domingo, 25 de octubre de 2020

¡Levantaos Señor! ¿Por qué parecéis dormir? El ardoroso clamor de los auténticos católicos ante la profunda crisis religiosa y moral que amenaza destruir la civilización cristiana.

 




San Luis María Grignion de Montfort 


     A lo largo de la historia, Dios ha revelado a través de sus siervos, la futura restauración de la civilización católica, tanto en la esfera espiritual como temporal.

     Uno de esos siervos es el extraordinario santo francés San Luis María Grignion de Montfort, quien escribió en el siglo XVIII la Oración Abrasada.

     Conocida también como la "Súplica Ardiente", con razón lleva ese título, pues todas y cada una de sus cláusulas son otras tantas brasas que saltan ardientes del corazón del apóstol, todo inflamado por el celo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.

     La Oración sirve de prefacio a la Regla de la Compañía de María, y como dicha Regla se escribió en 1713, bien se la pudiera colocar alrededor de esa fecha.

     En la Oración Abrasada, San Luis Grignion no implora nada para sí mismo sino para la mayor gloria de Dios. Y tomando en cuenta su época, se dirige a Él con una pregunta que es casi como que una queja: "Tú, Señor, ¿permitirás que todo sea como Sodoma y Gomorra?"

     También a nosotros, y siguiendo el ejemplo de ese gran Santo, nos sea permitido dirigir una súplica análoga a Nuestro Señor y a su Madre Santísima. Y de Ella, ciertamente escucharíamos de sus labios como respuesta: ‘Ya lo dije en Fátima, en el año de 1917, e indiqué los errores que dominaban el mundo, la inmora­lidad creciente que podía agravarse y esparcirse por el orbe, atrayendo sobre la hu­manidad los castigos de Dios’.





Después del Mensaje revelado por Nuestra Señora en la Cova de Iría, ¿el mundo se regeneró?


     Comparando la situación actual de la humanidad con la de 1917, podríamos preguntarnos cuáles son los pecados que disminuyeron y si acaso hubo una mejoría en uno u otro campo. La santidad, ¿conquistó algún terreno? O por lo contrario, junto con la moral ¿qué terrenos perdieron? Precisamente, la sodomización y la gomorrificación de la Tierra y tantos otros fenómenos afines, ¿no forman actualmente un abismo, en el cual el mundo moderno se va precipitando? Bien podemos afirmar, que las cosas van de mal en peor.

     Décadas después de la muerte de San Luis Grignion de Montfort, estalló en Francia, la Revolución de 1789, en la que la Iglesia fue perseguida con un odio nunca conocido desde el edicto de Milán en el año 313, mediante el cual el emperador Constantino concedió la libertad a la Iglesia católica.

     Pero tal persecución despertó al mismo tiempo la heroica santidad de innumerables sacerdotes y laicos, que prefirieron sufrir el martirio antes que negar su fe.

     Hoy, ante la crisis religiosa y moral, de mayor gravedad para las almas que en la época de la Revolución Francesa
, los auténticos católicos, anclados en una sólida devoción a la Santísima Virgen, tienen que enfrentar la impiedad y el neopaganismo con una fortaleza y una confianza redobladas. Y para eso, la Oración Abrasada será una inspiración colosal.

     Como su título lo indica, la Oración, extensa y profunda en su contenido, es fuego puro. En ella se puede contemplar cara a cara el celo de quien la escribió, y bien se la puede considerar como el timbre de voz que nos llevará a reconocer los sonidos espirituales de la Santa Iglesia Católica.


El Santo predicando a sus fieles.
Vidriera en la iglesia de Montfort-sur-Meu, Francia


     Al leerla, y rezarla, nos encontraremos siempre con algo nuevo. Con su sentido profético, el santo percibe una desolación en el mundo, una gran persecución ante la cual, parecería que Dios está cruzado de brazos, y por ello implora la intervención divina para reestablecer el orden en la Tierra.

     Claramente esta oración, se torna actual, ante la situación de la que hoy somos testigos a lo largo y ancho del mundo.

     Es necesario clamar urgentemente a Nuestro Señor para que intervenga, y el orden sea reestablecido, así como también su Gloria, que la Revolución anticristiana impunemente ha ultrajado.

     Sería necesario tener labios proféticos y no pecadores, para que ese clamor sea perfecto.

     Dejemos pues, que San Luis María Grignion de Montfort clame por nosotros, y pida el fin de esta situación satánica, así como la victoria del Corazón Sapiencial e Inmaculado de María, y el advenimiento de su Reino en la Tierra, por Ella prometido.


     Compartimos a 
continuación algunos trechos de esta magnífica oración para su recitación.


San Luis María Grignion de Montfort,
Basílica de San Pedro, en el Vaticano



Oración Abrasada
— San Luis María Grignion de Montfort —

     "Es hora de que actúes, Señor, han quebrantado tu voluntad (Sal 118, 126). Es tiempo de hacer lo que habéis prometido. Vuestra divina Ley es quebrantada; vuestro Evangelio, abandonado; torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a vuestros mismos siervos; toda la tierra está desolada; la impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado y la abominación se halla hasta en el lugar santo. ¿Lo dejaréis abandonado así todo, Señor justo, Dios de las venganzas? ¿Vendrá todo, al fin, a ser como Sodoma y Gomorra? ¿Callaréis siempre? ¿Aguantaréis siempre? ¿No es menester que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo y que venga vuestro reino? ¿No habéis mostrado de antemano a algunos de vuestros amigos una renovación futura de vuestra Iglesia? ¿No han de convertirse a la verdad los judíos? ¿No es esto lo que espera vuestra Iglesia? ¿No os piden a gritos todos los santos del cielo justicia? Hazme justicia (Lc 18, 3) ¿No os dicen todos los justos de la tierra: Amén, ven, Señor? (Ap 22, 20). Las criaturas todas, aun las más insensibles, gimen bajo el peso de los pecados innumerables de Babilonia y piden vuestra venida para restaurar todas las cosas. La creación entera está gimiendo (Rm 8, 22).

     ¿Qué es lo que os pido? Nada en mi favor, todo para vuestra gloria. ¿Qué es lo que os pido? Lo que Vos podéis, y aun, me atrevo a decirlo, lo que debéis concederme, como Dios verdadero que sois, a quien se ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, y como el mejor de todo los hijos, que amáis infinitamente a vuestra Madre.

     ¿Qué es lo que os pido?...

     ..."¿No me está a mí mejor morir que veros, Dios mío, todos los días tan cruel y tan impunemente ofendido, que hallarme todos los días más y más en peligro de ser arrastrado por los torrentes de iniquidad que van creciendo? Mil muertes me serían más tolerables. O enviad socorros desde el cielo o llevaos mi alma. Si no tuviera la esperanza de que oiréis pronto o tarde, a este pobre pecador en interés de vuestra gloria, como habéis oído a tantos otros, si el afligido invoca al Señor; Él lo escucha, pediría absolutamente con un profeta: Llévate mi alma. Pero la confianza que tengo en vuestra misericordia me hace decir con otro profeta: No moriré, sino viviré y contaré las obras del Señor, hasta que con Simeón pueda decir: Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto vuestra salvación (Lc 2, 29).

     "¿Cuándo vendrá este diluvio de fuego, de puro amor, que Vos debéis encender sobre toda la tierra de manera tan dulce y tan vehemente, que todas las naciones, los turcos, los idólatras, los mismos judíos se abrasarán en él y se convertirán? Sin que nada se sustraiga a su calor (Sal 18, 7). ¡Ojalá estuviera ardiendo!  (Lc 12, 49). Que este divino fuego que Jesucristo vino a traer a la tierra se encienda, antes que Vos encendáis el de vuestra cólera, que reducirá toda la tierra a cenizas.

     "Ved, Señor, Dios de los ejércitos, los capitanes que forman compañías completas; los potentados que levantan ejércitos numerosos; los navegantes que arman flotas enteras; los mercaderes que se reúnen en gran número en los mercados y en las ferias. ¡Qué de ladrones, de impíos, de borrachos y de libertinos se unen en tropel contra Vos todos los días, y tan fácil y prontamente! Un silbido, un toque de tambor, una espada embotada que se muestre, una rama seca de laurel que se prometa, un pedazo de tierra roja o blanca que se ofrezca; en tres palabras, un humo de honra, un interés de nada, un miserable placer de bestias que esté a la vista, reúne al momento ladrones, agrupa soldados, junta batallones, congrega mercaderes, llena las casas y los mercados y cubre la tierra y el mar de muchedumbre innumerable de réprobos, que, aun divididos los unos de los otros por la distancia de los lugares o por la diferencia de los humores o de su propio interés, se unen no obstante todos juntos hasta la muerte, para haceros la guerra bajo el estandarte y la dirección del demonio.

     "Y por vos, Dios soberano, aunque en serviros hay tanta gloria, tanta dulzura y provecho, ¿casi nadie tomará vuestro partido? ¿Casi ningún soldado se alistará bajo vuestras banderas? ¿Ningún San Miguel gritará de en medio de sus hermanos por el celo de vuestra gloria: ¿Quién como Dios? ¡Ah!, permitidme ir gritando por todas partes: ¡Fuego, fuego, fuego! ¡Socorro, socorro, socorro! ¡Fuego en la casa de Dios! ¡Fuego en las almas! ¡Fuego en el santuario! ¡Socorro, que se asesina a nuestros hermanos! ¡Socorro, que se degüella a nuestros hijos! ¡Socorro, que se apuñala a nuestro padre!

     "Álcese Dios y sus enemigos se 
dispersarán! (Sal 67, 2)

     "Despertad, Señor, ¿por qué duermes? ¡Levantaos! (Sal 43, 24). Señor, levantaos: ¿por qué parecéis dormir? Levantaos en vuestra omnipotencia, vuestra misericordia y vuestra justicia... Amén."

     ¡Dios solo!






La introducción del presente artículo fue redactada en base a varos comentarios de Plínio Corrêa de Oliveira a respecto de la Oración Abrasada.

Fuentes: 
- Revista Catolicismo
- Pliniocorreadeoliveira.info    
- Infocatólica
- Luzespiritual.blogspot.com
- docplayer.es










ORACIÓN ABRASADA, de San Luis María Grignion de Montfort. TEXTO COMPLETO

 



San Luis Grignion de Montfort,
escribiendo la Oración Abrasada



ORACIÓN ABRASADA
San Luis María Grignion de Montfort

SÚPLICA ARDIENTE 

     1. Acordaos, Señor, de vuestra Congregación, que hicisteis vuestra desde toda la eternidad (Sal 73, 2), pensando en ella en vuestra mente ab initio; que hicisteis vuestra en vuestras manos, cuando sacasteis el mundo de la nada, ab initio; que hicisteis vuestra en vuestro corazón, cuando vuestro querido Hijo, muriendo en la cruz, la regaba con su sangre y la consagraba por su muerte, confiándola a su Santa Madre. 

     2. Escuchad, Señor, los designios de vuestra misericordia; suscitad los hombres de vuestra derecha, tales como los habéis mostrado dando conocimiento profético de ello a algunos de vuestros mayores siervos: a San Francisco de Paula, un San Vicente Ferrer, una Santa Catalina de Sena y a tantas otras grandes almas en el último siglo pasado, y aun en este en que vivimos. 

I - SÚPLICA AL PADRE 

     3. Dios Todopoderoso, acordaos de esta Compañía aplicando a ella todo el poder de vuestro brazo, que no está acortado; para sacarla a luz y para llevarla a su perfección. Renueva los prodigios, repite los portentos, exalta tu mano, robustece tu brazo (Si 36, 5). ¡Oh Dios soberano, que de las piedras toscas podéis hacer otros tantos hijos de Abraham!; decid como Dios una sola palabra, para enviar buenos obreros a vuestra mies y buenos misioneros a vuestra Iglesia. 

     4. Dios de bondad, acordaos de vuestras antiguas misericordias, y por estas mismas misericordias, acordaos de esta Congregación; acordaos de las promesas reiteradas que nos habéis hecho por vuestros profetas y por vuestro mismo Hijo, de oímos en nuestras justas peticiones. Acordaos de las plegarias que vuestros siervos y vuestras siervas os han hecho sobre este asunto desde hace tantos siglos: que sus votos, sus gemidos, sus lágrimas, la sangre por ellas derramada lleguen a vuestra presencia para solicitar poderosamente vuestra misericordia. Pero acordaos, sobre todo, de vuestro querido Hijo: No rechaces la faz de tu Ungido (Sal 131, 10). Su agonía, su confusión y su llanto amorosa en el Huerto de los Olivos cuando dice: ¿Qué provecho encuentras en mi sangre? (Sal 29, 10); su muerte cruel y su sangre derramada os gritan a voces misericordia, a fin de que por medio de esta Congregación sea establecido su imperio sobre las ruinas del de sus enemigos.

     5. Acordaos, Señor, de esta Comunidad en los efectos de vuestra justicia, Es hora de que actúes, Señor, han quebrantado tu voluntad (Sal 118, 126). Es tiempo de hacer lo que habéis prometido. Vuestra divina Leyes quebrantada; vuestro Evangelio, abandonado; torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a vuestros mismos siervos; toda la tierra está desolada; la impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado y la abominación se halla hasta en el lugar santo. ¿Lo dejaréis abandonado así todo, Señor justo, Dios de las venganzas? ¿Vendrá todo, al fin, a ser como Sodoma y Gomorra? ¿Callaréis siempre? ¿Aguantaréis siempre? ¿No es menester que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo y que venga vuestro reino? ¿No habéis mostrado de antemano a algunos de vuestros amigos una renovación futura de vuestra Iglesia? ¿No han de convertirse a la verdad los judíos? ¿No es esto lo que espera vuestra Iglesia? ¿No os piden a gritos todos los santos del cielo justicia? Hazme justicia (Lc 18, 3) ¿No os dicen todos los justos de la tierra: Amén, ven, Señor? (Ap 22, 20). Las criaturas todas, aun las más insensibles, gimen bajo el peso de los pecados innumerables de Babilonia y piden vuestra venida para restaurar todas las cosas. La creación entera está gimiendo (Rm 8, 22). 

     6. Señor Jesús: Acordaos de dar a vuestra Madre una nueva Compañía, para renovar por ella todas las cosas y para acabar por María los años de la gracia, como los habéis comenzado por ella. Dad hijos y siervos a vuestra Madre; si no, yo muero (Gn 30, 1) Es por vuestra Madre por la que yo os lo pido. Acordaos de sus entrañas y de sus pechos, y no me rechacéis; acordaos de que sois su Hijo y escuchadme; acordaos de lo que Ella es para Vos y de lo que Vos sois para Ella, y cumplid mis deseos. 

     7. ¿Qué es lo que os pido? Nada en mi favor, todo para vuestra gloria. ¿Qué es lo que os pido? Lo que Vos podéis, y aun, me atrevo a decirlo, lo que debéis concederme, como Dios verdadero que sois, a quien se ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, y como el mejor de todos los hijos, que amáis infinitamente a vuestra Madre. ¿Qué es lo que os pido? sacerdotes libres con vuestra libertad, descarnados de todo, sin padre, sin madre, sin hermanos, sin hermanas, sin parientes según la carne, sin amigos según el mundo, sin bienes, sin estorbos, sin cuidados y aun sin voluntad propia. 

     8. Hombres libres: esclavos de vuestro amor y de vuestra voluntad; hombres según vuestro corazón, que, sin voluntad propia que los manche y los detenga, cumplan todas vuestras voluntades y arrollen a todos vuestros enemigos, como otros tantos nuevos Davides, con el báculo de la Cruz y la honda del santo Rosario en las manos. 

     9. Hombres libres: Nubes elevadas de la tierra y llenas de rocío celeste, que sin impedimento vuelan por todas partes según el soplo del Espíritu Santo. Son ellos, en parte, los que conocieron vuestros profetas cuando preguntaban: ¿Quiénes son estos que vuelan como las nubes? (Is 60, 8) - Caminaban de frente, avanzaban a favor del viento del espíritu. (Ez 1, 12) 

     10. Hombres libres: Hombres siempre a vuestra mano. Prontos siempre a obedeceros, a la voz de sus superiores, como Samuel: Heme aquí (1 S 3,16), prestos siempre a correr y a sufrirlo todo con Vos y por Vos, como los Apóstoles: Vamos también nosotros y muramos con él. (Jn 11, 16) 

     11. Hombres libres: Verdaderos hijos de María, vuestra Santa Madre, engendrados y concebidos por su caridad, llevados en su seno, pegados a sus pechos, alimentados con su leche, educados por sus cuidados, sostenidos por su brazo y enriquecidos de sus gracias. 

     12. Hombres libres: Verdaderos siervos de la Virgen Santísima, que, como otros tantos Santo Domingo, vayan por todas partes con la antorcha brillante y ardiente del santo Evangelio en la boca y el santo Rosario en la mano, a ladrar como perros, abrasar como el fuego y alumbrar las tinieblas del mundo como soles; y que por medio de una verdadera devoción a María, es decir: interior sin hipocresía, exterior sin crítica, prudente sin ignorancia, tierna sin indiferencia, constante sin liviandad y santa sin presunción, aplasten, por dondequiera que fueren, la cabeza de la antigua serpiente para que la maldición que Vos le echasteis se cumpla enteramente: Estableceré hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza (Gn 3, 15). 

     13. Verdad es, Dios soberano, que el demonio pondrá, como Vos lo habéis predicho, grandes acechanzas al carcañal de esta mujer misteriosa, es decir, a esta pequeña Compañía de sus hijos, que vendrán hacia el fin del mundo, y que habrá grandes enemistades entre esta bienaventurada descendencia de María y la raza maldita de Satanás; pero es una enemistad totalmente divina, la única de que Vos sois el Autor: Estableceré hostilidades. Pero estos combates y estas persecuciones, que los hijos de la raza de Belial desencadenarán contra la raza de vuestra Santa Madre, sólo servirán para hacer brillar más el poder de vuestra gracia, la valentía de su virtud y la autoridad de vuestra Madre, puesto que Vos, desde el principio del mundo, le habéis dado el encargo de aplastar a este orgulloso, por la humildad de su corazón y de su planta: Ella te herirá en la cabeza. 

     14. Si no, yo muero. ¿No me está a mí mejor morir que veros, Dios mío, todos los días tan cruel y tan impunemente ofendido, que hallarme todos los días más y más en peligro de ser arrastrado por los torrentes de iniquidad que van creciendo? Mil muertes me serían más tolerables. O enviad socorros desde el cielo o llevaos mi alma. Si no tuviera la esperanza de que oiréis, pronto o tarde, a este pobre pecador en interés de vuestra gloria, como habéis oído a tantos otros. Si el afligido invoca al Señor; El lo escucha, pediría absolutamente con un profeta: Llévate mi alma. Pero la confianza que tengo en vuestra misericordia me hace decir con otro profeta: No moriré, sino viviré y contaré las obras del Señor (Sal 117, 17), hasta que con Simeón pueda decir: Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto... (Lc 2, 29). 

III - SÚPLICA AL ESPÍRITU SANTO 

     15. Espíritu Santo, acordaos de producir y formar hijos de Dios, con vuestra divina y fiel Esposa María. Vos formasteis la cabeza de los predestinados con Ella y en Ella; con Ella y en Ella debéis formar todos sus miembros. Vos no engendráis ninguna persona divina en la Divinidad; pero sois, Vos solo, quien formáis fuera de la Divinidad todas las personas divinas; y todos los santos que han sido y serán hasta el fin del mundo son otras tantas obras de vuestro amor unido a María. 

     16. El reino especial de Dios Padre duró hasta el diluvio y terminó por un diluvio de agua; el reino de Jesucristo terminó por un diluvio de sangre; pero vuestro reino, Espíritu del Padre y del Hijo, continúa actualmente y se terminará por un diluvio de fuego, de amor y de justicia. 

     17. ¿Cuándo vendrá este diluvio de fuego, de puro amor, que Vos debéis encender sobre toda la tierra de manera tan dulce y tan vehemente, que todas las naciones, los turcos, los idólatras, los mismos judíos se abrasarán en él y se convertirán? Sin que nada se sustraiga a su calor (Sal 18, 7). ¡Ojalá estuviera ardiendo! (Lc 12, 49). Que este divino fuego que Jesucristo vino a traer a la tierra se encienda, antes que Vos encendáis el de vuestra cólera, que reducirá toda la tierra a cenizas. Envías tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra (Sal 103, 30). Enviad este espíritu, todo fuego, sobre la tierra, para crear en ella sacerdotes todo fuego, por ministerio de los cuales la faz de la tierra sea renovada y vuestra Iglesia reformada. 

     18. Acuérdate de tu Congregación: es una Congregación, una asamblea, una selección, un apartado de predestinados, que Vos debéis hacer en el mundo y del mundo: Yo os he elegido del mundo (Jn 15, 19). Es un rebaño de corderos pacíficos que Vos debéis reunir en medio de tantos lobos; una compañía de castas palomas y de águilas reales en medio de tantos cuervos; un enjambre de abejas en medio de tantas avispas; una manada de ciervos ágiles entre tantas tortugas; un escuadrón de leones valerosos en medio de tantas liebres tímidas. ¡Oh Señor!: Reúnenos de entre las naciones (Sa1 105, 47). Congréganos, únenos para que se dé toda la gloria a vuestro nombre santo y poderoso. 


LA NUEVA COMPAÑIA DE MARÍA 


San Luis María Grignion de Montfort.
Basílica de San Pedro, El Vaticano 


     19. Vos predijisteis esta ilustre Compañía a vuestro profeta, que habla de ella en términos muy oscuros y misteriosos, pero totalmente divinos: 

     1. Derramaste en tu heredad, ¡oh Dios!, una lluvia copiosa, aliviaste la tierra extenuada (Sal 67, 10). 

     2. Y tu rebaño habita en la tierra que tu bondad, ¡oh Dios!, preparó para los pobres (Sal 67,11). 

     3. El Señor pronuncia un oráculo, millares pregonan la noticia (Sal 67, 12) 

     4. Los reyes de los ejércitos van huyendo, las mujeres reparten el botín (Sal 67,13) 

     5. Mientras reposabais en los apriscos, las palomas batieron sus alas de plata, el oro destellaba en sus plumas (Sal 67, 14) 

     6. Mientras el Todopoderoso dispersaba a los reyes la niebla bajaba sobre el Monte Umbrío (Sal 67, 15). 

     7. Las montañas de Basan son altísimas, ¿por qué tenéis envidia, montañas escarpadas? (Sal 67, 16) 

     8. El monte escogido por Dios para habitar, morada perpetua del Señor. (Sal 67, 17) 


     20. ¿Cuál es, Señor, esa lluvia voluntaria que Vos habéis preparado y escogido para vuestra heredad enferma sino estos santos misioneros, hijos de María, vuestra Esposa, que Vos debéis reunir y separar del pueblo, para bien de vuestra Iglesia, tan debilitada y manchada por los crímenes de sus hijos? 

     21. ¿Quiénes son esos animales y esos pobres que morarán en vuestra heredad, y que serán alimentados en ella con la dulzura divina que Vos les habéis preparado, sino estos pobres misioneros abandonados a la providencia que rebosarán de vuestras delicias más divinas, sino los animales misteriosos de Ezequiel, que tendrán la humanidad del hombre por su caridad desinteresada y bienhechora para con el prójimo; la valentía del león por su santa cólera y su celo ardiente y prudente contra los demonios, hijos de Babilonia; la fuerza del buey por sus trabajos apostólicos y su mortificación contra la carne, y, en fin, la agilidad del águila por su contemplación en Dios? Tales serán los misioneros que Vos queréis enviar a vuestra Iglesia. Tendrán ojos de hombre para con el prójimo, ojos de león contra vuestros enemigos, ojos de buey contra sí mismos y ojos de águila para Vos. 

     22. Estos imitadores de los Apóstoles predicarán con gran poder, con mucho valor. Con gran fuerza y virtud, tan grande y tan resplandeciente, que removerán las almas y los corazones de los lugares en que prediquen. A ellos es a quienes daréis vuestra palabra: daré la palabra; vuestra misma boca y vuestra sabiduría: Yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrán hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro (Lc 21, 15), a la que ninguno de sus enemigos podrá resistir. 

     23. Entre estos vuestros amados será donde Vos, en calidad de Rey de las virtudes, de Jesucristo el bien Amado, tendréis vuestras complacencias, puesto que ellos en todas sus misiones no tendrán más fin que el daros toda la gloria de los despojos que arrebatarán a sus enemigas : Los reyes de los ejércitos van huyendo, las mujeres reparten el botín (Sal 67, 13). 

     24. Por su abandono en manos de la Providencia y su devoción a María tendrán las alas plateadas de la paloma: es decir, la pureza de la doctrina y de las costumbres (Sal 67, 14). Y su espalda dorada: es decir, una perfecta caridad con el prójimo para soportar sus defectos y un gran amor para con Jesucristo para llevar su cruz. (VD 58). 

     25. Vos solo, como Rey de cielos y Rey de los reyes, separaréis de entre el pueblo estos misioneros como otros tantos reyes, para tornarlos más blancos que la nieve sobre el monte de Selmón, monte de Dios, monte abundante y fértil, monte fuerte y cuajado, monte en el que Dios se complace maravillosamente y en el que habita y habitará hasta el fin. ¿Quién es, Señor, Dios de verdad, este misterioso monte, del que nos decís tantas maravillas, sino María, vuestra querida Esposa, cuyos cimientos habéis puesto Vos sobre las cimas de los más altos montes? El ha cimentado sobre el monte santo. Monte en la cima de los montes. (Sal 86, 1; Is 2, 2) Dichosos y mil veces dichosos los sacerdotes que Vos habéis tan bien escogido y predestinado para morar con Vos en esta abundante y divina montaña, a fin de que lleguen a ser los reyes de la eternidad, por el desprecio de la tierra y su elevación en Dios; a fin de que se tornen más blancos que la nieve por su unión con María, vuestra Esposa, toda hermosa, toda pura y toda inmaculada; a fin de que se enriquezcan allí del rocío del cielo y de la grosura de la tierra, de todas las bendiciones temporales y eternas de que María está llena. Desde lo alto de esta montaña es desde donde, como otros Moisés, lanzarán por sus ardientes plegarias dardos contra sus enemigos para abatirlos o convertirlos. En esta montaña será donde aprendan de la boca misma de Jesucristo, que en ella mora siempre, la inteligencia de sus ocho bienaventuranzas. En esta montaña de Dios será donde sean transfigurados con El sobre el Tabor; donde mueran con El, como en el Calvario, y de donde suban al cielo con El, como desde el monte de los Olivos. 

CONCLUSIÓN 

     26. Acuérdate de tu congregación. A Vos solo es a quien toca el formar, por vuestra gracia, esta Congregación; si el hombre pone en ello el primero la mano, nada se hará; si mezcla de lo suyo con Vos, lo echará a perder todo, lo trastornará todo. Es vuestra obra, Dios soberano: haced vuestra obra, totalmente divina: juntad, llamad, reunid de todos los términos de vuestro dominio a vuestros elegidos, para hacer con ellos un cuerpo de ejército contra vuestros enemigos. 

     27. Ved, Señor, Dios de los ejércitos, los capitanes que forman compañías completas; los potentados que levantan ejércitos numerosos; los navegantes que arman flotas enteras; los mercaderes que se reúnen en gran número en los mercados y en las ferias. ¡Qué de ladrones, de impíos, de borrachos y de libertinos se unen en tropel contra Vos todos los días, y tan fácil y prontamente! Un silbido, un toque de tambor, una espada embotada que se muestre, una rama seca de laurel que se prometa, un pedazo de tierra roja o blanca que se ofrezca; en tres palabras, un humo de honra, un interés de nada, un miserable placer de bestias que esté a la vista, reúne al momento ladrones, agrupa soldados, junta batallones, congrega mercaderes, llena las casas y los mercados y cubre la tierra y el mar de muchedumbre innumerable de réprobos, que, aun divididos los unos de los otros por la distancia de los lugares o por la diferencia de los humores o de su propio interés, se unen no obstante todos juntos hasta la muerte, para haceros la guerra bajo el estandarte y la dirección del demonio. 

     28. Y por vos, Dios soberano, aunque en serviros hay tanta gloria, tanta dulzura y provecho, ¿casi nadie tomará vuestro partido? ¿Casi ningún soldado se alistará bajo vuestras banderas? ¿Ningún San Miguel gritará de en medio de sus hermanos por el celo de vuestra gloria: ¿Quién como Dios? ¡Ah!, permitidme ir gritando por todas partes: ¡Fuego, fuego, fuego! ¡Socorro, socorro, socorro! ¡Fuego en la casa de Dios! ¡Fuego en las almas! ¡Fuego en el santuario! ¡Socorro, que se asesina a nuestros hermanos! ¡Socorro, que se degüella a nuestros hijos! ¡Socorro, que se apuñala a nuestro padre! 

     29. A mí quien esté por el Señor (Ex 32, 26): que todos los buenos sacerdotes repartidos por el mundo cristiano, sea que actualmente se hallen combatiendo o que se hayan retirado de la pelea a los desiertos y soledades; que todos esos buenos sacerdotes vengan y se junten con nosotros; la unión hace la fuerza: para que formemos, bajo el estandarte de la Cruz, un ejército bien ordenado en batalla y bien regido para acometer de concierto a los enemigos de Dios, que han tocado ya alarma: Bramaron, rechinaron, se amotinaron, son muchos. Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo. El que habita en el cielo sonríe. (Sal 2, 3-4) 

     30. ¡Álcese Dios y sus enemigos se dispersarán! (Sal 67, 2). 

     Despierta, Señor, ¿por qué duermes? ¡Levántate! (Sal 43, 24). 

     Señor, levantaos; ¿por qué parecéis dormir? Levantaos en vuestra omnipotencia, vuestra misericordia y vuestra justicia, para formaras una Compañía escogida de guardias de corps, que guarden vuestra casa, defiendan vuestra gloria y salven vuestras almas, a fin de que no haya sino un rebaño y un pastor y que todos os rindan gloria en vuestro templo: En su templo un grito unánime: ¡Gloria! Amén. (Sal 28, 9) 

¡D I O S  S O L O!



sábado, 10 de octubre de 2020

¿La consagración de Rusia fue hecha tal como lo pidió la Santísima Virgen en Fátima, en 1917? Primera parte

 





Por el Padre David Francisquini*


     En la aparición del 13 de julio de 1917, Nuestra Señora de Fátima les dijo a los pastorcitos que Dios “va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, el hambre y la persecución a la Iglesia y al Santo Padre.

     “[...] Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados.

     "Si atendieren mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia;

     “Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas;

     “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. 

     "El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz”.




     Doce años después, el 13 de junio de 1929, durante su permanencia en Tui, España, la Hermana Lucía tuvo una visión en la que Nuestra Señora le dijo:

     "Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, prometiendo salvarla por este medio".

     En ese mismo año, la vidente puso ese pedido en conocimiento del Papa Pío XI, y al año siguiente le escribió a su confesor, el Padre José Bernardo Gonçalves SJ, diciéndole que Nuestro Señor la instara a solicitar al Santo Padre la aprobación de la devoción reparadora de los primeros sábados.

     Y agregó:

     “Si no me engaño, el Buen Dios promete poner fin a la persecución en Rusia si el Santo Padre se digna hacer, y ordenar a los obispos del mundo católico que lo hagan también, un acto solemne y público de reparación y consagración de Rusia a los Santísimos Corazones de Jesús y de María”.

     En una comunicación posterior, Nuestro Señor se quejó por medio de la vidente: “No quisieron atender mi pedido. 

     “Como el rey de Francia, se arrepentirán; a lo mejor mi pedido lo atenderán después, pero será tarde. Rusia ya habrá esparcido sus errores por el mundo”.

     En una carta a su confesor, del 18 de mayo de 1936, la Hermana Lucía dice: “He hablado íntimamente con Nuestro Señor del asunto; y hace poco le pregunté por qué no convertía a Rusia sin que esté de por medio la consagración hecha por Su Santidad”.

     Esta fue la respuesta que la Hermana Lucía recibió de Jesús:

     “Porque quiero que toda mi Iglesia reconozca esta consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para luego extender su culto y colocar, junto a la devoción a mi Divino Corazón, la devoción a este Inmaculado Corazón”.


Padre David Francisquini



Consagraciones hechas de forma incompleta

     Poco después de iniciada la Segunda Guerra Mundial, la Hermana Lucía se dirigió directamente al nuevo Papa, Pío XII, escribiéndole entre varias cosas, lo siguiente: "En algunas comunicaciones íntimas que he tenido con Nuestro Señor, Él no ha dejado de insistir en ese pedido, prometiendo últimamente — si Su Santidad se digna llevar a cabo la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, mencionando especialmente a Rusia, y ordenando que, en unión con Su Santidad y simultáneamente, la hagan también los obispos del mundo — acortar los días de tribulación, en los que en determinado momento castigará a las naciones por sus crímenes, con la guerra, el hambre y persecusiones contra la Santa Iglesia y Vuestra Santidad".

     En 1942, con motivo de la clausura del año jubilar de las apariciones de Fátima, el Papa Pío XII, consagró la Iglesia y el género humano al Inmaculado Corazón de María, acto que él mismo renovó el 8 de diciembre de ese año.

     Pero el texto apenas hacía una velada mención a Rusia, sin mencionarla explícitamente. A propósito e esta consagración, en una carta con fecha 4 de mayo de 1943 dirigida al padre Gonçalves, la Hermana Lucía aseguró haber tenido otra revelación de Nuestro Señor prometiendo "el final de la guerra poco después, en atención al digno acto realizado por Su Santidad, sin embargo, ya que fue hecha de forma incompleta, la conversión de Rusia queda postergada para después".




     En julio de 1952, Pío XII consagró Rusia al Corazón Purísimo de Maria, pero no lo hizo en unión a los obispos del mundo. En noviembre de 1964, Paulo VI “confió el género humano” al Inmaculado Corazón de María. Juan Pablo II hizo dos consagraciones: una en Fátima, el día 13 de mayo de 1982; y la otra en Roma, el 25 de marzo de 1984, ambas precedidas tan solamente de una invitación a los obispos para unirse a él en dichos actos.

     Algunos episcopados se unieron, pero en realidad fueron pocos quienes la hicieron. Además, Rusia no fue mencionada en el texto de la consagración, sólo fueron hechas apenas algunas alusiones indirectas que quedaron aún más en evidencia cuando el Papa polaco improvisó la siguiente oración: "Madre de la Iglesia! [...] Ilumina especialmente los pueblos de los cuales esperas nuestra consagración y nuestra entrega”.


Nota: Todos los hechos narrados hasta ahora, y las citas correspondientes, los tomé del excelente libro Fátima: ¿Mensaje de tragedia o esperanza? - de Antônio Augusto Borelli Machado.

Continuará...





*El Padre David Francisquini ejerce su misión sacerdotal en la Iglesia del Inmaculado Corazón de María, en Cardoso Moreira, Rio de Janeiro, Brasil.

Entusiasmado por el libro Revolución y Contra-Revolución, de Plínio Corrêa de Oliveira, el Rvdo. Padre David siempre difundió los ideales del insigne pensador y líder católico brasileño.

El sacerdote es autor de dos libros importantes en la defensa de la familia: "Catecismo contra el Aborto" y "Dios los creó hombre y mujer".



Fuente:
Revista Catolicismo

domingo, 4 de octubre de 2020

La personalidad y la misión de Plinio Corrêa de Oliveira reflejadas en sus previsiones sobre el Reino de María

 







     El sábado 3 de octubre del presente año, aquellos que conocimos al muy abnegado líder católico Plínio Corrêa de Oliveira, en cuya obra y apostolado se inspira nuestro blog, conmemoramos los 25 años de su fallecimiento. 

     En homenaje al insigne líder católico y defensor incansable de los derechos de la santa Iglesia Católica, compartimos con nuestros lectores una de sus más notables características: un indudable don profético, por el cual discernió y denunció los pasos de la Revolución anticristiana, muchas veces previéndolos con gran antecedencia.

     Al formular sus previsiones dejó claramente trazado el camino que los pueblos y las corrientes ideológicas deberían seguir para actuar de acuerdo con las vías de la Providencia y de la Contra-Revolución, evitando de ese modo que se entregasen a los designios anarco igualitarios de la Revolución.

     No obstante el Dr. Plinio haya anunciado, en innumerables ocasiones y con toda severidad el castigo divino — también anunciado por la Santísima Virgen en Fátima, en sus apariciones en 1917 como consecuencia del abandono de la fe y de la proliferación del pecado — nunca dejó de transmitir una continua esperanza en el advenimiento de una época áurea que vendría después de esas terribles probaciones y a la cual el gran San Luis María Grignon de Monfort bautizó en el siglo XVI, con el nombre de Reino de María.

     Ese mismo anuncio de la época futura en la que el Corazón Sapiencial e Inmaculado de María reinará en la tierra, se dio incluso cuando él, las TFPs (Tradición Familia Propiedad) y entidades afines denunciaban a los pueblos los peligros más sombríos que amenazaban a la Iglesia y a la Cristiandad. 

     A continuación 
transcribimos algunos ejemplos de los incontables textos en que Plinio Corrêa de Oliveira formula una doble previsión, el castigo regenerador y el Reino de María.

     Nos pareció necesario detenernos más en las previsiones realizadas desde su juventud, para dejar claro, de un lado, la amplitud de vistas que poseía ya en esa época de su vida, y de otro, la excepcional continuidad de su pensamiento. Sin embargo, dejamos claro que nunca, hasta el fin de sus días dejó de proclamar tales previsiones.


Previsiones sobre el Reino de María

La Iglesia y la civilización cristiana entrarán en uno de los túneles de la Historia, del cual saldrán victoriosas


     En 1931, a los 22 años de edad, anunciaba proféticamente un Vía Crucis cada vez más cargado de dolores, por el cual pasarían la Iglesia y la civilización cristiana, mostrando el significado que esos sufrimientos traerían como consecuencia, enseñando cómo conducirse ante ellos y previendo la victoria final:

     "Cuando es muy largo el trayecto que un tren debe recorrer, cuando son muy escarpadas las montañas que él debe subir, cuando son muy largas las vueltas a que lo obliga la ondulación del terreno, los ingenieros cavan un túnel que, no obstante sujete a los pasajeros a algunos minutos de entera oscuridad, les acorta las fatigas del viaje y les ahorra largas horas de trayecto.

     "Juzgamos que la fase de dolores cada vez más acentuados por las que el catolicismo habrá de pasar son como el túnel que, aún cuando nos introduzca por algún tiempo en las más densas tinieblas, en la negrura del más absoluto dolor, abreviará nuestro camino hacia la victoria final cortando montañas y transponiendo obstáculos que, sin ese túnel de dolores, llevaríamos muchos decenios —tal vez siglos— en recorrer. Entra la Iglesia, y con Ella la civilización occidental, en uno de los túneles de la Historia por el cual la Divina Providencia nos hace pasar, para acortar los padecimientos del catolicismo. Y cada vez, por tanto, que sintamos más encarnizado el ataque, más terribles las probaciones, tengamos la convicción tranquilizadora de que estamos progresando en el túnel, y nos aproximamos cada vez más del momento feliz en que nos encontraremos nuevamente en la claridad radiante de una civilización plenamente cristiana".


Plinio Corrêa de Oliveira, en 1933, cuando fue elegido diputado constituyente por la ciudad de Sao Paulo con tan sólo 25 años de edad. Ha sido el diputado elegido con la mayor cantidad de votos en toda la historia de Brasil

Plinio Corrêa de Oliveira, a los 25 años, en 1933 cuando fue elegido diputado constituyente por la ciudad de Sao Paulo. Hasta la fecha, es el diputado más joven elegido con mayor votación en la historia de Brasil.

Después de un nuevo diluvio, un nuevo Noé y una nueva civilización

     En 1937, conclamando a los católicos a un esfuerzo apostólico total, prevé la crisis que más tarde asolaría a la Iglesia con el progresismo, así como su trágico desenlace y el Reino de María:

     "Cumplamos nuestro [deber]. Y si, después de que hayamos hecho todo lo posible —la palabra ‘todo’ significa todo, pero absolutamente todo, y no sólo ‘un poco’ o ‘mucho’— resignémonos ante la avalancha que viene. Porque, aunque perezcan Brasil y el mundo entero, aunque la propia Iglesia sea devastada por los lobos de la herejía, Ella es inmortal. Nadará sobre las aguas revueltas del diluvio. Y es de dentro de su seno sagrado que saldrán después de la tempestad, como Noé del Arca, los hombres que habrán de fundar la civilización de mañana".

Dios se reirá de todos sus adversarios

     En el mismo año, afirmando que, antes de la exaltación de la Iglesia, el mundo deberá pagar las consecuencias de sus pecados, vaticinaba:

     "Decía el apóstol que ‘verbum Dei nos est aligatum’. Vendrá un día en que Dios se reirá de todos sus adversarios, confundiéndolos en la misma derrota que los colocará como escabel a los pies de la Iglesia.

     "Mientras esto no se dé, el mundo deberá padecer las consecuencias de sus pecados. Pero Dios no tardará, ya que Su Misericordia es siempre mayor que nuestros crímenes, y ciertamente no está tan lejos el día en que Dios humillará a los enemigos de la Iglesia y exaltará a la esposa de Cristo. ‘Deposuit potentes de sede, et exaltavit humiles’".

Nuestra Señora vencerá. Y la victoria de Ella será la nuestra

     Cuando la Segunda Guerra Mundial parecía estar llegando al fin, insistió en la necesidad de seguir el duro camino de la enmienda de vida y apuntó para el futuro triunfo del Inmaculado Corazón de María prometido por Nuestra Señora en Fátima:

     "Hitler fue un flagelo de Dios. Parece que ese flagelo se quiebra ahora, por divina misericordia. No nos olvidemos, sin embargo, que si Dios nos castiga menos, espera todavía nuestra enmienda. Sólo ella puede traer verdaderamente al mundo aquella paz que el mundo desea y que no tiene ni puede dar, y que está en Nuestro Señor Jesucristo, nuestra Vida y Resurrección.

     "Esa es la lección admirable que se desprende de los hechos, analizados a la luz de la doctrina católica.

    "Nuestra Señora, apareciendo a los pastorcitos en Fátima, dijo lo mismo. El camino es duro, en materia de enmienda. Miremos, sin embargo, al Inmaculado Corazón de María, y todo se nos tornará fácil.

    "Nuestra Señora vencerá. Y la victoria de Ella será la nuestra”.

Grande y universal victoria de la Religión en días venideros

     En 1955, al mostrar la misión providencial de San Luis María Grignion de Montfort, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira realzó el hecho de que el santo haya profetizado la futura victoria universal de la Religión Católica:

     "Ahora bien, San Luis Grignion de Montfort fue, en este ‘processus’ histórico, un verdadero profeta. En el momento en que tantos espíritus ilustres se sentían enteramente tranquilos en cuanto a la situación de la Iglesia, acunados por un optimismo displicente, tibio, sistemático, él sondó con mirada de águila las profundidades del presente, y predijo una crisis religiosa futura, en términos que hacen pensar en las desgracias que la Iglesia sufrió durante la Revolución [francesa], (…). Más aún, para aliento y alegría nuestra el santo profetizó una grande y universal victoria de la Religión Católica en dí

Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará




     En 1967, al cumplirse 50 años de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima relacionó el Mensaje de la Santísima Virgen con la situación del mundo en esos días, mostrando que, de acuerdo con la economía común de la gracia, era muy poco probable que se evitara el castigo. Pero volvió a insistir en la esperanza que nos debe animar, en medio de las probaciones: la certeza del Reino de María:

     "Es bueno que, al final de estas reflexiones, nuestro espíritu se detenga en la consideración de las perspectivas últimas del mensaje de Fátima. Para más allá de la tristeza y de los castigos supremamente probables, para los cuales caminamos, tenemos ante nosotros las claridades sacrales de la aurora del Reino de María: "Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará". Es una perspectiva grandiosa de universal victoria del Corazón regio y maternal de la Santísima Virgen. Es una promesa apaciguadora, atrayente y sobre todo majestuosa y entusiasmante.

     “Para evitar el castigo en la tenue medida en que es evitable, obtener la conversión de los hombres en la tenue medida en que según la economía común de la gracia ella es todavía obtenible antes del castigo, para apresurar cuanto posible la aurora bendita del Reino de María, y para ayudarnos a caminar en medio de las hecatombes que tan gravemente nos amenazan ¿qué podemos hacer? Nuestra Señora nos lo indica: el aumento en el fervor en la devoción a Ella, la oración, la penitencia

“No temáis, porque he aquí que os anuncio una gran alegría…”

     En la navidad de 1971, a través de las páginas del diario Folha de S. Paulo, animó a los auténticos hombres de buena voluntad, estimulándolos a confiar en el advenimiento del Reino de María, en medio de probaciones que vendrían para purificar a la humanidad de sus pecados:

     "¿Hay todavía hoy hombres de buena voluntad auténticos, que vigilan en las tinieblas, que luchan en el anonimato, que miran al cielo esperando con inquebrantable certeza la luz que volverá?

     "— Si, precisamente como en el tiempo de los pastores, los encontramos por todas partes. En las calles, en las plazas, en los aviones, en los rascacielos, en los subterráneos, e incluso en los lugares de lujo, donde junto con unos restos de tradición, crece y domina la indiferencia. Los vemos que esperan alguna interferencia de Dios en la Historia, la cual eventualmente pruebe a los hombres para purificarlos, pero que encerrará un ciclo de tinieblas para abrir otra era de luz.

     "Palabras proféticas, que encuentran su eco en la promesa marial de Fátima. Podrá el comunismo esparcir sus errores por todas partes. Podrá hacer sufrir a los justos. Pero, por fin —profetizó Nuestra Señora en la Cova de Iria— su ‘Inmaculado Corazón triunfará’.


Conclusión



Plinio Corrêa de Oliveira en Genazzano, Italia, en septiembre de 1988, agradeciendo a la Madre del Buen Consejo por sus 60 años de militancia católica anticomunista.


     "Esta es la gran luz que, como precioso regalo de Navidad, deseo para todos los lectores, y más especialmente para los genuinos hombres de buena voluntad". 

     Depositamos estas páginas a los pies de Nuestra Señora del Buen Consejo de Genazzano - a quien el fundador de la TFP tributaba una especialísima devoción - suplicándole que interceda junto a su Divino Hijo, obteniendo de Él las gracias para que los lectores de este artículo puedan tener una comprensión adecuada de la personalidad de Plinio Corrêa de Oliveira. Y que, por adhesión a sus lúcidas certezas y esperanzas, Ella los sustente en los convulsionaos tiempos que nos aguardan, antes del bendito día de la instauración de su Reino en la Tierra.



Las palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en el sentido que se les da en el libro “Revolución y Contra-Revolución”, cuya primera edición apareció publicada en el número 100 de la revista “Catolicismo”, en abril de 1959.

Fuente:
Juan Gonzalo Larrain Campbell:
Libro "Plinio Corrêa de Oliveira: Previsiones y  Denuncias en defensa de la Iglesia y de la civilización cristiana". 2009. Editora Petrus, Sao Paulo.

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