lunes, 4 de mayo de 2020

"No vivir en estado de pecado y confiar en la Santísima Virgen": las recomendaciones de San Juan Bosco para tiempos de epidemia. La Contrición Perfecta, y la Medalla Milagrosa





San Juan Bosco en medio de sus discípulos 


     En tiempos de una epidemia es fácil caer presa de la angustia y la desesperación, pero poniendo la mirada y la confianza en Dios y en la Santísima Virgen se superará esta prueba. Varios santos, a lo largo de la historia, han sido testimonio de fe y confianza en momentos de dificultad. Uno de ellos fue San Juan Bosco, quien en 1854 – pocos años antes de que fundara la Congregación Salesiana-, vivió junto con sus hijos espirituales – cerca de cien adolescentes del oratorio de Turín- la epidemia del cólera que por entonces afectó fuertemente a la ciudad italiana.

     Cuando la epidemia del cólera irrumpió en Turín, Don Bosco ofreció sus hijos espirituales a la protección de la Santísima Virgen.

     El Padre Ángel Peña, OAR (Orden de Agustinos Recoletos), en el libro “Vivencias de Don Bosco”, citando a Juan Bautista Lemoyne, biógrafo del santo, narra que en julio de 1854 se presentaron los primeros casos de cólera en Turín; una epidemia que comenzaba a asomarse y a generar pánico entre los ciudadanos, pero Don Bosco, con una gran confianza en Nuestro Señor y en la Santísima Virgen, calmó los ánimos de los jóvenes diciéndoles: 

     “Si cumplís lo que yo os digo, os libraréis del peligro. Ante todo debéis vivir en gracia de Dios, llevar al cuello una medalla de la Santísima Virgen que yo bendeciré y regalaré a cada uno, debiendo rezar cada día un padrenuestro, un avemaría y un gloria con la oración de san Luis Gonzaga, y añadiendo la jaculatoria: Líbranos, Señor, de todo mal”.

     Pasaron los días y la epidemia fue creciendo exponencialmente hasta causar la muerte a un setenta por ciento de los afectados. Muchos de los que contraían la enfermedad eran dejados en el abandono, sin ayuda ni asistencia, incluso por sus propios familiares. Los sepultureros también se vieron obligados a ingresar a las casas para poder sacar a los cadáveres ya descompuestos.

     Todo esto sucedía en el vecindario donde se hallaba el oratorio, donde Don Bosco siempre estuvo con sus hijos espirituales, aconsejándoles, con las precauciones pertinentes, pero, sobre todo, llamándolos a mantenerse en estado de gracia ante Dios. En una ocasión les dijo: 



San Juan Bosco confesando a sus discípulos 


     “Os recomiendo que hagáis mañana una buena confesión y comunión para que pueda ofreceros a todos juntos a la Santísima Virgen, rogándole que os proteja y defienda como a hijos suyos queridísimos”. 

     El santo les explicó, además, que la causa de este mal era sin duda el pecado y que “si todos vosotros os ponéis en gracia de Dios y no cometéis ningún pecado mortal, os aseguro que ninguno será atacado por el cólera”; pero que si alguno se obstinaba en ser enemigo de Dios u ofenderle de manera grave, no podía garantizar que la enfermedad no llegase a ellos. 

     Pero todos los discípulos de San Juan Bosco hicieron caso a su padre espiritual y varios, por solicitud del propio fundador de los salesianos, se ofrecieron como voluntarios para socorrer a los enfermos, sin que les pasase nada, ninguno se enfermó de cólera. 

     «Por término medio, moría un setenta por ciento de los afectados, así que, salvo la peste, ninguna otra enfermedad conocida presentaba tan espantosa mortalidad…» 





     “El 27 de julio de 1886, recordaba Don Bosco en una carta que, para estar libres del cólera, era necesario:

     1. Llevar siempre al cuello o consigo la medalla de la Virgen. 

     2. Invocar frecuentemente a María Auxiliadora: María Auxiliadora, ruega por nosotros.

     3. Recibir con frecuencia los santos sacramentos de la confesión y comunión”.

     Sobre ello resalta el Padre Ángel Peña en su libro:  “En aquel tiempo, los alumnos del internado, con Don Bosco y su madre, mamá Margarita, formaban una gran familia de casi cien personas. Estaban instalados en un lugar donde el cólera causó muchos estragos, y que, lo mismo a la derecha que a la izquierda, cada casa tuvo que llorar sus muertos. Después de cuatro meses de pasada la epidemia, de tantos como eran, no faltaba ni uno. El cólera los había cercado, había llegado hasta las puertas del Oratorio, pero como si una mano invisible le hubiera hecho retroceder, obedeció, respetando la vida de todos”.



Mamá Margarita Occhiena, madre de San Juan Bosco


     San Juan Bosco no dudó en mostrar su gratitud a Dios y la Virgen por proteger la vida de sus jóvenes. Así que el 8 de diciembre de 1854 – en la fecha en que el Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción -, dijo estas palabras a sus hijos:

     “Demos gracias a Diosqueridos hijos, que razones tenemos para ello; porque, como veis, nos ha conservado la vida en medio de los peligros de la muerte. Más para que nuestra acción de gracias sea agradable, unamos a ella una cordial y sincera promesa de consagrar a su servicio el resto de nuestros días, amándolo con todo nuestro corazón, practicando la religión como buenos cristianos, guardando los mandamientos de Dios y de la Iglesia, huyendo del pecado mortal, que es una enfermedad mucho peor que el cólera y la peste”.

     Entre los jóvenes se encontraban Miguel Rua, Juan Cagliero y Luis Anfossi, quienes más adelante serían parte del grupo con los cuales Don Bosco fundaría la Congregación Salesiana. (“Vivencias de Don Bosco”, Padre Ángel Peña, OAR).





     “También en Francia las medallas de María Auxiliadora, bendecidas por Don Bosco, fueron portadoras de salvación. El inspector de Marsella escribía a Don Bosco en 1884: La ciudad está casi despoblada. Más de cien mil personas huyeron. Muchas calles están completamente desiertas. Mueren cada día por término medio de noventa a cien personas... Pero en nuestra casa, gracias a la protección de María Auxiliadora, no hemos tenido todavía ni un solo caso. Mejor, cuatro veces vimos en algún pobre muchacho todos los síntomas del cólera, pero tuvimos la satisfacción de verlos desaparecer a las pocas horas. Es un milagro de la Virgen. Tenemos en casa todavía más de ciento cincuenta muchachos. Los que marcharon a sus casas disfrutan de magnífica salud y ninguno de ellos ha sido atacado todavía por la terrible peste. Todos llevan al cuello la medalla de María Auxiliadora y hacen lo posible por practicar el remedio que usted ha sugerido. Otra noticia consoladora es que ninguno de nuestros bienhechores y amigos ha caído enfermo hasta ahora”.



Oración a San Luis Gonzaga


     El Papa Benedicto XIII nombró a San Luis Gonzága, protector de los estudiantes. El Papa Pio XI lo proclamó patrón de la juventud cristiana. Es también protector de la castidad y patrón contra la Peste.

     San Juan Bosco recomendaba a sus discípulos acudir a su intercesión, especialmente en las tentaciones contra la pureza, rezando esta oración:

     ¡Oh Luis Santo adornado de angélicas costumbres! Yo, indigno devoto vuestro os encomiendo la castidad de mi alma y de mi cuerpo, para que os dignéis encomendarme al Cordero Inmaculado, Cristo Jesús, y a su purísima Madre, Virgen de vírgenes, guardándome de todo pecado. No permitáis, Angel mío, que manche mi alma con la menor impureza; antes bien, cuando me viereis en la tentación o peligro de pecar, alejad de mi corazón todos los pensamientos y afectos impuros; despertad en mí la memoria de la eternidad y de Jesús Crucificado; imprimid hondamente en mi corazón un profundo sentimiento de temor santo de Dios, y abrasadme en su divino amor, para que así, siendo imitador vuestro en la tierra, merezca gozar de Dios en vuestra compañía en la gloria. Amén.

Ave María, Padre Nuestro, Gloria.

Jaculatoria: Líbranos, Señor, de todo mal.



San Luis Gonzaga


Oración de San Luis Gonzaga pidiendo a la Santísima Virgen Su protección


     ¡Oh Señora mía, Santa María! Hoy y todos los días y en la hora de mi muerte,me encomiendo a tu bendita fidelidad y singular custodia, y pongo en el seno de tu misericordia mi alma y mi cuerpo.

     Te encomiendo toda mi esperanza y mi consuelo, todas mis angustias y miserias, mi vida y el fin de ella: para que por tu santísima intercesión, y por tus méritos, todas mis obras vayan dirigidas y dispuestas conforme a tu voluntad y a la de tu Hijo. Amén.

V/. Maria Auxilium Christianorum
R/. Ora pro nobis.

V/. Sancte Joannes Bosco
R/. Ora Pro Nobis.

V/. Sancte Aloysi Gonzaga
R/. Ora pro nobis.



La Contricción Perfecta


     Ante la necesidad de confesar los pecados y la imposiblilidad de contar con un sacerdote, la Santa Iglesia recomienda hacer una perfecta contricción. El Catecismo Romano, al respecto, indica lo siguiente:

     "Cuando el fiel se encuentre en la dolorosa imposibilidad de recibir la absolución sacramental, (que únicamente se recibirá en persona) debe recordarse que la contrición perfecta, procedente del amor del Dios amado sobre todas las cosas, expresada por una sincera petición de perdón (la que el penitente pueda expresar en ese momento) y acompañada del votum confessionis, es decir, del firme propósito de recurrir cuanto antes se tenga la oportunidad, a la confesión sacramental, obtiene el perdón de los pecados, incluso mortales (cf. Catecismo, n. 1452)”.



El retorno del hijo pródigo, Rembrandt 


Contrición Perfecta


     Lo primero que se debe hacer es comprender la diferencia entre una perfecta y una imperfecta contrición.

     Nuestra contrición es perfecta cuando nos arrepentimos de nuestros pecados pensando en la grandeza de Dios, su belleza, su amor, su santidad, y somos conscientes de cuán ofensivos son nuestros pecados para Dios y cómo causaron los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz. La contrición perfecta se origina en la virtud teológica de la caridad, un amor de Dios que se olvida de sí mismo, que se regocija en la santidad de Dios y en su amor redentor hacia el hombre pecador: “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

     En su folleto de 1930, “Contrición Perfecta: la llave de oro para entrar en el paraíso”, el Padre J. von den Driesch explica los pasos que considera necesarios para hacer un acto de contrición perfecta:

     1. La contrición perfecta es una gracia de nuestro Dios misericordioso, por lo que le pedimos sinceramente con frecuencia durante todo el día este don divino repitiendo a menudo: “Dios mío, concédeme la contrición perfecta por todos mis pecados”. Dios voluntariamente da esta gracia a aquellos que lo desean ardientemente.

     2. En realidad o en imaginación, arrodillarnos al pie de un crucifijo y meditar sobre las Cinco Llagas Preciosas de Jesús y Su Preciosa Sangre por unos momentos y decirnos a nosotros mismos: “¿Quién, entonces, está clavado en esta cruz? Es Jesús, mi Dios y mi Salvador. ¿Qué sufre Él? Su cuerpo destrozado cubierto de heridas, muestra los horribles tormentos. Su alma está empapada de dolores e insultos. ¿Por qué sufre Él? Por los pecados de los hombres y también por los míos. En medio de su amargura, se acuerda de mí, sufre por mí, desea borrar mis pecados.”.

     3. Ante el Cristo crucificado recordar nuestros pecados, y olvidando por un momento el cielo y el infierno, arrepentirnos de ellos, porque han llevado a Nuestro Señor a Sus sufrimientos en la Cruz. Prometer que, con su ayuda, no volveremos a pecar.

     4. Recitar, lentamente y con fervor, un acto de contrición que haga hincapié en la bondad de Dios y nuestro amor para con Nuestro Señor Jesucristo. Los siguientes son conocidos o fáciles de memorizar:

     Dios mío, porque eres tan bueno, lamento mucho haber pecado contra ti y, con la ayuda de tu gracia, no volveré a pecar. Amén.

     Te amo, Jesús, te amo sobre todas las cosas, y me arrepiento con todo mi corazón de haberte ofendido. Nunca me permitas separarme otra vez de ti, concédeme que pueda amarte siempre, y luego haz conmigo lo que quieras. Amén.

     5. Si se está sometido a un aislamiento o a una cuarentena en un hospital, o a cualquier otra circunstancia que impida acceder a la confesión, hacer una resolución firme de ir a la confesión sacramental tan pronto como sea prácticamente posible. 


Contricción imperfecta

     Nuestra contrición es imperfecta si nuestro impulso para arrepentirnos de nuestros pecados se debe al temor de Dios porque creemos que nuestros pecados nos negarán el cielo o nos llevarán al castigo del Infierno. La contrición imperfecta se origina en un amor imperfecto de Dios que antepone nuestras necesidades y deseos y nuestro amor egoísta a un verdadero amor a Dios. 

     El padre J. von den Driesch explica que:

     “Es cierto que la contrición perfecta produce los mismos efectos que la confesión, pero no los produce independientemente del sacramento de la penitencia, ya que la contrición perfecta supone precisamente un firme propósito de confesar los mismos pecados que acaba de perdonar.”

     Es importante que desarrollemos el hábito de realizar actos de contrición perfecta durante todo el día, y especialmente después de un examen de conciencia a última hora de la noche. Entonces, si enfermamos gravemente o estamos en peligro de muerte sin la ayuda de un sacerdote, podemos realizar fácilmente un acto de contrición perfecta sabiendo que hemos sido perdonados por nuestros pecados y que si morimos lo haremos en estado de gracia. Si no morimos, podemos hacer una confesión sacramental tan pronto como las circunstancias nos lo permitan.






Otros Actos de Contricción


     He aquí ¡Oh mi Dios, a tu hijo pródigo que vuelve contrito a tu seno paternal! Qué motivos de confusión para mí, misericordioso Señor y Padre amoroso, haberte ofendido, después de haberte prometido tantas veces enmendarme. Cómo pude haberme atrevido a pecar en tu presencia, sabiendo cuánto te desagrada el pecado. Oh mi Dios y mi Padre, perdóname y no me castigues según el rigor de tu justicia; ten piedad de mí, no soy digno de ser llamado tu hijo, y acepta los deseos de un corazón lleno de pesar por haberte ofendido, y dispuesto a amarte por siempre. Detesto Señor todos mis pecados, los cuales son muy graves, con ellos merezco las penas del infierno por haber ofendido tu divina majestad, tu santidad y tu bondad infinitas. Oh mi Dios, mi Padre y mi Salvador, te amo sobre todas las cosas y por esto, quiero primero morir antes de volver a ofenderte.

Para antes del examen de conciencia 

     Jesús mío, quiero hacer una buena Confesión, ayúdame a hacerla. Ayúdame a recordar los pecados que he hecho (desde mi última confesión) ayúdame a dolerme con todo mi corazón de ellos, y a decirlos bien al Padre. Virgen Santísima, Madre mía, Santo Ángel de mi guarda y todos los Santos del Cielo, rueguen por mí para que haga yo una buena Confesión.



Para pedir el dolor de los pecados

     Dame, buen Jesús, verdadero dolor de todos estos pecados y de los que no me acuerdo; Virgen María, Madre de Dios y Madre mía y todos los Ángeles del Cielo, rueguen por mí para que de veras me duela de mis pecados.



Para ofrecer a Dios el dolor de los pecados

     Dios mío, siento mucho haber pecado contra Ti porque Tú eres tan bueno y porque me amas tanto y con tu divina ayuda te prometo procurar nunca más ofenderte.



Para antes de confesarse

EL YO PECADOR 

     Yo confieso ante Dios Todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, Por eso ruego a santa María siempre Virgen, a los Ángeles, a los santos, y a vosotros hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.



Al final de la Confesión

EL ACTO DE CONTRICION

     Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador Padre y Redentor mío, por ser Tú quien eres y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido; propongo firmemente enmendarme, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta; te ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de mis pecados; confío en tu bondad y misericordia infinitas que me perdonarás y me darás Gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.



Para dar gracias después de la Confesión


     Te doy gracias, Jesús mío, con todo mi corazón, por haberme perdonado mis pecados; te prometo con tu ayuda no volverlos a cometer; ayúdame a corregirme especialmente de los pecados que más hago, como (desobedecer, decir mentiras, etc.).


LA MEDALLA MILAGROSA




     Para entender la importancia que significa llevar consigo la Medalla Milagrosa sólo es necesario conocer lo que la misma Santísima Virgen le comunicó a Santa Catalina Labouré en las Apariciones en la Rue de Bac:

     'Es el símbolo de las gracias que derramo sobre quienes más me piden'.

     Santa Catalina supo compreender cuánto es agradable rezar a la Madre de Dios y cuánto Ella es generosa para con quienes a su protección acuden, concediéndoles lo que le piden y con qué alegria...





     El Padre Juan Aladel, al principio no creyó en lo que Santa Catalina le confesó a respecto de los pedidos de la Santísima Virgen. Lo hizo, y luego de tanta insistencia, tan sólo dos años después: a pedido suyo, el Arzobispo, ordenó el 20 de junio de 1832, que sean acuñadas dos mil medallas.

     La forma como se difundieron inicialmente, fue tan prodigiosa, juntamente con el gran número de gracias operadas, que la medalla comenzó a ser conocida como Medalla Milagrosa. Por ejemplo, en marzo de 1832, cuando iban a ser confeccionadas las primeras unidades, una terrible epidemia de cólera, proveniente de Europa oriental, se tomó París. Más de 18 mil personas murieron en pocas semanas. Sólo en un día llegó a haber 861 muertos.

     A fines de junio, las primeras medallas quedaron listas y fueron distribuídas entre los contagiados. En la misma hora la peste empezó a disminuir, dando así inicio, a los prodigios en serie, que em pocos años convertirían a la Medalla Milagrosa en mundialmente célebre.




     En 1839, más de 10 MILLONES de Medallas habían sido difundidas en los cinco continentes. Y relatos de milagros llegaban de todo el mundo: Estados Unidos, Polonia, China, y Abisinia (antiguo reino africano que abarcaba los actuales territorios de Etiopía y Eritrea).

     De allá para acá, Nuestra Señora ha continuado su camino luminoso, por medio de la Medalla Milagrosa, derramando gracias muy significativas a aquellos que la usan con confianza.

     También es muy apropiado llevar puesto el escapulario de Nuestra Señora del Carmen y no dejar a un lado el santo Rosario y el Agua bendita.


viernes, 1 de mayo de 2020

El papel de la Santísima Virgen en la Cristandad



Virgen Blanca de Toledo. Siglo XIV


     Durante siglos se formó una leyenda negra a respecto de la Edad Media, tachándola de ser una época oscurantista y primitiva. Eso se debió sobretodo al odio de muchos para con el papel ejercido por la religión en esa época, que fue descrita por el Papa Leão XIII en su famosa encíclica Immortale Dei, de 1885 de la siguiente manera:

     "Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En aquella época la eficacia propia de la sabiduría cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las instituciones, en la moral de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y relaciones de la sociedad. La religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente en el grado de honor que le corresponde y florecía en todas partes gracias a la adhesión benévola de los gobernantes y a la tutela legítima de los magistrados. El sacerdocio y el Imperio vivían unidos en mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades. Organizado de este modo, el Estado produjo bienes superiores a toda esperanza. Todavía subsiste la memoria de estos beneficios y quedará vigente en innumerables monumentos históricos que ninguna corruptora habilidad de los adversarios podrá desvirtuar u oscurecer”.

     Eso explica el interés que los monumentos de la Edad Media despiertan hasta hoy, especialmente en los historiadores de todo el mundo. A continuación, una bellísima demostración de aquello.



Edad Media, construcción de catedral. Jean Fouquet

     Las páginas finales del libro La restauración de la cultura cristiana, de John Senior, describen con gran belleza el papel central de la Virgen María en la construcción de la Cristiandad. Y, curiosamente, lo hacen de la mano de un historiador protestante norteamericano. Un artículo en Cari Filii News explica cómo Henry Adams supo ver lo que otros no vieron:

     “La Virgen fue y sigue siendo el personaje más intensamente, más extensamente y más personalmente sentido de todos los personajes divinos, humanos o imaginarios que jamás hayan existido entre los hombres”.

     No es una frase devocional, sino la constatación de un hecho por parte de un historiador no católico que supo descubrir como casi nadie el impacto de la Madre de Dios en la historia: Henry Adams (1838-1918), un bostoniano de la élite protestante de Nueva Inglaterra, bisnieto del segundo presidente y primer vicepresidente de Estados Unidos, John Adams, y nieto del sexto, John Quincy Adams.



Henry Adams, 1885

     ¿Cómo llegó Adams a esa conclusión tan distante de la tradición puritana de su entorno social, a la que acusó precisamente de no entender el papel de Nuestra Señora en el pueblo cristiano, y del unitarianismo en el que fue formado, un neo-arrianismo que niega la Trinidad y la Divinidad de Cristo? Había viajado a Europa desde muy joven, y no solo su visión erudita supo captar la omnipresencia de la Santísima Virgen en todas las formas de la cultura tradicional europea, sino que, con una sensibilidad especial, comprendió que esa omnipresencia era el alma misma de la Cristiandad y respondía a una psicología humana y razonable.

     "Después de todo, los hombres no eran del todo inconsecuentes", decía Adams: "Su vínculo con María respondía a un instinto de supervivencia. Sabían que estaban en peligro. Si había una vida futura, María era su única esperanza". Ante la ley divina, "esencialmente eterna, infinita, inmutable", que no permitía "debilidad ni error", los hombres "se veían forzados a ir de esquina en esquina siguiendo una lógica implacable, hasta caer desvalidos a los pies de María... felices de encontrar protección y esperanza en un ser que podía entender el lenguaje que ellos hablaban y las excusas que podían ofrecer".

     El historiador norteamericano había captado muy bien la psicología del hombre medieval al imbuir todas las manifestaciones de la vida cotidiana de la presencia de la Virgen María como socorro, auxilio y madre que se apiada de sus hijos.

     Su gran encuentro con la Virgen María fue, ya sexagenario, cuando ahondó en su perspectiva sobre la catedral de Chartres. Tenía el alma rota por el suicidio en 1885 de su mujer, la fotógrafa Marian Hooper, tras trece años de feliz matrimonio. No tenían hijos y estaban muy unidos, pero ella entró ese año en una profunda depresión al morir su padre y se envenenó con el cianuro potásico que utilizaba para sus revelados.



Catedral de Chartres


     Adams intentó superar el trauma viajando durante años por todo el mundo, pero acabó asentándose en Washington para los inviernos y en París para los veranos. Buscando un punto en el que focalizar su vida y sus estudios, lo encontró en la Cristiandad medieval: un giro radical, pues hasta entonces su tarea como investigador se había centrado en la historia de Estados Unidos. "Para apagar su melancolía y sobrellevar la aceleración de principios del siglo XX, buscó la sabiduría y la belelza en la belelza del siglo XII", explica Stephen Schmalhofer en First Things: "Y camino a Chartres descubrió que casi todas las grandes iglesias de los siglos XII y XIII pertenecían a María".



Notre Dame de Paris 


     En 1900, Adams había visitado la Exposición Universal de París acompañado del astrónomo Samuel Langley. Allí descubrió, en los pabellones industriales donde se exponían las grandes máquinas de vapor y sus gigantescas dinamos, la idolatría de la fuerza mecánica que anunciaba su dominio en la centuria naciente. Y se le ocurrió una comparación que haría fortuna: "En el Louvre y en Chartres... se encuentra la fuerza más alta jamás conocida por el hombre, creadora de las cuatro quintas partes del mejor arte, capaz de ejercer una atracción sobre el alma humana mayor que todas las máquinas de vapor y que todas las dinamos concebibles... Todo el vapor del mundo es incapaz de construir Chartres, pero la Virgen pudo... Símbolo o energía, la Virgen actuó como la mayor fuerza que el mundo occidental haya experimentado jamás, y atrajo hacia sí las actividades de los hombres con más fuerza que cualquier otro poder natural o sobrenatural haya podido nunca ejercer".



Catedral de Chartres, interior

     Esta contundente afirmación se incluye en el capítulo La dinamo y la Virgen de su obra más célebre, considerada cumbre del género autobiográfico, La educación de Henry Adams, escrita en tercera persona en 1907 y que completa su visión de la Edad Media como un universo que gira en torno a Nuestra Señora, algo que ya había expresado en 1904 en Mont Saint Michel y Chartres. Que es, según describe Agnes Howard, "un libro de viajes que recoge el reconocimiento que tributaban a la Virgen los artesanos y los devotos que le ofrecían lo mejor que tenían porque pensaban que valía la pena".

     En las páginas de Mont Saint Michel y Chartres, a pesar de sus limitaciones porque Adams no conseguía entender la sobrenaturalidad de la Madre de Dios y la veía solo como el centro capaz de atraer todo hacia sí y construir sobre sí como pilar la civilización más rica de la historia, se encuentran expresiones bellísimas de lo que significó la Virgen para los cristianos medievales: "[La catedral de Chartres] es una fantasía de niño, una casa destinada a agradar a la Reina del Cielo, a agradarle tanto que pudiera encontrarse feliz en ella, para encantarla mientras sonríe... Fue la más grande de los artistas, de los filósofos, de los músicos y de los teólogos que jamás hayan vivido sobre la tierra, excepto su Hijo. Pero en Chartres, Él era todavía un pequeño niño bajo su protección. La iglesia fue construida para ella en un espíritu de fe ingenua, práctica, utilitaria y en pureza de pensamiento, en todo punto comparable al de la niña que prepara una casa para su muñeca preferida".





     Son párrafos de Adams que recoge John Senior en La restauración de la cultura cristiana, y él añade que esto es verdad no solamente para las grandes catedrales, sino para "la cultura cristiana absolutamente en todo lugar, y lo será siempre, sobre toda la superficie de la tierra. Y María es su causa, su consecuencia y su medida".

     Por eso Senior, al instar a sus lectores a restaurar la sociedad cristiana, les interroga sobre su centralidad mariana: "Cada uno de nuestros vestidos y cada una de nuestras diversiones, cada una de nuestras conversaciones, de nuestras empresas o de nuestros experimentos en los laboratorios, cada uno de nuestros escritos, ¿le están dedicados?... La restauración de la cristiandad está ligada al número de corazones que están consagrados al Inmaculado Corazón de María".





     "Toda la cultura era simplemente el culto de María, y todo era para ella", concluye el católico Senior, resumiendo el mensaje del protestante Adams. Como señala el jesuita James Schall, "Adams pensaba que la Virgen era como la dinamo: poder. Pero realmente ella no 'hacía' nada. Más bien era la causa de que las cosas se hicieran".

     Rachel Fulton Brown, una medievalista de la Universidad de Chicago, ha llegado a la misma conclusión: "En mis investigaciones he prestado una atención especial a la devoción medieval a la Virgen María. ¿Por qué? Porque María es algo más que la Virgen que los cristianos creen que dio a luz al Hijo de Dios. Ella es la clave que explica la misma Edad Media… Para entender el lugar de María en la devoción medieval cristiana, no basta con estudiarla como un historiador del arte o como un musicólogo o como un profesor de literatura o como un historiador o como un teólogo. Para entender a María como la imaginaron los cristianos medievales, uno tiene que entenderlo todo. Ella está ahí, en el arte y en la arquitectura y en la música. Ella está ahí, en la literatura y en la liturgia y en las artes liberales. Ella está ahí, en las más elevadas expresiones de la imaginación humana y en las más humildes oraciones de petición. Ella está ahí, en la política,en el ideal del matrimonio, en los gritos de la batalla y en las súplicas de piedad de los oprimidos. La Cristiandad medieval es inconcebible sin ella, y sin embargo, desde la Reforma, los cristianos [protestantes] se han vuelto locos para explicar por qué ella tendría que estar ahí".



Video: Vitrales de las
 Catedral de Reims


     Henry Adams marcó pues a los historiadores un camino en apariencia evidente, pero que captó mejor que muchos otros: el mariocentrismo esencial a un milenio de cultura cristiana europea, trasladada luego a América y a todos aquellos lugares donde el catolicismo pudo impregnar la sociedad completa.

     ¿Influyó este descubrimiento en su fe personal? Adams nunca se hizo católico, a pesar de que su espíritu descansó en sus últimos años en las más bellas realizaciones del arte cristiano consagrado a la Virgen. Nada en su muerte permite hablar de conversión. ¿Será la suya una excepción a la regla de oro establecida por San Alfonso María de Ligorio en Las glorias de María con numerosos ejemplos de que ella no dejará nunca que se condene alguien que, por pecador que sea, sinceramente la haya amado? Pero, a pesar de su delicadeza al captar el amor medieval, no hay amor a la Virgen en las páginas de Adams.

     Y, sin embargo, cuando murió en 1918, su sobrina Mabel Hooper LaFarge encontró en un cajón un poema de su tío a Nuestra Señora, titulado Oración a la Virgen de Chartres, que había escrito en 1900, paralelamente a su comparación entre la fuerza civilizadora de María y la fuerza de la dinamo. Escrito en primera persona, se supone obra de un hombre que setecientos años antes ha participado en la elevación de su catedral y ha orado ante su imagen.



Notre Dame de Chartres 


     Así expresó entonces Henry Adams los sentimientos que María había despertado en su alma, y que tal vez, si hacemos caso de San Alfonso María de Ligorio, ella misma depositó en sus labios en el momento postrero:

"...Los años, las épocas o la eternidad,
me encontrarán todavía ante tu trono,
reflexionando sobre el misterio de la maternidad, del alma dentro del alma, ¡de la madre y el niño siendo uno!

¡Ayúdame a ver! 
No con una mirada mímica
¡sino con la tuya!, 
que porta un resplandor similar al sol
y concede a los rayos que ves 
con luz en la luz,
enlazando a todos los soles, estrellas y mundos en uno sólo.

¡Ayúdame a conocer! 
No mi fingido arte,
sino a ti, que te supiste libre de las leyes;
le diste a Dios tu fuerza, tu vida, tu mirada, tu corazón, y tomaste de Él el pensamiento, que es la causa.

¡Ayúdame a sentir! 
No con mis sentidos de insecto,
sino con los tuyos, que sienten 
toda vida viviendo en ti,
al infinito corazón latiendo 
a partir de ti, ¡a la infinita pasión respirando el aliento que tú trazas!

¡Ayúdame a llevar la carga! 
No de mis pesos infantiles,
sino de los tuyos, 
de quien asumió el fracaso de la luz,
fuerza, conocimiento 
y pensamientos de Dios, ¡la fútil locura del infinito!"



Fuentes:
- Agencia Boa Imprensa, Sao Paulo, Brasil. 
- Religión en Libertad.
Publicado originalmente en Cari Filii News.

"La historia Soviética": la película que denuncia los crímenes del comunismo y que es silenciada en Occidente.








VIDEO: 
    LA VERDADERA HISTORIA SOVIÉTICA 


     El mundo contemporáneo, tiende mucho, a indagar, incluso pormenorizadamente, sobre los horrores causados por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. La materia al respecto no resulta nada difícil de encontrar. Innumerables series, documentales, peliculas, historias sobre el perverso Hitler y su filosofía, se pueden hallar en abundancia. 

      Sucede todo lo contrario con el comunismo y sus crímenes. El material audiovisual sobre la secta roja, que dicho sea de paso, tiene mucho en común con el nazismo, es limitado, y muchas veces suele ser vergonzosamente parcializado, hacia el lado comunista, es claro. ¿Porqué ese silencio y esa parcialidad ante los horrendos crímenes del lobo de Moscú? Si el mundo, aun se estremece, y es natural que sea así, por las atrocidades de la Alemania nazi, ¿porqué no también indagar, estudiar, rechazar y condenar los crímenes de la Rusia Soviética? 

     La descompensación de esta balanza se debe a una larga estrategia de silencio usada por el comunismo internacional como medio de expansión de su llamada Psy War, Guerra psicológica revolucionaria.


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     A fines de la década de los 80, tanto en la ex - Unión Soviética como en los países que se hallaban detrás de la Cortina de Hierro, un proceso de desmoronamiento empezó a minar el mundo comunista. Dicho proceso era el reflejo evidente de un Descontento. 

     "Descontento de pueblos impedidos de hablar y de discordar durante décadas...de matrimonios sustituidos por el cuncubinato. De familias, cuyos hijos fueron substraídos más de una vez del  “hogar”  y entregados compulsivamente al Estado, recibiendo sólo de éste la educación global. Descontento en los lugares de trabajo, en donde la pereza, la inacción y el tedio invadieron gran parte del horario. Descontento, principalmente por la prohibición del culto religioso en todas partes, con las iglesias cerradas y en las escuelas, la prédica religiosa coartada e imperando en su lugar, la enseñanza compulsiva del materialismo, del ateísmo, en una palabra, de la irreligión comunista...En fin, un descontento que de inmediato se tornó global, contra el régimen comunista, contra el capitalismo de Estado, contra el ateísmo despótico y policíaco, contra todo lo que, resulta de la ideología marxista y de su respectiva aplicación a todos los países que luego entraron en convulsión, originando, 
probablemente, el más amplio y total descontento que la Historia haya conocido". (Plinio Corrêa de Oliveira, Comunismo y anti - comunismo, en el umbral del siglo XXI).


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     Al término de la Segunda Guerra, las fuerzas aliadas levantaron un proceso, -el tribunal de Nuremberg- en contra de todos los responsables de los crímenes cometidos por el Tercer Reich. Increíblemente, nunca se hizo algo similar en contra del comunismo, quien logró asesinar en todo el mundo, la misma cantidad de personas muertas en las dos guerras juntas, sino incluso superando tal cantidad.







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      En 1990, en el manifiesto arriba citado, publicado originalmente en "Folha de S. Paulo", Brasil (14-2-1990), y posteriormente en "Wall Street Journal" (27-2-1990), "Corriere della Sera" (7-3-1990), y en un total de 50 periódicos y/o revistas de Occidente, Plinio Corrêa de Oliveira, llevó a cabo una interpelación pública hecha a todos los responsables de los horrores del comunismo durante décadas. Interpelaba por tanto: "A los ingenuos, a los blandos, a los colaboracionistas, voluntarios o no, del comunismo. 

     "A los numerosos Historiadores optimistas y superficiales que, durante ese largo período de dominación soviética, narraron de modo optimista y superficial lo que pasó en el mundo comunista.

     "A los hombres públicos de Occidente que poco hicieron para libertar a las víctimas de la esclavitud soviética". 

     Finalmente, al creciente número de católicos, religiosos y laicos, que dejaron caer sus barreras ideológicas en relación al comunismo, llegando a colaborar cada vez más con él, so pretexto de luchar contra el capitalismo privado y en favor del capitalismo de Estado, con la ilusión de que el primero era opuesto a la “opción preferencial por los pobres”, mientras que el segundo representaba la realización del reino de Dios en la tierra".

     A todos ellos, Plinio Corrêa de Oliveira los conminaba a respoder:

     "¿No vieron nada?

     "¿No contaron nada?

     "¿No habían indagado nada?

     "Si conocían el trágico fracaso del comunismo, ¿por qué lo querían para sus patrias?"

     Los interpelados jamás respondieron.... ¡La historia los juzgará! 

      No se conoce infelizmente de alguna otra interpelación similar. Ninguna autoridad religiosa o política, ninguna agrupación (a excepción de la TFP) se hizo oír. Occidente decidió guardar en relación al Comunismo, el típico silencio cómplice que lo caracteriza.

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     Sin embargo, veinte años después, como que la excepción rompería no sólo la regla, sino también la censura perversa de Occidente, de prácticamente prohibir hablar contra el comunismo. La excepción llegaría de una ex república soviética:

     En el año 2008, es estrenado en Letonia, el documental "La verdadera historia Soviética", del director de cine, cientifico, historiador, y actualmente parlamentario de ese país, Edvins Snore. En la película, su autor, pone en relieve los crímenes del comunismo ruso, antes y después de la Segunda Guerra Mundial, así como también las colaboraciones entre la secta roja y el nazismo.

     La voz de Plinio Corrêa de Oliveira, encontraba por fin un eco, y justamente en una nación que vivió medio siglo bajo el yugo de Moscú. La película lucha por sí misma contra aquello que el líder católico brasileño luchó toda su vida: la indiferencia de Occidente. Por tanto, no sea Usted parte de los indiferentes. Es lo que el comunismo quiere lograr. Mire entonces este impresionante video, y difúndalo. 


No se pierda en el siguiente artículo:
-- Comunismo chino: un proyecto de dominación imperial.

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