lunes, 26 de diciembre de 2022

Nuestra Señora trajo el Buen Suceso al mundo y nos prometió el Reino de Su Inmaculado Corazón

 





     El Niño Jesús recién nacido está recostado en el pesebre en Belén en una noche fría. Nuestra Señora, previendo todo con el amor que podemos imaginar, a pesar de su pobreza, dispuso pequeñas túnicas para ponerle, apenas naciera. Evidentemente dispuso estas túnicas según las diversas temperaturas posibles de tal manera que el Niño Dios no sintiera frío.

     ¿¡Cómo sería el interior, lo íntimo de María Santísima, considerando estas cosas!? Se admite piadosamente que Nuestro Señor nació a medianoche y que antes de nacer, Ella entró en un éxtasis muy profundo durante el cual dio a luz al Niño Jesús.

     El nacimiento del Hombre-Dios se produjo de la manera maravillosa por la que su Santísima Madre permaneció virgen antes, durante y después del parto; esta verdad ha sido siempre afirmada por la Iglesia con la energía de un lenguaje del que sólo es capaz el pensamiento católico, testimoniando así categóricamente, la virginidad materna de María.

      ¿Cómo pudo suceder esto? Hay una escena en el Evangelio en la que Nuestro Señor entra en una habitación con todas las puertas y ventanas cerradas. Es costumbre citar este pasaje como una explicación de la virginidad durante el parto. Jesús puede atravesar todos los obstáculos materiales, porque, siendo Dios, su Cuerpo terrenal podría asumir las propiedades de los cuerpos gloriosos y atravesarlo todo, incluso antes de su Resurrección.

"¡A quien has concebido, lo engendrarás!"

     Siendo concebida sin pecado original, la Santísima Virgen poseía una inteligencia perfecta, exenta de las debilidades inherentes a nuestra naturaleza manchada por el pecado original. En consecuencia, al leer las Escrituras y aún más, inundada de las gracias de Dios para interpretarlas, llegó a componer la fisonomía, el espíritu, la mentalidad del Mesías anunciado por los profetas y largamente esperado por Ella.

     Y en el momento en que completó la imagen del Mesías, formada en su meditación, apareció el Ángel invitándola a ser Madre de Aquel a quien su espíritu había concebido.

     Por tanto, una primera tarea en la vida de Nuestra Señora fue concebir, a través de su inteligencia, cómo sería el Hijo de Dios, y tal concepción la haría con sumo cuidado, evitando toda distracción y descuido que pudiera hacer un poco menos clara, menos santa, la imagen que Ella estaba llamada a tener de Aquel que, sin Ella saberlo, sería su Divino Hijo.

     ¡Qué santidad se necesita para imaginar la mirada, el tono de voz, los gestos, el caminar, el reposo divino del Hijo de Dios! ¡Qué alma se necesita para intentar algo como esto y tener éxito!

     Aún más, qué alma debe poseer, para que después de haber hecho este trabajo interior de composición, Dios le diga: "¡A quien tú has ideado, tú lo engendrarás!" Qué maravilloso premio es este: "¿Lo pensaste, dedicaste tu mente a resolverlo? ¡Aquí lo tienes! Lo hiciste con tanto amor y éxito, que te aseguro: '¡Tú lo engendrarás!'". ¡Nunca ha habido ni habrá un premio igual en la historia del mundo!

Jesús se despide de su Madre

     Nuestra Señora se encargó de cuidar al Niño para que en ningún momento sintiera un pequeño sufrimiento por el frío o por el calor, y que todo su desarrollo físico y mental fuese perfecto. Ella tenía la enorme responsabilidad y obligación de llevar su tarea al punto perfecto, y ese punto perfecto fue el momento feliz y triste cuando Jesús, creciendo, le dijo:

     – Madre, estoy plenamente constituido y formado. Ha llegado mi hora; voy a predicar, para maravillar a los hombres y ser crucificado por ellos. ¡Madre mía, adiós!


Cristo se despide de su Madre, Retablo de la la Dolorosa, Centro Cultural / Arte Contemporáneo, Cdad. de México, D.F.

     Podemos imaginarnos a Nuestra Señora yendo a la puerta de la casa, viéndolo bajar por el camino, quizás al anochecer, y contemplando Su sombra que se extiende por el camino. Después, cerró la puerta y se quedó sola. ¡Quizás, para consolarla, los Ángeles comenzaron a cantar! Sin duda, era maravilloso, pero no era lo mismo que ver a Su Hijo y manifestarle su cariño y respeto. Sólo escuchar, por ejemplo, el eco de sus pies divinos en aquel piso pobre, la ponía sumamente contenta. ¿Qué sería el caminar de un rey, de un general, de un maestro, comparado con eso? !Pobres reyes, pobres generales, pobres maestros… ¿Qué es todo esto comparado con el resonar de un paso del Mesías sobre las tablas de madera de la santa casa que se encuentra en Loreto? ¿Quién remediaría esta ausencia?

     El Evangelio, a lo largo de su narración del Evangelio, cita varias veces a Nuestra Señora, sobre todo, en aquel encuentro con su Divino Hijo rumbo al Calvario. En mi opinión, es la escena más conmovedora que haya ocurrido en la Tierra.

La misión de engendrar sucede a la de cuidar

     María Santísima tenía pues, una primera misión: concebir al Hombre-Dios, y lo concibió espléndidamente y tenía también la misión de engendrarlo, y para eso se cuidó mucho de que todo saliera perfecto y que esta gestación fuera para el Divino Embrión como un sol que sale todo perfectamente correcto, adecuado, conveniente, santo. Imagínese su éxtasis cuando sintió en sus entrañas virginales que Él se movía, comunicándose con Ella cuando conversaban por medio de la oración.

     Luego, la tarea de engendrar perfectamente bien a Jesús es sucedida por la de cuidarlo, también perfectamente. Termina una tarea, comienza otra. El Niño nace, es el final de todo un período que comienza desde su primera reflexión sobre cómo sería el Salvador hasta el momento de su nacimiento. Y contempla, por primera vez, ese rostro que tanto había querido contemplar: el rostro pequeño de un niño inocente, pero ya la fisonomía de un Rey, de un Maestro, de Quien hará milagros, porque lo sobrenatural irradiaba en Nuestro Señor de tal manera que se tiene la impresión de que al acercarse a Él cualquier enfermo se curaría inmediatamente.


La Virgen confeccionando la túnica inconsútil

      Sin duda, una de las tareas de la Santísima Virgen fue vestir a su Divino Hijo. Cuando Adán y Eva pecaron, Dios les hizo las primeras vestiduras. Cuando nació el Niño, fue la criatura humana la que vistió a Dios. ¡Qué hermoso y meditativo es todo esto!

     El niño ha nacido en medio de peligros. Todo embarazo conlleva riesgos. Pero después de todo, Él nació. ¡Oh buen suceso! Es la prueba de que la gestación fue perfecta. La madre toma al niño, y lo llevará poco después al Templo y ofrece a Dios esa criatura que es de Dios, porque Él lo creó. ¡Allí estaba el Hijo de Dios!

Patrona del Reino de María en la Tierra

     ¿Qué significa un buen suceso? Un suceso es digno de mención, es algo que requiere cuidado, esfuerzo y resultados. ¡Es hijo del esfuerzo, de la dedicación y del heroísmo!

     Quienes reciben por encomienda una ardua tarea para cumplir, contraen al mismo tiempo una gran responsabilidad, una serie de cosas difíciles por hacer para llegar a un resultado, y cuando logran un buen resultado habrán obtenido un buen suceso.

     Por tanto, Nuestra Señora del Buen Suceso es la patrona de todos aquellos que buscan un buen suceso en beneficio de la causa de Ella, es decir de quienes trabajan para que el reinado del Corazón Sapiencial e Inmaculado de María sea implantado en toda la Tierra.

     ¡Cómo merece llamarse "buen suceso" el éxito de quienes, en la oscuridad de la noche del neo paganismo actual, trabajan para que nazca el sol del Reino de María!

     ¡Todos los que trabajan a favor de la Contrarrevolución, en última instancia actúan para que el sol del Reino de María aparezca sobre el mundo! Es algo parecido a una gestación, y el Reino de María será admirablemente un buen éxito, un magnífico buen suceso.

     Quizás ahí se encuentre la explicación del por qué Nuestra Señora aparece tan regia en la imagen que la representa, en el convento de las concepcionistas de Quito, esculpida milagrosamente por los ángeles.


Nuestra Señora del Buen Suceso, Real Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito 


     Durante una de sus apariciones a la Madre Mariana de Jesús Torres, la Santísima Virgen dio todas las indicaciones de cómo debía ser confeccionada su imagen, incluyendo el tamaño, tomando el cordón del hábito de la Madre Mariana y midiéndose a Sí misma.

     El escultor empezó a hacer la imagen y no podía plasmar la belleza incomparable de la Madre del Redentor. Un buen día llegó al coro donde estaba tallando la imagen en madera y la encontró terminada.

     Después de eso, y en incontables ocasiones, Nuestra Señora se aparecía para conversar con la Madre Mariana y caminaban juntas por aquellos claustros del Monasterio. Como prueba de la autenticidad de estas apariciones, al amanecer, el manto de la Virgen aparecía humedecido con gotas del rocío. ¡Qué maravilla! ¡El rocío cayendo sobre el manto de la Reina del Cielo y de la Tierra! ¡Ningún palacio, ninguna diadema real, nada tendría la belleza de aquellas gotas de rocío posándose y centelleando sobre el manto de la Virgen!

     Ella aparece trayendo en sus brazos al Buen Suceso por excelencia que es Nuestro Señor Jesucristo, pero aparece también para prometer al mundo la implantación del Reino de María en la Tierra, no sin antes prometer terribles castigos si la humanidad no se convierte.

      Entonces Nuestra Señora del Buen Suceso, bien puede ser una patrona señalada muy afortunadamente para el momento en que finalmente el Reino de María nazca en la Tierra, e hijos indignos de la Santísima Virgen, pero amorosos y colmados ​​de admiración, podrán decirle cuando aparezca la luz de Su Reino:

     "Señora, te presentamos el mundo que Tú iluminas; la luz de tu Reino es nuestro suceso; ¡Madre nuestra, es tu suceso! Tú hiciste todo, comenzando por hacernos a nosotros. Cuando éramos niños y nos llevaron a las pilas bautismales, ¿Qué mérito teníamos para eso? Fueron tus oraciones las que nos alcanzaron esa gracia. ¡Y qué gratitud tan grande deberíamos tener por ese asombroso regalo!".

    Fue el Hijo engendrado por Ella quién trajo esta gracia al género humano, pero esa gracia, de alguna manera, comenzó a hacerse presente en el mundo en el momento en que Ella dijo: "¡Fiat mihi secundum verbum tuum!" – "¡Hágase en mí según tu palabra!". Y brotó sobre el mundo en el momento en que el Padre Eterno le pidió su consentimiento para que Nuestro Señor Jesucristo muriera en la Cruz. Y Ella hizo algo sublimemente terrible, diciendo: "Que muera, pues, por amor al género humano y para que se haga tu voluntad".

     Nuestra Señora del Buen Suceso, ruega por nosotros.



Artículo elaborado con trechos de una conferencia de Plínio Corrêa de Oliveira para jóvenes, en la ciudad de São Paulo, el 2 de febrero de 1985.

martes, 20 de diciembre de 2022

La historia de las miradas

 



El Nacimiento del Niño Jesús. Giotto di Bandone, 1304 - 1306 — Padua


     Cómo sería bonito tener a la mano el material necesario para hacer una historia, no de la humanidad, sino de un capítulo especial de la historia de la humanidad: ¡la historia de las miradas!

     De las miradas magníficas, de las miradas esplendorosas, de las miradas suaves, de las miradas dulces, de las miradas tristes, de las miradas de esperanza, de las miradas de perplejidad, de las miradas de indignación, de las miradas de ordenación y de planeamiento, de las miradas de imprecación y de castigo.

     En la noche de Navidad sucedió aquel momento bendito en que se abrieron a la vida y al mundo aquellos ojos divinos que hacen enmudecer a todas las lenguas.

      Vamos a imaginar que la gruta de Belén fuese enorme, alta, grande, casi una catedral, que tuviera evidentemente una arquitectura definida, pero donde el movimiento de las piedras vagamente nos hiciera presentir las ojivas de una catedral como existirían en la futura Edad Media.

     Podemos imaginar el pesebre que servía de cuna para el Niño Dios, colocado en un punto majestuoso de la encrucijada de estas varias naves laterales naturales, y que una luz celestial, toda de oro, fluctuase alrededor suyo en aquel momento.

     El Divino Infante estaba allí con la majestad de un verdadero rey, aunque reclinado en su pesebre y siendo apenas un niño; Él, rey de toda majestad y de toda gloria.

     Imaginémonos aproximándonos a Él, y Él abriendo los ojos, y en su mirada emergiendo su faceta de Rey. Apareciendo en su mirada un fulgor de tal profundidad que percibiéramos en Él a un gran sabio, rodeado de una tal atmósfera, que ungiera de santidad a todos aquellos que se le acercan.

     Una atmósfera de tal pureza, que las personas no se aproximaran a aquel lugar sin antes pedir perdón por sus pecados; pero, al mismo tiempo, se sintieran atraídas a la enmienda por la santidad que emanaba del lugar.

Giotto, detalle de La Presentación de Jesus en el Templo

     Imaginemos allí, además, a la Santísima Virgen a los pies del Niño Jesús, también Ella como verdadera Reina, majestuosísima, trascendente, purísima, rezando.

     Ángeles invisibles entonando alrededor canciones de glorificación, y toda la atmósfera reinante saturada de valores tales, que, se diría existir en aquella pobreza y en aquella miseria una atmósfera de corte.

      Probablemente, todas las perfecciones del orden del Universo están contenidas en la mirada de Nuestro Señor Jesucristo, de manera que Él tiene estados de alma que corresponden a todas las bellezas de la creación.

     En el centro de todos los colores, de todas las bellezas, existe la faz adorable de Nuestro Señor Jesucristo; en el centro de la faz adorable de Nuestro Señor Jesucristo, existe su mirada, plenitud y compendio de toda la faz.

Fra Angelico - Sacra Conversazione - detalle. Convento de San Marcos, Florencia

     Nuestro Señor conversa con quien decide sumergirse en su mirada, límpida, afable, serena, casi aterciopelada, pero en el fondo con una rectitud, una firmeza y una fuerza que llenan a la persona al mismo tiempo de encanto y de confianza.

     Mirada sumamente perceptiva, pero no a la manera de una punta que perfora la realidad y ve lo que ella tiene, sino que es casi una mirada radiográfica que, sin dilacerar nada, penetra en el fondo de todo, revela y manifiesta todo, respetando todo.
En el conjunto de las miradas de Nuestro Señor Jesucristo están reflejados los principios de la lógica, las reglas de la estética y el orden del Universo.

     Están simbolizados el pulchrum —belleza, en castellano— y el significado interno de todo cuanto existe. Es una mirada que lo contiene todo, es la mejor idea que se puede tener en esta Tierra de la visión beatífica.

     Pues entonces este Rey, tan lleno de majestad, en cierto momento nos abre sus ojos. Notamos que su mirada purísima, inteligentísima, lucidísima penetra en nuestros ojos. Ve lo más profundo de nuestros defectos, pero también lo mejor de nuestras cualidades. Y en ese momento toca nuestra alma, como conmovió 33 años después a San Pedro.

      Cuando el pecador menos lo espera, por un ruego amable de la Santísima Virgen, Él sonríe. Y con esta sonrisa, a pesar de toda su majestad, sentimos que las distancias desaparecen, que el perdón invade nuestra alma y que un algo indefinible nos atrae. Y, así atraídos, caminamos hasta quedar a su lado. El Divino Infante afectuosamente nos abraza y pronuncia nuestro nombre, diciendo:
     — "¡Yo te quise tanto y te quiero tanto! Deseo para ti tantas cosas y te perdono tantas otras. ¡No pienses más en tus pecados! De aquí en adelante, piensa apenas en servirme.

     "Así, en todas las ocasiones de tu vida, cuando te asalte alguna duda, acuérdate de esta condescendencia, de esta amabilidad, de este beneplácito que ahora tengo hacia ti, y recurre a Mí por medio de mi Madre, que te atenderé.

     "Seré tu amparo, tu fuerza, y estas gracias te han de llevar al Cielo para allí reinar a mi lado por toda la Eternidad”.

— Señor, no soy digno de que me mires, pero ¡mírame!, consiente en inmergir Tu mirada en la mía y mi alma será salvada.


Notas:

Fragmentos de conferencia de Plinio Corrêa de Oliveira para socios y cooperadores de la TFP, el 23 de diciembre de 1978.


lunes, 12 de diciembre de 2022

Plinio Corrêa de Oliveira, El Cruzado del Siglo XX

 




Plinio Corrêa de Oliveira:

 El Cruzado del siglo XX

Por el Prof. Roberto de Mattei*


     Ciento catorce años han transcurrido desde el día del nacimiento de Plinio Corrêa de Oliveira, veintisiete años han transcurrido después de su muerte, un velo de misterio aún cubre la figura del gran líder católico.

     Podemos aproximarnos de ese misterio a través de la definición que el Cardenal Giuseppe Pizzardo —entonces Prefecto de la Sagrada Congregación para los Seminarios— dio, en 1963, acerca de una de sus obras, La libertad de la Iglesia en el estado comunista.

     En la carta que figura como prefacio de este importante estudio, el Cardenal Pizzardo lo define como "un eco fidelísimo del supremo magisterio de la Iglesia".

     Pero Plinio Corrêa de Oliveira no fue sólo un eco del magisterio supremo y perenne de la Iglesia apenas en sus obras, sino también, y principalmente, en su vida. Encarnó, por así decir, ese magisterio, haciendo de él una enseñanza no sólo transmitida, sino sobre todo vivida a imagen de Nuestro Señor, quien dijo sobre Sí mismo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". Y el Camino, la Verdad y la Vida de Nuestro Señor son los de su Cuerpo Místico, la Iglesia por Él fundada en el Calvario.

Entrañable amor por la Santa Iglesia

   

Plinio Corrêa de Oliveira en su viaje a Europa en 1988. A sus espaldas, la Catedral de Notre-dame de París 

  Plinio Corrêa de Oliveira conoció y amó la historia de la Iglesia desde sus orígenes, desde el momento en que el Cuerpo Místico vino a luz, manando, con la sangre y el agua, a través del costado traspasado de Cristo.

     Si hubiese vivido en los primeros siglos de la Iglesia, él se habría presentado de cabeza erguida ante los tribunales romanos, confesando firmemente su fe, y habría enfrentado, con valentía indómita, a las fieras en las arenas del circo.

     Si Plinio Corrêa de Oliveira hubiese vivido en la época de Constantino —a la altura en que la Iglesia, al salir de las catacumbas, tuvo que combatir contra los enemigos internos, más peligrosos que los externos—, él habría ocupado un lugar de destaque en el combate por la pureza de la fe. Habría seguido a San Atanasio cuando éste, perseguido por los arrianos, tuvo que partir para el exilio; se habría erguido públicamente contra Nestorio para defender el honor de Nuestra Señora, como lo hizo Eusebio de Dorilea, un simple laico; habría apoyado a los grandes papas como San León y San Gregorio, los cuales proclamaron la primacía de Roma en los siglos de oscuridad que antecedieron la aurora luminosa de la Edad Media.

     Su corazón habría exultado de alegría la noche de Navidad del año 800, ocasión en que Carlomagno fue coronado en Roma, dando origen al Sacro Imperio Romano.

     En la solemne ceremonia en que el Papa León III ciñó la corona imperial en la cabeza del rey de los francos, él habría vislumbrado todo el esplendor de la cristiandad naciente. Plinio Corrêa de Oliveira, que proclamó la Cruzada del siglo XX, habría sido uno de los primeros en responder al llamado del Beato Urbano II y en llevar la cruz.

     Habría llorado de alegría al aproximarse, de pies descalzos y espada en puño, a los muros sagrados de Jerusalén. Habría erguido la espada no para imponer la fe, sino para defender la civilización cristiana, al lado de Simón de Montfort, contra los cátaros, en el corazón de Francia, y al lado de los caballeros teutónicos, contra las tribus paganas en los países bálticos.

Enfrentando a las tres grandes revoluciones

     Con la pérdida del espíritu de cruzada él leyó el inicio de la decadencia de la Edad Media, substituido por el espíritu hedonista del Humanismo, que abrió el paso a la primera gran revolución: el protestantismo, que comprometió la unidad de la ecúmene cristiana.

     Plinio Corrêa de Oliveira habría saludado con entusiasmo la entrada en el campo de batalla de una orden religiosa, la Compañía de Jesús de San Ignacio de Loyola.

Lutero y otros Pseudo reformadores protestantes – Cuadro de Lucas Cranach

     No habría tenido ninguna compasión por los revoltosos de espíritu, habría participado de las controversias al lado de San Francisco de Sales y San Roberto Belarmino; habría combatido contra los protestantes, bajo la estela de Alejandro Farnesio, en las tierras de Flandes, y de Wallerstein, en los territorios de Bohemia; habría luchado contra los calvinistas holandeses, al lado del Conde de Sanfelice, en Bahía.

     El espíritu de cruzada no se identifica con el amor por la violencia, pero sí con el deseo de ofrecer la propia vida en nombre de Dios. Dentro de ese espíritu, Plinio Corrêa de Oliveira habría derramado su sangre en el tumultuoso mar de Lepanto o en las murallas de Viena asediada por los turcos.

     Nadie estudió o conoció, como él, la historia de la Revolución Francesa, la segunda gran revolución, matriz de todos los errores de nuestro tiempo. La habría enfrentado de pecho abierto, a fin de descabezarla en su origen.

Revolución Francesa: ejecución en la plaza de la Revolución (Demachu, museo Carnavalet, París)

     Habría querido ser un príncipe de sangre francés, no para emigrar, sino para liderar la insurrección antijacobina en la Vandea; habría acudido a Calabria, para juntarse al Cardenal Ruffo, y al Tirol, para colocarse al lado de Andreas Hofer.

     Quiso la Providencia que él no fuese nada de esto, sino que fuese, más aún en su persona que en sus obras, el eco fidelísimo de todas estas posiciones en el siglo XX. Un eco no apenas del magisterio perenne de la Iglesia, sino también de la vida palpitante de la Esposa de Cristo, de sus luchas, dolores y triunfos.

Un paralelo histórico con Teresa de Lisieux

     Murió el 3 de octubre de 1995, que en el antiguo santoral —el mismo que él seguía—, es el día de la fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús. La misma que, en la Historia de un alma, escribe estas palabras tocantes: "Siento la vocación de guerrero, de sacerdote, de apóstol, de doctor, de mártir; en una palabra, siento la necesidad, el deseo de realizar por Ti, Jesús, las obras más heroicas. Siento en el fondo del alma la valentía de un cruzado, de un zuavo pontificio: quisiera morir en un campo de batalla, en defensa de la Iglesia".

     Fueron de este mismo tipo el espíritu y la vocación de Plinio Corrêa de Oliveira.

     Santa Teresita murió a los 24 años de edad realizando, con el sacrificio supremo de su breve período de vida, la aspiración a esa vocación universal.

     Plinio Corrêa de Oliveira vivió mucho más tiempo realizando, con su obra y su ejemplo personal, la misma aspiración de Santa Teresita. Tal como Teresa de Lisieux, también él sentía la vocación de guerrero y sacerdote, de apóstol, doctor y mártir. Tal como Teresa de Lisieux, también él podría haber escrito: "Quisiera morir en un campo de batalla, en defensa de la Iglesia".

El campo de batalla que Dios le asignó

     Su campo de batalla fue la larga noche del siglo XX; con espíritu de cruzado atravesó aquel que tal vez haya sido el siglo más negro de la historia, enfrentando y combatiendo hasta la muerte al comunismo, la tercera gran revolución de la historia, así como a todas las formas de totalitarismo y de progresismo, laico o católico, a las cuales opuso siempre el perenne Magisterio de la Iglesia.

La versión más actualizada del comunismo, el ecologismo

     Atravesó las borrascas que sacudieron a la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II y sus funestas consecuencias, denunciadas por los Papas posteriores; consecuencias que él previó en el mismo momento en que recibió la noticia de su convocatoria. "Serán —afirmó— los Estados Generales de la Iglesia". No se trataba de un juicio teológico sobre documentos doctrinarios aún no promulgados. Era una lúcida previsión del desarrollo del evento histórico. Y tanto en esta, como en muchas otras previsiones, Plinio Corrêa de Oliveira fue profético.

     Plinio Corrêa de Oliveira fue un eco fidelísimo de la Iglesia, una vez que no se limitó a amar u odiar, a la luz de Ella, todo aquello con que se fue confrontando a lo largo de su vida.

"Vir catholicus, apostolicus, plene romanus"

     Amó todo lo que la Iglesia había amado, definido y promovido en el transcurso de dos mil años de existencia; detestó todo lo que la Iglesia había refutado, combatido, anatematizado en el discurrir de esos dos mil años.

     Con relación a la figura de Plinio Corrêa de Oliveira, hoy debemos amar y homenajear no a un hombre, sino a la propia Iglesia, una, santa, católica, apostólica y romana; las palabras vir catholicus, apostolicus, plene romanus, que hoy leemos en la lápida de su tumba en São Paulo, resumen su vocación.

Lápida de la tumba del Dr. Plinio, junto a la de su madre, Doña Lucilia, en el Cementerio de Nuestra Señora de la Consolación, en São Paulo

     En las palabras y en las enseñanzas de Plinio Corrêa de Oliveira debemos escuchar el eco de una voz límpida y preocupada, de una voz que viene de lejos y que no se extingue con el paso de los siglos; en su vida, en su ejemplo debemos detectar una luz que se refracta siglo tras siglo, hasta el final de los tiempos; en su figura debemos divisar una bandera, tantas veces caída, pero siempre erguida de nuevo.

     Esta misma bandera es la que hoy volvemos a erguir del suelo, con este encuentro y con nuestro trabajo diario. Roma, Italia y Europa retoman la herencia de Plinio Corrêa de Oliveira y renuevan hoy, a través de mis palabras, el empeño de hacer de su vida y de su obra nuestro futuro. 


*Presidente de la Fondazione Lepanto, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Casino (Italia), vicepresidente del Consejo Nacional de la Investigación del gobierno italiano.

domingo, 11 de diciembre de 2022

"Los 12 días de Navidad", la canción a modo de catecismo de los católicos perseguidos

 



El ángel lleva la estrela de Belén. Convento Carboneras. Madrid, España.

     Hay una linda música de Navidad inglesa titulada "Twelve Days of Christmas" (Los 12 días de Navidad), poco conocida entre nosotros, y que surgió durante la época de la persecución anglicana contra los católicos en aquel país, en el siglo XVI.

     Con la seudo reforma protestante, países como Inglaterra, al abandonar el regazo de la Santa Iglesia Católica y caer en la herejía, comenzaron a perseguir a los católicos, tornando casi imposible la práctica de la verdadera Religión.

     Para comunicar a los fieles la sana doctrina y poder celebrar sin miedo de represalias la Navidad del Salvador, según la tradición de la Iglesia, católicos ingleses compusieron esa música, que es un catecismo secreto en cuanto expresa en símbolos la realidad de nuestra fe.

     Fue también utilizada muchas veces por los católicos durante las persecuciones anticristianas y antimonárquicas de la Revolución Francesa.

     A continuación, invitamos al lector a intentar descifrar por sí mismo el significado de esta bella canción, y a comprobar después el resultado con el texto en la parte final.     

"Los doce días de Navidad"

VIDEO


     He aquí el texto en español:

"En el primer día de Navidad, mi verdadero amor me dio una perdiz en un peral.

"En el segundo día de Navidad mi verdadero amor me dio dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el tercer día de Navidad mi verdadero amor me dio tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral". (Día tras día, va narrando, en orden decreciente, lo que "mi amor  me dio").

"En el cuarto día de Navidad mi verdadero amor me dio cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el quinto día de Navidad mi verdadero amor me dio: cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el sexto día de Navidad mi verdadero amor me dio seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el séptimo día de Navidad mi verdadero amor me dio siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el octavo día de Navidad mi verdadero amor me dio ocho ciervas ordeñando, siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

Ángeles de Borgoña, Francia

"En el noveno día de Navidad mi verdadero amor me dio nueve señoras danzando, ocho ciervas ordeñando, siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el décimo día de Navidad mi verdadero amor me dio diez lores saltando, nueve señoras danzando, ocho ciervas ordeñando, siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral.

"En el undécimo día de Navidad mi verdadero amor me dio once flautistas tocando, diez lores saltando, nueve señoras danzando, ocho ciervas ordeñando, siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz en un peral".

Y termina diciendo:

"En el duodécimo día de Navidad mi verdadero amor me dio doce tamborileros, once flautistas tocando, diez lores saltando, nueve señoras danzando, ocho siervas ordeñando, siete cisnes nadando, seis gansos empollando, cinco anillos dorados, cuatro pájaros cantando, tres gallinas francesas, dos tórtolas y una perdiz; en un plato de madera…"

¿Cuál es el significado de la letra de esta música?

     1er día: "Mi verdadero amor", es el Dios Padre. Y la perdiz simboliza a Nuestro Señor Jesucristo. La perdiz es un animal de coraje, capaz de luchar hasta la muerte para defender sus pichones. El peral representa la Cruz.


El arcángel san Gabriel, Rodez, Francia.

     2º día: las dos tórtolas representan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Durante siglos, judíos ofrecían palomas a Dios. Las dos palomas recuerdan el sacrificio de la Virgen y San José ofrecido en honor de Nuestro Señor.

     3er día: las tres gallinas francesas representan las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Esas gallinas eran muy caras en el siglo XVI y sólo los ricos tenían condiciones de comprarlas. Simbolizaban los tres presentes ofrecidos por los Reyes Magos al Niño Jesús: el oro, el más precioso de los metales; el incienso, usado en las ceremonias religiosas solemnes; y la mirra, una resina incomparable.

     4º día: los cuatro pájaros cantando representan los cuatro Evangelios. En ellos están contenidos la vida de Nuestro Señor y sus enseñanzas. Como pájaros cantando de modo claro y fuerte, los cuatro Evangelistas difunden por todo el mundo la Buena Nueva de la Vida, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

     5º día: los cinco anillos dorados representan los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, o el Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), que recordaban a los católicos sus raíces. Los judíos consideraban esos libros más valiosos que el oro. Y después que la devoción del Rosario se tornó más conocida, recordaban las cinco decenas del Rosario de la Bienaventurada Virgen María.

     6º día: los seis gansos empollando representan los seis días que Dios empleó en la creación de la Tierra, del Universo y de las criaturas. Los gansos, precisamente en el momento de empollar, nos recuerdan cómo la Palabra dio vida a la Tierra.

     7º día: los siete cisnes nadando representan los siete sacramentos y también los siete dones del Espíritu Santo. Con los sacramentos y los dones, los fieles podrían sustentarse a través de los tiempos de persecución. Como los pichones de cisnes se transforman de patitos feos en lindos cisnes, así la gracia de Dios nos transforma de simples creaturas en hijos de Dios.

     8º día: las ocho siervas ordeñando representan las ocho bienaventuranzas predicadas por Nuestro Señor en el Sermón de la Montaña. Las bienaventuranzas, como la leche, alimentan y nutren al católico.

Belén del Convento Carboneras, Madrid.

     9º día: las nueve señoras danzando son los nueve frutos del Espíritu Santo (Gal. 5, 22-23): caridad, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, blandura y templanza. De la misma forma como las señoras que danzan alegres, los cristianos pueden alegrarse con la vida transformada por los frutos del Espíritu Santo.

     10º día: los diez Lores saltando simbolizan los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. Los Lores eran hombres con autoridad para gobernar y disciplinar al pueblo.

     11º día: los once flautistas tocando representan los once Apóstoles que permanecieron fieles a Nuestro Señor después de la infame traición de Judas. Como niños que siguen alegremente al flautista, esos discípulos acompañaron a Jesús. Ellos también llamaron a otros para seguirlo. Y tocaron una canción eterna: el mensaje de la salvación y de la resurrección después de la muerte.

     12º día: los doce tamborileros representan los doce artículos del Credo. Así como ellos tocan sonoramente para que otros acompañen el ritmo de la música, el Credo revela la fe de los cristianos.

     Muchas personas no imaginan cuáles son esos 12 Días de Navidad. Se trata de los días entre Navidad y la Fiesta de Epifanía, que es tradicionalmente celebrada el 6 de enero.

domingo, 4 de diciembre de 2022

El primer árbol de Navidad nació del hacha sagrada de San Bonifacio

 


El árbol de Navidad, símbolo católico, fruto del apostolado de San Bonifacio. 

     Cuando pensamos en un santo, quizás en un principio no consideremos que esa persona se atreva a empuñar un hacha, un martillo o a talar árboles fuertes como robles. Al menos es esa la forma "herejía blanca" de considerar a los santos con la que la mayoría de las personas ha sido formada, espiritualmente hablando.

     Sin embargo, sí existe tal santo: es San Bonifacio.

     Nacido en Inglaterra hacia el año 680, ingresó en un monasterio benedictino antes de ser enviado por el Papa a evangelizar los territorios que pertenecen a la actual Alemania.

      Primero como sacerdote y luego como obispo y bajo la protección del gran Carlos Martel, Bonifacio viajó por toda Alemania fortaleciendo las regiones que ya habían abrazado el catolicismo y llevando la luz de Cristo a quienes aún no lo conocían.

     El escritor Henry Van Dyke en su libro de 1897, El primer árbol de Navidad, así lo describió:

     "¡Qué buena persona! ¡Qué buena persona! Era blanco y delgado, recto como una lanza y fuerte como un bastón de roble.

     "Su rostro aún lucía joven; su piel tersa estaba bronceada por el sol y el viento.

     "Sus ojos grises, limpios y amables, brillaban como el fuego cuando hablaba de sus aventuras y las malas acciones de los falsos sacerdotes a los que se enfrentaba".

     Alrededor del año 723, el santo viajó con un pequeño grupo de personas por la región de la Baja Sajonia.


San Bonifácio no fue ecumenista y cortó el árbol del falso dios Thor.

"El Roble del Trueno"

     Tenía conocimiento de una comunidad de paganos cerca de Geismar que en pleno invierno realizaba un sacrificio humano a Thor, el dios del trueno y en el que la víctima solía ser un niño. El ritual lo hacían al pie de un árbol al que llamaban "El Roble del Trueno" y que lo consideraban sagrado.

     San Bonifacio, siguiendo el consejo de un obispo, quiso destruir el Roble del Trueno no solo para salvar a la víctima, sino también para mostrar a aquellos paganos que no sería derribado por un rayo lanzado por Thor, echando así por el suelo el supuesto poder del falso dios.

     El Santo y sus compañeros llegaron al pueblo en Nochebuena, justo a tiempo para detener el sacrificio.

     Con su báculo de obispo en la mano, San Bonifacio se acercó a los paganos que estaban reunidos al pie del Roble del Trueno y les dijo:

     "Aquí está el Roble del Trueno y aquí está la cruz de Cristo que romperá el martillo de Thor, el dios falso".

     El verdugo levantó un martillo para matar al niño que había sido entregado para el sacrificio pero San Bonifacio extendió su báculo para detener el golpe y milagrosamente rompió el gran martillo de piedra salvando la vida del niño.


Luego de derrumbar al árbol de la superstición, San Bonifacio predicó al verdadero árbol de la vida: Nuestro Señor Jesucristo.


¡Escuchad, hijos del bosque!

     Entonces se dirigió a los paganos diciéndoles:

     "¡Escuchad, hijos del bosque! La sangre no fluirá esta noche, a menos que la piedad se derrame del pecho de una madre. Porque ésta es la noche en que nació Cristo, el Hijo del Altísimo, el Salvador de la humanidad.

     "Es Él, más hermoso que Baldur, más grande que Odín el Sabio, más amable que Freya el Bueno. Desde su venida, el sacrificio ha terminado. La oscuridad, a quien ustedes en vano llaman Thor, es en realidad, la muerte, y en lo más profundo de las sombras de Niffelheim se perdió para siempre. De esta forma y a partir de ahora, Ustedes empezarán realmente a vivir.

     "Este árbol maldito no oscurecerá más esta tierra que les pertenece. En el nombre de Dios, lo destruiré”.

     Entonces, San Bonifacio tomó un hacha que estaba cerca y cuando la blandió con fuerza contra el roble, una gran ráfaga de viento golpeó la arboleda y derribó el árbol, incluidas sus raíces. El árbol cayó al suelo y se partió en cuatro pedazos.

     Tiempo después, el Santo construyó en el lugar una capilla con madera de roble.

Reliquia de San Bonifacio venerada en la catedral de Fulda, Alemania.

     El "Apóstol de Alemania" se dedicó entonces a predicar al asombrado pueblo alemán que no podía creer que el asesino del Roble de Thor no fuese siquiera herido por su dios. San Bonifacio señalando entonces un pequeño pino, dijo:

     "Este arbolito, este pequeño hijo del bosque, será su árbol sagrado esta noche.

     "Este es el bosque de la paz...

     "Es el signo de una vida sin fin, porque sus hojas están siempre verdes. Miren como las puntas apuntan hacia el cielo.

     "Tendrán que llamarlo el árbol del Niño Jesús; reúnanse a su alrededor, no en los bosques salvajes, sino en sus casas; habrá refugio y no habrá acciones sangrientas, sino regalos amorosos y gestos de bondad".

     De esta forma, los alemanes iniciaron una nueva tradición, que se prolonga hasta nuestros días.

     Teniendo un pino en sus casas, decorándolo con velas y adornos y celebrando el nacimiento del Salvador, el Apóstol de Alemania y su rebaño nos legaron lo que hoy  conocemos como el árbol de Navidad.


Artículo extraído de luzesdeesperanca.blogspot.com

lunes, 28 de noviembre de 2022

El Detente, emblema distintivo de los contra-revolucionarios y del heroísmo de los devotos del Corazón de Jesús

 





Requeté carlista portando el Detente en su bolsillo izquierdo, durante la Guerra Civil Española.

     En 1789 estalló en Francia, con trágicas consecuencias para el mundo entero, un flagelo muchísimo más terrible que cualquier epidemia: la calamitosa Revolución Francesa.

     En ese periodo los verdaderos católicos encontraron amparo en el Sacratísimo Corazón de Jesús, y el Escudo protector fue llevado por muchos sacerdotes, nobles y plebeyos que resistieron a la sanguinaria revolución anticatólica. Incluso damas de la corte, como la princesa de Lamballe, portaban esos Escudos preciosamente bordados sobre tejidos. Y el simple hecho de llevarlo consigo se transformó en señal distintiva de aquellos que eran contrarios a la Revolución Francesa.

     Entre las pertenencias de la Reina María Antonieta, guillotinada por el odio revolucionario, fue encontrado un dibujo del Sagrado Corazón, con la llaga, la cruz y la corona de espinas, y la expresión: "¡Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros!".

Heroísmo de los devotos del Sagrado Corazón de Jesús

      En la región de Mayenne (oeste de Francia), los Chouans —heroicos resistentes católicos, que enfrentaron con energía y ardor religioso a los impíos revolucionarios franceses de 1789— bordaron en sus trajes y banderas el Escudo del Sagrado Corazón de Jesús; como si fuese un blasón y, al mismo tiempo, una armadura: "blasón" usado para reafirmar su Fe católica; "armadura" para defenderse contra las embestidas adversarias.


Andreas Hofer

      También como "armadura espiritual", este Escudo fue ostentado por muchos otros líderes y héroes católicos que murieron o lucharon en defensa de la Santa Iglesia, como los bravos campesinos seguidores del aguerrido tirolés Andreas Hofer (1767-1810), conocido como "El Chouan del Tirol". Estos portaban el Detente para protegerse en las luchas contra las tropas napoleónicas que invadieron el Tirol.

El Detente era usado como una insignia y, al mismo tiempo, como una armadura espiritual.

      A comienzos del siglo XX, el Detente fue usado en México por los Cristeros, que se levantaron en armas contra gobiernos anticristianos opresores de la Iglesia, y en España por los famosos tercios carlistas —los llamados requetés— célebres por su piedad como por su arrojo en el campo de batalla, cuya contribución fue decisiva para el triunfo de la insurgencia anticomunista de 1936-39.

     Un hecho histórico semejante ocurrió, en la época actual, en Cuba. Los católicos cubanos que no se dejaron subyugar por el régimen comunista y lo combatieron, tenían especial devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Cuando estando presos eran llevados al paredón (donde eran sumariamente fusilados), enfrentaron a los verdugos fidelcastristas gritando "Viva Cristo Rey".


Católico anticomunista asistido por sacerdote antes de su muerte de manos del ejército castrista. 

     En la antigua Perla de las Antillas (actual Isla Prisión) antes de ser esclavizada por la tiranía de Fidel Castro, había muchas estatuas del Sagrado Corazón de Jesús en sus muy arboladas plazas. Pero después de la dominación comunista, las bellas estatuas del Sagrado Corazón de Jesús fueron derribadas y —pásmese el lector— sustituidas por estatuas del Che Guevara... ¡La estatua del guerrillero que tenía las manos teñidas de sangre inocente, de aquel revolucionario que hizo correr un río de sangre por varios países latinoamericanos, colocada en lugar de la imagen del Sagrado Corazón, que representaba la misericordia divina y el perdón!

¡Adquiera ya!, el Detente del Corazón de Jesús, de edición polaca. 

viernes, 25 de noviembre de 2022

El balazo del legionario herido en Afganistán era mortal... pero un Detente lo salvó.

 




Detente del Corazón de Jesús, de edición polaca, difundido por el Apostolado Seglar Nuestra Señora del Buen Suceso.


Pudo morir en 10 minutos... pero quedó  fuera de peligro.



     El pasado 7 de marzo, el caballero legionario Iván Castro Canovaca, jiennense de 23 años y en ese entonces futuro padre de una niña, recibió un balazo durante un combate en Afganistán.

     El parte de la Brigada de Infantería Ligera Rey Alfonso XIII, II de la Legión, da cuenta de la acción y resalta y detalla el excelente comportamiento militar de todos los legionarios que participaron en él, destacando en particular el teniente Ramón Prieto Gordillo, el sargento José Moreno Ramos, los cabos primeros José Manuel Gómez Santana y José Miguel Gómez Ortega, el cabo Fernando Carrasco Ibriani y el caballero legionario Iván Castro Canovaca.

     De este último, fusilero del tercer pelotón, el parte indica que, "herido en los primeros segundos del combate, mantiene la calma y pide a su Jefe de Pelotón que le deje solo y acuda a su puesto nuevamente. Cuando su Jefe de Sección le decía que estuviera tranquilo que se iría a España a ver nacer a su hija, respondió que eso no le importaba, que lo que quería era seguir allí, en su puesto. No perdió en ningún momento la compostura, evitando ser un problema más en aquella situación".

     Castro Canovaca había recibido un impacto de bala enemigo que le había atravesado los dos pulmones, pasándole a milímetros del corazón, la aorta, la tráquea y el esófago. La trayectoria recorrida y las lesiones causadas eran tan complejas que no se le pudo extraer el proyectil hasta pasados varios días. Si bien, pudo recuperarse después, la opinión de los médicos de cirugía torácica que le atendieron es que su caso es "único" y "lo normal es que hubiera fallecido en los diez primeros minutos".


El caballero legionario Iván Castro Canovaca, portando el Detente del Corazón de Jesús.

     Pero además de sus armas y pertrechos, uno de los objetos con los que partió hace semanas camino de Afganistán este caballero legionario (como otros miembros de la VIII Bandera del Tercio Don Juan de Austria, III de la Legión, que así lo desearon) fue un Detente que les obsequiaron, a quienes quisiesen llevarlo, la Hermandad del Cristo del Perdón de Elche y sus paisanos del Círculo de Amigos de las Fuerzas Armadas de Jaén.

     Como publica la revista Armas y Cuerpos, de la Academia General Militar, en su número de febrero, el teniente coronel Carlos María Salgado Romero, jefe de dicha bandera, ha decidido recuperar la vieja tradición del Detente Bala, de uso habitual entre los militares españoles desde hace siglos como invocación protectora al Sagrado Corazón de Jesús.


Los Legionarios, en Afganistán. 

     Surgió a raíz del florecer de esa devoción con Santa Margarita María Alacoque (1647-1690), cuya plasmación fue el bordado de la imagen del Sagrado Corazón en pequeños emblemas para llevar cosido a la ropa o colgado del cuello o en un bolsillo, y con la leyenda ¡Detente, el Corazón de Jesús está conmigo!, dirigida al demonio y contra la tentación.

     Pero, explica la revista, "unos cuantos relatos de soldados que lograron esquivar a la muerte, de esa forma casi milagrosa en que, a veces, suceden las cosas, le dieron tanto prestigio al emblema, que viajó con los militares españoles por todas las guerras que vinieron después en la Península y también en aquellas por las que perdimos nuestras últimas posesiones en ultramar".

     El popular Detente, sin perder su connotación espiritual, se transformó para los soldados españoles también en un Detente Bala, un último recurso para que, si era voluntad de Dios, la muerte pasase de largo en medio del fuego enemigo.

Los Legionarios reciben el "¡Detente bala!" antes de partir a Afganistán. 


     El páter de la VIII Bandera dejó claro a los legionarios, al entregárselo bendecido, que no se trata de un amuleto: "Seguro que os ayudará en los buenos y en los malos momentos, pero no lo cojáis como el que lleva un amuleto, esto no es una pata de conejo. Cogedlo como algo espiritual entre cada uno de vosotros y Dios".

     Para Iván Castro, el Detente sí fue un Detente Bala, el último escudo para un caballero legionario cuando, según reza su himno legendario, "más rudo era el fuego y la pelea más fiera.


Artículo publicado por el site Religión en libertad, el 17 marzo de 2012

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