrupción de la maquinización y de las comunicaciones en el mundo, significaban para él una marcha incomprensible a no ser que se consideren los poderes del averno.

     El Beato concluyó que delante de las potencias espirituales maléficas nada mejor ni más imperioso y urgente que la Iglesia desplegase su arsenal espiritual, y que en especial, pasase a usar sistemáticamente el ministerio del Exorcistado, por lo que colocarlo en pie de guerra atrajo poderosamente su pensamiento y empeño, y para lo cual pidió la protección del gran profeta Elías, custodio del pendón del Carmelo, en las batallas que debía emprender contra los demonios y contra la revolución anti cristiana, pues sus vistas fueron más lejos: él discernía un fenómeno universal en el que las huestes infernales se esforzaban para subyugar los pueblos con un inmenso maleficio. Bajo sus efectos, la humanidad decaída se ha hecho pose de Satanás y de los ángeles rebeldes quienes la empujan a mayores pecados y desgracias que, a su vez, aceleran la misma Revolución, como en un círculo vicioso.

El mal estaba identificado: "El diablo rey es con el Gran Oriente ante la fracmasonería, aquello que es con Cristo Pío IX para toda la Iglesia: Pío IX es la cabeza invisible de la Iglesia, y Cristo cabeza invisible. El Gran Oriente es la cabeza invisible del imperio del mal, y el diablo rey es su cabeza invisible. No hay soberano en la tierra que no está iniciado en los secretos de la fracmasonería". ("El Ermitaño", 29 de junio de 1871). El P. Palau entiende que los males de la época encuentran su matriz en el satanismo.

Las apelaciones del P. Palau activaron las diligencias en los dicasterios vaticanos, toda una movida. Planteaba un ambicioso proyecto de crear y organizar una asociación de exorcistas con este específico apostolado. Veía la urgencia de abrir Hospitales y Centros de Acogida para poder atender a los posesos, energúmenos. El contenido del documento guarda semejanza en estilo, género y lenguaje con "Mis Relaciones con la Iglesia", con las preocupaciones ya expuestas sobre el Exorcistado. Da una relación detallada de los casos de personas atendidas y curadas. El utilizaba la oración y el Ritual Romano.

Su muy anhelada, compañía auténtica de sacerdotes exorcistas finalmente se vuelve realidad:

"Los espiritistas son un brazo de la fracmasonería. El espiritismo es el sacerdocio del paganismo moderno, y sus apóstoles hacen cosas muy prodigiosas. Entre otras tienen el poder de curación, no por la gracia, sino por poder comunicado por Behlezebud, príncipe de todos los demonios" (escribe en "El Ermitaño", 29 de junio de 1871).

Uno de sus discípulos sería el P. Joaquín Piñol. Piñol había levantado una casa de oración en el número 7 de la calle Mirallers, donde con un grupo de colaboradores practicaba exorcismos. Piñol ganó para la causa al más grande poeta catalán, el Padre Jacinto Verdaguer.

Pocos hombres en España supieron ante lo que se hallaban como el Beato Palau. Las discordias y los males del siglo XIX no eran cuestiones naturales, sino que tenían su raíz en el mismo origen del mal. La mística del P. Palau es combativa: sus conocimientos sobre esoterismo lo capacitaban para saber ante lo que se enfrentaba. Frente a la cómoda e ingenua percepción del mal que en su época empezaba a prevalecer, el bienaventurado tenía muy claro que había que armarse y dar la batalla (por invisible que ésta fuese) al demonio: "En virtud de esta fe que confesamos, hemos delatado y de nuevo delatamos ante el tribunal supremo de la Iglesia un cuerpo de doctrinas, que sostenido por hombres, por muchos títulos respetables, las defienden: las delatamos como erróneas, falsas, funestísimas al catolicismo, porque tienden a dejarle inerme en las batallas contra las potestades adversas en medio del campamento en una lucha de las más encarnizadas que haya habido:

"1. Dicen que ahora no hay demonios sobre la tierra, porque Cristo los encerró al infierno con su venida.

"2. Que no pueden entrar en los cuerpos humanos, no poseerlos.

"3. Que ahora no hay energúmenos; y si confiesan su existencia, pretenden demostrar que son casos tan raros que “parum pro nihilo reputatur”, estos niegan embarazadamente al Exorcistado materia suficiente.

"4. Que no hay maleficio, esto es, que un hombre no puede dañar a otro sirviéndose del arte diabólico. El Anticristo dañará no al individuo y la familia solamente, sino al orbe entero ¿y cómo? Con el poder, con el ministerio de Satanás in omni operatione Satanae in signus es portentis" ("El Ermitaño", 13 de abril de 1871).

Beato Francisco Palau y Quer, OCD


     Por ello, el bienaventurado juzgaba imperiosa una acción que envolviese la utilización sistemática y generalizada del ministerio del Exorcistado, que tiene poder inmediato y directo sobre los demonios, y cuyos efectos son infalibles: la prisión del diablo, la ruina de su imperio y el triunfo del catolicismo.

     Era su ideal que el ministerio exorcístico, anime a los sacerdotes a lanzarse en cruzada contra los demonios que infestan el mundo, pues sólo una potencia espiritual podrá prender al demonio y su prisión constituirá la libertad de las naciones. En su seguimiento de Nuestro Señor y adhiriendo siempre a la palabra evangélica en la que siempre encontró llamadas y respuestas, concibió y ejerció el Exorcistado como una misión eclesial.

     "La caída de los demonios en el infierno será la señal del triunfo de la Iglesia”, decía y acrecentaba: “es mandato para el apóstol seguidor de Jesús: daemones effugate, infirmos curate, y tiene fundamento en la Fe de la misión de Jesús y de su Iglesia. Crean en ese poder". 
Este tema despierta expectación, pero no se afronta en todo su alcance, el P. Palau dice que no se cree en él.

Se encontró con mucha gente herida que se lanzó a aliviar y liberar. El Obispo Pantaleón acogió la inquietud del P. Palau de viajar a Roma para presentar al Papa Pio IX el tema del exorcismo que tanto le preocupaba, lo hizo con el visto bueno de sus superiores. Entregó en el Vaticano cuatro cuadernos con estricto carácter reservado, escritos de su puño y letra con cuidada caligrafía y precedidos de una carta. Su nombre civil y religioso aparecía rubricado con: "Carmelita y Misionero Apostólico".

Dá toda una relación de testigos de hechos concretos. La documentación es expositiva aunque en un lenguaje altamente simbólico, enigmático, propio del género apocalíptico, profético y místico. Al Papa le llamó mucho la atención del personaje, y pidió informes sobre el Padre Palau a través del Secretario de la Congregación para Asuntos Extraordinarios Alessandro Franchi.

El Obispo de Barcelona Pantaleón Montserrat dio un positivo informe dejando en muy buen lugar al P. Palau, le califica de sacerdote bien preparado, inteligente, de buenas costumbres y moral irreprensible, excelente religioso y entregado predicador- misionero, ferviente exorcista, elevado como buen místico.

Alguna respuesta se dio por parte de Pio IX, pero no la anhelada clarificación a la solicitud del P. Palau sobre la práctica de los exorcismos. Ya iniciadas las pesquisas curiales, el 22 de enero de 1867 era expedido rescripto papal a favor de Francisco Palau con especiales facultades para la predicación y bendición del pueblo con concesión de indulgencia plenaria al fin de las misiones, también en la Capilla de la Virgen del Carmen de Santa Cruz de Vallcarca – Els Penitents, escenario concreto de los hechos extraordinarios descritos al Papa.

     Empeñoso en su cometido, viajó dos veces a Roma. En 1866 fue a exponer sus argumentos al Papa Pío IX a quién le pidió que movilizase 400.000 sacerdotes del Clero para expulsar la influencia de las potencias infernales que animan la revolución del mundo.

     En 1870 volvió a la Ciudad Eterna para distribuir un alegato impreso a favor de la renovación y movilización del Exorcistado a los obispos reunidos en el Concilio Vaticano I.

     En la ocasión, presentó verbalmente sus raciocinios a los padres conciliares de habla hispana. El asunto, sin embargo, no fue abordado dada la invasión militar de la Ciudad y la interrupción violenta de los trabajos conciliares.

Diario El Ermitaño, por él mismo fundado, se convirtió en una de las armas más eficaces del Beato Palau, para combatir a la Revolución anticristiana.


     Para el Beato Palau, el Ministerio del Exorcistado no fue un "sueño dorado", por lo contrario, se trató de una realidad motivada por su celo en defensa de la Iglesia, y del que San Elías fue su inspirador.

     Su ideal no llegó a realizarse, pues falleció en 1872 
fue beatificado por el 24 de abril de 1988, y los recursos ordinarios del Exorcistado no fueron puestos en acción del modo sistemático indispensable para encerrar el poder del demonio y de la Revolución como el bienaventurado deseaba. Sin embargo, anticipó "que Dios en su Providencia para salvar a su Iglesia de la voracidad del lobo infernal, extenderá su brazo omnipotente, le lanzará de dentro mismo del santuario con toda la incredulidad de los propios católicos".

     E
n 1881, pocos años después de su muerte, se desató en España una epidemia de posesiones diabólicas. Su epicentro fue Jaca, pero se extendió por todo el país. Y muchos pudieron entender cuánta razón asistía al santo varón para preconizar la lucha contra los poderes de las tinieblas (que, entre los racionalistas, había suscitado la sonrisa escéptica). Los hombres formados por el B. Palau prestaron un servicio colosal a detener el mal azuzado por la proliferación de cenáculos espiritistas.

     El 18 de mayo de 1890, el nuevo Papa, León XIII, promulgó el Exorcismus in Satanam et angelos apostaticos, cuyos contenidos — observa la Positio del proceso de beatificación del P. Palau — "encajan directamente con el pensamiento de Francisco Palau. No deja de sorprender la identidad de doctrina y hasta de lenguaje" (Cfr. Sacra Congregatio Pro Causis Sanctorum. Tarraconem. Canonizationis Servi Dei Francisci a Jesu Maria Joseph - Positio Super Virtutibus, Roma, Tipografia Guerra, 1985, vol. II, pp. 541-542.).

     El mismo Papa León XIII agregó al final de la Misa una oración a San Miguel Arcángel, que es un verdadero exorcismo.



FUENTES:
- Manuel Fernández Espinoza
- Francisca Ma. Escuius

miércoles, 20 de octubre de 2021

La acción del demonio sobre el mundo no sólo que NO disminuyó, más bien ¡se multiplicó!

 



Mons. Andreas Gemma: "la acción diabólica es más nefasta de lo que se pueda pensar".


En la mañana del 29 de junio de 1992, el nuevo obispo de Isernia-Venafro, Mons. Andrea Gemma, salía de la Basílica Vaticana, mirando pensativo hacia la Plaza de San Pedro. Las palabras de San Mateo, “las puertas del infierno no prevalecerán” (Mt. 16, 18), resonaban en su espíritu con un atractivo sobrenatural. Y le inspiraban graves consideraciones:

1) La acción del demonio no sólo no disminuyó, sino que se multiplicó;

2) El demonio es consciente de que dispone de poco tiempo;

3) Nuestro Señor Jesucristo dio a la Iglesia un enorme poder contra Satanás;

4) Para no ser derrotado, el demonio hace de todo para actuar en silencio;

5) Llegó el momento de desenmascarar la acción insidiosa de Lucifer y enfrentarlo con la frente erguida, con las armas que la Iglesia dispone (pp. 11-12).1

¿Por qué no se habla de la necesidad del exorcismo?

Volviendo a su diócesis, a 170 Km. de Roma, Mons. Gemma decidió poner en práctica el mandato divino “expulsad los demonios” (Mt. 16, 17). Porque, explica él, para el obispo, exorcizar “no es una elección, es una obligación” (p.21). Y cita al exorcista oficial de Roma, el padre Gabriele Amorth: “Un obispo que no establece por lo menos un exorcista en su diócesis no está exento de pecado mortal por grave omisión” (p. 24).

El resultado fue sorprendente. El poder del infierno se le reveló en todo su horror y en toda su extensión. “Cuántas veces —escribe él—, en mis coloquios cotidianos, frecuentemente difíciles, con los enfermos de todo tipo, esta verdad se colocaba delante de mí: «¿Por qué no nos hablaron antes de estas cosas? ¿Por qué no nos alertaron con una adecuada instrucción? ¿Por qué no nos preservaron a nosotros, grey de Cristo, de la devastación de los lobos hambrientos?»” (p. 113).

“Si todos los obispos fuesen como usted, estaríamos completamente vencidos, e inmediatamente” (p. 12), le gritó un demonio por intermedio de una mujer posesa, añadiendo en otra ocasión: “[pero] ustedes son pocos” (p. 62).

Poder de la promesa de Nuestra Señora en Fátima


Mons. Andrea Gemma y Nuestra Señora de Fátima


En 1992, el prelado publicó la pastoral Las puertas del infierno no prevalecerán. En ella, alertaba: “La acción infestante y oscura de Satanás [...] está, créanme, más difundida y es más nefasta de lo que se pueda pensar” (p. 15). En la pastoral, Mons. Gemma convocó a la diócesis a “una lucha sin cuartel, concertada y eficaz contra el mal y sus artes” (p. 16). El obispo promovió oraciones públicas que congregaban a multitudes venidas de muy lejos. El Maligno se exteriorizaba visiblemente, y aquellos que sufrían alguna acción diabólica eran llevados a la sacristía para ser objeto de exorcismos específicos.

El obispo no imaginaba que su pastoral daría la vuelta al mundo, siendo traducida a varios idiomas. Cartas, periódicos, personas de toda Italia y hasta del exterior, apelando a su socorro porque sentían alguna acción diabólica o estaban posesas, le mostraron que muchos fieles estaban esperando algo del género.

En los exorcismos, Mons. Gemma pudo constatar el enorme poder de Nuestra Señora y de la Iglesia sobre las potencias del abismo: “Si quiero ver al demonio realmente furioso, basta echarle agua bendita, pronunciando esta mi dulce certeza: «por fin, el Corazón materno de María triunfará». «¡¡¡Sí!!!», me responde, siempre rechinando los dientes. Pero algunas veces añade un desafío: «en este intermedio, a cuántos llevaremos con nosotros»...” (p. 63).

Mons. Gemma interrogó varias veces a los demonios poseedores:

— “Vosotros, que vejáis a vuestras víctimas, ¿sacáis algún provecho o alivio de ello?

— No, por el contrario, nosotros sufrimos un mayor agravamiento de nuestras penas.

— Y, entonces, ¿por qué lo hacéis?

— Por odio, por odio, por odio” (p.61).


La Iglesia en crisis no usa de sus armas


Arcángel San Miguel, Castillo de Sant'angelo


El obispo buscó inspiración en los textos del Vaticano II, y he aquí sus conclusiones: “Id y hojead todos los documentos del Concilio Vaticano II, [...] verificad si se habla, y cuántas veces, del demonio y de sus obras. ¿Sabíais que en aquellos dieciséis documentos, pensados y ponderados, no existe siquiera la palabra inferno, ni la palabra demonio? Increíble, pero verdadero, basta verificarlo...” (p. 88).2

Él se volcó sobre los textos litúrgicos antiguos y nuevos. Y quedó estupefacto: “Siempre lamenté que en la reforma de la Misa se haya sacado aquella oración a San Miguel [Exorcismo Breve], que León XIII, no sin inspiración de lo alto, quiso que fuese recitada al final de cada celebración. ¡Muchas veces el demonio, por la voz de los posesos, hizo saber que gustó muchísimo de esa abolición! [...] ¿Qué es lo que sugirió y sugiere evitarse lo más posible, en los textos litúrgicos, la mención a Satanás, a sus nefastas intervenciones, a las consecuencias de su acción destructiva? Quien pueda, que me responda. Y con argumentos válidos, por favor. [...] Hoy la obra asesina del demonio es más evidente que nunca [...]. Entonces, no solamente no era el caso de expurgar las fórmulas deprecatorias e imprecatorias, sino de multiplicarlas y reforzarlas. Sin embargo, lamentablemente no fue así” (p. 27).

El ambiente laicizado moderno: victoria del demonio

Mons. Gemma advirtió que las historias de los que padecen maleficios y de los posesos eran muy parecidas. Es inmensa, dice él, la cantidad de ocasiones que el contexto actual ofrece a las serpientes infernales para apoderarse de sus víctimas.

“La mayor victoria del diablo consiste en convencer a los hombres de que él no existe”. Esta verdad indiscutida llevó al prelado a la conclusión de que el ambiente moderno sirve de guante ideal para las garras infernales. En todo momento, ese ambiente sugiere que no existe Dios ni demonio, ni Cielo ni infierno. Y los espíritus malignos atacan e invaden los cuerpos de sus víctimas de innumerables maneras. Hay cultos satánicos explícitos. Pero también implícitos, como ciertas técnicas de meditación y algunas terapias alternativas, supersticiones o modas tipo New Age (Nueva Era) o músicas tipo rock and roll.


El rock, además del uso de drogas, representa un importante factor de la cuarta etapa de la Revolución anticristiana. En la foto, The Rolling Stones, durante la gira de presentación de su album "Voodoo Lounge", en 1994.

¿Cómo es que la humanidad engendró ese ambiente engañosamente neutro y materialista, sin embargo tan útil para los espíritus de las tinieblas?

La Revolución genera un ambiente propicio para la acción diabólica

Mons. Gemma da una esclarecedora explicación histórica. Ella se aproxima mucho de la denuncia del proceso revolucionario que el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira formula en su obra magistral Revolución y Contra-Revolución. No descartamos que el culto obispo italiano haya sacado de ella alguna inspiración: “La laicización de nuestra sociedad es el fruto de un largo y complejo proceso que duró cerca de cinco siglos, y que se desarrolló en tres etapas fundamentales, tres revoluciones en el campo cultural y social, pero con lances también cruentos, que llevaron a la gradual transformación del mundo antiguo, tradicional, para dar en la sociedad actual, post-moderna y secularizada”.

Mons. Gemma describe esas sucesivas revoluciones: primero, la revolución protestante, que causó un gran desgarramiento de la sociedad cristiana medieval; segundo, el Iluminismo y la Revolución Francesa; tercero, la Revolución comunista marxista. Por fin, añade, una cuarta etapa o Revolución: la del movimiento estudiantil de los años 60, que contestó la familia, generalizó el uso de la droga, propugnó la liberación de los vínculos morales, y sobre todo se rebeló contra toda autoridad. Ese proceso generó una sociedad y una cultura que tendencialmente seducen a los hombres para la idea de que Dios y la religión son cosas absurdas (pp. 113 y ss).

Hay los que se dejan llevar por esa influencia, enseña Mons. Gemma. Pero hay también los que reaccionan de un modo exasperado y caen en la exageración opuesta: las nuevas y engañosas formas de religiosidad. Todos ellos son fáciles presas de Lucifer.


Armas para derrotar a los demonios


La Santísima Virgen destruye el pacto hecho entre el monje Teófilo y el demonio.

Mons. Gemma exhorta a los fieles a recurrir a las armas que vencen al demonio: la Fe, los Libros Sagrados, el ayuno, los sacramentos. Y, sobre todo, la oración por medio de Nuestra Señora, la “enemiga eterna de Satanás” (p. 16). Entre las oraciones específicas, él recomienda la renuncia formal a Satanás, como se hace en la renovación de las promesas del Bautismo, y el exorcismo breve: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Reprímale, oh Dios, pedimos suplicantes; y tú, príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno, con el Divino Poder, a Satanás y a los otros espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén” (p. 17).

Y recomienda también no dejarse seducir por el ambiente revolucionario moderno ni por las falsas novedades en las formas de religiosidad —incluso en el ámbito católico—, que tanto y tan bien sirven de ocasión para los maleficios y posesiones por parte del padre de la mentira.

Con estas cautelas y armas espirituales, el católico resistirá y saldrá victorioso, confiando siempre en la promesa divina: “Las puertas del infierno no prevalecerán” (Mt. 16, 18).


Fuente:

Revista Tesoros de la fe

Notas:
1. Mons. Andrea Gemma, Io, vescovo esorcista (Yo, obispo exorcista), Editora Mondadori, Milán, 2002, 208 pp. Todas las citas del artículo fueron extraídas de este libro.
2. De hecho el Concilio habla del demonio y del infierno. La constitución Lumen Gentium menciona al demonio nominalmente (nº 16, 17, 48 y 131), y figura también en una cita evangélica en el nº 5. Igualmente, lo hace en el decreto Ad Gentes (nº 9) y en la Gaudium et Spes (nº 2, 13 y 22). Estas menciones, tal vez muy breves, parecen haber pasado desapercibidas a Mons. Gemma. El prelado, en su libro, alude con naturalidad al Vaticano II, a las discusiones que en él se dieron, a las explicaciones del mismo hechas por Paulo VI, deplorando la falta de desarrollos proporcionados a la magnitud del problema de los maleficios y posesiones diabólicas, así como del abandono de la práctica del exorcismo.

jueves, 7 de octubre de 2021

Octubre, mes del rosario. Lepanto y la guerra justa

 




     En la batalla de Lepanto (1571) fue derrotada la armada del Imperio otomano. El Papa había pedido a toda la cristiandad que rezara el rosario. En gratitud por la victoria, el papa Pío V instituyó la fiesta de la Virgen de las Victorias, después conocida como la fiesta del Rosario


     Fue el Papa León XIII quien, en 1883, incluyó el título de Reina de Santísimo Rosario en las letanías de la Virgen y consagró el mes de octubre a esa devoción.


Auxilio de los Cristianos

     Ya en el siglo XVI, el Papa San Pío V había agregó a la letanía de la Virgen el título de Auxilio de los Cristianos e instaurado una fiesta litúrgica el 7 de octubre, para conmemorar la victoria en la Batalla de Lepanto, donde las fuerzas cristianas derrotaron a los turcos musulmanes que invadían Europa, denominando tal solemnidad Nuestra Señora de las Victorias.

     Su sucesor inmediato, Gregorio XIII, cambió el nombre de la festividad para Nuestra Señora del Rosario, y poco más de un siglo más tarde, el papa Clemente XI ordenó que su fiesta se celebrase por la Iglesia universal a causa de la victoria cristiana de Temesvár alcanzada, en 1716, también contra la agresión turca, y atribuida por el Papa a la protección de la Santísima Virgen.

     El rezo del rosario es tan eficaz que la Virgen pidió a Santa Bernardita en Lourdes y a los pastorcitos en Fátima que rezasen el rosario.

     Una cosa bonita de observar es que Nuestra Señora sea invocada en las letanías lauretanas como Reina de la Paz luego después de haber sido invocada como Reina del Santísimo Rosario en recuerdo del triunfo en las batallas de Lepanto y Tremesvar atribuido a su intercesión.


Un avemaría tiene más poder que una bala de cañón, decía el Santo Cura de Ars


El Rosario y la guerra justa

     Alguien podrá preguntarnos si los títulos de Auxilio de los Cristianos y Reina del Santísimo Rosario que invocan a María como protectora de las tropas cristianas en su combate contra los infieles no se opone a la condenación que algunos Papas contemporáneos han hecho de la guerra.

     La respuesta depende de si puede existir una guerra justa o si todas las guerras, son en sí mismas injustas. El tema es sumamente importante, pues él envuelve otros aspectos colaterales, como si es lícito utilizar la fuerza física para inutilizar la capacidad nociva del enemigo. Y en definitiva, si siempre debemos creer que no existen personas ni organizaciones, ni países con malas intenciones y proyectos inicuos, como por ejemplo los del Estado Islámico que asola Siria e Irak expulsando y matando las comunidades cristianas y destruyendo obras de arte del patrimonio mundial.

     Para responder a estas importantes interrogantes nos serviremos de las palabras pronunciadas por el Profesor Roberto de Mattei, autor del libro: “Plinio Correa de Oliveira, el cruzado del siglo XX”, por ocasión de su lanzamiento en la ciudad de Oporto en Portugal.

Las Cruzadas, una guerra defensiva

     “Hoy, la palabra cruzada se volvió sinónimo de una actitud psicológica agresiva e intolerante.

     “Sin embargo, agresividad y cruzada son, en realidad, términos incompatibles. La cruzada fue un emprendimiento de defensa contra una agresión y sería un grave error confundir la violencia con la fuerza, la agresión injusta con la legítima defensa.

     “La Iglesia, desde los primeros siglos, elaboró –sobre todo San Agustín- la doctrina de la guerra justa.

     “Una guerra puede ser justa o injusta según su fin y las circunstancias. Guerra injusta es toda guerra agresiva. Guerra justa es toda guerra que busca la defensa contra una agresión o la recuperación de un bien del cual se fue injustamente privado.

     “Entre los diferentes géneros de guerra justa, la más perfecta, si así puede ser definida, es la que tiene por objetivo repeler una agresión hecha no contra bienes materiales, sino contra los bienes espirituales como la Fe, o la identidad cristiana de un pueblo.

     “En este caso la guerra justa puede tornarse, según la doctrina de la Iglesia, en guerra santa y puede, o debe, se promovida por la propia Iglesia antes mismo que por los soberanos o por los Estados.

     Un ejemplo característico de esta guerra santa, en nuestro Continente, fue la que llevaron adelante los mejicanos en contra de las leyes anti católicas del Gobierno del Presidente Calles, y que se llamó la Guerra Cristera, pues los soldados iban al frente y morían gritando “Viva Cristo Rey”. En la foto , los cristeros durante una misa campal:



     Retomamos las palabras del Profesor de Mattei:

     “Guerra santa fue la cruzada predicada por el Papa Urbano II para liberar el Santo Sepulcro y recuperar la Tierra Santa. Guerras santas, en el sentido más amplio del término fueron las grandes batallas, emprendidas por la Cristiandad contra los turcos en Lepanto y en Viena.

     “Y fue precisamente porque eran guerras santas, que sus triunfos pudieron ser adjudicados, sin ningún temor de ofender, sino al contrario de agradecer, a la propia Madre de Dios

     “Hoy oímos decir que, en el fondo, la perspectiva de los cruzados no era distinta de sus enemigos los musulmanes: ambos promovían una “supuesta” guerra santa para imponer la propia religión.

     “Esta formulación del problema revela una profunda incomprensión de nuestra religión y del islamismo

     “La religión islámica es una religión meramente exterior. Para la “conversión al Islam”, no se requiere nada más de que la profesión monoteísta y una serie de actos formales, como la peregrinación a la Meca, donde esta semana pasada murieron tantas personas en una estampida que suele repetirse.

     “Además de tales prescripciones formales, no se requiere en el Islam, una transformación del alma, una conversión interior. La Jihad, la guerra santa islámica, contrariamente a la guerra santa cristiana es una guerra ofensiva, es una guerra de agresión, precisamente por el Islam no conoce la dimensión del alma, de una conversión interior.

      “Al contrario de esta actitud, nuestra religión católica es una religión interior que se alimenta en la vida sobrenatural del alma. Esta religión interior, precisamente porque es interior, es capaz de transformar profundamente la civilización, las costumbres, las mentalidades, plasmando la sociedad a partir de lo interior, como lo hizo el cristianismo con el mundo bárbaro y pagano.

     “La cristianización de la sociedad, de la cual los Apóstoles y los discípulos de Nuestro Señor, fueron los iniciadores, no es fruto de la fuerza, sino de la conquista pacífica de las almas. Pero la sociedad, pacíficamente conquistada, la sociedad que se hizo cristiana, la cristiandad, puede y debe ser defendida, incluso con la fuerza, de la agresión de quien quiera destruir el fruto de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

     “En esta perspectiva, más allá de las cruzadas históricas, existe un “espíritu de cruzada” que es la disposición de ánimo del cristiano pronto para sufrir y para combatir hasta la muerte, para defender o para recuperar bienes espirituales más elevados que la propia vida porque, como lo dice el Evangelio, quien busca la propia vida, la perderá”.

     Estas palabras del Profesor de Mattei no hacen sino repetir lo que dice la letra del Himno, que tantas veces se cantó en nuestras iglesias:

Somos de Cristo fieles cruzados,

a Cristo rey hemos de servir,

ante la hostia todos postrados,

luchar juramos hasta morir…

Bendice a tu cruzada, oh Madre celestial,

siempre serás de nuestra patria,

la capitana general,

siempre serás de nuestra patria,

la capitana general…

***

El Rosario y el valor

     Lo que acabamos de decir es muy fácil decirlo y muy difícil ponerlo en práctica. Por eso debemos recurrir al Santo Rosario, pues será sólo a través de la Madre de Dios que alcanzaremos las gracias necesarias para ello.

     Le propongo, como un primer paso para alcanzar este espíritu de cruzado,  que comience con el rezo del rosario en familia todos los días de este mes de Octubre.


Al Mariscal Ferdinand Foch, quien llevó las fuerzas aliadas
al triunfo en la I Guerra Mundial,
se le veía siempre rezando el Rosario,
incluso en los días de las mayores batallas.


Fuente: 

Articulo de Acción Familia

sábado, 2 de octubre de 2021

El hábito no hace al monje, pero ¡cómo le ayuda!

 






La revolución de la vulgaridad


     “Me encanta la vulgaridad. El buen gusto es mortal, la vulgaridad es la vida”.

     Estas palabras de la diseñadora inglesa de moda Mary Quant, que se hizo famosa en la década de los 60’ por la invención de la minifalda y los shorts, ponen de manifiesto uno de los más importantes aspectos, aunque rara vez señalado, de la “revolución de la moda”: el gusto por la vulgaridad.


La diseñadora inglesa Mary Quant


     De hecho, desde los años 60, las modas han tendido cada vez más hacia la vulgaridad.

     Es una vulgaridad que pisotea el buen gusto y el decoro, que refleja una mentalidad contraria a todo orden y disciplina así como a toda prohibición, ya sea moral, estética o social, y que en última instancia, sugiere una completa “liberación” de las normas de comportamiento.

Sacrificando todo a la comodidad y a lo práctico

     Alguno quizá se pregunte si la comodidad y lo práctico no deberían ser los criterios principales para escoger cómo vestirnos.

     En realidad, la comodidad, el carácter práctico y la libertad de movimiento no deben ser los criterios capitales para escoger el vestido pues el hombre al vestirse no sólo cubre su cuerpo sino también expresa su alma, o sea su personalidad.

     Y como las personalidades varían según las diferentes circunstancias de edad, sexo, profesión, condición, etc. lógicamente la regla superior no debe ser lo práctico, pues ese criterio sería lógico para forrar una máquina, pero no para vestir a una persona.

     Aunque se pueda usar ropa menos formal en los momentos de ocio, esta ropa no debe dar la impresión de que uno abandonó su dignidad. Una persona nunca debe dar la idea de que está de vacaciones de su propia dignidad.

     Antes de la revolución indumentaria de los años 60, en los momentos de descanso las personas se vestían de modo más cómodo, pero manteniendo la compostura, que nunca se debe abandonar.


A pesar de que los tatuajes no están reñidos con sus capacidades profesionales, ¿Cómo reaccionarían los pacientes si un día su médico los atiende sin mandil?


     Es curioso observar que muchas empresas exigen de sus empleados el respeto de un código de vestuario para transmitir una imagen de seriedad y responsabilidad. Esta es la prueba de que la ropa transmite un mensaje. Puede expresar seriedad y responsabilidad, o por el contrario, inmadurez y descuido.

     La premisa de que el confort y lo práctico deben presidir la elección de la ropa tiene también otra consecuencia: la ropa que se usa ya no refleja la propia identidad.

     En otras palabras, ya no indica la posición social, la profesión, o las características más fundamentales de una persona, ni siquiera el sexo y la edad.

La indumentaria unisex

     



     Así, la indumentaria unisex, se ha generalizado y los blue jeans y shorts son usados por todas las generaciones. Los hombres y las mujeres, los jóvenes y los ancianos, los profesores, los solteros y casados, los estudiantes, los niños y adultos, todos se confunden al usar una misma ropa, que ya no expresa lo que son, piensan o desean.

     Alguien podría objetar que “el hábito no hace al monje”. El hecho de que una persona se vista con distinción y elegancia no significa necesariamente que tiene buenos principios o buen comportamiento. Del mismo modo, el hecho de que una persona lleve siempre ropa informal, no necesariamente indica que tenga malos principios o una conducta reprochable.

El hábito y el monje

     A primera vista, el argumento parece lógico y hasta obvio. Sin embargo, analizado en profundidad, no se sustenta.

    Es verdad que el hábito no hace al monje. Sin embargo, es un elemento que lo identifica.


DESPUÉS: Retiro de monjas en Nuevo México


ANTES: Religiosas del Monasterio Cisterciense de Santa María en Galicia, España


     Nadie negará que la pérdida de la identidad de muchas monjas y religiosos, que tuvo lugar durante los últimos cincuenta años fue en gran parte debida a que abandonaron sus hábitos, que expresaban adecuadamente el espíritu de pobreza, castidad y obediencia, así como un estilo ascético propio a la vida consagrada.

     Además, la razón humana, por la fuerza de la lógica que le es inherente, tiende naturalmente a establecer la coherencia entre el pensamiento y la conducta. Es lo que resumió el escritor francés Paul Bourget: “Hay que vivir como se piensa, so pena de tarde o temprano terminar pensando como se ha vivido”.

     Podríamos entonces decir que “hay que vestirse como se piensa, so pena de terminar pensando como se ha vestido”.

La pérdida del respeto

     Esto se demuestra, por ejemplo, en el igualitarismo gradual de las relaciones entre padres e hijos, profesores y alumnos, sacerdotes y fieles, patrones y empleados, etc. como resultado de que todos usan las mismas ropas, desapareciendo las formas exteriores de jerarquía.


Usar ropa, originalmente de trabajo, como el jean, en circunstancias solemnes, hace parte de la proletarización creciente


     Para no hablar de la proletarización creciente que resulta del hecho de usar una ropa que originalmente era de trabajo, como el blue-jean, en circunstancias solemnes, como ciertos eventos sociales y ceremonias.

     A menudo hoy es difícil distinguir, por sus ropas los hombres de las mujeres, los padres de los niños, una ceremonia religiosa de un picnic.

     Cortes de cabello y peinados siguen la misma tendencia a confundir la edad y el sexo, y de romper las normas de elegancia y buen gusto.

Infantilización colectiva

     Otro ejemplo es la infantilización colectiva que ha provocado la generalización del uso de ropa juvenil por parte de adultos y hasta ancianos, bajo la ilusión de eterna juventud.


Así como existe relación entre el cuadro y su marco, también debe existir relación entre la persona y el traje. El tipo humano cambió, el traje también. En consecuencia, los adultos se visten como adolescentes, ó, como niños...


     Viendo que los adultos los imitan, los adolescentes no tienen un estímulo para madurar y tienden a perpetuar la superficialidad de la adolescencia, un fenómeno que los sicólogos han llamado el “Síndrome de Peter Pan”. Todos quieren parecer niños.

     Un crítico de la moda brasileña se expresaba recientemente así:

     “Por mucho tiempo, hemos visto en las pasarelas, tanto internacionales como nacionales, el nivel de infantilización que las modas sugieren. Estilistas con más de 25 años de edad están diseñando (y usando) ropa que podría ser usada por los niños en una guardería.”

     Ahora, lógicamente que cuando una persona mayor se infantiliza, ella pierde su propia dignidad y aparecen sus lados ridículos en escena.

     Cuando se presenta por ejemplo una teleserie llamada “Veinteañeros a los cuarenta”, naturalmente uno piensa en personajes que padecen de inmadurez patológica en sus relaciones afectivas, la misma que reflejaría alguien que quisiese pasar por cuarentón después de los sesenta.

     Todos deben saber conservar su propia dignidad y condición en la forma de vestirse. Las vacaciones no deben ser un pretexto para dejar de ser aquello que somos, sino para realizar otras actividades que en la vida de trabajo no podemos disfrutar, sin perder nuestra propia identidad.

     Nada más agotador que representar un papel que no nos corresponde. No desaprovechemos el descanso jugando a lo que no somos.



FUENTE: Acción Familia. Algunas fotos son de este blog

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