sábado, 16 de febrero de 2019

En un Convento Real, la Santísima Virgen anuncia su Victoria y su Reino





     Las Revelaciones de Nuestra Señora de El Buen Suceso a la Madre Mariana de Jesús Torres impresionan, quiera por la claridad con la que predice acontecimientos ya sucedidos, quiera por la exactitud con la que describe a la inmensa crisis moral de nuestros días. Son además enteramente afines con los mensajes que Nuestra Señora pronunció en Fátima y en La Salette.

     Para indicar al agente impulsor de dicha crisis tan catastrófica descrita en sus profecías sobre los siglos 19 y 20, Nuestra Señora de El Buen Suceso se refiere a él usando diversos términos como "las herejías", "las sectas", o simplemente "la secta", y quien tendría un poder capaz de extender sus garras desde el recinto sagrado del Templo hasta el mismo hogar, influenciando perniciosamente todos los campos de la actividad humana.


     Sin duda alguna, Nuestra Señora se refiere a la Revolución, enemigo multisecular, - y el más terrible - de la civilización cristiana, cuya causa profunda es una explosión de orgullo y sensualidad inspiradora de cuatro grandes revoluciones que disgregan al mundo moderno: la Pseudo-Reforma protestante, la Revolución Francesa de 1789, la Revolución Comunista y la Revolución nacida del mayo del 68 francés. (1)


     Para el insigne líder católico, Plinio Corrêa de Oliveira, y esto fue materia de nuestro post anterior, el título "El Buen Suceso" se puede interpretar como la victoria colosal del Inmaculado Corazón de María sobre la Revolución, y especialmente en instantes "cuando todo parezca perdido y paralizado" para la Causa Católica.


     Su Victoria sobre la Revolución, así como la implantación del Reino de María, Nuestra Señora la dio a conocer en Quito de un modo minucioso, preciso, concreto, y completo como en ninguna otra revelación privada. En las profecías de Nuestra Señora de El Buen Suceso son descritas la época, la naturaleza de los hechos que debían suceder, la envergadura del fenómeno Revolución, las catástrofes religiosas, morales, la punición divina, etc. 


     Estos anuncios, Nuestra Señora no los hizo en un sitio cualquiera. El escenario en que la Celestial Emperatriz posaría sus sagrados pies sería un sitio lleno de unción y sacralidad.


     Dispuso la Providencia para ello, la fundación de un Convento.


Empeño real en pro de la Inmaculada Concepción 


     En el año de 1576 llegaron a Quito desde España, seis religiosas de la Orden de la Inmaculada Concepción, recientemente fundada por Santa Beatriz da Silva. Las doncellas, acompañadas de una niña, habían atendido el pedido del Rey Felipe II para trasladarse a las Indias y establecer allí una Casa para monjas dedicadas a la Clausura  y a la enseñanza y educación de las hijas de españoles, criollos y mestizos. 



El Rey Felipe II de España

     Dispuestas heroicamente a realizar una tan larga y peligrosa travesía, partieron desde Cádiz en un viejo galeón de la Armada Invencible y que por así decir parecía más una cáscara de nuez, y en él cruzaron las gélidas y escalofriantes aguas del Atlántico para luego de pisar tierra firme y a lomo de caballo,  emprender la fatigante ascensión a la cumbres andinas, atravesando las cordilleras y los ríos, hasta llegar a la ignota y lejana ciudad de Quito, un 30 de Diciembre de 1576.


     Para empresa tan noble, el Rey se empeñó en escoger personalmente almas de verdadero temple y de comprobadas virtud y santidad. La Venerable Madre María de Jesús Taboada, prima del Soberano, sería la elegida como líder de la expedición o comisionada real y a la postre la fundadora del futuro Convento. Cabe resaltar, que era ella la única mayor de edad del grupo, acababa de cumplir los 33 años. El resto bordeaba los 15 años.



Venerable Madre María de Jesús Taboada

     Llegar a Quito constituyó para aquella santa expedición un verdadero milagro. Tras meses de tenaz travesía, finalmente lo imposible humano fue superado por lo posible divino. La entrada en la ciudad de la caravana con las angelicales heroínas provocó la algarabía del pueblo. A su paso repicaban los campanarios de la Catedral, San Blas, San Sebastián, San Francisco, La Merced, Santo Domingo, San Agustín y el Hospital. Se engalanaron las calles, los balcones, incluso la Plaza Mayor, que dicho día se convirtió en coso taurino para, al grito de olé, homenajear a las ilustres huéspedes.

Genesis de un lugar memorable 

     La fundación del Convento donde poco después aparecería Santísima Virgen, constituyó todo un acontecimiento para Quito, augurando quizás el futuro mariano que prontamente se difundiría por toda la naciente Colonia. Además, la inocencia, la santidad, la inmolación, tendrían un lugar especial para incentivarlas y ponerlas a disposición de las jóvenes del lugar y sus alrededores, las cuales nada tardarían en entusiasmarse y ser parte de ese bendito lugar.


     Así, el 12 de Enero, día del Santísimo Nombre de Jesús, las seis vírgenes españolas y seis  quiteñas profesaron sus votos; la niña Mariana de Torres, sobrina de la Madre Taboada, y del Rey Felipe II, no profesó debido a su edad - tenía 13 años -. Lo haría dos años después. Esto no le impidió poseer su título de co- fundadora. Al día siguiente, 13 de enero de 1577, luego de la Santa Misa, se declara inaugurada la vida institucional del Primer Monasterio femenino en América, el Real Convento de la Inmaculada Concepción de Quito, situado en el ángulo derecho de la Plaza Mayor. Real, por ser su fundación directamente gestionada y patrocinada por el propio Rey!




Real Convento de la Limpia e Inmaculada Concepción de Quito

     Los nombres de las religiosas fundadoras son:

     Doña María de Taboada, que después se llamó Madre María de Jesús, Fundadora y primera Abadesa.


     Cathalina Rodríguez, llamada luego Madre Cathalina de la Concepción. 


     Francisca de Jaramillo, llamada luego Madre Francisca de los Ángeles. 


     Aldonsa de Castañeda, llamada luego Madre Ana de la Concepción.


       Lucía de Jaramillo, llamada luego Madre Lucía de la Cruz. 


     Y la niña Mariana de Torres, llamada después Madre Mariana de Jesús Torres.


     Todas ellas, las fundadoras españolas.


     Además, las damas quiteñas: María Rodriguez, Julia de Castañeda, Magdalena de Valenzuela, Juliana de Arce y Leonor Tamayo.


Ira infernal desatada contra el Convento


     
Casi por contagio, la vida conventual dentro poco cobraría un fervor tal, que en pocos años el Monasterio llegaría a albergar a casi 400 personas, entre monjas y novicias. Fervor que provocaría la ira del demonio que deseaba por todas las formas conseguir la perdición de esas almas. Para contrarrestarla, sería necesaria la práctica de la virtud en dicha Casa. Si bien Nuestra Señora prometió la existencia del Convento hasta el fin del mundo, prometió también hasta dicho tiempo el intento del demonio por destruirlo. La Santísima Virgen así lo indica en sus profecías:

     "En todos los tiempos será combatido con furor infernal, para destruirlo y aniquilarlo. Sin embargo, la Providencia Divina velará por su conservación, ayudando para eso las virtudes practicadas por las moradoras de esta casa. ¡Ay! Si éstas faltasen..."


     El Dr. Plinio comentó lo siguiente a respecto de este trecho de las Revelaciones:


     "Quiere decir, si no hubiese virtud, Dios no ayudaría, Nuestra Señora no ayudaría. Es interesante que en este tópico, la parte de cada uno está bien puesta. Está puesta una parte de Dios, una parte de Nuestra Señora y una parte del Convento. Cada uno con su contribución. Si alguien no contribuye, vendrá el fracaso. ¿Por qué razón? Por el odio que profesa el demonio a una casa religiosa observante, celosa, y por eso el infierno quiere destruirla.


     "Esto recuerda aquél refrán de Santa Teresa: "Teresa, más tres ducados - o diez ducados - y más Dios, pueden todo". Aquí los ducados son las pobres monjas. Sumadas a Dios Nuestro Señor y a Nuestra Señora, pueden todo. Juntos, pueden todo".




Iglesia de la Inmaculada Concepción de Quito



Notas:
(1).- Sobre la Revolución, el lector encontrará el porqué del uso de dicho término en este blog en el libro Revolución y Contra Revolución de autoría del Sr. Dr. Plinio Correa de Oliveira 

viernes, 1 de febrero de 2019

Nuestra Señora de El Buen Suceso, Patrona del Reino de María






Nuestra Señora del Buen Suceso, ¿Qué significa ese nombre?

¿Qué relación tiene con los días actuales?

En sus Revelaciones hechas a la Venerable Madre Mariana de Jesús Torres en la época colonial, la Santísima Virgen si bien se presentaba constantemente bajo ese título, empero no dejó para el conocimiento de los fieles una explicación sobre el porqué del llamarse “María de El Buen Suceso”.

Al parecer quiso la Madre de Dios que esa interesante incógnita sea motivo de consideraciones por parte de ciertas almas, quienes, con un carisma especial, las transmitirían a los miles de devotos de esta singular advocación en todo el mundo.

Precisamente, el Sr. Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, cogitó al respecto y sus explicitaciones marcaron toda una senda por la que la difusión de la devoción a Nuestra Señora de El Buen Suceso, primero, emergería de un silencio de más de trescientos años para alcanzar luego, y en la actualidad, un apogeo realmente extraordinario.  

Los comentarios hechos por el Sr. Dr. Plinio nos hablan de un futuro prometedor: el triunfo del Inmaculado Corazón de María y el reinado de éste en los corazones de todos los hombres.

Como un tributo a la Santísima Virgen de El Buen Suceso y por el día de su fiesta, compartimos con quienes se dignen leer estas líneas, algunos de esos comentarios hechos por el insigne líder católico.



¿Qué es un suceso?

"Suceso es el predicado de una acción que se realiza para determinado fin. Así, si una persona da un concierto y el concierto sale muy bien ejecutado, habrá tenido un suceso. ¿Por qué? Porque la finalidad del concierto es producir una música que dé gloria a Dios, a la Santísima Virgen, y que agrade a los oyentes. Si la música fue ordenada y bella, habrá agradado a Dios; si los oyentes aplaudieron, los habrá agradado, por tanto habrá resultado en todo un suceso! El suceso va siempre unido a la idea de una ardua acción con la que se logra conseguir su finalidad. No podemos decir que alcanzó un suceso quien por ejemplo, puso agua en un vaso y se la tomó. En este caso, la acción, es verdad, alcanzó su fin, pero no la podemos considerar como un suceso, pues es una acción tan fácil, tan corriente, que el fruto normal de esta acción hace parte de la rutina de la vida. Suceso, es por tanto el éxito de algo que es arduo, y que por causa de eso deberá ser especialmente colocado bajo la protección de la Santísima Virgen.

"Entonces, en medio de los días en que vivimos, ¿Qué es un suceso? Es aquello, que en el plano natural, es único por excelencia. Todo en el mundo de hoy camina para acabar de destruir los últimos harapos que quedan de la civilización cristiana, sus últimos destellos están siendo extinguidos implacablemente.

"Ora, ¿qué debe desear un católico? Querrá la grandeza de la Iglesia Católica, deseará aquello que en el exorcismo, el Papa León XIII mandaba a rezar después de la misa: “la exaltación de la Santa Madre Iglesia”; esto es, que la Iglesia sea colocada en lo más alto, en la sublimidad de la gloria, del esplendor, de la influencia, del poder que le es propio. Querrá por tanto la restauración de la Civilización Cristiana.

     "Que esta restauración sea un hecho resulta algo inverosímil en los días actuales. Por lo tanto, todo esfuerzo en pro de esa empresa es lo que caracteriza a un verdadero suceso. Es algo tan arduo, sumamente arduo, que los hombres no lo consiguen por sí mismos. No lo conseguirían en ninguna época, pues el hombre no consigue nada de sobrenatural sin el auxilio de la gracia, si no es él mismo un instrumento de la gracia. Pero no es apenas la economía común de la gracia, sino también la economía excepcionalísima de la gracia la que hace que los acontecimientos terrenales sean ordenados de tal modo que desde este último punto de abatimiento en que se encuentran la Santa Iglesia y la Civilización Cristiana, éstas vuelvan a reinar. Esto es algo sumamente arduo. Y no hay nada más arduo en el mundo de hoy de que eso acontezca.

"El hecho de que eso acontezca representa un suceso por excelencia. Representa un buen suceso.


     "¿Pero porqué un "buen suceso"? La respuesta es: ¿Puede haber acaso un suceso más santo de que éste? ¿Puede haber un suceso que merezca mucho más que éste el nombre de "buen"? Se trata de la victoria de la Santísima Virgen sobre todos sus adversarios. Es la victoria de la Iglesia sobre todos aquellos que trabajan en contra de Ella. La Iglesia es,  - de ella se puede decir, mutatis mutantis, lo que se dice de la Santísima Virgen - la Iglesia es a su modo como Nuestra Señora, una Rosa Mística, llena de hermosura y de perfume. Pues bien, el esplendor de la Iglesia tiene que ser mayor al de otrora. Por tanto, ¿podemos desear algo más bello de que esto? Evidentemente nada puede ser mejor de que esto. Es entonces un suceso en toda la fuerza del término, es un buen suceso en toda la fuerza del término.

     "Viviendo delante de éste que es por excelencia el objetivo inverosímil, quiere decir, sin semejanza pero a la vez verdadero por lo arduo que representa, debemos poner toda nuestra confianza en Nuestra Señora de El Buen Suceso.

     "Entonces, interpretándola bien, qué significa esta invocación? Es la representación de la Santísima Virgen en cuanto protectora de todos aquellos que luchan para ese fin, y aquella que por excelencia encamina dicha lucha hacia la victoria, pues es sólo Ella quien puede otorgar a los hombres tal victoria.

"Nuestra Señora de El Buen Suceso rogad por nosotros y alcanzad para los católicos ese buen suceso!". (Plinio Corréa de Oliveira).








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