domingo, 17 de abril de 2022

Una muy triste Pascua de Resurrección

 





Una muy triste Pascua de Resurrección
Sí, en Ecuador, para todo católico consciente de la realidad actual, la celebración de este día, el más grandioso para el catolicismo, y que debería ser motivo de júbilo, por el hecho del Hijo de Dios haber vencido la muerte, será, por lo contrario, motivo de mucho dolor.
En estos días conmemorativos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, acaba de entrar en vigencia, precisamente, el Viernes Santo, el veto presidencial al proyecto de ley que regula el aborto por violación.
Siguiendo los pasos de Poncio Pilatos, la Asamblea Nacional eludió el día anterior, Jueves Santo, pronunciarse sobre el veto del Presidente de la República. La presidenta del Legislativo, con un escueto, "se suspende la sesión, ¡buen feriado!", zanjó cualquier opción de debate, sabiendo que, al día siguiente, 15 de abril, vencía el plazo para los asambleístas pronunciarse y de ese modo el proyecto asesino, automáticamente, entraría en vigor por el ministerio de la ley.
El Presidente del Ecuador, sugirió el mes pasado que los abortos fuesen hechos en el plazo de 12 semanas de gestación, proponiendo "requisitos" como el presentar denuncias, declaraciones juradas o exámenes que acrediten la agresión sexual del violador.
¿QUÉ DIFERENCIA EXISTE ENTRE UNA Y DOCE SEMANAS, SI EL NIÑO IGUALMENTE SERÁ ASESINADO? LA PRESENTACIÓN DE DENUNCIAS O JURAMENTOS, ¿JUSTIFICAN LA MATANZA DE LOS NEONATOS?
¿Qué país es éste, en el que las madres matan vilmente a sus hijos, con la anuencia de sus gobernantes y representantes políticos? Ciertamente, un país indigno ante los ojos de Dios, que no dejará impune la sangre inocente de los niños.
Preparémonos, porque la justicia divina puede tardar, pero finalmente llega.
En medio de este inmenso pesar, deseamos a todos nuestros amigos una ¡Feliz Pascua de Resurrección!

viernes, 15 de abril de 2022

La Pasión de Cristo revive en la Pasión de la Iglesia

 




     La evidencia de los hechos deja claro que desde el Concilio Vaticano II, el "humo de Satanás", del que hablaba Pablo VI, penetró en la Iglesia en proporciones impensables que se extendieron día a día, con la terrible fuerza de expansión de los gases. Para escándalo de innumerables almas, el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo entró en el siniestro proceso de, por así decirlo, auto demolición, al que aludió el mismo Pontífice en una Alocución del 7 de diciembre de 1968. 

     La historia narra los innumerables dramas que sufrió la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana en los veinte siglos de su existencia. Oposiciones que germinaron fuera de Ella y que intentaron destruirla. Tumores formados dentro de Ella, extirpados sin embargo por la misma Esposa de Cristo; pero que, aun entonces de afuera hacia adentro, trataron de destruirla con ferocidad.

     Sin embargo, ¿cuándo ha visto la historia, antes de nuestros días, un intento de derrumbar la Iglesia, ya no articulado por un adversario, sino calificado como una especie de auto demolición en un altísimo pronunciamiento de repercusión mundial?

     La actitud normal de un católico al ver a la Iglesia, su Madre, atravesar esta crisis debe ser sobre todo, de profunda tristeza, porque es lamentable que así sea. Es un peligro para innumerables almas que la Iglesia se vea afligida por tal crisis. Y por eso se puede estar seguro de que, cuando Nuestro Señor desde lo alto de la cruz vio todos los pecados que se iban a cometer contra la obra de la Redención que Él realizó de manera tan profundamente dolorosa, sufrió enormemente en vista de tales pecados cometidos en nuestros días.

     Y evidentemente todos estos pecados produjeron sufrimientos verdaderamente indecibles en el Sapiencial e Inmaculado Corazón de María, que latía de dolor en el pecho de la Santísima Virgen, mientras Ella permaneció junto a la Cruz.

     Considerando lo mucho que Nuestro Señor y Su Santísima Madre han sufrido por lo que ahora está sucediendo, es imposible no desanimarse mucho más que en cualquier Viernes Santo anterior, porque quizás, este es uno de los puntos más agudos de la Pasión. y que se muestra en toda su fealdad, en las circunstancias actuales de la vida de la Iglesia . 

* * * 

     El hombre contemporáneo es un adorador del placer, de la alegría, de la diversión y tiene horror al sufrimiento .

     Ahora, estamos aquí en presencia de una dolencia muy aguda. Se puede comprender pues, aunque tal actitud no sea justificable, la posición de tantas almas que evitan pensar en ello y considerar profundamente lo que está pasando para no sufrir en unión con Nuestro Señor esta trágica situación, como trágica fue la Pasión.

     Ante el drama en que se encuentra la Santa Iglesia, muchas almas buscan pues, asumir una posición de indiferencia, similar a la de muchos contemporáneos de Nuestro Señor que creían que Él era Hombre-Dios, pero que durante el vía crucis, al verlo pasar, en lugar de sentir pena por sus atroces sufrimientos, pensaron que era mejor no considerarlos, sino pensar en otras cosas.

     Y aquí está la prueba: Nuestro Señor predicó maravillas y obró milagros portentosos que debieron impresionar al menos a una parte considerable de las personas que lo rodeaban. No sería concebible que esta parte, santamente impresionada, se hubiera quedado en una actitud tan quieta e inerte frente a lo que estaba pasando. Y que la única persona que hizo algo por el Redentor durante la parte inicial del Vía Crucis, fue la Verónica con su velo sobre el que se estampó más tarde el sagrado rostro del Salvador. En verdad nadie más tomó tal actitud excepto ella.

     Las santas mujeres y Nuestra Señora acompañaron a Nuestro Señor en su penoso recorrido rumbo al Calvario. La Santísima Virgen está por encima de todo elogio. Las santas mujeres que la acompañaron merecen un elogio que comparte la alabanza a la que tiene derecho Nuestra Señora. Pero aparte de ellas, no encontramos sino pura inercia.

     Con motivo de la Semana Santa, lo que más debemos pedir a la Virgen es que nos libere de este estado de ánimo, de esta mentalidad .

     Si nuestro Redentor sufre, yo debo querer sufrir lo que le atormenta. Y lo sufriré meditando en Sus dolores. Este es mi deber dada la unión que Él misericordiosamente se ha dignado establecer entre Él y yo. Y lo que no es esto no puede ser sino descrito como abominable.

     Los días que vivimos son de gravedad, de tristeza, pero en el último filo del horizonte aparece un gozo incomparablemente mayor que cualquier gozo terrenal: la promesa de un sol que nacerá, esto es, el Reino de María anunciado en 1917 por Nuestra Señora en Fátima.


Plinio Correa de Oliveira

25 de febrero de 1994


Fuente:

pliniocorreadeoliveira.info

jueves, 14 de abril de 2022

Le ataron las manos porque ellas hacían el bien

 






¿POR QUÉ el Señor fue maniatado por sus verdugos? ¿Por qué le impidieron el movimiento de sus manos, sujetándolas con duras cuerdas? Sólo el odio o el temor podrían explicar que así se reduzca a alguien a la inmovilidad y a la impotencia.

¿Por qué odiar así estas manos? ¿Por qué temerlas?

La mano es una de las partes más expresivas y más nobles del cuerpo humano. Cuando los Pontífices y los sacerdotes bendicen, lo hacen con un gesto de manos. Cuando el hombre inocente es perseguido, se ve saturado de dolores e implora la justicia divina – su último amparo contra la maldad humana – es también con las manos que maldice. Es con las manos que padres e hijos, hermanos, esposos, se acarician en los momentos de efusión. Para rezar, el hombre junta las manos o las levanta al cielo. Cuando quiere simbolizar el poder, empuña el cetro. Cuando quiere expresar fuerza, empuña la espada. Cuando habla a las multitudes, el orador acentúa con las manos la fuerza del raciocinio con que convence o la expresión de las palabras con que conmueve. Es con las manos que el médico administra el remedio, y el hombre caritativo socorre a los pobres, a los ancianos, a los niños.

Y por eso los hombres besan las manos que hacen el bien y esposan las manos que practican el mal.

Vuestras manos, Señor, ¿qué hicieron? ¿Por qué fueron atadas?

"En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios" (Jn. 1, 1).

Cómo describir vuestra trascendente, eterna e inefable majestad, cuando antes que todas las cosas y de todos los siglos vivíais de la vida supremamente gloriosa y feliz de la Santísima Trinidad. San Pablo contempló esta vida, y la única cosa que sobre ella consiguió decir, es que no puede ser expresada con palabras humanas. De lo alto de ese trono, vinisteis con designios de amor, para redimir a los hombres. Y por esto, con bondad inefable, asumisteis nuestra naturaleza humana. Quisiste tener un cuerpo humano, por amor al hombre. Fue para hacer el bien, que vuestras divinas manos fueron creadas.

* * *

QUIÉN puede describir, Señor, la gloria que esas manos – ahora ensangrentadas y desfiguradas, y no obstante tan bellas y tan dignas desde los primeros días de vuestra infancia – dieron a Dios, ¿cuándo sobre ellas posaron los primeros besos de Nuestra Señora y San José? ¿Quién puede describir con cuánta ternura hicieron a María Santísima la primera caricia? ¿Con cuánta piedad se unieron por primera vez en actitud de oración? ¿Y con cuánta fuerza, cuánta nobleza, cuánta humildad trabajaron en el taller de San José?

Manos del Hijo perfecto, ¿qué otra cosa hicieron en el seno del hogar, si no el bien?

Cuando comenzó vuestra vida pública, fuisteis principalmente el Maestro que enseñaba a los hombres el camino del Cielo. Y así, cuando en el "pusillus grex" de vuestros preferidos, enseñabais la perfección evangélica, cuando vuestra voz se levantaba y resonaba sobre las multitudes extasiadas y reverentes, vuestras manos se movían apuntando la morada celestial o reprobando el crimen y agregando a la palabra todos los imponderables con que la enriquece el gesto. Y los apóstoles, y las multitudes, creían en Vos y os adoraban, Señor.

Manos de Maestro, pero también manos de Pastor. No sólo enseñabais, sino guiabais. La función de guiar se ejerce más apropiadamente sobre la voluntad, como la de enseñar más precisamente sobre la inteligencia. Y como sobre todo es por amor que se guían las voluntades, vuestras divinas manos tuvieron virtudes misteriosas y sobrenaturales para acariciar a los pequeños, acoger a los penitentes, curar a los enfermos. Amor tan ardiente, tan abundante, tan comunicativo, que desde entonces hasta hoy, siempre que las manos de un cristiano – y más especialmente de un sacerdote – se mueven para acariciar a los pequeños, consolar a los penitentes, administrar remedio a los enfermos, el amor que las anima no es sino una centella de ese infinito amor, Dios mío.

* * *




PERO estas manos tan sobrenaturalmente fuertes que a su imperio se doblegaban todas las leyes de la naturaleza y, con un mínimo movimiento de ellas, el dolor, la muerte, la duda huían, estas manos tenían aún otra función a ejercer. ¿No hablasteis del lobo rapaz? ¿Seríais Pastor si no lo repelieseis? Y si hacéis todo con fuerza irresistible, ¿cómo podría alguien no sentir el golpe del latigazo que empuñaseis?

El lobo, sí… y ante todo el demonio. Vuestra vida tornó patente que el demonio no es un ente de ficción o casi tanto, un ser al que tan raras veces le es dado el poder de actuar, que prácticamente la inmensa mayoría de las cosas pasan como si él no existiese. Los hombres hipócritas o de costumbres disolutas, ostentando ropajes de justicia y hasta de sacerdocio, todo esto aparece en los Evangelios no sólo como consecuencia de la depravación humana en virtud del pecado original y de nuestra maldad, sino también como obra del demonio, activo, diligente, emboscando allí y acullá, y denunciando a veces su presencia con espectaculares manifestaciones de obsesión e de posesión.

Vos expulsabais al demonio, Señor, con terrible imperio, y delante de vuestra palabra grave y dominadora como el trueno, más noble y más solemne que un cántico de ángel, los espíritus impuros huían despavoridos y derrotados. Tan derrotados y tan despavoridos, que de ahí en adelante tuvieron que obedecer a vuestros apóstoles con docilidad. Por todas partes donde vuestra palabra, predicada, fue aceptada por los hombres, la impureza, la rebelión, el demonio huyeron siempre. Y sólo volvieron a extender sobre la humanidad sus alas de sombra y su poder de perdición, cuando el mundo comenzó a rechazar vuestra Iglesia, que es vuestro Cuerpo Místico. Tan derrotados y tan impotentes, que bastará que los hombres correspondan nuevamente a la gracia de Dios para que el imperio de las potencias infernales una vez más decaiga y las tinieblas, la lascivia, el espíritu de la revolución vuelvan hacia los antros secretos de los cuales hace siglos salieron.

* * *

PASTOR, vuestras divinas manos no se limitaron a blandir el cayado contra las potencias espirituales e invisibles que habitan en los aires – evocando las palabras de San Pablo – para perder a los hombres; sino que atacaron al demonio y al mal en sus agentes tangibles y visibles.

El mal, ante todo considerado en abstracto. No hubo vicio contra el cual no hablasteis.

Pero también el mal en concreto, en cuanto realizado en los hombres, y no sólo en los hombres en general, sino en ciertas clases – los fariseos, por ejemplo – y no sólo en ciertas clases sino en ciertos hombres muy concretamente considerados: los mercaderes del templo están inmortalizados en las páginas del Evangelio, por el castigo ejemplar que sufrieron.

Vos, que recomendasteis la mansedumbre hasta sus últimos extremos cuando estuviesen en juego solamente derechos personales, Vos que queréis que respondamos mostrando la otra mejilla cuando recibimos una bofetada, Vos empleasteis una ardiente y santa difamación para desacreditar a los fariseos, y empuñasteis el látigo para ensangrentar a los mercaderes. Pues se trataba, no de derechos meramente humanos, sino de la Causa de Dios. Y en el servicio de Dios hay momentos en que no recriminar, no fustigar, equivale a traicionar.

Y estas manos que fueron tan suaves para los hombres rectos como Juan, el inocente, y Magdalena, la penitente, estas manos que fueron tan terribles para el mundo, el demonio, la carne, ¿por qué están ahí atadas y hechas carne viva?

¿Acaso será por obra de los inocentes? ¿de los penitentes? ¿o bien por obra de los que de ellas recibieron merecido castigo, y contra ese castigo se rebelaron diabólicamente?

* * *




SI, ¿por qué tanto odio, por qué tanto miedo que hizo necesario atar vuestras manos, reducir al silencio vuestra voz, extinguir vuestra vida?

¿Fue porque alguien temiese ser curado? ¿o acariciado? ¿Quién teme acaso la salud? ¿o quién odia el cariño?

* * *

SEÑOR, para comprender esa monstruosidad, es necesario creer en el mal. Es preciso reconocer que los hombres son tales, que fácilmente su naturaleza se rebela contra el sacrificio, y que cuando siguen el camino de la rebelión, no hay infamia ni desorden de los que no sean capaces. Es necesario reconocer que vuestra Ley impone sacrificios; que es duro ser casto, ser humilde, ser honesto, y en consecuencia es duro seguir vuestra Ley. Vuestro yugo es suave, sí, y vuestra carga ligera. Pero es así, no porque no sea amargo renunciar a lo que hay en nosotros de animal y desordenado, sino porque Vos mismo nos ayudáis a hacerlo.

Y cuando alguien os dice "no", comienza a odiaros, odiando todo el bien, toda la verdad, toda la perfección de que sois la propia personificación. Y, si no os tiene a mano bajo forma visible para descargar su odio satánico, golpea a la Iglesia, profana la Eucaristía, blasfema, propaga la inmoralidad, predica la revolución.

* * *

ESTÁIS maniatado, Jesús mío, y ¿dónde están los cojos y los paralíticos, los ciegos, los mudos que curasteis, los muertos que resucitasteis, los posesos que liberasteis, los pecadores que reerguisteis, los justos a quienes revelasteis la vida eterna? ¿Por qué no vienen ellos a romper los lazos que prenden vuestras manos?

* * *

CURIOSA PARADOJA. Vuestros enemigos continúan temiendo vuestras manos, aunque estén atadas. Y por esto os matarán. Vuestros amigos parecen menos conscientes de vuestro poder. Y porque no confían en Vos, huyen despavoridos delante de los que os persiguen.

¿Por qué? Aún ahí la fuerza del mal se patentiza. Vuestros enemigos aman tanto el mal, que perciben, aún bajo las humillaciones de las cuerdas que os prenden, toda la fuerza de vuestro poder… y ¡tiemblan! Para estar seguros, quieren transformar en llaga el último tejido de carne aún sano, quieren derramar la última gota de vuestra sangre, quieren veros exhalar el último aliento. Y aun así no están tranquilos. Muerto, todavía infundes terror. Es necesario lacrar vuestro sepulcro, y cercar de guardias armados vuestro cadáver. Cómo el odio al bien los hace perspicaces, al punto de percibir lo que hay de indestructible en Vos.

Y, por el contrario, los buenos no ven esto con la misma claridad. Os reputan derrotado, perdido… huyen para salvar el propio pellejo. Sólo tienen ojos, sólo tienen oídos para presentir el propio riesgo. Es que el hombre sólo es perspicaz para aquello que ama. Y si ve mejor su riesgo de que vuestro poder, es porque ama más su vida que vuestra gloria.

¡Oh, Señor, cuántas veces vuestros adversarios tiemblan delante de la Iglesia, mientras yo, miserable, ¡viéndola maniatada reputo todo perdido!

* * *

¡PERO cuánta razón tenían vuestros enemigos! Resucitasteis. No sólo las cuerdas y los clavos de nada valieron, sino que, además, ni la laja del sepulcro, ni la cárcel de la muerte os pudieron retener. ¡Sí, resucitasteis! ¡Aleluya!

Señor mío, ¡qué lección! Viendo a la Iglesia perseguida, humillada, abandonada por sus hijos, negada por las costumbres paganas y por la ciencia panteísta de hoy, amenazada de fuera por las hordas del comunismo, y por dentro por los desatinos de los que quieren pactar con el demonio, vacilo, tiemblo, juzgo todo perdido.

¡Señor, mil veces no! Vos resucitasteis por vuestra propia fuerza, y redujisteis a la nada los vínculos con que vuestros adversarios pretendían reteneros en las sombras de la muerte.

Vuestra Iglesia participa de esa fuerza interior y puede en cualquier momento destruir todos los obstáculos con que la cercan.

Nuestra esperanza no está en las concesiones, ni en la adaptación a los errores del siglo. Nuestra esperanza está en Vos, Señor.

Atended las súplicas de los justos que os imploran por medio de María Santísima. Enviad, oh Jesús, vuestro Espíritu, y renovaréis la faz de la Tierra.


Artículo de Plinio Corrêa de Oliveira, escrito para la Revista "Catolicismo" Nº 16 de Abril de 1952.

martes, 12 de abril de 2022

En medio de la genocida agresión rusa, millares de Medallas Milagrosas son repartidas en Ucrania

 





     En esta semana en que el mundo católico comienza a recordar la semana de Pasión de Nuestro Señor Jesucristo las atenciones se vuelven para una nación que a su modo está pasando por una verdadera pasión.

     Nos referimos a Ucrania, injustamente invadida por la Rusia de Putin, en donde han fallecido miles de civiles.

     Esta semana la prensa internacional informó de una “masacre” practicada en la ciudad de Bucha, ubicada al norte de Kiev, donde las imágenes muestran cadáveres apilados en fosas comunes y cuerpos con ropas de civil tirados en las calles

     “Los civiles asesinados yacen en los patios, cerca de las casas, debajo de la carretera. Algunos tienen las manos atadas a la espalda, con signos de tortura en el cuerpo”. Así describió en su cuenta Telegram Lyudmila Denisova, comisionada parlamentaria de derechos humanos de Ucrania, sobre la situación en la localidad de Bucha. La funcionaria indicó que el Ejército ucraniano encontró los cuerpos de 280 civiles, algunos de los cuales habían recibido disparos.

     Las fotografías publicadas por la prensa dan cuenta de la pasión que sufrió la población civil de esa ciudad.


Civiles masacrados cobardemente por el ejército ruso en Bucha, Ucrania


     Pero no es solo ella. Las atrocidades cometidas por los invasores rusos se repiten en cada ciudad ocupada o invadida temporalmente y los testimonios dan cuenta de cuánto ha sufrido esa nación.

     Por esta misma razón varias naciones europeas y los Estados Unidos la han socorrido con armamento defensivo y pertrechos para alimentación de la población.

     Sin embargo, pocos han pensado en el auxilio espiritual de esa población sufriente.

     Es por ello que cobra particular destaque la iniciativa tomada por la sociedad italiana de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, que, en la persona de uno de sus voluntarios, Sr. Miguel Ángel Gutiérrez, viajó con 50.000 medallas para repartir a la población civil ucraniana.

     La entidad ya había estado en muchas ocasiones anteriores en ese País difundiendo la devoción a la Virgen de Fátima y los contactos con Obispos, sacerdotes y católicos en general se había consolidado en una relación de confianza y amistad.

     Por este motivo no fue difícil a la TFP italiana renovar sus contactos para llegar hasta la ciudad de Lviv o Leopolis, como se la llama en Italia. En 1991, tras la caída de la Unión Soviética, Leópolis finalmente pudo celebrar la independencia de Ucrania y, desde entonces, la ciudad ha mantenido su reputación como el lugar donde gente se identifica más con la nación ucraniana.

     La historia de Lviv y sus cambiantes fronteras han quedado marcadas en la lista de nombres que ha acumulado con el tiempo. Habiendo sido una ciudad rutena, polaca, austríaca, soviética, alemana y ucraniana, reuniendo en su paisaje influencias góticas, renacentistas, clásicas, modernistas y de brutalismo soviético, Lviv o Leópolis, es considerada un milagro centroeuropeo y una de las ciudades más importantes de la cultura ucraniana.

     Hasta allí viajó el Sr. Miguel Ángel Gutiérrez, y antes de pasar a territorio ucraniano concedió en directo una entrevista con el Instituto Plinio Corrêa de Oliveira, del Brasil. Desde la camioneta derenida en la frontera entre Polonia y Ucrania, y cargada de Medallas Milagrosas comentó que el paso de una frontera a otra normalmente demoraba más de 14 horas de espera.


El miembro de la TFP italiana, Sr. Miguel Ángel Gutiérrez, primero de derecha a izquierda, junto al obispo auxiliar de Lviv o Leópolis.


     Al cabo de algún tiempo el representante de la TFP consiguió pasar a Ucrania y se dirigió a un convento de religiosas amigas de la entidad. Al comentarles que llevaba el cargamento de Medallas, las religiosas se sorprendieron por la coincidencia. Ellas están dedicadas a coser uniformes para el frente de batalla y prenden una medalla en cada uno de los chalecos antibalas, por lo que solicitaron una cantidad considerable de la misma y así poder enviar más medallas cosidas en chalecos para lo soldados que luchan por expulsar a a los despiadados invasores rusos.


Religiosa ucraniana cosiendo la Medalla Milagrosa 
en los chalecos antibalas que luego serían 
enviados a los combatientes de primera línea.


     Las Medallas llegaban al puerto indicado para proteger de modo sobrenatural la integridad física y espiritual de cada uno de los soldados ucranianos que las reciben.

     Poco antes nuestro voluntario se había dirigió a la Iglesia de los Oblatos de María, congregación muy misionera y mariana, para bendecir todas las medallas de modo que ellas llegaran hasta los soldados con la protección de un objeto sagrado y bendito.


El Sr. Miguel Angel Gutiérrez, distribuyendo la Medalla Milagrosa en Lviv.


     Esta medalla no es un amuleto de la buena suerte, ni hace magia, simplemente se usa con fe y confianza para que, con el poder de la oración, se cumplan los buenos anhelos del alma cristiana.

     Quizá alguien se pregunte ¿Qué significa llevar la Medalla Milagrosa?

     De acuerdo con la doctrina de la Iglesia católica, el uso de sacramentales como la Medalla Milagrosa​ prepara a los devotos para recibir la gracia divina y los alienta a cooperar con ella.

     Particularmente oportuna es su difusión al pueblo ucraniano que está pasando por una situación difícil y necesita de fortaleza, paciencia, perdón, arrepentimiento de sus culpas y fe. Ella puede obtenerlo con la devoción a la medalla, pues estos son los milagros más grandes que concede.


Ambiente de respeto, fe y sacralidad durante la recepción de la Sagrada Comunión
y de la Medalla Milagrosa


     La Virgen ofrece protección a todos lo que la invocan con fe para obtener sus gracias y bendiciones.

     La medalla debe portarse en el cuello y no sólo realiza beneficios materiales, sino cambios de comportamientos especialmente en la sanación de vicios morales.

     Al portar esta medalla se debe recitar varias veces al día la jaculatoria: ¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos! Esa jaculatoria está impresa en la propia medalla, conforme Nuestra Señora se lo indicó a Santa Catalina Labouré cuando se apareció a ella en el convento de la Rue du Bac en Paris el 27 de noviembre de 1830 pidiéndole la creación de una medalla posteriormente conocida como la Medalla Milagrosa por la cantidad de intervenciones sobrenaturales alcanzadas gracias a su intercesión.


El Sr. Gutiérrez junto al obispo auxiliar de Lviv, Mons. Kava y religiosos ucranianos.

     Es una corta jaculatoria que ciertamente no interrumpirá la atención de los soldados ucranianos, sino que, al contrario, reforzará su fe y su fortaleza para defender la integridad de su territorio y la religión de sus antepasados.

     Así, mientras Usted lee este artículo, ciertamente hay cientos o miles de jóvenes soldados en ucrania que llevan en su uniforme la Medalla Milagrosa como protección, compañía y estímulo en el cumplimiento de su difícil misión. Del mismo como la Santísima Virgen acompañó todos los pasos en la Pasión de su Divino Hijo.

     La iniciativa de la Sociedad Italiana de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, hizo realidad la sentencia de Nuestro Señor Jesucristo: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios”.  Agradezcamos su caridad y la valentía de su representante.






Fuentes:
- Credo Chile
- Instituto Plinio Corrêa de Oliveira

Segundo Rosario Público dedicado a Nuestra Señora del Buen Suceso 2 de abril de 2022

 



Segundo Rosario Público dedicado a Nuestra Señora del Buen Suceso
2 de abril de 2022




VIDEO


VIDEO



VIDEO



jueves, 31 de marzo de 2022

¡Hijos míos, he sido envenenado!

 



El envenenamiento del arzobispo Ignacio Checa y Barba, fue cometido dos años después del asesinato de Gabriel García Moreno en 1875.



En una capilla lateral de la catedral de Quito se honran los restos del prelado. En su sepulcro puede leerse una breve biografía encabezada por este famoso texto de Eclesiástico: Ecce sacerdos magnus, qui in diebus suis, placuit Deo. Non est inventus similis illi, qui conservaret legem excelsi, que traducido dice: "Aquí está el sumo sacerdote que, durante los días de su vida, agradó al Señor. Nunca se encontró alguien que guardase la ley del Altísimo como él".


     Son pocos quienes conocen de este valiente obispo, que resistió las demandas anticatólicas del gobierno liberal y masónico que se había instalado poco después del asesinato de García Moreno. Fue su resistencia la que causó su muerte.

Acontecimientos previos

     Después de la muerte de García Moreno, fue Antonio Borrero, de tendencia liberal, quien ganó las elecciones presidenciales de octubre de 1875. Solo gobernó hasta el 8 de septiembre de 1876, cuando el liberal radical, general Ignacio Veintimilla usurpó las riendas del gobierno con un golpe militar y se auto proclamó jefe Supremo.

     Veintimilla dejó en claro que la posición de su gobierno hacia la Iglesia era diametralmente opuesta a la de García Moreno. Una de sus primeras medidas fue secularizar la educación. Luego publicó una "Carta a los Obispos" en la que les ordenó que no se involucrasen en la vida política del país y que se preocupen solo por las cosas espirituales. Cualquier sacerdote u obispo "que por medio de sermones, cartas o pastorales tratase de alarmar la conciencia de la gente e incitarlos a la rebelión" fue amenazado con el exilio.

     El arzobispo Ignacio Checa y Barba había mantenido relaciones amistosas con los liberales durante mucho tiempo. Había sido miembro de la escuela de Veintimilla, y había mantenido una relación cordial con él, a menudo reuniéndose ambos en el Palacio Presidencial para discutir el programa liberal antes del golpe de estado. Sin embargo, luego asumió una categórica oposición contra el programa anticlerical del liberal dictador, y en respuesta al persecutorio decreto, el Prelado escribió una Carta Pastoral condenando la usurpación del poder y criticando severamente las medidas anticlericales del nuevo gobierno.

     La Carta Pastoral insistía en el derecho de la Iglesia no solo "a censurar y condenar los decretos [civiles]", sino también "prohibir la lectura y circulación de los escritos [erróneos] contenidos en ellos". El arzobispo Checa manifestó su oposición a la revolución y su predisposición a sufrir el exilio antes que apoyarla. Esta Carta Pastoral se emitió el 10 de marzo, veinte días antes de su muerte.

Primero los principios antes que la amistad

     A pedido de Veintimilla, ambos se reunieron ese mismo día,10 de marzo, en el Palacio Presidencial. Muy pocas personas sabían de esta entrevista, y parte de lo que en ella ocurrió fue revelado después de la muerte del prelado por el sacerdote Juan de Dios Campuzano, a quien Mons. Checa le relató parcialmente lo sucedido luego de la reunión.

     En un documento dirigido al Decano de la Catedral que solo salió a la luz mucho después, el padre Campuzano escribió que el general Veintimilla había insistido en que el arzobispo Checa se retractase de su posición en su Carta pastoral. A esto, el Prelado respondió: "Puedes levantar en el centro de la plaza una horca para mí, pero no me retractaré".

     La ruptura entre los dos antiguos amigos, era evidente.

El envenenamiento

     



     En la mañana del 30 de marzo de 1877, el arzobispo José Ignacio Checa y Barba celebraba la solemne liturgia del Viernes Santo. Después de beber el vino del Cáliz Sagrado, ordenó a uno de los Canónicos que asistía en el servicio, que echara el vino porque sabía amargo y no debía usarse en la misa del día siguiente.

     Concluida la ceremonia, salió de la catedral por una puerta lateral y caminó la corta distancia que existe hacia el Palacio Episcopal para almorzar. Empezó a sudar copiosamente, sintiendo náuseas y con su caminar inestable. Al entrar al Palacio, cayó al suelo con un dolor agudo, seguido de convulsiones y contracciones estomacales.

     "¡He sido envenenado!", exclamó, y pidió un sacerdote que lo absolviera. Al médico que lo asistía le dijo: “Estoy envenenado. Tomé un vino muy amargo del Cáliz y siento un terrible fuego quemándome las entrañas".

     Luego gritó: "Hijos míos, ¡Ayúdenme! ¡Ayúdenme! ¡Me estoy muriendo!”. Estas fueron sus últimas palabras. Su rostro se puso lívido, de sus labios salía espuma, muriendo pocos minutos después. Tenía 47 años y había sido arzobispo de Quito durante nueve años.

     La autopsia reveló que su cuerpo contenía una gran cantidad de estricnina —usada habitualmente como pesticida para matar roedores—. Había sido colocado subrepticiamente en el vaso sagrado que contenía el vino. El malévolo plan no pudo haber sido más insidioso, llevado a cabo durante la liturgia del Viernes Santo en conmemoración de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

     El mensaje al clero y al pueblo era claro: los enemigos de la Iglesia habían eliminado al prelado que se había convertido en un obstáculo para el programa anticlerical que el gobierno liberal quería instalar en Ecuador.

El encubrimiento

     Veintimilla intentó culpar por el envenenamiento al canónigo Manuel Andrade, quien había asistido a la ceremonia. Algunos meses antes, Andrade había sido juzgado por intentar matar al artista Joaquín Pintor envenenándolo con estricnina en un ataque de celos por una mujer joven. El arzobispo Checa lo había reprendido recientemente por su comportamiento escandaloso. La sobrina de Veintimilla incluso publicó un libro con acusaciones contra el canónigo Andrade, pero cada acusación fue refutada en respuesta del decano de la catedral, el padre José Nieto

     Los conservadores creían que el crimen fue ejecutado por un conocido liberal y masón, José Vicente Solís, quien también había ayudado con los preparativos de la misa y había colocado las vinagreras de vino y agua en la mesa lateral del altar. Los testigos dijeron que lo vieron regresar rápidamente al altar y, distraído de la misa, observar furtivamente a las personas que allí asistían. Algunos días antes se había jactado públicamente: "El Viernes Santo, se colocará la primera piedra del templo masónico", lanzando el rumor de que algo favorable a los liberales sucedería en Quito en esa fecha.

     El fiscal de la familia del prelado acusó a Solís del delito y solicitó la pena de muerte. El jurado, compuesto por altos funcionarios del gobierno masónico, dictaminó que la evidencia no era lo suficientemente convincente como para condenarlo; fue puesto en libertad junto con otros cuatro liberales incriminados en el envenenamiento y que fueron de igual forma, protegidos por los masones

     No se tomaron en cuenta más acusaciones y se cerró el caso. Sin embargo, se mantuvo ampliamente entre los católicos que el asesinato de Checa, como el de García Moreno, había sido obra de la masonería internacional, y pagado "con dinero alemán de la época del Kulturkampf* que pasó por Lima". Sonia Rueda," Política y violencia ", pág. 57)

Una heroica posición final

     Monseñor Checa y Barba. Murió víctima de persecución religiosa y defendiendo los principios de la fe y de la religión. La Arquidiócesis de Quito abrió en la década de los años 60 la causa de su beatificación. Su caso se ha paralizado en los últimos 40 años.




     Investigando su trayectoria encontramos un perfil diferente al presentado por la mayoría de los conservadores. Antes de los abiertos ataques de Veintimilla contra la Iglesia, el obispo parecía un liberal moderado, aprobando algunos de los objetivos políticos del Partido Liberal y tratando de mitigar la mano contundente del presidente García Moreno contra sus oponentes políticos y los masones. Fue de hecho, en contra de los deseos del presidente mártir, quien había propuesto a Mons. Ignacio Ordóñez - que Checa y Barba fue nombrado arzobispo de Quito en 1868.

     Tomando una posición moderada favorable a la oposición liberal, el arzobispo Checa demostró más de una vez que no era un partidario incondicional del gobierno de García Moreno, aunque sin duda contribuyó de muchas maneras a su desarrollo. Se podría decir que practicó una "política pragmática". Él mismo trató de justificar sus acciones diciendo "No soy liberal, pero soy prudente". Y con mi prudencia he tratado de hacer el bien a mi Iglesia, y si eso no es lo que ellos (en Roma) piensan, entonces déjenlos hacer conmigo lo que quieran”.

     Sin embargo, luego del asesinato de García Moreno, y de ver los derechos de la Iglesia amenazados, tomó la firme decisión de oponerse y luchar contra por el nuevo régimen revolucionario, de tinte liberal. Es mi opinión que fue esta última posición la que le valió el martirio.

     Su nombre y admirable posición final deberían ser mejor conocidos, especialmente en estos tiempos difíciles de la Santa Madre Iglesia. Es un valiente ejemplo para esos prelados "moderados" o sacerdotes de nuestro tiempo, invitándolos a enfrentar al enemigo, como finalmente lo hizo, y tomar una posición categórica de oposición. Es necesario, en nuestros días, no solo oponerse a los gobiernos civiles masónicos o comunistas, sino también, y especialmente, contra el progresismo que se ha infiltrado incluso en las capas más altas de la Iglesia.


Fuentes:

https://rodolfoperezpimentel.com

https://wwalintonia.wordpress.com



Entrada destacada

La Hermana Lucía predijo que sin la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, Estados Unidos caería de algún u otro modo, bajo las garras del comunismo

† IHS In memoriam del Señor Gonzalo Larraín Campbell      Tenemos el penoso deber de comunicar el fallecimiento del sr. Gonzalo Larrain C...