miércoles, 13 de mayo de 2020

Nuestra Señora de Fatima: destruid todos los planes de la infiltración comunista








     Cuando se habla de Nuestra Señora de Fatima, no pocos evitan mencionar, muchas veces por la conveniencia de no tener incómodos cargos de conciencia, lo que la Santísima Virgen profetizó para el mundo: prometió grandes castigos en caso de que los hombres no se conviertan, reformen sus costumbres y hagan penitencia. 

     Hay dos hechos también muy relevantes, de los cuales, cuando el tema Fátima es aludido, poco o nada se dice: la visión del infierno y la difusión del comunismo por todo el orbe.

     En 1917, cuando Nuestra Señora alertó al mundo, sin duda nadie pensó en el coronavirus o algo así.

     103 años después, la relación entre la epidemia, el infierno visto por los pastorcitos, y los errores de Rusia, desvelan una relación increíble.

     En el artículo La maldición de la epidemia se aparta con las bendiciones de la Iglesia, vimos como el Beato Francisco Palau, quien en su tiempo enfrentó epidemias como la de la fiebre amarilla que asoló Barcelona, pudo ver, dotado de luces proféticas, que los demonios, con permiso divino, descargaban sobre la ciudad, el flagelo de la peste. Eran los portadores y difusores de la muerte. 


(https://buensucesoreinodemaria.blogspot.com/2020/05/beato-francisco-palau-la-maldicion-de.html?m=1
"La maldición de la epidemia se aparta con las bendiciones de la Iglesia")


     En la visión del infierno, los pequeños videntes de Fátima, 
(VIDEO AL FINAL DE ESTE ARTICULO) pudieron ver también, la premura del diablo por llevar al fuego eterno la mayor cantidad de almas. Premura motivada por el triunfo prometido poco después por la Reina del Cielo, esto es, el triunfo de su Inmaculado Corazon sobre Satanás y la más funesta de sus obras: la Revolución anti cristiana.



Los tres pastorcitos después de la visión del infierno 


     El Beato Palau nos da impresionantes luces sobre este punto:

     "Satanás sabe que su hora está llegando y que le restan pocos días a su imperio en la tierra.

     “Entonces, antes de ser precipitado a los infiernos con sus secuaces, él pretende acabar con el gênero humano.

     “Esa es la razón por la cual promueve guerras, epidemias, hambre, confusión, anarquía y disolución social, dividiendo e subdividiendo cada nación en mil fragmentos político-partidarios y religiosos. Por cualquer motivo, él hace que un país ataque a otro.



El demonio sabe que tiene los días contados



El comunismo se vale de la epidemia para arrastrar al mundo hacia el despeñadero


     El demonio es el padre de la mentira, y son incontables los que caen en las garras de sus engaños. 

     Hace 30 años, la prensa mundial difundió la falacia de la supuesta muerte del comunismo, queriendo así sepultar para siempre el fantasma de las profecías de Fátima a respecto del enemigo mortal de la Santa Iglesia. Fueron muy pocos los que jamás creyeron en dicho engaño... el comunismo nunca murió, sólo cambió de máscara. Y hoy, sigue campeante en su camino rumbo a la destrucción de la civilización cristiana. 





     Bajo el pretexto del nuevo coronavirus, poderosas fuerzas ocultas parecen apuntar a dominar las mentes y las naciones a través de una dictadura del pensamiento único. Esto nos recuerda una experiencia orwelliana hacia un nuevo (des) orden mundial para la implantación de un gobierno totalitario que dicte reglas para todo. Todos se verían obligados a llevar un estilo de vida neocomunista y miserable.

     Para eso cuenta con un cómplice inseparable durante décadas: los medios de comunicación, que están a cargo de difundir predicciones apocalípticas hasta la saciedad del contagio del virus chino. Hoy todo el mundo parece estar infectado por el virus del miedo.

     Precisamente, son los medios quienes más difunden por doquier "palabras talismánicas", ingeniosamente manipuladas para evocar una constelación de emociones, simpatías y fobias, fáciles de explotar públicamente y probablemente radicalizadas. Así por ejemplo: "responsabilidad compartida", "solidaridad global", "respuestas cooperativas", "estrategia global", "protección inclusiva", "salario universal", "Conversión ecológica", "hogar común", "gran patria", etc.

     La tecnología de reconocimiento facial de los ciudadanos chinos, inspirada en la vigilancia policial del "hermano mayor" imaginado por Orwell, podría espiar y controlar los pasos de todos, sus emociones, lo que ven en Internet, lo que dicen y hacen, los archivos uso del teléfono celular, etc. Muchos comentan que nada en el mundo será como era antes de la pandemia de Covid-19. Ciertos líderes, incluido el director general de la Organización Mundial de la Salud, subordinados a la China comunista, repiten continuamente el eslogan: el mundo posterior al coronavirus será un "nuevo mundo", en el que tendremos "una nueva normalidad" en un "nuevo orden"...





     La opinión pública mundial está queriendo ser llevada hacia el establecimiento de una República Universal, con un solo gobierno totalitario que establezca estándares para todo y para todos, teniendo como molde el "mundo chino", pretendiedo hacer desaparecer los últimos restos de un cristianismo jerárquico, fundamentalmente sacro, antigualitario y antiliberal, siendo reemplazado por una sociedad mundial igualitaria, miserable y tribalista.

Todo esto, sin contar con la intervención divina...



Con el fin de desbaratar los planes  del comunismo y de acelerar el bendito amanecer del Reino de María, una oración para rezar en estos días apocalípticos de tantos peligros que amenazan al mundo y la Iglesia.


     En este día, 13 de mayo de 2020, celebramos el 103 aniversario de la primera aparición de Nuestra Señora de Fátima a los tres pastorcitos (Lucía, Francisco y Jacinta. Una ocasión más que favorable para suplicarle que, tan pronto como sea posible, el triunfo del Inmaculado Corazón de María sea una realidad en el Ecuador y en todo el mundo. 

     Plinio Corrêa de Oliveira, fundador de la TFP brasileña y, sin duda, el mayor propagandista durante el siglo XX del Mensaje de Fátima, se preguntaba lo siguiente: 

     “¿Qué podemos hacer para evitar el castigo anunciado en Fátima, en la medida en que sea evitable? ¿Qué podemos hacer para obtener la conversión de los hombres, en la medida en que todavía se la pueda obtener antes del castigo, dentro de la economía común de la gracia? ¿Qué podemos hacer para acelerar el bendito amanecer del Reino de María y ayudarnos a caminar a través de los hecatombes que nos amenazan tan seriamente? Nuestra Señora lo indica: seamos fervorosos en la devoción a Ella, en la oración y en la penitencia”. 

     En ese sentido, compartimos una oración muy oportuna para rezar en estos trágicos días de pandemia, que comenzó en la China comunista. Esta hermosa oración fue compuesta por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira para recitación privada.





Oración a Nuestra Señora de Fátima


     ¡0h!, Reina de Fátima, en esta hora de tantos peligros para nuestro País y todas las naciones de América Latina, apartad de ellas el flagelo del comunismo ateo.

     No permitáis que consiga instaurarse, en tantos países nacidos y formados bajo el influjo sagrado de la Civilización Cristiana, el régimen comunista que niega todos los Mandamientos de la Ley de Dios.

     Para esto, ¡oh, Señora!, mantened vivo e incrementad el rechazo que el comunismo ha encontrado en todas las clases sociales de América Latina.

     Ayudadnos a tener siempre presente que:

     a) El Decálogo nos manda “amar a Dios sobre todas las cosas”, “no tomar su Santo Nombre en vano” y “guardar los domingos y fiestas de precepto”. Y el comunismo ateo hace todo para extinguir la Fe, llevar a los hombres a la blasfemia y crear obstáculos a la normal y pacífica celebración del culto;

     b) el Decálogo manda “honrar padre y madre”, “no pecar contra la castidad” y “no desear la mujer del prójimo”. Ahora bien, el comunismo desea romper los vínculos entre padres e hijos, entregando la educación de éstos en manos del Estado. El comunismo niega el valor de la virginidad y enseña que el casamiento puede ser disuelto por cualquier motivo, por la mera voluntad de uno de los cónyuges;

     c) el Decálogo manda “no hurtar” y “no codiciar los bienes ajenos”. Y el comunismo niega la propiedad privada y su tan importante función social;

     d) el Decálogo manda “no matar”. Y el comunismo emplea la guerra de conquista como medio de su expansión ideológica y promueve revoluciones y crímenes en todo el mundo;

     e) el Decálogo manda “no levantar falso testimonio”, y el comunismo usa sistemáticamente la mentira como arma de propaganda.

     Haced que, cerrando resueltamente las puertas a la penetración comunista, nuestra Patria y todas las naciones hermanas de América Latina puedan contribuir para que se acerque el día de la gloriosa victoria que predijisteis en Fátima con estas palabras tan llenas de esperanza y dulzura:

     “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”

(con licencia eclesiástica)


Video
Los pastorcitos de Fátima
ven el infierno


domingo, 10 de mayo de 2020

Nuestra Señora del Buen Suceso, la Madre de la bondad y misericordia infinitas







Las virtudes de las madres 
son fieles reflejos 
de las que practicaba 
la mejor de las Madres, 
que fue la Madre 
del mejor de los Hijos.

¡Feliz día de las Madres!



     En el año de 1592, quince años después de establecerse en Quito el Monasterio de la Inmaculada Concepción, su Fundadora y primera Abadesa, Madre María de Jesús Taboada, había decaído considerablemente en su estado de salud. 

     Esto puso en estado de grande preocupación no sólo a las religiosas, también a los benefactores del Convento, personas buenas, quienes con su generosidad y desprendimiento, ayudaban a sustentar la vida de la comunidad.






     Entre esas almas bondadosas, había una noble señora muy singular: la Marquesa María de Yolanda, muy devota de la Santísima Virgen, y que en corto tiempo, había logrado entablar una buena amistad con Sor Mariana de Jesús Torres, sobrina de la Abadesa, y quien en poco tiempo se convertiría en aquel pilar inabalable, que con la práctica de sus vurtudes heroicas, sostendría el Convento, aun de reciente constitución, y lo sería también durante toda su vida, especialmente en tiempos de una feroz tormenta, en la que las fuerzas del infierno lanzarían toda su furia contra la autoridad de esta casa concepcionista. 

     Para salvaguardar la salud de la Madre María Taboada, agravada por agudas dolencias en el corazón, se decidió dar lugar a la elección de una nueva Abadesa.



Venerable Madre María de Jesús Taboada, primera Abadesa del Monasterio de la Inmaculada  Concepción de Quito



     Al día siguiente, y luego de pedir a Dios las ilumine para hacer una feliz elección, las religiosas votaron unánimemente por Sor Mariana de Jesús Torres, quien en ese entonces contaba con 29 años. El ver que Dios les daba por Superiora a una Madre tan digna y santa, causó en las monjas un regocijo general.

     El crecimiento, fortalecimiento y conservación del Monasterio, recaían por tanto en las mejores manos, así como el conocimiento y la difusión de la devoción a Nuestra Señora del Buen Suceso que estaba por nacer.

     Al mediodía, las religiosas festejaron a su nueva Priora, y esta vez el regocijo en esos benditos claustros, era inigualable. En el Cielo, la unión y la caridad resplandecían y la Inmaculada Concepción se gloriaba de tener como Abadesa a la hija primogénita de sus amores, y lo manifestaría de un modo extraordinario...






     En la tarde de ese mismo día, una persona desconocida llamaba a las monjas a través del torno. Fue atendida por la Madre María Taboada y le dejó un recado: "la Señora, sabiendo que la Madre Mariana de Jesús fue elegida Abadesa, le envía este manjar, y mandó a decirle que la tiene siempre presente". El regalo era tan grande, que la Superiora debió pedir ayuda a las monjas para poder cargarlo. La Madre María preguntó quien era la Señora que enviaba tan requintada dádiva pero quedó sin respuesta. De inmediato, con sus blancas y hermosas manos, le entregó el presente a su sobrina, la Madre Mariana, diciéndole llena de alegría:

      — "Mi Madre, mira la delicadeza que te mandan", y le dio el recado de la Señora".

      — "¿Cuál Señora?", preguntó la Madre Mariana.

      — "No dio el nombre", respondió su tía.

      — "Sin duda debió ser la Marquesa", replicó la joven Priora.

     La Madre Mariana de Jesús se fijó entonces, con suma atención en el obsequio, sonriendo dulcemente. Distribuyeron el manjar entre las religiosas, y en la medida que más lo partían, más se multiplicaba, por lo que se servían grandes porciones suficientes para saciar a un hambriento. Las monjas aseguraron que jamás habían probado bocado tan exquisito.





Confunden a la Santísima Virgen con la Marquesa 

Al siguiente día, la Marquesa se hizo presente en el torno, con provisiones para el Convento. La Madre Taboada se encargó de atenderla para recibir los ricos manjares que la distinguida señora les había llevado, además de algo de dinero para cubrir en parte las necesidades de las religiosas. 

     Sabiendo el resultado de la elección, la Marquesa había acudido para felicitar en persona a la flamante Abadesa, pero por indisposición, la 
la Madre Mariana no pudo atenderla.

     Quedó entonces la noble dama en volver al día siguiente, mandando a decir a la joven Priora, que la amistad entre ambas, era prenda segura para garantizar que las provisiones para el Monasterio, estaban siempre aseguradas.

     La Madre Taboada le agradeció por todas sus bondades y muy especialmente por el espléndido obsequio del día anterior. 

     "Reverenda Madre, — le respondió la Marquesa — siento decirle que a lo mejor está confundida, pues ayer no hice envío ninguno. Siento mucha verguenza, pues las provisiones de mi tierra no llegaban aún y me resultó imposible cumplir con el Convento". Y ante la insistencia de la ex - abadesa, la Marquesa preguntó de qué se trataba el presente, y recibiendo la explicación, respondió: "Querida Madre, me habría encantado, pero dicho manjar en mi casa no fue preparado ni en mi mesa fue servido".

     Así, la Madre María de Jesús Taboada, entendió sin ninguna duda, que fue la Santísima Virgen quién agasajó a su sobrina, dando así inicio, a los sucesos de amor y de misericordias para aquél bendito lugar.



Grabado del Monasterio
de La Inmaculada Concepción  de Quito

     Casi veinte años después, en 1610, el escultor don Francisco de la Cruz del Castillo, a pedido de la propia Santisima Virgen daba inicio a la mejor obra de su vida: la maravillosa imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso.

     Para la Madre Mariana era muy necesario hablar con la Señora Marquesa, por lo que la mandó a llamar, y ya en su presencia le dijo:

     "Señora, su bondad y solicitud para conmigo son enormes, por eso quiero comunicarle una noticia que traerá mucha alegría a su cristiano corazón y a su fervorosa alma: convencidas de la voluntad de Dios en el Obispo, mi señor, determinamos hacer esculpir una Imagen de María Santísima, Reina de los Cielos, bajo la consoladora advocación del Buen Suceso, para esta Colonia, pero distinta de la santa imagen que con igual nombre se venera en España. 

     Aquella, ostenta el cetro de Roma en la mano derecha, la nuestra llevará el báculo y las llaves de la Clausura, para regir y gobernar hasta el fin de los tiempos esta casa, propiedad y fundación de Ella. Llevará en su brazo izquierdo al Divino Infante, para aplacar siempre la ira Divina, y derramar siempre gracias y favores, a todos los que a Ella recurran con el corazón contrito y humillado.

     Las llaves serán donadas por el Sr. Obispo. La Corona será una ofrenda del Cabildo, y en cuanto al báculo, pensamos mandarlo a hacer con la ayuda de las buenas personas, amigas del Convento. Y siendo Usted, Señora Marquesa, nuestra mejor amiga, decidí contarle primero. Le suplico por tanto, me indique ¿con cuánto nos podría contribuir?, a fin de tratar de conseguir el resto con otras buenas persones amigas.



La segunda Abadesa, la Venerable Madre Mariana de Jesús Torres 


     "Madre — respondió la Marquesa —, yo habría quedado muy resentida si Su Reverencia no me hubiese avisado primero. Le agradezco su atención y cariño, y no consentiré en lo absoluto, que nadie más contribuya para con el báculo de la Imagen de mi celestial Madre y Señora. Yo me haré cargo de todo el material y de la mano de obra. Tengo lo suficiente para esto, y así no lo tuviese, vendería mis bienes para mandar a hacer el báculo. Sólo pido que Su Reverencia me indique cómo desea que se lo haga y listo. Yo me encargaré de lo demás".

     La Marquesa se prestó también para correr con los gastos de la elaboración de la imagen, incluso ofreció hablar con el Señor del Castillo. Pero se sorprendió al escuchar decir de la Madre Mariana:

     "Dios Nuestro Señor recompense con creces su generosidad y devoción, tanto en relación a los bienes espirituales, cuanto a los temporales. No esperaba otra cosa de su nobleza, mi querida Señora Marquesa, pero la santa Imagen ya está siendo trabajada por el Señor Francisco del Castillo en el coro alto de nuestro Convento, pues así lo dispusieron las Madres fundadoras y lo deseó el Obispo, mi Señor".

     "Por esculpir la santa Imagen, el Señor del Castillo no quiere recibir remuneración ninguna. Bien pagado se siente por haber sido escogido él y no otro para tal obra, y además, por las oraciones que pidió a nuestra Comunidad. La obra está muy adelantada, con la estatura que la misma Virgen Santísima quiso".


     La Madre Mariana le contó entonces que tenía en su poder la medida que ella mismo tomó a la Madre de Dios. De inmediato, la Marquesa reaccionó:

     "Madre, ¿qué es lo que escucho? No volveré a casa sin antes ver el tamaño de esa estatura. Mi corazón está inquieto, y presiento algo de divino. Puedo y debo participar de las mercedes de María Santísima, pues también me llamo María, hija y esclava de la Reina del Cielo. Tengo el brazo inmóvil, en consecuencia de la fuerte caída que tuve hace tres días, en una de esas calles en mal estado de la ciudad, y quiero volver sana a mi casa. Muéstreme Su Reverencia esa medida, que con ese favor ya seré muy bien pagada por lo poco que voy a hacer".


El milagro del cíngulo

     Enseguida, la Madre Mariana volvió con uno de los cíngulos con los que había tomado las celestiales medidas (ella conservaba cuatro cordones con los que, en diversas ocasiones, había medido a la Santísima Virgen), y lo puso en las manos de la emocionada Señora Marquesa, que dio un grito de alegría y lo apretó entre sus manos y su corazón.




     Un momento después, como que volviendo en sí, dijo:

     "Muy agradecida estoy Madre, por tanto favor. se lo devuelvo con mucho reconocimiento".

     La santa Abadesa recibió el cíngulo y respondió:

     "Que la Santísima Virgen retribuya su fe y devoción, buena señora", y se despidió.

     Entretanto, el brazo de la buena Marquesa recobró sus movimientos. La Madre Mariana lo había percibido, pero no quiso hacérselo notar a la devota dama, quien regresó llena de alegría a su casa, sin darse cuenta e incluso, sin siquiera acordarse de la fractura y de los dolores, moviendo su brazo, como si en él nada hubiese sucedido.

     Sus empleados, al verla llegar, le decían admirados:

     "Señora, ¿qué sucedio? Salió de casa con el brazo muy malo y regresa ahora curada. ¿A qué santo se encomendó?"





     Enseguida llegó el médico para el exámen de rutina, pero al verla sin vendas ni remedios, preguntó:

     "Señora, ¿qué es esto? Hoy por la mañana estaba medicada y envendada, y ahora no tiene nada?"

     Fue sólo en ese instante que la Señora Marquesa reaccionó y se dio cuenta de lo sucedido. Le respondió entonces al doctor:

     "Es verdad, señor, que así sucedió. Pero huyó de mi espíritu el recuerdo de esta enfermedad, y no me di cuenta hasta este momento, en que me acaba de hacerlo notar. Puede Usted notar que estoy restablecida, y esta cura la atribuyo a la bondad maternal de Nuestra Señora, mi buena Madre, a quien haré un pequeño obsequio, con la Madre Abadesa del Monasterio de la Inmaculada Concepción, religiosa muy santa, mi "españolita". 

     El médico certificó el milagro. El daño en el brazo de la Marquesa era motivo para curase algunos meses después, sin embargo, el doctor, que conocía perfectamente a la Madre Mariana, reconoció las virtudes y la intercesión de aquella angelical criatura, que había pasado por grandes pruebas.


Nadie supera a Nuestra Señora en generosidad


     Por la tarde, la Marquesa volvió donde la Madre Mariana de.Jesús, para reconocer delante de ella, que su Reina ya había hecho por adelantado el pago de la hechura del báculo, curándola de su brazo en mal estado. Lo más sorprendente, le contaba a la Abadesa, fue que ni siquiera había notado su cura, a no ser por la intervención del médico.

     "La Reina de los Cielos — declaraba la agradecida Señora Marquesa — no se deja vencer en generosidad".

     Para la elaboración del báculo,  Marquesa buscó enseguida y con mucho empeño, un orfebre que hiciese un magnífico trabajo, pero no lo encontró. Por tal razón debió encargarlo a España.


La llegada del báculo 



     El día 2 de enero de 1611, la Marquesa recibió en sus manos, recién llegado de la Madre Patria, el bello báculo, junto con un lindísimo prendedor de oro en forma de pavo real, cargando un cartelito, también de oro, adornado con piedras preciosas, en su pico, con la leyenda "2 de febrero de 1611", día en que debía ser bautizada y consagrada con el Sagrado Óleo, la santa y veneranda Imagen con el nombre de María del Buen Suceso de la Purificación o de la Candelaria.

     El 9 de enero, la Marquesa se presentó delante de la Madre Mariana diciéndole:






     "Aquí tiene Madre, el báculo prometido y este pequeño prendedor, para ser colocado en el pecho de la Sagrada Imagen, a fin de conservarse por siempre, la memoria de la Marquesa María de Yolanda, la menor de las siervas de la Reina de los Cielos, recordando a las religiosas que vivan en este bendito claustro, que siempre que lo vean, eleven a María Santísima, sus fervorosas y valiosas súplicas por mi alma.

     Las religiosas, especialmente la Madre Mariana, conmovidas hasta las lágrimas de agradecimiento al recibir tan valiosas cuan preciosas joyas, le hicieron a la Señora Marquesa, un último pedido:

     "Dígnese Señora aceptar el encargo de ser la madrina de la santa Imagen. María Santísima la escogió a Usted, y pide su consentimiento".

     La Marquesa respondió de inmediato: "Madre, ¿qué es lo que escucho? No soy digna de tan alta honra, pero si mi Reina me concede esta gracia por medio de sus hijas queridas, estoy pronta y lo agradezco. Entonces mi respuesta es sí. Y ya el Cielo lo tengo asegurado, porque está en manos de mi Ahijada, y Ella me lo dará. ¡Mil gracias, mil gracias!

     Siete días después, los Ángeles terminarían la Sagrada Imagen...



viernes, 8 de mayo de 2020

Beato Francisco Palau: la maldición de la epidemia se aparta con las bendiciones de la Iglesia






"¡Es una cuestión 
de fe!, fe!, fe! 
y de armas sobrenaturales!"
Hoy escuchamos 
predicar lo contrario...





     El Beato Francisco Palau y Quer, O.C.D., fue un sacerdote, escritor, polemista y exorcista carmelita español. 

     Nació en Aitona, Lérida, el 29 de diciembre de 1811 y falleció en Tarragona el 20 de marzo de 1872. Fue beatificado por el Papa Juan Pablo II el 24 de abril de 1988. 

     Autor de varios libros, creó y fue el editor principal del semanario "El Ermitaño", donde publicó sus reflexiones sobre el presente y el futuro de la Iglesia.

     Sus escritos destacan por sus luces proféticas. Su lenguaje utiliza muchas figuras y símbolos.

     Vimos en un anterior artículo a él dedicado en este blog, Profecías para ayer y hoy: la Revolución, que el Beato denunció ya en su época (Siglo XIX) una confabulación de los espíritus infernales y de hombres malos y la llamó Revolución. 

     Y explicaba: “¿Qué es la Revolución? Es hoy en la tierra lo mismo que sucedió en el Cielo cuando Dios creó a los ángeles: Satanás (...) sedujo a todos los reyes y gobiernos de la tierra y con la bandera al viento dirige sus ejércitos en la guerra contra Dios.




"La fiesta de las brujas", ilustra el pacto
entre los espíritus malignos y los hombres perversos. Francisco de Goya y Lucientes (1746 - 1828).
Museo Lázaro Galdiano, Madrid 

     “(...) esto es revolución, esto es anarquía entre los hombres y guerra contra Dios” (“Triunfo de la Cruz”, El Ermitaño, Nº 125, 30-3-1871.).


     "Satanas es el padre de la Revolución, ésta es la obra de él, iniciada en el Cielo y que viene perpetuándose entre los hombres de generación en generación.

     “Por primeira vez, después de seis mil años, él tuvo la osadía de proclamar delante del Cielo y de la Tierra su verdadero y satânico nombre: ¡Revolución!

     “La Revolución tiene como lema, a ejemplo del demonio, la famosa frase: ¡No obedeceré! Satánica en su esencia, ella aspira a derrumbar todas las autoridades y su meta final es la total destrucción del reino de Jesucristo sobre la tierra” (“Adentros del catolicismo – abominaciones predichas por Daniel profeta en el lugar santo: Apostasía”, “El Ermitaño, nº 21, 25-3-1869).

     Entre los siglos XVI y XVII, en Quito, Nuestra Señora del Buen Suceso habló largamente de dicha acción conjugada entre ángeles y hombres entregados a la iniquidad.

     Y también denunció los castigos que ese proceso atraía sobre el mundo, especialmente sobre el catolicismo, el clero y el pueblo, pusilánime y decadente.



Las proféticas advocaciones de Nuestra Señora
del Buen Suceso, La Salette, Fátima y Akita

     Más adelante, en La Salette, en Fátima y en Akita, la Santísima Virgen volvió a hablar de ese proceso de corrupción de las costumbres de la humanidad y de la necessidad de alejarse de él mediante la penitencia.

     En los males colectivos que se abaten sobre los hombres, como guerras y epidemias, el Bienaventurado los catalogaba como un castigo divino, originado por la ceguera de los católicos que no querían ver de frente la conspiración del demonio y de los hombres revolucionarios.

     El Beato Palau enfrentó en su tiempo epidemias casi rutinarias que llegaron a su región natal, Cataluña, donde ejercía su apostolado, incluida la capital, Barcelona.



La fiebre amarilla de Barcelona


     A diferencia de la falta de fe de nuestros días, el santo, e incluso buena parte del clero de su época, actuaba valientemente en medio de la raíz del drama, para atender espiritualmente a los enfermos con los Sacramentos, bendiciones, sacramentales, procesiones, adoraciones y consejos espirituales en iglesias, calles, casas y hospitales

     “Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios. ¡de gracia recibísteis, dad de gracia!" (São Mateus, 10, 8).

     El cumplimiento heroico de la orden dada por Jesucristo a los Apóstoles para sanar a los enfermos, terminó acelerando su muerte, que tuvo lugar el 20 de marzo de 1872 en Tarragona, agotado debido a su intenso esfuerzo, y al contagio de la fiebre amarilla, cuando ya estaba casi controlada.



Sacerdote administrando los Santos Óleos en tiempos de la epidemia 


     En el año de 1870, el Beato observó un hecho singular: dicha epidemia de fiebre, tuvo un nuevo brote, sólo que con poca intensidad, y causando un pequeño número de víctimas en una ciudad de industrialización acelerada, pero con servicios básicos insuficientes.
  
     Sin embargo, en medio de esta plaga ya debilitada, pudo notar que un pánico desproporcionado se apoderó de la población, cambiando el comportamiento de las personas.

     El pavor transformó la inmensa ciudad "en un desierto", los carruajes se usaban sólo para que las personas puedan escapar con sus pertenencias, y el ejército ocupaba las calles para evitar saqueos.

     Quien tenía una granja o un rancho se refugiaba allí. Para aquellos que no tenían un lugar para vivir, el ejército había reservado una gran cantidad de tiendas improvisadas, instaladas en las colinas que rodean la ciudad.



Campamento en las afueras de Barcelona
con motivo de la epidemia


     El pánico, el terror y el miedo, se convirtieron en los fantasmas que se encargaron de expulsar a los habitantes de Barcelona. ¿Qué está sucediendo?" — preguntaba el santo carmelita.

     "La epidemia se presentó como un fantasma tan feo, aterrador y horrible que, por temor a ser atrapados en sus garras, todos huyen".

     Sin embargo, "no había razón en Barcelona para un terror de tal magnitud". Con su declive, la epidemia probablemente no se extendería y el fantasma de la guerra civil pendiente se disiparía debido a la falta de combatientes.

     El Beato Palau permaneció fiel a su ministerio sacerdotal, atendiendo a los enfermos y asegurando el cuidado pastoral con misas y ceremonias en las parroquias que siempre estuvieron abiertas.

     Pero la relativa calma le permitió reflexionar sobre lo que realmente estaba sucediendo.

     "¿Qué es una epidemia?" Se preguntó a sí mismo.

     “Es la muerte que llega por orden de la Justicia de Dios para castigar a una región", se respondía.

     “¿Quién la acompaña? Ciertamente no es un ángel de paz".





     La experiencia pastoral, la meditación de las Escrituras y la contemplación de la iniquidad que se arrastraba en el mundo, habían colocado al Bienaventurado frente a frente con la influencia que Satanás y los ángeles rebeldes ejercen sobre el quehacer humano, convirtiéndolo en un implacable exorcista.

     Practicaba exorcismos solemnes cuando el obispo le autorizaba. Otras veces sus oraciones y carismas personales eran suficientes para poner el diablo en fuga.



Cuadro del Beato Palau, en un Congreso en el Vaticano dedicado a él. Instituto Teresanium, Noviembre 2018


     Concluyó por tanto, que son las potencias espirituales maléficas, las que descargan con sus garras, el flagelo de las epidemias:

     "¡En efecto! Quien viene con ella es un ángel de la oscuridad, un exterminador. Él trae todo lo que sirve para castigar, destruir y matar. Y los demonios, cuando tienen permiso divino, hacen su trabajo a las mil maravillas.

     “Dios los dejó en este mundo para que sirvan delante de su Justicia como verdugos, instrumentos de ira, de anatema y de venganza. La muerte viene con ellos y ellos vienen con la muerte.



Las legiones infernales. Gustav Dore


     "Por eso, — decía él — debemos armarnos para recibirlos con armas en mano".

     ¿Y cuáles son esas armas?

     Explicaba el Beato, que en primer lugar lo son los sacramentales de la Iglesia bendecidos por los sacerdotes, como el agua bendita, la sal bendita o incluso la ruda o el romero también bendecidos, quemándolos para que el humo entre en la casa.

     "Si la epidemia es una maldición, la bendición evitará que ingrese en una casa. [...] Si en ella la maldición no logra entrar, terminará huyendo. ¡Es una cuestión de fe! fe! fe! y de armas sobrenaturales!" ("La peste en Barcelona" El Ermitaño, año III, nº 98, 22 de septiembre de 1870).





En Córdoba, España, ante la atroz sequía de 1949,
se  recurrió a la ayuda del Santísimo Cristo de la Misericordia. El 8 de marzo, poco después de iniciada la Procesión, la lluvia empezó a caer

Las armas sagradas contra la epidemia


     En 1870, la epidemia llamada tifus icteroide o fiebre amarilla aún hacía estragos, con algunos casos atendidos en hospitales, y la ciudad de Barcelona seguía desierta.

     El Beato Palau, que asistía religiosamente y sin descanso a los enfermos, veía que no existía un motivo verdadero para tanto pânico y terror:

     “Insistimos, que esta epidemia no es sino el fuego de la ira de Dios transmitido materialmente a los cuerpos humanos por los agentes de su justicia. [...]

     "Decimos esto basados en la experiencia fatal"

     "Una vez que se reconoce su verdadera y única causa, se conocen sus remedios.

     "Cuando se aplican en el momento adecuado, estos remedios son tan seguros y efectivos, que no hay necesidad de temer a la muerte, incluso en casos fulminantes".

     En primer lugar se refería a los remedios espirituales:

     "La oración, la penitencia, los actos de culto público, las procesiones, las súplicas públicas. Con estos remedios, tal como leemos en la historia eclesiástica, la ira de Dios será apaciguada”.

     También recomendaba las bendiciones ordenadas en el ritual romano.

     Como por ejemplo, la bendición de la ruda o del romero, plantas que se usaban para rociar agua bendita.

     "Bendice, Señor Jesucristo, esta ruda (ó este romero) y por tu caridad, derrama sobre ella tu celestial bendición; de modo que quien quiera que sea rociado con él y llevarlo consigo, ningún enemigo puede dañarlo, y que el demonio sea expulsado de todo lugar donde esta ruda (ó romero) sea colocada, huyendo de ella, el diablo aterrorizado".

     "Bendita seas, ruda (ó romero), en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, para que seas el exterminio de los demonios y de todos sus secuaces". 

     "Por Aquél que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y al mundo por el fuego. Amén".



Antiguamente se usaba el Romero
para rociar el Agua bendita


     Rociar agua bendita en toda la casa, y la oración del Santo Rosario con la familia reunida, son otras medidas de preservación muy seguras y efectivas. Especialmente cuando a ellas se le agregan la frecuencia de los sacramentos, otras oraciones y la abstinencia de todo lo que desagrada a Dios. 

     El Beato Palau no se descuidaba en recomendar las prácticas sanitarias de la época, explicando que algunos podían morir por falta de fe, pero otros por desobedecer las normas de prudencia. 

     Debido a la falta de agilidad en la prevención, la asistencia médica actuaba demasiado tarde. Cuando los enfermos llegaban con los síntomas, muchas veces el daño ya era irreversible ( Fuente: “Las profecias”, El Ermitaño, año III, nº 101, 13 de octubre de 1870).


Sacramentales: Rosario, Escapulario,
Medalla Milagrosa y Agua bendita


Fuente y notas:
Aparicaodelasalette.blogspot.com

Entrada destacada

La Hermana Lucía predijo que sin la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, Estados Unidos caería de algún u otro modo, bajo las garras del comunismo

† IHS In memoriam del Señor Gonzalo Larraín Campbell      Tenemos el penoso deber de comunicar el fallecimiento del sr. Gonzalo Larrain C...