martes, 10 de enero de 2023

Los dos papas y el misterio de la Iglesia. Por Roberto de Mattei

 



Los dos papas y el misterio de la Iglesia

Por Roberto de Mattei


     Este año 2023 proyecta hacia el futuro una imagen totalmente inédita: los funerales de un papa presididos por otro pontífice. Una imagen que afecta la esencia misma del papado, que Jesucristo quiso uno e indivisible.

     En una entrevista que concedió a Bruno Vespa el viernes santo de 2005, cuando todavía era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Josef Ratzinger afirmó que el pontificado es un cargo único que da el Señor y sólo él puede retirar. Sin embargo, ocho años más tarde, el 11 de febrero de 2013, el anuncio de su abdicación cayó como un rayo en un cielo sereno, según la comparación que hizo el cardenal decano del momento, Angelo Sedano. Hay quienes están convencidos de que la renuncia al pontificado por parte de Benedicto obedeció a presiones de diversa índole de que habría sido objeto. Pero Benedicto, en sus Últimas conversaciones con Peter Seewald recalcó: «Todo eso es enteramente absurdo. Nadie intentó chantajearme. Yo tampoco me habría prestado a ello». Siempre ha repetido que la decisión la tomó con plena y consciente libertad.

     ¿Fue el debilitamiento psicofísico el motivo de la abdicación del Sumo Pontífice? Ahora bien, el postpontificado de Benedicto ha durado diez años, más que su pontificado, y con sus 95 años de edad ha sido el papa más longevo de la historia de la Iglesia. No sólo eso: Benedicto ha utilizado el título de papa emérito, y ha seguido vistiendo sotana blanca e impartiendo bendiciones apostólicas, dando a entender con ello que había una diarquía pontificia. Luego, el papa dimisionario fallece y su sucesor celebra las exequias, pero también está enfermo, en silla de ruedas, y su pontificado se acerca a su fin. Una luz crepuscular parece cernirse sobre la Iglesia. ¿Cómo se puede negar un debilitamiento objetivo de la institución del papado, que hasta los fieles de a pie perciben?

     A todo lo que hizo Benedicto XVI en sus ocho años de reinado se sobrepone el recuerdo de lo que no hizo en los diez años siguientes, dominados por la imagen de dos pontífices que los medios de prensa nos presentan en una poco menos que simbiótica sintonía. Con todo, primero estuvo el papa de la hermenéutica de la continuidad y los principios no negociables, el restaurador de la liturgia, el crítico de la dictadura del relativismo y el defensor de Occidente; luego, el papa que no soporta a los tradicionalistas y aprecia a los teólogos progresistas; el de la apertura a los homosexuales y los divorciados vueltos a casar; el papa del ecologismo, la inmigración y el Tercer Mundo. Si estas dos maneras de presentar el Evangelio al hombre de hoy han suscitado entre los fieles controversias doctrinales y hasta canónicas, se ha debido también a una cohabitación en el Vaticano que parecía proponer que se tomara partido por uno de dos bandos enfrentados, olvidándose que la historia de la Iglesia ha conocido disparidades, incluso muy marcadas, entre pontífices. Sucedió por ejemplo con León XIII y San Pío X, o entre Pío XII y Juan XXIII. Los papas son humanos, y no hay que poner de relieve sus diferencias hasta el extremo de imaginar que hay actualmente dos iglesias enfrentadas, la de Benedicto y la de Francisco, porque como sólo hay un vicario de Cristo, hay una sola Iglesia Católica, apostólica y romana.

     En todo caso, el misterio permanece y es preciso afrontarlo con reflexión y oración y no con el estruendo de los medios informativos. El verdadero filósofo cristiano posee aquello que el padre Réginal Garrigou-Lagrange (1877-1964) llamaba sentido del misterio, es decir, el ser consciente de no saber explicarlo todo rigurosamente por medio de la razón. Aunque la fe católica es razonable, la razón se detiene en el umbral de lo incomprensible. Por eso, si bien la fe católica rechaza el fideísmo, o sea la voluntad de creer contra la razón, condena igualmente ese semirracionalismo que impone a la razón el deber de explicar la fe en su totalidad.

     Otro gran teólogo, el padre Matthias Scheeben  (1835-1888), en una célebre obra titulado Los misterios del cristianismo, afirma que «cuanto más grande, sublime y divino es el cristianismo, tanto más debe ser forzosamente su contenido insondable, indemostrable y misterioso». De todos modos, explica, si no somos capaces de penetrar el misterio, ello no se debe al misterio mismo, que es una verdad de por sí luminosa, sino a la debilidad de nuestra mente. Los misterios son verdades que escapan a nuestra mirada; no por una oscuridad intrínseca, sino por un exceso de sublimidad y belleza a las que no se puede acercar el más agudo ojo humano sin quedar ciego. En unas palabras pronunciadas el 21 de noviembre de 2012, Benedicto XVI recordaba que «el misterio no es irracional, sino sobreabundancia de sentido, de significado, de verdad. Si, contemplando el misterio, la razón ve oscuridad, no es porque en el misterio no haya luz, sino más bien porque hay demasiada».

     Entre los misterios del cristianismo, de los cuales se ocupa la teología, está el de la Iglesia. Misterio, afirma también Scheeben, grande y maravilloso por su naturaleza, estructura, virtud y actividad. Tal vez más que nunca en este momento histórico el misterio envuelve al Cuerpo Místico de Cristo, realidad humana y divina al mismo tiempo, y por tanto superior a la fragilidad de la mente humana. Benedicto XVI, o más sencillamente Josef Ratzinger, ha muerto el 31 de diciembre, último día del año, en el que la Iglesia conmemora a San Silvestre (324-336), primer papa de la era constantiniana. En estos momentos de preocupación e incertidumbre, nos dirigimos a San Silvestre con las palabras de dom Prosper Guéranger (1805-1875): «¡Oh Pontífice de la Paz, desde la tranquila morada donde descansas, mira a la Iglesia de Dios, agitada por las más espantosas tormentas, y pide a Jesús, el Príncipe de la Paz, que ponga fin a tan crueles revueltas. Dirige tus miradas hacia esa Roma que amas y que guarda con tanto cariño tu recuerdo; ampara y dirige a su Pontífice. Haz que triunfe de la astucia de los políticos, de la violencia de los tiranos, de las emboscadas de los herejes, de la perfidia de los cismáticos, de la indiferencia de los mundanos, de la flojedad de los cristianos. Haz que sea honrada, amada y obedecida; que resuciten las grandezas del sacerdocio; que el poder espiritual se emancipe; que la fortaleza y la caridad se den la mano y que, por fin, comience el reino de Dios sobre la Tierra para que no haya más que un solo rebaño y un solo Pastor. Vela, oh Silvestre, por el sagrado tesoro de la fe que tú guardaste con tanta integridad; triunfe su luz de todos esos falsos y atrevidos sistemas que surgen por doquier como fantasías de la soberbia humana. Sométase toda inteligencia creada al yugo de los misterios, sin los cuales la humana sabiduría no es más que tinieblas; reine, por fin, Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María; reine por medio de su Iglesia en los espíritus y en los corazones». 






domingo, 8 de enero de 2023

El uso de teléfonos inteligentes por parte de los niños representa una revolución que destruye la sociedad

 







   
El advenimiento relativamente reciente de los teléfonos inteligentes y su rápida dominación han sido tan sin precedentes como omnipresentes. La forma en que la sociedad se ha vuelto tan dependiente de los teléfonos inteligentes en unos pocos años debería dar lugar a una considerable pausa para la reflexión. De particular preocupación es cómo los niños se han vuelto apegados, "fieles devotos" e incluso adictos a sus teléfonos, con consecuencias devastadoras.


Niños y teléfonos: los datos

     Los niños se han vuelto singularmente dependientes de los teléfonos inteligentes en poco más de una década. Según un estudio del Centro de Investigación Pew Research de 2020, el 67 % de los niños menores de 11 años estuvieron expuestos a un teléfono inteligente o lo usaron con el conocimiento de sus padres.

     La cifra de años anteriores fue aún más alarmante: un total del 62 % de los niños menores de cuatro años estuvieron expuestos al uso de teléfonos inteligentes, mientras que casi la mitad (49 %) de los niños menores de 2 años entraron en la misma categoría.

     Debido a los confinamientos relacionados con el COVID-19 hubo un gran aumento en el uso de computadoras y teléfonos inteligentes. esto llevó a Pew Research a emprender un seguimiento con los mismos padres encuestados en 2020, y descubrió que el uso de teléfonos inteligentes y otros dispositivos digitales por parte de los niños había aumentado de manera predecible en 2021, con un 71 %. de los menores de 11 años expuestos o usando un teléfono inteligente, además, el 81% de los padres dijeron que sus hijos menores de 11 años usaban una tableta.

Pasar el tiempo conectados

     Los niños más pequeños tampoco suelen usar el dispositivo de sus padres. Pew Research encontró que "el 37 % de los padres de un niño de 9 a 11 años mencionó que su hijo tiene su propio teléfono inteligente, en comparación con el 13 % de los de 5 a 8 años, el 5 % de los de 3 a 4 y el 3 % de los de dos años o menos".

Ley eterna y natural: el fundamento de la moral y la ley

     Aún más sorprendente es la cantidad de tiempo que los niños pequeños pasan con estos dispositivos electrónicos. El impactante informe de 2019 del Instituto Nacional de Salud señaló que los niños de solo 12 meses tenían un promedio de 53 minutos de tiempo al día delante de la pantalla.

     Con un uso tan intenso en los primeros años, los investigadores descubrieron que la tendencia continúa hasta la preadolescencia y años posteriores. En 2020, la Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente publicó un informe que "reveló que los niños de entre 8 y 12 años en los EE. UU. pasaban entre 4 y 6 horas al día delante de las pantallas".

     La principal fuente de recomendaciones de entretenimiento y tecnología para las familias, Common Sense Media, se hizo eco de esta estadística en 2019 al descubrir que los niños de ocho a doce años pasaban un promedio de casi 5 horas en las pantallas por día.

     Este número salta alarmantemente a medida que aumenta la edad. La Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente encontró que los adolescentes pasan hasta 9 horas diarias delante de la pantalla. Common Sense Media indicó que los adolescentes promedian casi siete horas y media por día, sin incluir el tiempo que pasan frente a la pantalla con fines escolares.

El uso del teléfono destruye la salud de los niños

     Con el acceso instantáneo al internet, un teléfono inteligente ofrece fuentes casi infinitas de distracción y supuesta diversión. Por lo tanto, los niños ya no tienen que relacionarse con amigos o usar su imaginación para crear juegos y así ocupar su tiempo. Se pierden en un mundo virtual de ficción digital a través de sus teléfonos.

     Este cambio de hábitos es el responsable del marcado descenso en el número de adolescentes que leen un libro físico con asiduidad. En la encuesta de 2019 de Common Sense, el 15 % de los adolescentes dijo que nunca lee libros, mientras que el 17 % dijo que lee solo una vez al mes.

     Los efectos dañinos del uso de teléfonos inteligentes y pantallas van mucho más allá de un descenso en la lectura de libros. Los investigadores están descubriendo que el aumento del tiempo frente a una pantalla estimula el estrés al tiempo que disminuye la capacidad del cuerpo para producir melatonina, que es necesaria para dormir bien.

      El tiempo prolongado de permanencia delante de las pantallas también está relacionado con problemas emocionales y de conducta en los niños, mientras que el tiempo que se pasa lejos de las interacciones humanas reales y la estimulación poco gratificante de las actividades en pantalla socava la formación que el niño necesita para progresar en la vida.

     Un artículo de 2017 en la revista Child Development advirtió "de las las tecnologías digitales (inalámbricas) y sus implicaciones en la salud, en las enfermedades neurológicas, la adicción fisiológica, la cognición, la falta de sueño y los problemas de comportamiento, además del cáncer".

     Child Magazine señaló cómo los niños se acostumbran al uso regular de teléfonos inteligentes al ver a los adultos volverse cada vez más adictos a ellos. También desarrollan malos hábitos cuando los padres les dan aparatos para entretenerse. Los autores del estudio destacaron los impactos en la salud poco informados y potencialmente catastróficos de este uso. Refiriéndose a un informe de 2008 presentado a la Organización Mundial de la Salud (OMS), señalaron que los niños que usan teléfonos enfrentan regularmente "interrupción de la memoria, disminución de la atención, disminución de las capacidades cognitivas y de aprendizaje, aumento de la irritabilidad, problemas para dormir, aumento de la sensibilidad al estrés y aumento de la preparación epiléptica".

     El informe de 2008 advirtió que los riesgos posibles y más remotos en el futuro de estos niños incluían tumores cerebrales, tumores nerviosos (incluso antes de los 30 años), enfermedad de Alzheimer, depresión y síntomas tempranos de demencia. El informe advirtió sobre el daño al sistema nervioso del cerebro cuando los usuarios de teléfonos llegan a los cincuenta.

Teléfonos que socavan la sociedad tradicional

     Con tales advertencias hechas en 2008 antes de la llegada del "sofisticado" iPhone, la perspectiva para los niños de hoy, que pasan hasta un tercio de cada día en la pantalla, no es particularmente esperanzadora.

     Tales advertencias no son comúnmente difundidas. Muchos artículos mayormente se limitan a advertir del aumento del tiempo de uso de los teléfonos y a aconsejar a los padres limitar dicho uso. Sin embargo, mencionar los datos más impactantes, como los contenidos en el informe de 2008 se evita cuidadosamente.

     El uso omnipresente de todo lo digital se suma a la confusión de los niños. En todas partes, las personas están en sus teléfonos, ya sea enviando mensajes mientras caminan distraídos por las calles, fotografiando religiosamente sus sándwiches antes de comerlos, usando un teléfono para guiarlos al próximo punto turístico, o empleando el estacionamiento de pago ya que muchos parquímetros ya no permiten el pago personalizado.

     De hecho, el uso de los teléfonos inteligentes por parte de los niños es parte de un círculo vicioso que está revolucionando la sociedad. Con tanto tiempo delante de una pantalla, los niños están siendo entrenados para aceptar una vida digital donde la interacción humana es reemplazada por los píxeles. Están siendo formados para que nada les parezca anormal, en pasar más tiempo en las redes sociales viendo contenido de video sin sentido, en lugar de pasar tiempo realizando tareas reales o disfrutando de eventos físicos.

     La revolución digital también está obligando a las personas a utilizar algún tipo de tecnología digital. Esta tendencia es visible en todos los ámbitos: ya sea con máquinas de autoservicio en las tiendas, el uso de códigos de contraseña digitales al intentar acceder a los servicios bancarios o incluso para comprar ciertos productos en línea.

     La era COVID empeoró las cosas al acostumbrar a jóvenes y mayores a pasar aún más de su vida diaria a la pantalla. Para las familias, las reuniones “virtuales” reemplazaron las reuniones familiares. Para los católicos, la Misa “virtual” reemplazó la asistencia a las iglesias. Los niños vieron cómo sus aulas se convertían en una colección en línea de cabezas borrosas en una pantalla. Los trabajadores de oficina experimentaron aún más la vida detrás de una pantalla de lo que antes creían posible.

     En todo ello, el avance radical de una sociedad digital se dirige principalmente a los niños. Si bien hace pocos años, solo los adolescentes parecían adictos a sus teléfonos, este apego se puede encontrar en menores de 13 años o incluso menores de 7 años.

     Los niños están siendo sacrificados en el altar del llamado progreso social en una era cada vez más digital. Los sumos sacerdotes de este sacrificio no son solo las empresas tecnológicas, que gustosos recaudan cientos de miles de millones de dólares en ganancias cada año, sino también los padres, que lamentablemente prefieren exponer a sus hijos a los daños de Internet en lugar de comprometerse con una vida familiar más tradicional, y permiten la invasión de teléfonos inteligentes y tabletas en el hogar.

      El apego a la tecnología debe frenarse rápida y firmemente para proteger a los niños de un daño mayor.


Notas: 

- Artículo de Michael Haynes, publicado por tfp.org el 28 de diciembre de 2022. La foto y los trechos en negrito son de este blog


lunes, 26 de diciembre de 2022

Nuestra Señora trajo el Buen Suceso al mundo y nos prometió el Reino de Su Inmaculado Corazón

 





     El Niño Jesús recién nacido está recostado en el pesebre en Belén en una noche fría. Nuestra Señora, previendo todo con el amor que podemos imaginar, a pesar de su pobreza, dispuso pequeñas túnicas para ponerle, apenas naciera. Evidentemente dispuso estas túnicas según las diversas temperaturas posibles de tal manera que el Niño Dios no sintiera frío.

     ¿¡Cómo sería el interior, lo íntimo de María Santísima, considerando estas cosas!? Se admite piadosamente que Nuestro Señor nació a medianoche y que antes de nacer, Ella entró en un éxtasis muy profundo durante el cual dio a luz al Niño Jesús.

     El nacimiento del Hombre-Dios se produjo de la manera maravillosa por la que su Santísima Madre permaneció virgen antes, durante y después del parto; esta verdad ha sido siempre afirmada por la Iglesia con la energía de un lenguaje del que sólo es capaz el pensamiento católico, testimoniando así categóricamente, la virginidad materna de María.

      ¿Cómo pudo suceder esto? Hay una escena en el Evangelio en la que Nuestro Señor entra en una habitación con todas las puertas y ventanas cerradas. Es costumbre citar este pasaje como una explicación de la virginidad durante el parto. Jesús puede atravesar todos los obstáculos materiales, porque, siendo Dios, su Cuerpo terrenal podría asumir las propiedades de los cuerpos gloriosos y atravesarlo todo, incluso antes de su Resurrección.

"¡A quien has concebido, lo engendrarás!"

     Siendo concebida sin pecado original, la Santísima Virgen poseía una inteligencia perfecta, exenta de las debilidades inherentes a nuestra naturaleza manchada por el pecado original. En consecuencia, al leer las Escrituras y aún más, inundada de las gracias de Dios para interpretarlas, llegó a componer la fisonomía, el espíritu, la mentalidad del Mesías anunciado por los profetas y largamente esperado por Ella.

     Y en el momento en que completó la imagen del Mesías, formada en su meditación, apareció el Ángel invitándola a ser Madre de Aquel a quien su espíritu había concebido.

     Por tanto, una primera tarea en la vida de Nuestra Señora fue concebir, a través de su inteligencia, cómo sería el Hijo de Dios, y tal concepción la haría con sumo cuidado, evitando toda distracción y descuido que pudiera hacer un poco menos clara, menos santa, la imagen que Ella estaba llamada a tener de Aquel que, sin Ella saberlo, sería su Divino Hijo.

     ¡Qué santidad se necesita para imaginar la mirada, el tono de voz, los gestos, el caminar, el reposo divino del Hijo de Dios! ¡Qué alma se necesita para intentar algo como esto y tener éxito!

     Aún más, qué alma debe poseer, para que después de haber hecho este trabajo interior de composición, Dios le diga: "¡A quien tú has ideado, tú lo engendrarás!" Qué maravilloso premio es este: "¿Lo pensaste, dedicaste tu mente a resolverlo? ¡Aquí lo tienes! Lo hiciste con tanto amor y éxito, que te aseguro: '¡Tú lo engendrarás!'". ¡Nunca ha habido ni habrá un premio igual en la historia del mundo!

Jesús se despide de su Madre

     Nuestra Señora se encargó de cuidar al Niño para que en ningún momento sintiera un pequeño sufrimiento por el frío o por el calor, y que todo su desarrollo físico y mental fuese perfecto. Ella tenía la enorme responsabilidad y obligación de llevar su tarea al punto perfecto, y ese punto perfecto fue el momento feliz y triste cuando Jesús, creciendo, le dijo:

     – Madre, estoy plenamente constituido y formado. Ha llegado mi hora; voy a predicar, para maravillar a los hombres y ser crucificado por ellos. ¡Madre mía, adiós!


Cristo se despide de su Madre, Retablo de la la Dolorosa, Centro Cultural / Arte Contemporáneo, Cdad. de México, D.F.

     Podemos imaginarnos a Nuestra Señora yendo a la puerta de la casa, viéndolo bajar por el camino, quizás al anochecer, y contemplando Su sombra que se extiende por el camino. Después, cerró la puerta y se quedó sola. ¡Quizás, para consolarla, los Ángeles comenzaron a cantar! Sin duda, era maravilloso, pero no era lo mismo que ver a Su Hijo y manifestarle su cariño y respeto. Sólo escuchar, por ejemplo, el eco de sus pies divinos en aquel piso pobre, la ponía sumamente contenta. ¿Qué sería el caminar de un rey, de un general, de un maestro, comparado con eso? !Pobres reyes, pobres generales, pobres maestros… ¿Qué es todo esto comparado con el resonar de un paso del Mesías sobre las tablas de madera de la santa casa que se encuentra en Loreto? ¿Quién remediaría esta ausencia?

     El Evangelio, a lo largo de su narración del Evangelio, cita varias veces a Nuestra Señora, sobre todo, en aquel encuentro con su Divino Hijo rumbo al Calvario. En mi opinión, es la escena más conmovedora que haya ocurrido en la Tierra.

La misión de engendrar sucede a la de cuidar

     María Santísima tenía pues, una primera misión: concebir al Hombre-Dios, y lo concibió espléndidamente y tenía también la misión de engendrarlo, y para eso se cuidó mucho de que todo saliera perfecto y que esta gestación fuera para el Divino Embrión como un sol que sale todo perfectamente correcto, adecuado, conveniente, santo. Imagínese su éxtasis cuando sintió en sus entrañas virginales que Él se movía, comunicándose con Ella cuando conversaban por medio de la oración.

     Luego, la tarea de engendrar perfectamente bien a Jesús es sucedida por la de cuidarlo, también perfectamente. Termina una tarea, comienza otra. El Niño nace, es el final de todo un período que comienza desde su primera reflexión sobre cómo sería el Salvador hasta el momento de su nacimiento. Y contempla, por primera vez, ese rostro que tanto había querido contemplar: el rostro pequeño de un niño inocente, pero ya la fisonomía de un Rey, de un Maestro, de Quien hará milagros, porque lo sobrenatural irradiaba en Nuestro Señor de tal manera que se tiene la impresión de que al acercarse a Él cualquier enfermo se curaría inmediatamente.


La Virgen confeccionando la túnica inconsútil

      Sin duda, una de las tareas de la Santísima Virgen fue vestir a su Divino Hijo. Cuando Adán y Eva pecaron, Dios les hizo las primeras vestiduras. Cuando nació el Niño, fue la criatura humana la que vistió a Dios. ¡Qué hermoso y meditativo es todo esto!

     El niño ha nacido en medio de peligros. Todo embarazo conlleva riesgos. Pero después de todo, Él nació. ¡Oh buen suceso! Es la prueba de que la gestación fue perfecta. La madre toma al niño, y lo llevará poco después al Templo y ofrece a Dios esa criatura que es de Dios, porque Él lo creó. ¡Allí estaba el Hijo de Dios!

Patrona del Reino de María en la Tierra

     ¿Qué significa un buen suceso? Un suceso es digno de mención, es algo que requiere cuidado, esfuerzo y resultados. ¡Es hijo del esfuerzo, de la dedicación y del heroísmo!

     Quienes reciben por encomienda una ardua tarea para cumplir, contraen al mismo tiempo una gran responsabilidad, una serie de cosas difíciles por hacer para llegar a un resultado, y cuando logran un buen resultado habrán obtenido un buen suceso.

     Por tanto, Nuestra Señora del Buen Suceso es la patrona de todos aquellos que buscan un buen suceso en beneficio de la causa de Ella, es decir de quienes trabajan para que el reinado del Corazón Sapiencial e Inmaculado de María sea implantado en toda la Tierra.

     ¡Cómo merece llamarse "buen suceso" el éxito de quienes, en la oscuridad de la noche del neo paganismo actual, trabajan para que nazca el sol del Reino de María!

     ¡Todos los que trabajan a favor de la Contrarrevolución, en última instancia actúan para que el sol del Reino de María aparezca sobre el mundo! Es algo parecido a una gestación, y el Reino de María será admirablemente un buen éxito, un magnífico buen suceso.

     Quizás ahí se encuentre la explicación del por qué Nuestra Señora aparece tan regia en la imagen que la representa, en el convento de las concepcionistas de Quito, esculpida milagrosamente por los ángeles.


Nuestra Señora del Buen Suceso, Real Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito 


     Durante una de sus apariciones a la Madre Mariana de Jesús Torres, la Santísima Virgen dio todas las indicaciones de cómo debía ser confeccionada su imagen, incluyendo el tamaño, tomando el cordón del hábito de la Madre Mariana y midiéndose a Sí misma.

     El escultor empezó a hacer la imagen y no podía plasmar la belleza incomparable de la Madre del Redentor. Un buen día llegó al coro donde estaba tallando la imagen en madera y la encontró terminada.

     Después de eso, y en incontables ocasiones, Nuestra Señora se aparecía para conversar con la Madre Mariana y caminaban juntas por aquellos claustros del Monasterio. Como prueba de la autenticidad de estas apariciones, al amanecer, el manto de la Virgen aparecía humedecido con gotas del rocío. ¡Qué maravilla! ¡El rocío cayendo sobre el manto de la Reina del Cielo y de la Tierra! ¡Ningún palacio, ninguna diadema real, nada tendría la belleza de aquellas gotas de rocío posándose y centelleando sobre el manto de la Virgen!

     Ella aparece trayendo en sus brazos al Buen Suceso por excelencia que es Nuestro Señor Jesucristo, pero aparece también para prometer al mundo la implantación del Reino de María en la Tierra, no sin antes prometer terribles castigos si la humanidad no se convierte.

      Entonces Nuestra Señora del Buen Suceso, bien puede ser una patrona señalada muy afortunadamente para el momento en que finalmente el Reino de María nazca en la Tierra, e hijos indignos de la Santísima Virgen, pero amorosos y colmados ​​de admiración, podrán decirle cuando aparezca la luz de Su Reino:

     "Señora, te presentamos el mundo que Tú iluminas; la luz de tu Reino es nuestro suceso; ¡Madre nuestra, es tu suceso! Tú hiciste todo, comenzando por hacernos a nosotros. Cuando éramos niños y nos llevaron a las pilas bautismales, ¿Qué mérito teníamos para eso? Fueron tus oraciones las que nos alcanzaron esa gracia. ¡Y qué gratitud tan grande deberíamos tener por ese asombroso regalo!".

    Fue el Hijo engendrado por Ella quién trajo esta gracia al género humano, pero esa gracia, de alguna manera, comenzó a hacerse presente en el mundo en el momento en que Ella dijo: "¡Fiat mihi secundum verbum tuum!" – "¡Hágase en mí según tu palabra!". Y brotó sobre el mundo en el momento en que el Padre Eterno le pidió su consentimiento para que Nuestro Señor Jesucristo muriera en la Cruz. Y Ella hizo algo sublimemente terrible, diciendo: "Que muera, pues, por amor al género humano y para que se haga tu voluntad".

     Nuestra Señora del Buen Suceso, ruega por nosotros.



Artículo elaborado con trechos de una conferencia de Plínio Corrêa de Oliveira para jóvenes, en la ciudad de São Paulo, el 2 de febrero de 1985.

martes, 20 de diciembre de 2022

La historia de las miradas

 



El Nacimiento del Niño Jesús. Giotto di Bandone, 1304 - 1306 — Padua


     Cómo sería bonito tener a la mano el material necesario para hacer una historia, no de la humanidad, sino de un capítulo especial de la historia de la humanidad: ¡la historia de las miradas!

     De las miradas magníficas, de las miradas esplendorosas, de las miradas suaves, de las miradas dulces, de las miradas tristes, de las miradas de esperanza, de las miradas de perplejidad, de las miradas de indignación, de las miradas de ordenación y de planeamiento, de las miradas de imprecación y de castigo.

     En la noche de Navidad sucedió aquel momento bendito en que se abrieron a la vida y al mundo aquellos ojos divinos que hacen enmudecer a todas las lenguas.

      Vamos a imaginar que la gruta de Belén fuese enorme, alta, grande, casi una catedral, que tuviera evidentemente una arquitectura definida, pero donde el movimiento de las piedras vagamente nos hiciera presentir las ojivas de una catedral como existirían en la futura Edad Media.

     Podemos imaginar el pesebre que servía de cuna para el Niño Dios, colocado en un punto majestuoso de la encrucijada de estas varias naves laterales naturales, y que una luz celestial, toda de oro, fluctuase alrededor suyo en aquel momento.

     El Divino Infante estaba allí con la majestad de un verdadero rey, aunque reclinado en su pesebre y siendo apenas un niño; Él, rey de toda majestad y de toda gloria.

     Imaginémonos aproximándonos a Él, y Él abriendo los ojos, y en su mirada emergiendo su faceta de Rey. Apareciendo en su mirada un fulgor de tal profundidad que percibiéramos en Él a un gran sabio, rodeado de una tal atmósfera, que ungiera de santidad a todos aquellos que se le acercan.

     Una atmósfera de tal pureza, que las personas no se aproximaran a aquel lugar sin antes pedir perdón por sus pecados; pero, al mismo tiempo, se sintieran atraídas a la enmienda por la santidad que emanaba del lugar.

Giotto, detalle de La Presentación de Jesus en el Templo

     Imaginemos allí, además, a la Santísima Virgen a los pies del Niño Jesús, también Ella como verdadera Reina, majestuosísima, trascendente, purísima, rezando.

     Ángeles invisibles entonando alrededor canciones de glorificación, y toda la atmósfera reinante saturada de valores tales, que, se diría existir en aquella pobreza y en aquella miseria una atmósfera de corte.

      Probablemente, todas las perfecciones del orden del Universo están contenidas en la mirada de Nuestro Señor Jesucristo, de manera que Él tiene estados de alma que corresponden a todas las bellezas de la creación.

     En el centro de todos los colores, de todas las bellezas, existe la faz adorable de Nuestro Señor Jesucristo; en el centro de la faz adorable de Nuestro Señor Jesucristo, existe su mirada, plenitud y compendio de toda la faz.

Fra Angelico - Sacra Conversazione - detalle. Convento de San Marcos, Florencia

     Nuestro Señor conversa con quien decide sumergirse en su mirada, límpida, afable, serena, casi aterciopelada, pero en el fondo con una rectitud, una firmeza y una fuerza que llenan a la persona al mismo tiempo de encanto y de confianza.

     Mirada sumamente perceptiva, pero no a la manera de una punta que perfora la realidad y ve lo que ella tiene, sino que es casi una mirada radiográfica que, sin dilacerar nada, penetra en el fondo de todo, revela y manifiesta todo, respetando todo.
En el conjunto de las miradas de Nuestro Señor Jesucristo están reflejados los principios de la lógica, las reglas de la estética y el orden del Universo.

     Están simbolizados el pulchrum —belleza, en castellano— y el significado interno de todo cuanto existe. Es una mirada que lo contiene todo, es la mejor idea que se puede tener en esta Tierra de la visión beatífica.

     Pues entonces este Rey, tan lleno de majestad, en cierto momento nos abre sus ojos. Notamos que su mirada purísima, inteligentísima, lucidísima penetra en nuestros ojos. Ve lo más profundo de nuestros defectos, pero también lo mejor de nuestras cualidades. Y en ese momento toca nuestra alma, como conmovió 33 años después a San Pedro.

      Cuando el pecador menos lo espera, por un ruego amable de la Santísima Virgen, Él sonríe. Y con esta sonrisa, a pesar de toda su majestad, sentimos que las distancias desaparecen, que el perdón invade nuestra alma y que un algo indefinible nos atrae. Y, así atraídos, caminamos hasta quedar a su lado. El Divino Infante afectuosamente nos abraza y pronuncia nuestro nombre, diciendo:
     — "¡Yo te quise tanto y te quiero tanto! Deseo para ti tantas cosas y te perdono tantas otras. ¡No pienses más en tus pecados! De aquí en adelante, piensa apenas en servirme.

     "Así, en todas las ocasiones de tu vida, cuando te asalte alguna duda, acuérdate de esta condescendencia, de esta amabilidad, de este beneplácito que ahora tengo hacia ti, y recurre a Mí por medio de mi Madre, que te atenderé.

     "Seré tu amparo, tu fuerza, y estas gracias te han de llevar al Cielo para allí reinar a mi lado por toda la Eternidad”.

— Señor, no soy digno de que me mires, pero ¡mírame!, consiente en inmergir Tu mirada en la mía y mi alma será salvada.


Notas:

Fragmentos de conferencia de Plinio Corrêa de Oliveira para socios y cooperadores de la TFP, el 23 de diciembre de 1978.


lunes, 12 de diciembre de 2022

Plinio Corrêa de Oliveira, El Cruzado del Siglo XX

 




Plinio Corrêa de Oliveira:

 El Cruzado del siglo XX

Por el Prof. Roberto de Mattei*


     Ciento catorce años han transcurrido desde el día del nacimiento de Plinio Corrêa de Oliveira, veintisiete años han transcurrido después de su muerte, un velo de misterio aún cubre la figura del gran líder católico.

     Podemos aproximarnos de ese misterio a través de la definición que el Cardenal Giuseppe Pizzardo —entonces Prefecto de la Sagrada Congregación para los Seminarios— dio, en 1963, acerca de una de sus obras, La libertad de la Iglesia en el estado comunista.

     En la carta que figura como prefacio de este importante estudio, el Cardenal Pizzardo lo define como "un eco fidelísimo del supremo magisterio de la Iglesia".

     Pero Plinio Corrêa de Oliveira no fue sólo un eco del magisterio supremo y perenne de la Iglesia apenas en sus obras, sino también, y principalmente, en su vida. Encarnó, por así decir, ese magisterio, haciendo de él una enseñanza no sólo transmitida, sino sobre todo vivida a imagen de Nuestro Señor, quien dijo sobre Sí mismo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". Y el Camino, la Verdad y la Vida de Nuestro Señor son los de su Cuerpo Místico, la Iglesia por Él fundada en el Calvario.

Entrañable amor por la Santa Iglesia

   

Plinio Corrêa de Oliveira en su viaje a Europa en 1988. A sus espaldas, la Catedral de Notre-dame de París 

  Plinio Corrêa de Oliveira conoció y amó la historia de la Iglesia desde sus orígenes, desde el momento en que el Cuerpo Místico vino a luz, manando, con la sangre y el agua, a través del costado traspasado de Cristo.

     Si hubiese vivido en los primeros siglos de la Iglesia, él se habría presentado de cabeza erguida ante los tribunales romanos, confesando firmemente su fe, y habría enfrentado, con valentía indómita, a las fieras en las arenas del circo.

     Si Plinio Corrêa de Oliveira hubiese vivido en la época de Constantino —a la altura en que la Iglesia, al salir de las catacumbas, tuvo que combatir contra los enemigos internos, más peligrosos que los externos—, él habría ocupado un lugar de destaque en el combate por la pureza de la fe. Habría seguido a San Atanasio cuando éste, perseguido por los arrianos, tuvo que partir para el exilio; se habría erguido públicamente contra Nestorio para defender el honor de Nuestra Señora, como lo hizo Eusebio de Dorilea, un simple laico; habría apoyado a los grandes papas como San León y San Gregorio, los cuales proclamaron la primacía de Roma en los siglos de oscuridad que antecedieron la aurora luminosa de la Edad Media.

     Su corazón habría exultado de alegría la noche de Navidad del año 800, ocasión en que Carlomagno fue coronado en Roma, dando origen al Sacro Imperio Romano.

     En la solemne ceremonia en que el Papa León III ciñó la corona imperial en la cabeza del rey de los francos, él habría vislumbrado todo el esplendor de la cristiandad naciente. Plinio Corrêa de Oliveira, que proclamó la Cruzada del siglo XX, habría sido uno de los primeros en responder al llamado del Beato Urbano II y en llevar la cruz.

     Habría llorado de alegría al aproximarse, de pies descalzos y espada en puño, a los muros sagrados de Jerusalén. Habría erguido la espada no para imponer la fe, sino para defender la civilización cristiana, al lado de Simón de Montfort, contra los cátaros, en el corazón de Francia, y al lado de los caballeros teutónicos, contra las tribus paganas en los países bálticos.

Enfrentando a las tres grandes revoluciones

     Con la pérdida del espíritu de cruzada él leyó el inicio de la decadencia de la Edad Media, substituido por el espíritu hedonista del Humanismo, que abrió el paso a la primera gran revolución: el protestantismo, que comprometió la unidad de la ecúmene cristiana.

     Plinio Corrêa de Oliveira habría saludado con entusiasmo la entrada en el campo de batalla de una orden religiosa, la Compañía de Jesús de San Ignacio de Loyola.

Lutero y otros Pseudo reformadores protestantes – Cuadro de Lucas Cranach

     No habría tenido ninguna compasión por los revoltosos de espíritu, habría participado de las controversias al lado de San Francisco de Sales y San Roberto Belarmino; habría combatido contra los protestantes, bajo la estela de Alejandro Farnesio, en las tierras de Flandes, y de Wallerstein, en los territorios de Bohemia; habría luchado contra los calvinistas holandeses, al lado del Conde de Sanfelice, en Bahía.

     El espíritu de cruzada no se identifica con el amor por la violencia, pero sí con el deseo de ofrecer la propia vida en nombre de Dios. Dentro de ese espíritu, Plinio Corrêa de Oliveira habría derramado su sangre en el tumultuoso mar de Lepanto o en las murallas de Viena asediada por los turcos.

     Nadie estudió o conoció, como él, la historia de la Revolución Francesa, la segunda gran revolución, matriz de todos los errores de nuestro tiempo. La habría enfrentado de pecho abierto, a fin de descabezarla en su origen.

Revolución Francesa: ejecución en la plaza de la Revolución (Demachu, museo Carnavalet, París)

     Habría querido ser un príncipe de sangre francés, no para emigrar, sino para liderar la insurrección antijacobina en la Vandea; habría acudido a Calabria, para juntarse al Cardenal Ruffo, y al Tirol, para colocarse al lado de Andreas Hofer.

     Quiso la Providencia que él no fuese nada de esto, sino que fuese, más aún en su persona que en sus obras, el eco fidelísimo de todas estas posiciones en el siglo XX. Un eco no apenas del magisterio perenne de la Iglesia, sino también de la vida palpitante de la Esposa de Cristo, de sus luchas, dolores y triunfos.

Un paralelo histórico con Teresa de Lisieux

     Murió el 3 de octubre de 1995, que en el antiguo santoral —el mismo que él seguía—, es el día de la fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús. La misma que, en la Historia de un alma, escribe estas palabras tocantes: "Siento la vocación de guerrero, de sacerdote, de apóstol, de doctor, de mártir; en una palabra, siento la necesidad, el deseo de realizar por Ti, Jesús, las obras más heroicas. Siento en el fondo del alma la valentía de un cruzado, de un zuavo pontificio: quisiera morir en un campo de batalla, en defensa de la Iglesia".

     Fueron de este mismo tipo el espíritu y la vocación de Plinio Corrêa de Oliveira.

     Santa Teresita murió a los 24 años de edad realizando, con el sacrificio supremo de su breve período de vida, la aspiración a esa vocación universal.

     Plinio Corrêa de Oliveira vivió mucho más tiempo realizando, con su obra y su ejemplo personal, la misma aspiración de Santa Teresita. Tal como Teresa de Lisieux, también él sentía la vocación de guerrero y sacerdote, de apóstol, doctor y mártir. Tal como Teresa de Lisieux, también él podría haber escrito: "Quisiera morir en un campo de batalla, en defensa de la Iglesia".

El campo de batalla que Dios le asignó

     Su campo de batalla fue la larga noche del siglo XX; con espíritu de cruzado atravesó aquel que tal vez haya sido el siglo más negro de la historia, enfrentando y combatiendo hasta la muerte al comunismo, la tercera gran revolución de la historia, así como a todas las formas de totalitarismo y de progresismo, laico o católico, a las cuales opuso siempre el perenne Magisterio de la Iglesia.

La versión más actualizada del comunismo, el ecologismo

     Atravesó las borrascas que sacudieron a la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II y sus funestas consecuencias, denunciadas por los Papas posteriores; consecuencias que él previó en el mismo momento en que recibió la noticia de su convocatoria. "Serán —afirmó— los Estados Generales de la Iglesia". No se trataba de un juicio teológico sobre documentos doctrinarios aún no promulgados. Era una lúcida previsión del desarrollo del evento histórico. Y tanto en esta, como en muchas otras previsiones, Plinio Corrêa de Oliveira fue profético.

     Plinio Corrêa de Oliveira fue un eco fidelísimo de la Iglesia, una vez que no se limitó a amar u odiar, a la luz de Ella, todo aquello con que se fue confrontando a lo largo de su vida.

"Vir catholicus, apostolicus, plene romanus"

     Amó todo lo que la Iglesia había amado, definido y promovido en el transcurso de dos mil años de existencia; detestó todo lo que la Iglesia había refutado, combatido, anatematizado en el discurrir de esos dos mil años.

     Con relación a la figura de Plinio Corrêa de Oliveira, hoy debemos amar y homenajear no a un hombre, sino a la propia Iglesia, una, santa, católica, apostólica y romana; las palabras vir catholicus, apostolicus, plene romanus, que hoy leemos en la lápida de su tumba en São Paulo, resumen su vocación.

Lápida de la tumba del Dr. Plinio, junto a la de su madre, Doña Lucilia, en el Cementerio de Nuestra Señora de la Consolación, en São Paulo

     En las palabras y en las enseñanzas de Plinio Corrêa de Oliveira debemos escuchar el eco de una voz límpida y preocupada, de una voz que viene de lejos y que no se extingue con el paso de los siglos; en su vida, en su ejemplo debemos detectar una luz que se refracta siglo tras siglo, hasta el final de los tiempos; en su figura debemos divisar una bandera, tantas veces caída, pero siempre erguida de nuevo.

     Esta misma bandera es la que hoy volvemos a erguir del suelo, con este encuentro y con nuestro trabajo diario. Roma, Italia y Europa retoman la herencia de Plinio Corrêa de Oliveira y renuevan hoy, a través de mis palabras, el empeño de hacer de su vida y de su obra nuestro futuro. 


*Presidente de la Fondazione Lepanto, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Casino (Italia), vicepresidente del Consejo Nacional de la Investigación del gobierno italiano.

domingo, 11 de diciembre de 2022

"Los 12 días de Navidad", la canción a modo de catecismo de los católicos perseguidos

 



El ángel lleva la estrela de Belén. Convento Carboneras. Madrid, España.

     Hay una linda música de Navidad inglesa titulada "Twelve Days of Christmas" (Los 12 días de Navidad), poco conocida entre nosotros, y que surgió durante la época de la persecución anglicana contra los católicos en aquel país, en el siglo XVI.

     Con la seudo reforma protestante, países como Inglaterra, al abandonar el regazo de la Santa Iglesia Católica y caer en la herejía, comenzaron a perseguir a los católicos, tornando casi imposible la práctica de la verdadera Religión.

     Para comunicar a los fieles la sana doctrina y poder celebrar sin miedo de represalias la Navidad del Salvador, según la tradición de la Iglesia, católicos ingleses compusieron esa música, que es un catecismo secreto en cuanto expresa en símbolos la realidad de nuestra fe.

     Fue también utilizada muchas veces por los católicos durante las persecuciones anticristianas y antimonárquicas de la Revolución Francesa.

     A continuación, invitamos al lector a intentar descifrar por sí mismo el significado de esta bella canción, y a comprobar después el resultado con el texto en la parte final.     

"Los doce días de Navidad"

VIDEO


     He aquí el texto en español:

"En el primer día de Navidad, mi verdadero amor me dio una perdiz en un peral.

"En el segundo día de Navidad mi verdadero amor me dio dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el tercer día de Navidad mi verdadero amor me dio tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral". (Día tras día, va narrando, en orden decreciente, lo que "mi amor  me dio").

"En el cuarto día de Navidad mi verdadero amor me dio cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el quinto día de Navidad mi verdadero amor me dio: cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el sexto día de Navidad mi verdadero amor me dio seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el séptimo día de Navidad mi verdadero amor me dio siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el octavo día de Navidad mi verdadero amor me dio ocho ciervas ordeñando, siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

Ángeles de Borgoña, Francia

"En el noveno día de Navidad mi verdadero amor me dio nueve señoras danzando, ocho ciervas ordeñando, siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el décimo día de Navidad mi verdadero amor me dio diez lores saltando, nueve señoras danzando, ocho ciervas ordeñando, siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el undécimo día de Navidad mi verdadero amor me dio once flautistas tocando, diez lores saltando, nueve señoras danzando, ocho ciervas ordeñando, siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral".

Y termina diciendo:

"En el duodécimo día de Navidad mi verdadero amor me dio doce tamborileros, once flautistas tocando, diez lores saltando, nueve señoras danzando, ocho siervas ordeñando, siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz; en un plato de madera…"

¿Cuál es el significado de la letra de esta música?

     1er día: "Mi verdadero amor", es el Dios Padre. Y la perdiz simboliza a Nuestro Señor Jesucristo. La perdiz es un animal de coraje, capaz de luchar hasta la muerte para defender sus pichones. El peral representa la Cruz.


El arcángel san Gabriel, Rodez, Francia.

     2º día: las dos tórtolas representan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Durante siglos, judíos ofrecían palomas a Dios. Las dos palomas recuerdan el sacrificio de la Virgen y San José ofrecido en honor de Nuestro Señor.

     3er día: las tres gallinas francesas representan las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Esas gallinas eran muy caras en el siglo XVI y sólo los ricos tenían condiciones de comprarlas. Simbolizaban los tres presentes ofrecidos por los Reyes Magos al Niño Jesús: el oro, el más precioso de los metales; el incienso, usado en las ceremonias religiosas solemnes; y la mirra, una resina incomparable.

     4º día: los cuatro pájaros cantando representan los cuatro Evangelios. En ellos están contenidos la vida de Nuestro Señor y sus enseñanzas. Como pájaros cantando de modo claro y fuerte, los cuatro Evangelistas difunden por todo el mundo la Buena Nueva de la Vida, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

     5º día: los cinco anillos dorados representan los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, o el Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), que recordaban a los católicos sus raíces. Los judíos consideraban esos libros más valiosos que el oro. Y después que la devoción del Rosario se tornó más conocida, recordaban las cinco decenas del Rosario de la Bienaventurada Virgen María.

     6º día: los seis gansos empollando representan los seis días que Dios empleó en la creación de la Tierra, del Universo y de las criaturas. Los gansos, precisamente en el momento de empollar, nos recuerdan cómo la Palabra dio vida a la Tierra.

     7º día: los siete cisnes nadando representan los siete sacramentos y también los siete dones del Espíritu Santo. Con los sacramentos y los dones, los fieles podrían sustentarse a través de los tiempos de persecución. Como los pichones de cisnes se transforman de patitos feos en lindos cisnes, así la gracia de Dios nos transforma de simples creaturas en hijos de Dios.

     8º día: las ocho siervas ordeñando representan las ocho bienaventuranzas predicadas por Nuestro Señor en el Sermón de la Montaña. Las bienaventuranzas, como la leche, alimentan y nutren al católico.

Belén del Convento Carboneras, Madrid.

     9º día: las nueve señoras danzando son los nueve frutos del Espíritu Santo (Gal. 5, 22-23): caridad, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, blandura y templanza. De la misma forma como las señoras que danzan alegres, los cristianos pueden alegrarse con la vida transformada por los frutos del Espíritu Santo.

     10º día: los diez Lores saltando simbolizan los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. Los Lores eran hombres con autoridad para gobernar y disciplinar al pueblo.

     11º día: los once flautistas tocando representan los once Apóstoles que permanecieron fieles a Nuestro Señor después de la infame traición de Judas. Como niños que siguen alegremente al flautista, esos discípulos acompañaron a Jesús. Ellos también llamaron a otros para seguirlo. Y tocaron una canción eterna: el mensaje de la salvación y de la resurrección después de la muerte.

     12º día: los doce tamborileros representan los doce artículos del Credo. Así como ellos tocan sonoramente para que otros acompañen el ritmo de la música, el Credo revela la fe de los cristianos.

     Muchas personas no imaginan cuáles son esos 12 Días de Navidad. Se trata de los días entre Navidad y la Fiesta de Epifanía, que es tradicionalmente celebrada el 6 de enero.

domingo, 4 de diciembre de 2022

El primer árbol de Navidad nació del hacha sagrada de San Bonifacio

 


El árbol de Navidad, símbolo católico, fruto del apostolado de San Bonifacio. 

     Cuando pensamos en un santo, quizás en un principio no consideremos que esa persona se atreva a empuñar un hacha, un martillo o a talar árboles fuertes como robles. Al menos es esa la forma "herejía blanca" de considerar a los santos con la que la mayoría de las personas ha sido formada, espiritualmente hablando.

     Sin embargo, sí existe tal santo: es San Bonifacio.

     Nacido en Inglaterra hacia el año 680, ingresó en un monasterio benedictino antes de ser enviado por el Papa a evangelizar los territorios que pertenecen a la actual Alemania.

      Primero como sacerdote y luego como obispo y bajo la protección del gran Carlos Martel, Bonifacio viajó por toda Alemania fortaleciendo las regiones que ya habían abrazado el catolicismo y llevando la luz de Cristo a quienes aún no lo conocían.

     El escritor Henry Van Dyke en su libro de 1897, El primer árbol de Navidad, así lo describió:

     "¡Qué buena persona! ¡Qué buena persona! Era blanco y delgado, recto como una lanza y fuerte como un bastón de roble.

     "Su rostro aún lucía joven; su piel tersa estaba bronceada por el sol y el viento.

     "Sus ojos grises, limpios y amables, brillaban como el fuego cuando hablaba de sus aventuras y las malas acciones de los falsos sacerdotes a los que se enfrentaba".

     Alrededor del año 723, el santo viajó con un pequeño grupo de personas por la región de la Baja Sajonia.


San Bonifácio no fue ecumenista y cortó el árbol del falso dios Thor.

"El Roble del Trueno"

     Tenía conocimiento de una comunidad de paganos cerca de Geismar que en pleno invierno realizaba un sacrificio humano a Thor, el dios del trueno y en el que la víctima solía ser un niño. El ritual lo hacían al pie de un árbol al que llamaban "El Roble del Trueno" y que lo consideraban sagrado.

     San Bonifacio, siguiendo el consejo de un obispo, quiso destruir el Roble del Trueno no solo para salvar a la víctima, sino también para mostrar a aquellos paganos que no sería derribado por un rayo lanzado por Thor, echando así por el suelo el supuesto poder del falso dios.

     El Santo y sus compañeros llegaron al pueblo en Nochebuena, justo a tiempo para detener el sacrificio.

     Con su báculo de obispo en la mano, San Bonifacio se acercó a los paganos que estaban reunidos al pie del Roble del Trueno y les dijo:

     "Aquí está el Roble del Trueno y aquí está la cruz de Cristo que romperá el martillo de Thor, el dios falso".

     El verdugo levantó un martillo para matar al niño que había sido entregado para el sacrificio pero San Bonifacio extendió su báculo para detener el golpe y milagrosamente rompió el gran martillo de piedra salvando la vida del niño.


Luego de derrumbar al árbol de la superstición, San Bonifacio predicó al verdadero árbol de la vida: Nuestro Señor Jesucristo.


¡Escuchad, hijos del bosque!

     Entonces se dirigió a los paganos diciéndoles:

     "¡Escuchad, hijos del bosque! La sangre no fluirá esta noche, a menos que la piedad se derrame del pecho de una madre. Porque ésta es la noche en que nació Cristo, el Hijo del Altísimo, el Salvador de la humanidad.

     "Es Él, más hermoso que Baldur, más grande que Odín el Sabio, más amable que Freya el Bueno. Desde su venida, el sacrificio ha terminado. La oscuridad, a quien ustedes en vano llaman Thor, es en realidad, la muerte, y en lo más profundo de las sombras de Niffelheim se perdió para siempre. De esta forma y a partir de ahora, Ustedes empezarán realmente a vivir.

     "Este árbol maldito no oscurecerá más esta tierra que les pertenece. En el nombre de Dios, lo destruiré”.

     Entonces, San Bonifacio tomó un hacha que estaba cerca y cuando la blandió con fuerza contra el roble, una gran ráfaga de viento golpeó la arboleda y derribó el árbol, incluidas sus raíces. El árbol cayó al suelo y se partió en cuatro pedazos.

     Tiempo después, el Santo construyó en el lugar una capilla con madera de roble.

Reliquia de San Bonifacio venerada en la catedral de Fulda, Alemania.

     El "Apóstol de Alemania" se dedicó entonces a predicar al asombrado pueblo alemán que no podía creer que el asesino del Roble de Thor no fuese siquiera herido por su dios. San Bonifacio señalando entonces un pequeño pino, dijo:

     "Este arbolito, este pequeño hijo del bosque, será su árbol sagrado esta noche.

     "Este es el bosque de la paz...

     "Es el signo de una vida sin fin, porque sus hojas están siempre verdes. Miren como las puntas apuntan hacia el cielo.

     "Tendrán que llamarlo el árbol del Niño Jesús; reúnanse a su alrededor, no en los bosques salvajes, sino en sus casas; habrá refugio y no habrá acciones sangrientas, sino regalos amorosos y gestos de bondad".

     De esta forma, los alemanes iniciaron una nueva tradición, que se prolonga hasta nuestros días.

     Teniendo un pino en sus casas, decorándolo con velas y adornos y celebrando el nacimiento del Salvador, el Apóstol de Alemania y su rebaño nos legaron lo que hoy  conocemos como el árbol de Navidad.


Artículo extraído de luzesdeesperanca.blogspot.com

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