La Venerable Madre Mariana de Jesús Torres, el demonio y el más bello himno de alabanza a la Inmaculada Soberana: el Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción
VIDEO
La Venerable Madre Mariana de Jesús Torres, el demonio y el más bello himno de alabanza a la Inmaculada Soberana: el Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción
VIDEO
El Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción
El Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción, es autoría del gran e ilustre predicador franciscano, Fray Bernardino de Busti, quien murió en olor de santidad, entre los años 1513 y 1515, en el convento de Santa María della Misericordia, en Melegnano (Lombardía).
Muy poco después de su muerte, la devoción popular ya lo proclamaba como bienaventurado.
Conocido también como Oficio Menor o Salterio mariano, fue difundido enormemente por el orbe católico. Entre los que cooperaron para ello, se encuentra especialmente San Alfonso Rodríguez, S.J., que lo consideraba el más bello himno de alabanza a la Inmaculada.
Otro de sus difusores fue San Alfonso María de Ligorio. Doctor de la Iglesia y Fundador de los Redentoristas, quien desde que conoció el Pequeño Oficio, pasó a rezarlo todos los días.
Modo de rezar
El pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción sigue las divisiones tradicionales del gran Oficio divino, cuya recitación distribuyó en diferentes horas del día el salterio del Rey y Profeta David, quien decía: "Siete veces al día, te dirigirás al Señor en alabanzas".
Se puede rezar todo de una vez, o si no en el horario que corresponda a cada hora para renovar, durante el día, el recuerdo y las excelsas alabanzas a María Santísima:
Maitines: antes de la aurora
Prima: a las 6 horas
Tercia: a las 9 horas
Sexta: a las 12 horas
Nona: a las 15 horas
Vísperas: al atardecer
Completas: por la noche
Al pronunciar las palabras: "Abre ahora mis labios", se hace, con el pulgar derecho, una señal de la cruz en los labios. En Completas, al decir: "Conviértenos Jesús", la señal de la cruz se hace en el pecho, con el mismo pulgar. Todas las veces que se dice: "En mi socorro venid ya, Señora" se hace la señal de la cruz completa.
Indulgencias
El Bienaventurado Pío IX, el Papa de la Inmaculada Concepción, consagró mundialmente el Oficio Menor.
A petición de Mons. Carlos F. Rousselet, Obispo de Sée (Francia), se concedió 300 días de indulgencia, por la recitación de estas Horas: De igual modo, Pío IX concedió 100 días de indulgencia a quien rezase la antífona "Esta es la Virgen", con el verso, el responso y la oración.
Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepcion
INTENCIONES POR LAS QUE SERÁ REZADO EL PEQUEÑO OFICIO (ADEMÁS DE LAS INTENCIONES INDIVIDUALES):
● Por el triunfo del Inmaculado Corazón de Maria. Que Ella conquiste y triunfe en nuestros corazones, en los corazones de todos.
● Por el pronto triunfo de la Santa Iglesia sobre sus enemigos.
● Por los pecadores. Por su verdadero arrepentimiento y el deseo de enmendar sus vidas; por los agonizantes y las almas del Purgatorio.
● Para que cesen las ofensas al Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón de María.
● Para que María Inmaculada nos proteja en medio de la crisis sanitaria que atraviesa el mundo.
● Para que Ella proteja a nuestra nación, la primera consagrada al Sacratísimo Corazón de su divino Hijo, y que la conmueva en lo más profundo de sus entrañas para que sea consecuente y muestre que valora, que está agradecida, y que se comporta en coherencia con tan insigne privilegio.
Maitines
V.- Entonad ahora, labios míos,
R.- Los dones y las glorias de la Virgen Madre de Dios.
V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...
Himno
Salve, ¡oh Virgen Madre!, Señora mía,
Estrella de la mañana, del Cielo Reina.
Llena de gracia sois; salve, luz pura,
Velad por el mundo y por toda criatura.
Para Madre el Señor os destinó
El que los mares, la tierra y el Cielo creó.
Él preservó vuestra Concepción
De la mancha que todos tenemos desde Adán. Amén.
V.- Dios la escogió y la predestinó.
R.- En su Tabernáculo la hizo habitar.
V.- Proteged, Señora, mi oración.
R.- Y llegue hasta Vos mi clamor.
Oremos: Santa María, Reina de los Cielos, Madre de Nuestro Señor Jesucristo y Dominadora del mundo, que a nadie desamparáis ni despreciáis; poned, Señora, en mí, los ojos de vuestra piedad y alcanzadme de vuestro amado Hijo el perdón de todos mis pecados, para que, venerando ahora afectuosamente vuestra Inmaculada Concepción, consiga después la corona de la eterna bienaventuranza: por el mismo Hijo vuestro, Jesucristo, Señor Nuestro, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina en unidad perfecta, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
V.- Proteged, Señora, mi oración.
R.- Y llegue hasta Vos mi clamor.
V.- Bendigamos al Señor.
R.- Demos gracias a Dios.
V.- Las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R.- Amén.
Prima
V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...
Himno
Salve, Virgen Prudente, destinada
Para dar al Señor digna morada.
Con las siete columnas de la Escritura,
Del templo a la mesa os ornó en figura.
Fuisteis libre del mal que al mundo espanta,
Y en el seno materno siempre santa.
Puerta de los Santos: Eva, Madre de la vida,
Estrella de Jacob aparecida.
Armáis la escuadra contra Luzbel;
Sed amparo y refugio del pueblo fiel. Amén.
V.- Él mismo la creó en el Espíritu Santo.
R.- Y la representó maravillosamente en todas sus obras.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).
Tercia
V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...
Himno
Sois el Arca de la Alianza, el Trono de Salomón,
Bello iris celeste, zarza ardiente de visión.
Vos sois la Virgen florida, el velo de Gedeón,
Divino portal cerrado, el panal del fuerte Sansón.
Convenía, ciertamente, que la Madre de tan noble Hijo
No tuviese de Eva la mancha y resplandeciese con todo el brillo.
Y habiendo el Verbo escogido por madre a la Virgen casta,
No quiso que estuviese sujeta a la culpa que el mundo arrastra. Amén.
V.- Yo habito en lo más alto del Cielo.
R.- Y mi trono está sobre la columna de las nubes.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).
Sexta
V.-En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...
Himno
Dios os salve, Virgen Madre, Vos sois el templo de la Trinidad,
El puro encanto de los Ángeles, agasajo de castidad.
Sois el consuelo de los tristes, el huerto de la alegría,
Sois la palma de la paciencia, el cedro de la pureza.
María, Vos tierra sois, bendita y sacerdotal,
Concebida y preservada sin pecado original.
Ciudad Santa del Altísimo, del Cielo entrada oriental,
Hay en Vos, Virgen singular, toda la gracia celestial. Amén.
V.- Como un lirio entre los espinos,
R.- Así es mi predilecta entre los hijos de Adán.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).
Nona
V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...
Himno
Sois ciudad de refugio, de torres fortalecida,
Por David atrincherada, y de armas también defendida.
Sin pecado concebida, en caridad abrasada,
Fue del dragón la soberbia, por Vos, herida y humillada.
Sois la bella Abigail, Judith invicta y entusiasmada,
Fuisteis del verdadero David Madre tierna, Madre cariñosa.
Raquel dio a Egipto un prudente gobernador,
La Virgen de las vírgenes dio al mundo su Salvador. Amén.
V.- Sois toda hermosa, ¡oh Madre querida!
R.- Y la mancha original nunca os tocó
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).
Vísperas
V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...
Himno
Salve, regulador celeste, por el cual
El sol retrocedió en diez líneas.
A fin de encarnarse el Verbo eterno, y ser humillado,
Y el hombre, como el sol, al Cielo ser levantado.
De aquel sol brillante la Virgen tiene el fulgor,
Y cual aurora naciente refulge en esplendor.
Lirio entre los espinos, la cabeza del dragón pisando,
Cual luna bella ilumina a los que en el mundo van errando. Amén.
V.- Yo hice nacer en el Cielo la luz que no se apaga
R.- Y cubrí como niebla la tierra entera
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).
Completas
V.- Conviértenos Jesús, por vuestro amor.
R.- Y retira de nosotros tu furor.
V.- En mi socorro venid ya, Señora.
R.- Del enemigo libradme, vencedora.
Gloria al Padre...
Himno
Salve, floreciente Virgen pura,
Reina de astros coronada.
Más pura que los Ángeles, tenéis el trono
A la derecha del Rey, en nuestro auxilio.
¡Oh Madre de gracia!, nuestra dulce esperanza,
Del mar Estrella y puerto de bonanza.
Puerta del Cielo, salud en la enfermedad,
De Dios nos guía a la feliz presencia. Amén.
V.- Vuestro Nombre ¡oh María!, es como un bálsamo.
R.- Mucho os aman vuestros siervos fieles.
V.- Proteged, Señora, etc. (Se repiten las mismas oraciones del final de Maitines).
Después del Oficio
Acepta, ¡oh Virgen!
Esta devoción
En alabanza de vuestra
Pura Concepción.
Sednos en la vida
Defensora y guía;
Sednos aliento
En nuestra agonía.
¡Oh Madre de bondad!,
¡Oh dulce María!.
Antífona. Esta es la Virgen admirable, en la cual no hubo mancha original, ni sombra de pecado.
V.- En vuestra Concepción, ¡oh Virgen!, fuisteis Inmaculada.
R.- Rogad por nosotros al Padre Eterno, cuyo Hijo trajisteis al mundo.
Oremos. ¡Oh Dios! que por la Inmaculada Concepción de la Virgen, preparaste a vuestro Hijo una digna morada, os rogamos que, pues en virtud de la previsión de la muerte de vuestro Hijo la preservasteis de toda mancha, nos concedáis también que, purificados por su intercesión, lleguemos a vuestra Divina Presencia. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén
COMUNIQUENOS CUALQUIER DUDA QUE TENGA SOBRE EL MODO DE REZAR EL PEQUEÑO OFICIO
María en los planes de Dios
El inefable Dios, cuya conducta es misericordia y verdad, cuya voluntad es omnipotencia y cuya sabiduría alcanza de límite a límite con fortaleza y dispone suavemente todas las cosas, habiendo, previsto desde toda la eternidad la ruina lamentabilísima de todo el género humano, que había de provenir de la transgresión de Adán.
Habiendo decretado, con plan misterioso escondido desde la eternidad, llevar al cabo la primitiva obra de su misericordia, con plan todavía más secreto, por medio de la encarnación del Verbo, para que no pereciese el hombre impulsado a la culpa por la astucia de la diabólica maldad y para que lo que iba a caer en el primer Adán fuese restaurado más felizmente en el segundo, eligió y señaló, desde el principio y antes de los tiempos, una Madre, para que su unigénito Hijo, hecho carne de ella, naciese, en la dichosa plenitud de los tiempos
En tanto grado la amó por encima de todas las criaturas, que en sola Ella se complació con señaladísima benevolencia. Por lo cual tan maravillosamente la colmó de la abundancia de todos los celestiales carismas, sacada del tesoro de la divinidad, muy por encima de todos los ángeles y santos, que Ella, absolutamente siempre libre de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios. (…)
19. Nuestra boca está llena de gozo y nuestra lengua de júbilo, y damos humildísimas y grandísimas gracias a nuestro Señor Jesucristo, y siempre se las daremos, por habernos concedido aun sin merecerlo, el singular beneficio de ofrendar y decretar este honor, esta gloria y alabanza a su santísima Madre.
Ella aplastó la cabeza de la Serpiente
Mas sentimos firmísima esperanza y confianza absoluta de que la misma Santísima Virgen, que toda hermosa e inmaculada trituró la venenosa cabeza de la cruelísima serpiente, y trajo la salud al mundo.
Y que gloria de los profetas y apóstoles, y honra de los mártires, y alegría y corona de todos los santos, y que refugio segurísimo de todos los que peligran, y fidelísima auxiliadora y poderosísima mediadora y conciliadora de todo el orbe de la tierra ante su unigénito Hijo, y gloriosísima gloria y ornato de la Iglesia santa, y firmísimo baluarte destruyó siempre todas las herejías, y libró siempre de las mayores calamidades de todas clases a los pueblos fieles y naciones.
Una protección infalible
Y a Nos mismos nos sacó de tantos amenazadores peligros; hará con su valiosísimo patrocinio que la santa Madre católica Iglesia, removidas todas las dificultades, y vencidos todos los errores, en todos los pueblos, en todas partes, tenga vida cada vez más floreciente y vigorosa y reine de mar a mar y del río hasta los términos de la tierra, y disfrute de toda paz, tranquilidad y libertad.
Para que consigan los reos el perdón, los enfermos el remedio, los pusilánimes la fuerza, los afligidos el consuelo, los que peligran la ayuda oportuna, y despejada la oscuridad de la mente, vuelvan al camino de la verdad y de la justicia los desviados y se forme un solo redil y un solo pastor.
Texto extraído de la Epístola Apostólica Innefabilis Deus, del 8 de diciembre de 1854, del Papa Pío IX.
Haga cliq aquí y podrá leerla íntegramente
Fuente: Acción Familia
| Papa Pío IX, óleo sobre tela de Nicola Bozzi (s. XIX), representando al Santo Padre en el momento que firma el decreto de amnistía del 6 de julio de1846 — Museo Pío IX, Senigallia, Italia. |
Antecedentes de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que «será hasta el fin de los siglos recordado como uno de los días más gloriosos de la Historia» — extractos de la obra «Pío IX», del Prof. Roberto de Mattei.
El 2 de febrero de 1849, el Pontífice —que el 1º de julio del año anterior había nombrado una comisión de teólogos para examinar la posibilidad y la oportunidad de la definición— dirigía a todos los obispos del mundo la encíclica Ubi primum nullis, a fin de pedir el parecer de todo el episcopado católico sobre el mérito de la definición.
Las respuestas favorables de los obispos a la encíclica fueron 546 —de un total de 603— es decir, más del 90%. Confortado, así, por el apoyo del episcopado, además de los pareceres emitidos por una congregación cardenalicia y una comisión teológica, expresamente constituidas para ese fin, y de la Compilación redactada por otra comisión, dirigida por el cardenal Raffaele Fornari, con argumentos para servir al redactor de la Bula dogmática, Pío IX anunció, finalmente, el 1º de diciembre de 1854, al Sagrado Colegio reunido en consistorio secreto, la inminente proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, prevista para el día 8 del mismo mes.
La Bula Ineffabilis Deus fue, así, el resultado de nueve esquemas sucesivamente elaborados, a través de la consulta hecha a diversas comisiones encargadas del trabajo de preparación.
* * *
Viernes, 8 de diciembre de 1854. Desde las seis de la mañana, las puertas de San Pedro estuvieron abiertas y, a las ocho, la inmensa basílica ya estaba repleta de pueblo. En la capilla Sixtina, donde estaban reunidos 53 cardenales, 43 arzobispos y 99 obispos, llegados de todo el mundo, tuvo inicio una gran procesión litúrgica que se dirigió hacia el altar de la Confesión, en la basílica del Vaticano, donde Pío IX celebró la Misa solemne.
Al terminar el canto del Evangelio en griego y latín, el cardenal Macchi, decano del Sacro Colegio, asistido por el miembro de mayor edad del episcopado latino, por un arzobispo griego y uno armenio, vino a postrarse a los pies del Pontífice a implorarle, en latín y con voz sorprendentemente enérgica para sus 85 años, el decreto que habría de ocasionar alegría en el Cielo y el mayor entusiasmo en toda la Tierra. Después de entonar el Veni Creator, el Papa se sentó en el trono y, portando la tiara sobre la cabeza, leyó con tono grave y voz fuerte la solemne definición dogmática.
* * *
Desde el momento en que el cardenal decano hizo la súplica para la promulgación del dogma hasta el Te Deum, que fue cantado después de la Misa, a la señal dada por un tiro de cañón desde el Castillo de Sant’Angelo —durante una hora, de las once al mediodía— todas las campanas de las iglesias de Roma tocaron festivamente para celebrar aquel día que, como escribe Mons. Campana, “será hasta el fin de los siglos recordado como uno de los más gloriosos de la historia. [...] La importancia de este acto no puede pasar inadvertida por nadie. Fue la solemne afirmación de la vitalidad de la Iglesia, en el momento en que la impiedad desenfrenada se vanagloriaba de haberla casi destruido”.
Todos los presentes afirman que, en el momento de la proclamación del dogma, el rostro de Pío IX, bañado en lágrimas, fue iluminado por un haz de luz que bajó de lo alto. Mons. Piolanti, que estudió los testimonios dejados por los fieles que presenciaron el hecho, afirma, a la luz de su amplia experiencia en la basílica del Vaticano, que en ningún periodo del año, mucho menos en diciembre, es posible que un rayo de sol entre por una de las ventanas para iluminar cualquier punto del ábside donde se encontraba Pío IX, y concuerda con la descripción hecha por la madre Julia Filippani, de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, presente en San Pedro con su familia en el momento de la definición, según la cual no era posible explicar naturalmente el extraordinario fulgor que iluminó el rostro de Pío IX y todo el ábside: “Aquella luz —declara ella— fue atribuida por todos a una causa sobrenatural”.
La definición del dogma de la Inmaculada Concepción suscitó un extraordinario entusiasmo en el mundo católico y reveló la vitalidad de la fe católica, en un siglo agredido por el racionalismo y por el naturalismo. “Después de la definición del Concilio de Éfeso sobre la divina maternidad de María —escribe aún el teólogo Campana— la historia no puede registrar otro hecho que haya suscitado tan vivo entusiasmo por la Reina del Cielo como la definición de su total exención de culpa”.
Entre los numerosísimos recuerdos de la solemne definición que permanecieron hasta nuestros días, se conserva aún la columna de la Inmaculada, en la Plaza de España, en Roma, erguida el 18 de diciembre de 1856 y bendecida por Pío IX el 8 de septiembre de 1857.
* * *
El primer gran acto del Pontificado de Pío IX —la definición del dogma de la Inmaculada— es mucho más que la pública expresión de aquella profunda devoción a la Santísima Virgen, que desde la infancia había caracterizado la espiritualidad de Giovanni María Mastai Ferretti. Manifiesta su profunda convicción en la existencia de una relación entre la Madre de Dios y los acontecimientos históricos, y, de modo particular, de la importancia del privilegio de su Inmaculada Concepción, como antídoto para los errores contemporáneos, cuyo punto de apoyo está precisamente en la negación del pecado original.
El fundamento de este privilegio mariano está en la absoluta oposición existente entre Dios y el pecado. Al hombre concebido en pecado se contrapone María, concebida sin pecado. Y a María, en cuanto Inmaculada, le fue reservado vencer al mal, los errores y las herejías que nacen y se desarrollan en el mundo a consecuencia del pecado. De María la Iglesia canta la alabanza: Cun ctas haereses sola interemisti in universo mundo.
El privilegio de la Inmaculada debe ser considerado, pues, no de manera abstracta y estática, sino en su proyección histórica y social. La Inmaculada no es, en verdad, una figura aislada de las otras naturalezas humanas que fueron, que son y que serán: “Toda la historia humana es iluminada y ennoblecida por esta excelsa criatura, la única que, en perfección, es inferioridad solamente a Dios”.
* * *
En el cuadro teológico de la Ineffabilis Deus, la Santísima Virgen se nos presenta, pues, como la vencedora gloriosa de las herejías de la cual hablan todos los Pontífices. Y es a la oposición entre la Virgen toda bella e Inmaculada y la crudelísima serpiente, que nos remite, como a sus primeros y fundamentales agentes, el antagonismo radical entre la Iglesia y aquella Revolución de los tiempos modernos, que tiene sus gérmenes más activos y profundos en el desorden de las pasiones, fruto del pecado del hombre decaído.
| La hermosa columna de la Inmaculada erigida en la Plaza de España, en Roma, fue bendecida por el Beato Pio IX el 8 de setiembre de 1857 |
La Revolución —organización social del pecado— está destinada a ser vencida por la gracia, don divino concedido a los hombres en la Cruz por Nuestro Señor Jesucristo. La Virgen Dolorosa, Regina Martyrum, fue asociada a esta obra redentora, a los pies de la Cruz, por haber sufrido sobre el Calvario, en unión con su Hijo, el mayor de los martirios. Es en la Cruz que se funda la mediación universal y omnipotente de María, verdad que constituye la mayor razón de esperanza para todos aquellos que combaten la Revolución. Si la serpiente, cuya cabeza fue aplastada por la Virgen Inmaculada, es la primera revolucionaria, María, dispensadora y tesorera de todas las gracias, es, en verdad, el canal a través del cual los católicos alcanzarán las gracias sobrenaturales necesarias para combatir y aplastar a la Revolución en el mundo.
La lucha entre la serpiente y la Virgen, entre los hijos de la Revolución y los hijos de la Iglesia, se delinea, pues, como la lucha total e irreconciliable entre dos “familias espirituales”, como lo había profetizado en el siglo XVIII San Luis María Grignion de Montfort, el santo al cual se debe la lectura tal vez más inspirada y luminosa del pasaje del Génesis que constituye el punto de apoyo de la Ineffabilis Deus: “Pondré enemistades entre ti y la Mujer; y entre tu raza y la descendencia suya, Ella quebrantará tu cabeza, y tú andarás asechando a su calcañar” (Gen. 3, 15).
“Dios —comenta San Luis María— no puso solamente una enemistad, sino enemistades, y no solamente entre María y el demonio, sino también entre la posteridad de la Santísima Virgen y la posteridad del demonio. En otras palabras, Dios puso enemistades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y siervos de la Virgen María y los hijos y esclavos del demonio. ¡No hay entre ellos la menor sombra de amor, ni correspondencia íntima existe entre unos y otros!”. La oposición entre estas dos familias espirituales está destinada a dividir implacablemente la humanidad, hasta el fin de la historia. Sobre este fondo de cuadro se sitúa la lucha entre la Iglesia y la Revolución.
Fuente: El Perú necesita de Fátima
Hay tres razones por las que la definición de este dogma de la Inmaculada Concepción fue especialmente contrarrevolucionario y, por tanto, odioso para los enemigos de la Iglesia.
El siguiente texto es una adaptación de una conferencia que dio el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira el 15 de junio de 1973. Nótese que en este texto usa las palabras Revolución y Contrarrevolución como las definió en su libro Revolución y Contrarrevolución. En este sentido, la Revolución es un proceso multisecular, motivado por el orgullo y la sensualidad, y por tanto el igualitarismo y el liberalismo, que domina el mundo moderno y busca destruir la civilización cristiana. Los contrarrevolucionarios son los que se dedican a derrotar este proceso y defender los derechos de Dios.
* * *
Uno de los actos verdaderamente contrarrevolucionarios del pontificado del Papa Pío IX fue la proclamación de la Inmaculada Concepción.
Hay tres razones por las que la definición de este dogma fue especialmente contrarrevolucionario y, por tanto, odioso para los enemigos de la Iglesia.
Primera razón: un dogma anti-igualitario
Este dogma enseña que Nuestra Señora fue inmaculada desde su concepción, lo que significa que, en ningún momento, tuvo la más mínima mancha de Pecado Original. Tanto ella como, naturalmente, Nuestro Señor Jesucristo, estaban exentos de esa rígida ley que subyuga a todos los demás descendientes de Adán y Eva.
Por tanto, Nuestra Señora no estuvo sujeta a las miserias del hombre caído. No tenía malas influencias, gustos y tendencias. En ella todo se movía armónicamente hacia la verdad, el bien y por tanto hacia Dios. En este sentido, Nuestra Señora es un ejemplo de perfecta libertad, es decir, que todo lo que su razón, iluminada por la Fe, determinaba como bueno, deseaba enteramente su voluntad. No tenía obstáculos interiores que le impidieran practicar la virtud.
Estar "llena de gracia" aumentó estos efectos. Así, su voluntad avanzó con un ímpetu inimaginable hacia todo lo que era verdadero y bueno.
Declarar que una simple criatura humana tuvo este extraordinario privilegio hace que este dogma sea fundamentalmente anti-igualitario, porque señala una enorme desigualdad en la obra de Dios. Demuestra la superioridad total de Nuestra Señora sobre todos los demás seres. Así, su proclamación hizo hervir de odio los espíritus igualitarios revolucionarios.
Segunda razón: la pureza inmaculada de Nuestra Señora
Sin embargo, hay una razón más profunda por la que la Revolución odia este dogma.
La Revolución ama el mal y está en armonía con los que son malos, y así trata de encontrar el mal en todo. Al contrario, quienes son irreprochables son motivo de un odio intenso. Por tanto, la idea de que un ser pueda estar absolutamente impecable desde el primer momento de su existencia es aborrecible para los revolucionarios.
Por ejemplo: imagina a un hombre consumido por la impureza. Cuando está asediado por inclinaciones impuras, se avergüenza de haberlas consentido. Esto lo deja deprimido y completamente devastado.
Imagínense a este hombre considerando a Nuestra Señora, quien, siendo la personificación de la pureza trascendental, no tenía ni el más mínimo apetito de lujuria. Siente odio y desprecio porque su virtud destroza su orgullo.
Además, al declarar a Nuestra Señora tan libre del orgullo, la sensualidad y el deseo de cualquier cosa revolucionaria, la proclamación de la Inmaculada Concepción afirmaba que ella era completamente contrarrevolucionaria. Esto no hizo más que enardecer aún más el odio revolucionario al dogma.
Disputando la doctrina: una lucha contrarrevolucionaria
Durante siglos, huo dos corrientes de pensamiento opuestas sobre la Inmaculada Concepción en la Iglesia. Si bien sería una exageración sugerir que todos los que lucharon contra la doctrina actuaban con intenciones revolucionarias; es un hecho que todos los que actuaban con intenciones revolucionarias lucharon contra ella. Por otro lado, todos los que favorecieron su proclamación, al menos en ese punto, expresaron una actitud contrarrevolucionaria.
Así, de alguna manera la lucha entre Revolución y Contrarrevolución estuvo presente en la lucha entre estas dos corrientes teológicas.
Tercera razón: el ejercicio de la infalibilidad papal
Hay todavía otra razón por la que este dogma es odioso para los revolucionarios: fue el primer dogma proclamado a través de la infalibilidad papal.
En ese momento, el dogma de la infalibilidad papal aún no estaba definido y había una corriente en la Iglesia que sostenía que el Papa solo era infalible cuando presidía un concilio. Sin embargo, Pío IX invocó la infalibilidad papal cuando definió la Inmaculada Concepción después de simplemente consultar a algunos teólogos y obispos.
Para los teólogos liberales, esto parecía un razonamiento circular. Si su infalibilidad no había sido definida, ¿cómo podría usarla? Al contrario, al utilizar su infalibilidad, afirmó que la tenía.
Esta atrevida afirmación provocó una explosión de indignación entre los revolucionarios, pero un enorme entusiasmo entre los contrarrevolucionarios. En alabanza al nuevo dogma, las niñas de todo el mundo fueron bautizadas con el nombre: “Concepción” para consagrarlas a la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora.
Pío IX: Luchando contra el enemigo
No es de extrañar que Pío IX afirmara con tanta firmeza la infalibilidad papal. Muy diferente de los que le sucedieron, siempre estuvo dispuesto a llevar la lucha al enemigo. Hizo esto en Ginebra, Suiza, que entonces era el caldo de cultivo del calvinismo, que es la forma más radical de protestantismo.
Cuando las leyes suizas cambiaron para permitir una catedral católica en Ginebra, Pío IX ordenó que se colocara una estatua de la Inmaculada Concepción en el centro de la ciudad, para proclamar este dogma en el lugar donde los calvinistas, luteranos y otros protestantes lo negaban más que en ningún otro lugar. más. Este es un ejemplo del liderazgo de Pío IX en la lucha contra la Revolución.
Por tanto, es del todo correcto que todos los católicos sientan un afecto especial por el dogma de la Inmaculada Concepción, tan detestado por los enemigos de la Iglesia de hoy.
Plinio Corrêa de Oliveira
Fuente: diario7archivos.blogspot.com
Celebrando la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María cuya definición llevó siglos de polémicas, hasta su definición dogmática por el Papa Pío IX.
El 8 de Diciembre la Iglesia celebra la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, es decir la concepción de María sin pecado original.
Verdad defendida a lo largo de los siglos
La Inmaculada Concepción de Nuestra Señora fue defendida por santos, teólogos y laicos durante siglos. Sin embargo, fueron necesarios siglos de debates teológicos para establecer un consenso en la Iglesia.
Sólo en 1854, el Bienaventurado Papa Pío IX, después de consultar a los obispos de todo el mundo, proclamó este dogma en su Constitución Apostólica Ineffabilis Deus.
En ella definió como revelada la verdad que Nuestra Señora fue preservada del pecado original desde el momento de su Concepción.
Muchos defendían esta posición porque sentían que la gloria de la Santísima Trinidad sería oscurecida si la Madre del Verbo Encarnado no fuera la más perfecta de todas las criaturas.
Sería también contrario a la sabiduría de Dios que la Madre del Salvador no recibiera los más altos y trascendentes dones de la naturaleza y de la gracia.
A pesar de que la Inmaculada Concepción puede ser encontrada en la Revelación y hace parte del Depósito de la Fe, no fue expresada con la misma claridad que otras verdades, como la Resurrección de Nuestro Señor.
Una objeción
La principal objeción al dogma consiste en que, de acuerdo al dogma de la Redención universal de Jesucristo, todos los hombres fueron redimidos del pecado original por los méritos de Nuestro Señor.
Sin embargo, si Nuestra Señora fue concebida sin pecado original, podría parecer que ella no fue redimida de él por los méritos de Cristo.
¿Cómo pueden conciliarse estas dos afirmaciones? ¿Cómo se puede explicar esta verdad?
Como Pío IX lo explica en su Constitución Apostólica Ineffabilis Deus, la Santísima Virgen fue redimida por los mismos méritos de su Divino Hijo pero de un modo especial, preservándola del pecado original. Como dice el Papa:
«la Santísima Virgen María, Madre de Dios… su alma, en el primer instante de su creación y en el primer instante de la infusión de esa alma en su cuerpo, fue preservada de la mancha del pecado original por una gracia especial y un privilegio de Dios, en previsión de los méritos de Jesucristo, su Hijo y Redentor de la raza humana. Es en ese sentido que los fieles han celebrado solemnemente siempre la Fiesta de la Concepción».
A pesar de que esta simple formulación resolvió el problema, fueron necesarios siglos para descubrirla. Esto no es sorprendente ya que la solución de delicados problemas teológicos frecuentemente toman un largo tiempo para ser resueltos.
Así, en 1854, el Papa haciendo uso de la autoridad que Nuestro Señor Jesucristo le otorgó para guardar e interpretar infaliblemente la Revelación, definió el dogma para siempre.
La piedad popular afirmaba el dogma
Ya en el siglo V, san Agustín afirmaba que: «la piedad impone que reconozcamos que María no tuvo pecado«.
La devoción popular recogió esta creencia y la fiesta de la Inmaculada Concepción era ya celebrada en la Iglesia Católica Oriental desde el siglo sexto. Desde el siglo XI, los teólogos hicieron detallados estudios sobre la materia y verificaron que esta devoción popular había crecido. De tal manera que en 1476 era celebrada en toda Europa.
Haciendo un voto
En los siglos XVI y especialmente XVII, el asunto se transformó en una tan acalorada cuestión que
«en España era imposible sostener desde el púlpito la opinión contraria (a la Inmaculada Concepción) debido a que el pueblo reaccionaba contra esos predicadores con murmullos, clamores y aún violencias«.
Ya en 1617, la Universidad de Granada en España inició la costumbre de hacer un «votum sanguinis«, que consistía en defender la Inmaculada Concepción hasta dar la sangre.
Esta práctica se extendió rápidamente a las órdenes religiosas, universidades, fraternidades y otras entidades.
El teólogo herético Muratori impugnó el voto, calificándolo de imprudente, «intolerante» y gravemente irresponsable. Entonces comenzó el debate argumentando que no se puede arriesgar la vida por una doctrina que aún no ha sido definida. Esta tesis fue refutada por el gran moralista católico San Alfonso de Ligorio. Él favorecía el voto por dos razones:
a) había un consenso universal entre los fieles al respecto de este asunto;
b) la celebración universal de la fiesta de la Inmaculada Concepción estaba ya establecida.
En defensa de la Inmaculada Concepción
Entre los grandes defensores y predicadores del privilegio de Inmaculada Concepción se contaban San Leonardo, San Pedro Canisio, San Roberto Belarmino y muchos otros.
El deseo de defender la Inmaculada Concepción fue tan grande que algunas universidades decidieron no admitir a ningún estudiante que no jurara defender este privilegio especial de la Virgen.
Aún autoridades civiles llegaron a pedir tal voto, como fue el caso de los congresistas que declararon la independencia de Venezuela. Ellos juraron defender la independencia, la religión Católica y el misterio de la Inmaculada Concepción.
¿Fue justificable ese debate?
Algunos católicos modernos, que no están bien informados o deformados por el actual relativismo religioso, podrían objetar: ¿no fue exagerada esa defensa tan obstinada de los privilegios de Nuestra Señora?
Tales católicos no entienden la profundidad del dogma y sus alcances. Como el profesor Plinio Corrêa de Oliveira explicó:
«el dogma de la Inmaculada Concepción, considerado en sí mismo, chocó con el espíritu esencialmente igualitario de la Revolución que, desde 1789, ha reinado despóticamente en Occidente. El ver a una simple criatura tan elevada sobre los otros por un inestimable privilegio concedido a ella en el primer momento de su existencia, no puede dejar de herir a los hijos de la Revolución que proclaman la absoluta igualdad entre los hombres como el principio de todo orden, justicia y bien«.
Esta es una razón más por la cual la Iglesia celebra este maravilloso privilegio de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre.
La justificación del privilegio fue muy bien expresada por el orador francés Bossuet, quien afirmó que la Inmaculada Concepción representa
«carne sin fragilidad, sentidos sin rebelión, vida sin mancha y muerte sin sufrimiento».
Fuente: Artículo original: Celebrando la Inmaculada Concepción, de Acción Familia
LA SEMANA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
DIA PRIMERO:
¿Por qué el Papa Pío IX decidió proclamar el dogma de la Inmaculada?
El experto en la vida del Beato Papa Pío IX, Francesco Guglietta, reveló en un artículo publicado por L'Osservatore Romano, cómo el Pontífice decidió consultar a los obispos del mundo para proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre de 1854.
Guglietta señala, en la publicación del 13 de febrero de 2008, que la revolución que terminó con la proclamación de la "República Romana" en 1848 y forzó al Papa a refugiarse durante nueve meses en Gaeta –la ciudad marítima entre Roma y Nápoles-, tuvo un efecto profundo en el Pontífice, que como el Cardenal Giovanni Maria Mastai Ferretti, había simpatizado abiertamente con los movimientos revolucionarios europeos.
"En este lapso de tiempo, en efecto, Pío IX perdió progresivamente confianza en los procesos de 'revolución' que tenían lugar en Europa y tomó distancia del ambiente católico liberal, comenzando a ver en el movimiento de insurrección, así como en la 'modernidad' de entonces, una peligrosa insidia para la vida de la Iglesia", escribe Guglietta.
El experto señala que "comprender lo que aconteció en la forma de pensar de Pío IX en Gaeta tiene una relevancia histórica notable", que sigue siendo "una investigación aún poco explorada".
Sin embargo, dice el historiador, sí consta que el tiempo del Papa en Gaeta fue fundamental para la decisión de proclamar el dogma mariano de la Inmaculada Concepción.
"De manera un poco romántica en Gaeta, la tradición oral narra que fue la prolongada oración del Beato Pío IX frente a la imagen de la Inmaculada Concepción de Scipione Pulzone conservada en la espléndida Capilla de Oro del complejo de la 'Annunziata', la que lo convenció de la bondad y fundamento del dogma mariano", dice Guglietta.
Sin embargo, más relevante históricamente es un episodio relatado por el historiador y catedrático francés Louis Baunard.
Baunard "narra de Pío IX que contemplando el mar agitado de Gaeta escuchó y meditó las palabras del Cardenal Luigi Lambruschini: 'Beatísimo Padre, Usted no podrá curar el mundo sino con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Solo esta definición dogmática podrá restablecer el sentido de las verdades cristianas y retraer las inteligencias de las sendas del naturalismo en las que se pierden'".
Según Guglietta, el tema del naturalismo, que despreciaba toda verdad sobrenatural, podría considerarse como "la cuestión de fondo" que impulsó al Papa a la proclamación del dogma.
"La afirmación de la Concepción Inmaculada de la Virgen ponía sólidas bases para afirmar y consolidar la certeza de la primacía de la gracia y de la obra de la Providencia en la vida de los hombres", dijo.
El historiador señala que Pío IX, pese a su entusiasmo, acogió la idea de realizar una consulta con el episcopado mundial, que expresó su parecer positivo, y llevó finalmente a la proclamación del dogma.
VIDEO
Fuente: ACI Prensa
* Subtítulo de este blog.
† IHS In memoriam del Señor Gonzalo Larraín Campbell Tenemos el penoso deber de comunicar el fallecimiento del sr. Gonzalo Larrain C...