domingo, 21 de enero de 2024

Nuestra Señora del Milagro, un precioso recordatorio de la misericordia de Dios y del poder de María Santísima




Alphonse Ratisbonne, se hizo sacerdote y fundó la Orden del Sillón, para ayudar en la conversión de los judíos

     El 20 de Enero se conmemora la aparición de la Madonna del Miracolo (Nuestra Señora del Milagro) al judío Alfonso Ratisbonne (en 1842), en la iglesia de Sant’Andrea delle Fratte (Roma), convirtiéndolo al Catolicismo.

     Uno de los hechos que marcan la historia religiosa del siglo XIX fue la aparición de Nuestra Señora al judío Alfonso Ratisbonne y su retumbante conversión al Catolicismo.

     El joven banquero Ratisbonne, natural de Estrasburgo, nacido en 1814, de una riquísima familia israelita, vivía muy distante de la fe católica. El día 20 de enero de 1842, en viaje turístico a Roma, por una curiosidad meramente artística accedió a entrar en la iglesia de Sant’Andrea delle Fratte, acompañando a un amigo, el Barón de Bussières. Mientras éste iba a la sacristía para encomendar una misa, el joven judío apreciaba las obras de arte de aquel templo.

     Cuando se encontraba ante el altar consagrado a Nuestra Señora de la Gracias de la Medalla Milagrosa (conocido hoy como altar de la Madonna del Miracolo), ella se le apareció y lo convirtió instantáneamente a la Iglesia católica, haciéndolo un fervoroso católico.

     La lápida registra la milagrosa conversión: "En esta capilla Nuestra Señora apareció al hebreo Alfonso Ratisbonne convirtiéndolo a Cristo".

     Trascribimos a continuación el relato de su conversión hecho por él mismo. 

Nuestra Señora del Milagro, un precioso recordatorio de la misericordia de Dios y del poder de la Virgen

     Quien se encuentre de peregrinación en Roma, al desplazarse hacia la zona comprendida entre Piazza di Spagna y Via del Tritone, se encontrará con la Basílica de Sant'Andrea delle Fratte, en la calle del mismo nombre. 


Basílica de Sant'Andrea delle Fratte
   

     Estando allí, quizás piense que es "una más" entre las bellas e históricas iglesias de la Ciudad Eterna. Sin embargo, al ingresar podrá darse cuenta de que es un Santuario donde sucedió algo extraordinario. De hecho, al entrar por la puerta principal, inmediatamente encontrará a su izquierda un altar especialmente iluminado, en cuyo arco se pueden leer estas impresionantes palabras: "Aquí apareció la Virgen del Milagro - 20 de enero de 1842". Debajo del arco hay un gran cuadro que representa a la Virgen sobre las nubes y esparciendo rayos de luz de sus manos.

     Mirando hacia altar, a la izquierda, hay una placa, con claros signos de no ser reciente, escrita en francés, que dice: "El 20 de enero de 1842, Alphonse Ratisbonne, de Estrasburgo, llegó aquí como judío obstinado. Esta Virgen se le apareció como en este cuadro. Cayó judío y resucitó cristiano. – Extranjero, llévate a casa el precioso recuerdo de la misericordia de Dios y del poder de la Virgen".

     Más abajo, hay otra placa, más reciente, con estas palabras: "En esta Capilla, la Virgen se apareció al judío Alfonso Ratisbonne convirtiéndolo a Cristo el 20/01/1842".

     Un poco más abajo se puede ver una columna sobre la que descansa un imponente busto de mármol que representa al privilegiado Ratisbonne, con su espesa barba y una mirada que otea el infinito.

     Aparejado al lado derecho, se encuentra el busto de San Maximiliano María Kolbe cerca del cual una placa registra un hecho: "En esta capilla de la aparición, San Maximiliano M. Kolbe celebró su primera Misa el 29-4-1918".

     Resumiendo brevemente los hechos, ¿a qué se refieren tales placas?

"Vi sobre el altar, de pie, viva, grande, majestuosa, hermosa, misericordiosa, a la Santísima Virgen María" 



     Veamos lo que consta en el pequeño pero sustancial folleto La Virgen del Milagro (Postulación General de los Mínimos, Roma, 1980), que recomendamos de todo corazón a nuestros queridos lectores (los subtítulos son nuestros, excepto el último. Quienes deseen profundizar en este extraordinario acontecimiento podrán consultar las siguientes fuentes: La milagrosa conversión a la fe católica de Alfonso María Ratisbonne, extraído de los auténticos procesos celebrados en Roma en 1842, Roma, 1892; cf. también Conversion de MMA Ratisbonne, narrada por lui -même, Le Mans 1842 ):

El 20 de enero de 1842, al mediodía, se produjo un milagro en la parroquia romana de Minimi

     En Sant'Andrea delle Fratte, el israelita Alfonso Ratisbonne, de Estrasburgo, de veintisiete años, con una aparición de la Inmaculada Concepción acuñada en la Medalla Milagrosa, fue instantáneamente iluminado por la gracia y convertido al catolicismo.

     El propio Ratisbona describe lo que sucedió, en algunas cartas y en la declaración jurada ante el Vicariato de Roma, para comprobar la veracidad de los hechos.

     "Vi algo semejante a un velo delante mío – testificó el vidente –. La iglesia me pareció completamente oscura, excepto una capilla, casi como si toda la luz de la iglesia se hubiera concentrado en ella. Levanté mis ojos hacia la capilla radiante de tanta luz, y sobre el altar de la misma, pude ver, de pie, viva, grande, majestuosa, hermosa, misericordiosa, a la Santísima Virgen María, semejante en acción y forma a la imagen que ya había visto anteriormente en la Medalla Milagrosa de la Inmaculada Concepción. Me hizo un gesto con la mano para que me arrodillara. Una fuerza irresistible me empujó hacia ella, que parecía decir: '¡Ya basta!'. No lo dijo, pero así lo entendí.

     "Al ver esto, caí de rodillas en el lugar donde estaba. Por eso intenté varias veces levantar los ojos hacia la Santísima Virgen, pero la reverencia y el esplendor me hicieron bajarlos, lo que, sin embargo, no impidió la evidencia de aquella aparición.

     "Miré sus manos y vi en ellas la expresión de perdón y misericordia. En presencia de la Santísima Virgen, aunque Ella no me dijo una palabra, comprendí el horror del estado en que me encontraba, la deformidad del pecado, la belleza de la Religión Católica, en una palabra comprendí todo... (…)

"Salí de un sepulcro, de un abismo de oscuridad…"



     Sentí un cambio total, que pensé que era diferente. Estaba tratando de encontrarme a mí mismo y no podía hacerlo... La alegría más grande emanaba del fondo de mi alma. No podía hablar. No quería revelar nada. Sentí algo solemne y sagrado dentro de mí que me hizo pedir un sacerdote... , y sólo después de haber recibido una orden positiva hablé de ello lo mejor que pude, de rodillas y con el corazón tembloroso (…). 

     "Lo único que puedo decir es que en el momento del milagro, se me cayó la venda de los ojos. Y no una sola venda, sino una cantidad de vendas que me habían envuelto, desaparecieron una tras otra rápidamente, como nieve, barro y hielo bajo la acción de un sol abrasador. 

     "Salí de una tumba, de un abismo de oscuridad, y estaba vivo, perfectamente vivo... ¡Pero lloraba! En el fondo del abismo vi las miserias extremas de las que había sido rescatado por una misericordia infinita. Me estremecí al ver todas mis iniquidades, y quedé asombrado, conmovido, hundido en admiración y gratitud . (…)

…Como "un hombre ciego de nacimiento que vio la luz de repente"

     "Pero podría preguntarse cómo aprendí estas verdades, ya que está comprobado que nunca he abierto un libro religioso, nunca he leído una página de la Biblia, y que el dogma del pecado original, totalmente olvidado o negado por los judíos de nuestra días, nunca había ocupado mis pensamientos ni por un instante. Dudo que haya escuchado siquiera el nombre. Entonces, ¿cómo llegué a este conocimiento? No podría decirlo. Sólo sé que cuando entré a la iglesia ignoraba todo; que cuando salí pude ver claramente. Sólo puedo explicar este cambio con la imagen de un hombre que despertó de un sueño profundo, o con la de un hombre ciego de nacimiento que de repente vio la luz; él ve, pero no puede definir la luz que lo ilumina y en la que contempla los objetos de su admiración (…). 

"Ya no existían prevenciones contra el cristianismo"

     "Pase lo que pase con este lenguaje inexacto e incompleto, lo positivo es que me encontré de alguna manera como un ser nuevo, como una pizarra en blanco.

     "El mundo ya no significaba nada para mí; los prejuicios contra el cristianismo ya no existían; los prejuicios de mi infancia ya no tenían la menor huella. El amor de mi Dios había sustituido de tal manera a cualquier otro amor, que mi prometida se me apareció en otro aspecto.

     "Los superiores eclesiásticos me hicieron comprender que las burlas, los insultos y los falsos juicios eran parte de la copa que tiene que beber un verdadero cristiano"

     "Repito que rogué a mi confesor, el reverendo padre Villefort, y al señor de Bussières, que guardaran un secreto inviolable sobre lo que me había sucedido. Quería enterrarme en el monasterio trapense para ocuparme sólo de las cosas eternas, lo confieso, y también pensé que en mi familia me habrían tomado por loco, que me habrían acusado de ridículo, y que de esa manera hubiera preferido escaparme por completo del mundo, de sus dichos y de sus juicios.

     "Pero los superiores eclesiásticos me hicieron comprender que las burlas, los insultos, los falsos juicios, eran parte de la copa de un verdadero cristiano; me invitaron a beberla, diciéndome que Jesucristo había predicho dolor, tormento y tortura a sus discípulos. Palabras tan graves, lejos de desanimarme, inflamaron mi alegría interior. Me sentía dispuesta a todo y pedí insistentemente el bautismo. Querían retrasarlo. '¡Pero cómo!', exclamé. Los judíos que oyeron la predicación de los Apóstoles fueron bautizados inmediatamente, ¿y Uds., quieren retrasármelo después de que escuché a la Reina de los Apóstoles?

     "Mis sentimientos, mis agudos deseos y mis súplicas tocaron a los hombres compasivos que me habían acogido, y me hicieron la promesa siempre feliz del bautismo". (ver op. cit., págs. 5, 6, 39-43).

Video

Alfonso Ratisbona y la Medalla Milagrosa


Comentarios de Plínio Corrêa de Oliveira con respecto a la milagrosa imagen, que tuvo la ocasión de venerar varias veces en su estadía Roma

     "El cuadro de la Madonna del Miracolo aparece con la frente coronada y con un resplandor con 12 estrellas en forma de círculo.

     "La fisonomía está discretamente sonriente, con la mirada dirigida hacia quien esté en arrodillado delante de Ella. Muy afable, al mismo tiempo muy regia. Por el porte, da la impresión de una persona alta, esbelta sin ser delgada, muy bien proporcionada y con algo de una imponderable conciencia de su propia dignidad.

     "Tenemos la impresión de una reina, mucho menos por la corona que por todo su talante, por la mezcla de grandeza y de misericordia.

     "La persona que la contempla tiende a quedar apaciguada, serena, tranquilizada, como quien siente calmadas sus pasiones agitadas. Como si Ella dijese: "Hijo mío, yo arreglo todo, no se atormente, estoy aquí oyendo que necesita de todo, pero yo puedo todo, y mi deseo es darle todo. Por lo tanto, no tenga dudas, espere un poco más, que lo atenderé de abundantemente".

     "El cuadro tiene algo de misterio, pero un misterio suave y diáfano.

     "Nótese la impresión de pureza que el cuadro trasmite. Comunica algo del placer de ser puro, haciendo comprender que la felicidad no están en la impureza, contrariamente de lo que mucha gente piensa. Es lo contrario. Poseyendo verdaderamente la pureza, se comprende la inefable felicidad que ella concede, a lado de la cual toda la pseudo felicidad de la impureza es basura, tormento y aflicción.

     "Nótese también la humildad. Ella revela una actitud de reina, pero haciendo abstracción de toda la superioridad sobre la persona que reza delante de Ella. Trata a la persona como si tuviese proporción con Ella; cuando ninguno de nosotros tiene esa proporción, ni aun los santos.

     "Sin embargo, si apareciera Nuestro Señor Jesucristo, ella se arrodillaría para adorar a Aquel que es infinitamente mayor. Ella tiene la felicidad inefable del desprendimiento y de la pureza.

     "Delante de un mundo que el demonio va arrastrando para el mal, por el placer de la impureza y del orgullo, la Madonna del Miracolo nos comunica ese placer del desprendimiento y de la pureza.



Artículo extraído de pliniocorreadeoliveira.info


martes, 16 de enero de 2024

En estos tiempos de depravada desolación, invoquemos la eficaz intercesión de la Madre Mariana de Jesús Torres





Cuerpos incorruptos de la Madre Mariana de Jesús Torres y de las Fundadoras del Real Monasterio de la Limpia e Inmaculada Concepción de Quito 

     A las tres de la mañana del 2 de febrero de 1634, la Madre Mariana acababa de terminar de rezar en el Coro Alto cuando notó que la lámpara junto al Santísimo se había apagado. Se puso de pie por instinto e intentó bajar a la iglesia para re - encenderla, pero una fuerza desconocida la inmovilizó de modo que no pudo dar un solo paso. En ese momento Nuestra Señora de El Buen Suceso aparecía y acercándosele, le dijo:

     “Mi hija querida, hoy te traigo la agradable noticia de tu muerte, que ocurrirá en once meses. Tus ojos se cerrarán entonces a la luz material de este mundo para abrirse en la brillantez de la luz eterna. Prepara tu alma de modo que, purificada aun más, pueda ella entrar completamente a disfrutar de su Señor”.

     Y así sucedió. La salud de la Madre Mariana comenzó a decaer, pero ella todavía estaba al frente de sus deberes en el convento mientras le era posible. Finalmente llegó el momento en que tuvo que ser confinada en una cama.

     Empero, toda ella era incendios divinos, su aspecto, sus sentimientos, sus palabras, sus modales, revelaban la santidad e íntima unión con Dios. Por ese tiempo su virtud se traslucía hasta afuera de su amado Convento y una afluencia de gente asistía continuamente a pedir con insistencia, el poder hablar con la Santa Fundadora como la llamaban.

     Conociendo el día y hora de su muerte, la Madre Mariana comunicó a sus amadas hijas sobre su viaje final a la eternidad. Alrededor de la una la tarde de ese día pidió a la Madre Abadesa que convocara a la comunidad. Dirigiéndose a sus hijas, les dijo:

     “Es necesario que me vaya pero no las dejaré huérfanas. Iré hacia nuestro Padre, nuestro Dios, y el Consolador Divino descenderá para confortarlas”.

     Después de recibir el Santo Viaticum, ardiendo de amor, cerró tranquilamente sus ojos y dejó de respirar. La Madre Mariana de Jesús fue junto al Señor a las tres de la tarde del día 16 de enero de 1635. Tenía entonces setenta y dos años de edad.

     Poco después, la noticia de su muerte había recorrido ilimitados confines. Los quiteños desde muy temprano, cercaron el Monasterio rogando se les permita ver por última ocasión a quién había sido un cúmulo de virtudes, discreta consejera, pacificadora de familias, consuelo en las aflicciones, auxilio eficaz en las necesidades morales y económicas, intercesora poderosa ante Dios y el ángel tutelar de la ciudad en todos los aspectos.

     La multitud en la iglesia era tal, que los Padres Franciscanos tuvieron que sortear enormes dificultades para poder ingresar a la Clausura para los oficios post mortem, debiendo a su vez impedir el ingreso de la avalancha humana a la misma.

     Durante tres días seguidos y a diversas horas, fueron oficiadas muchas Misas. Después, en medio del Canto “De Profundis", los Franciscanos trasladaron el cuerpo hacia el cementerio del Convento.


Santa Mariana de Jesús Paredes
y Flores
 

     Entre los muchos asistentes a las exequias, se encontraba una joven de dieciséis años, de resaltante hermosura e imponente recato. Era Mariana de Jesús Paredes y Flores, quien en determinado momento se puso de pie, y ante los presentes proclamó a viva voz y sin respeto humano: “Ha muerto una santa..!"

     La azucena quiteña había sido bautizada con el nombre Mariana de Jesús, en honor a la fundadora española, y desde muy temprano asistía al Convento de las Madres Conceptas sin ser parte del mismo, para ser encaminada hacia la práctica heroica de las virtudes por la Madre Mariana de Jesús Torres.

Una Maternal promesa cumplida


Nuestra Señora del Buen Suceso 

     Consideramos que poco después de su muerte, el nombre y el recuerdo de la Madre Mariana durmieron prácticamente en medio de un silencio abrumador.

     Ella misma suplicó a Nuestra Señora en cierta ocasión que su nombre no sea conocido, de manera tal que solo María Santísima sea glorificada.

     Nuestra Señora la complació satisfaciendo su humildad, asegurándole que su vida así como los hechos referentes a la fabricación de la Imagen, irían solamente a ser conocidos a partir del siglo XX.

     Y la Reina de los Cielos cumplió...

     El día 8 de Febrero de 1906, año del Milagro de la Dolorosa del Colegio, cuyos ojos lloraban ante la descristianización del Ecuador y del mundo, la Providencia mostraba a los incrédulos el cuerpo incorrupto de aquella que había sido precisa y marcadamente, la antítesis de ese espíritu laico y revolucionario esparcido por todo el mundo.

     El cuerpo íntegro, su rostro de color natural, la boca entreabierta permitiendo admirar la frescura de la lengua, los ojos cerrados y adornados de pestañas, las orejas flexibles, y ondulado su rubio cabello. En los bolsillos de su hábito fueron encontrados envueltos en un pañuelo, un pequeño Cristo de metal y algunos cilicios y disciplinas empleados por la Madre Fundadora hasta el día que cayó enferma para ya no levantarse.

     La Profecía de Nuestra Señora se había cumplido. A partir de entonces la extraordinaria vida de la Madre Mariana, empezaría a darse a conocer. 271 años después de su muerte, su cuerpo era encontrado intacto a la espera del día de la Resurrección final, no sin antes cumplirse las sublimes promesas que en 1588 le fueron hechas por la Excelsa Madre de Dios, cuando la Sierva de Dios contaba con apenas veinticinco años.


Venerable Madre Mariana de Jesús Torres. Cuadro de su época

     “Hija Predilecta de mi corazón, mi Mariana de Jesús, vengo desde el Cielo atraída por tu candor angelical y por tus virtudes sin parecido en el mundo actual, Estás predestinada a ser mi Representante en mi Monasterio y fuera de él. Tienes que ser la sembradora de Santidad en estos volcánicos suelos de la Colonia y de la Real Audiencia de Quito".

     “La fama de tus virtudes, traspasando éste y posteriores siglos, cubrirá de gloria a Quito y tu nombre será conocido en todos los continentes. Y llegarás al honor de los Altares, para ser, desde ellos, el modelo acabado para almas religiosas y seglares, y serás la Protectora más excelsa para esta Patria consagrada al Corazón Sacratísimo de mi Divino Hijo. Mírame y recibe el influjo de mis ojos maternales".

     Luego, los ojos estáticos de la religiosa, se colmaron de felicidad al contemplar la belleza -casi divina - de María Santísima, la Reina de los Cielos y de la Tierra.


sábado, 30 de diciembre de 2023

"Soy yo, Jesús... vengo a visitarte"






     En esta época de Navidad les traemos una historia.

     En el corazón de esta historia que sucedió no hace muchos años, hay una presencia del Lumen Christi, de la Luz sobrenatural de Cristo, y una actitud del alma receptiva a esa Luz, típica de los hombres de la Edad Media, por lo que bien parece una historia medieval.

     Se trata de una historia real, al menos el autor que a su vez fue testigo de los hechos, así lo garantiza.

     Ese Lumen Christi, falta decididamente en tantos muchos hombres modernos, pero no del todo. Porque en lo profundo de cada alma "moderna", aunque esté ahogada en un mar de vicio y pecado, duerme un anhelo medieval de esta Luz sobrenatural de Cristo.

     ¿Cómo es eso ?

     Veamos la historia:

     Pablo se encuentra sentado sobre las frías piedras de las escaleras de la iglesia de Santiago, en un pequeño pueblo de Baviera (Alemania), pidiendo limosna como de costumbre.

     Antes de las misas, abre la puerta de la iglesia a los fieles y les sonríe amablemente, dejando al descubierto una boca prácticamente desdentada.

     Tiene 50 años y forma parte de esos mendigos sin hogar que luchan por sobrevivir. Su cuerpo está consumido no sólo por el frío y el hambre, sino también por el exceso de alcohol.

    Parece mucho mayor de lo que realmente es. Si tan solo tuviera la fuerza para luchar contra esta adicción, piensa continuamente... Y decide firmemente dejar de beber.

     Pero cuando llega la noche y con ella el recuerdo de su familia, muerta en un trágico accidente, no puede resistirse y recurre al consuelo de una botella. El alcohol amortigua el vacío de su alma, al menos por un corto tiempo.

     La botella de vino es su fiel compañera y la cirrosis hepática y otras enfermedades van consumiendo su organismo poco a poco. El color de su cara levanta sospechas nada buenas. 

     Para los moradores del barrio, Pablo se convirtió en parte integrante de la escalera de la iglesia, más o menos como si fuera una estatua. Y así lo tratan. La mayoría apenas le presta atención. Y quienes aún lo toman en cuenta se preguntan cuánto tiempo resistirá.



     El párroco y el asistente pastoral todavía se preocupan por él. Pero, sobre todo la hermana Petra, una joven misionera que viene a visitarlo todos los días.

     Él se alegra con la visita de la monja, que siempre le trae algo de comer. Pero ni siquiera esta religiosa consigue que Pablo deje de deambular en la calle, y que al menos entre en la rectoría para comer o para asearse.

                      * * *

     Todas las noches, cuando oscurece y ya nadie lo ve, Pablo se cuela en la iglesia vacía con las luces apagadas. Luego se sienta en la primera banca, justo enfrente del Tabernáculo.



     Y allí permanece en silencio, casi sin moverse, durante aproximadamente una hora. Después se levanta y camina arrastrando los pies por el pasillo central, cruza la puerta principal y desaparece en la oscuridad de la noche.

     ¿A dónde va? Nadie lo sabe. Al día siguiente, se encuentra de nuevo sentado en las escaleras, frente al portal de la iglesia.

     Y así pasaron los días. En cierta ocasión, la hermana Petra le preguntó: "Pablo, veo que vienes a la iglesia todas las noches. ¿Qué haces allí adentro a altas horas de la noche? ¿Rezas, por acaso?". 

     "No rezo", respondió Pablo.

     "¿Cómo puedo hacerlo, si no he rezado desde que era niño y asistía a las clases de religión? Olvidé todas las oraciones. No recuerdo ninguna. Ud., me pregunta, ¿qué hago en la iglesia? Muy sencillo. Voy al Sagrario, donde Jesús está sólo en su pequeño tabernáculo, y le digo: 'Jesús, soy yo, Pablo. Vine a visitarte'. Y me quedo un rato, para que al menos alguien le haga compañía".

     En la mañana del día de Navidad, el asiento que Pablo ocupó durante años está vacío. Preocupada, la hermana Petra comenzó a buscarlo, y acabó encontrándolo en el hospital cercano a la iglesia.

     A primeras horas de la mañana, algunos transeúntes lo encontraron inconsciente debajo de un puente y llamaron a una ambulancia. Pablo se encuentra ahora, enfermo en el lecho. 

     Cuando la misionera lo vio, se sorprendió. Se encontraba conectado a varios tubos respirando entrecortadamente, su rostro tenía el típico color amarillento de los moribundos.

     — "¿Ud., lo conoce?"

     La voz del médico saca a la hermana Petra de sus pensamientos.

     — "No, pero puedo cuidarlo", respondió espontáneamente.

     — "Lamentablemente no hay mucho que podamos hacer, se está muriendo", le dijo médico agachando la cabeza y marchándose luego.



     Sentada junto a Pablo, la hermana Petra le toma la mano y reza durante un buen tiempo, Después, llevada por la tristeza, regresó a la rectoría.

     Al día siguiente vuelve nuevamente al hospital, ya preparada para recibir la mala noticia de la muerte de Pablo...

     — "¡No puede ser! , ¿qué es esto?", se preguntó. 

     Ella no cree lo que ven sus ojos. Pablo está sentado erguido en su cama, bien afeitado. Con los ojos bien abiertos y vivos, viendo con alegría a la monja que se acerca. Una expresión de felicidad inefable parpadea en su rostro radiante.

     Petra no puede creer lo que está viendo y se pregunta a sí misma:

     —¿Es éste realmente el hombre que ayer luchaba contra la muerte?

     — "Pablo, es increíble lo que pasó. Estás prácticamente resucitado. Estás irreconocible. ¿Qué pasó?".

     — "Anoche, le respondió el hombre, poco después de que Ud., se marchó, yo no me sentía nada bien. De repente vi a alguien parado junto a mi cama. Era tan bello e indescriptiblemente espléndido que resulta imposible imaginar. Sonriéndome me dijo: 'Pablo, soy yo, Jesús. Vengo a visitarte'.

* * *



     A partir de ese día, Pablo no bebió nunca más una gota de alcohol.

     La hermana Petra le consiguió una pequeña habitación en la rectoría y un trabajo como jardinero. Su vida se transformó por completo desde aquella Navidad.

     Encontró nuevos amigos en la parroquia, ayudando siempre que pueda, a Sor Petra en sus tareas. Sin embargo, una cosa siguió igual:

     Al caer cada noche, volvía a colarse en la Iglesia, sentándose delante del Sagrario y diciendo: "Jesús, soy yo, Pablo. Vine a visitarte".


(Autor: Jürgen Wetzel. Traducido por Renato Murta de Vasconcelos. Cuento publicado en Wöchentliche Depesche christlicher Nachrichten, RU 50/2010, apud "Catolicismo". Tomado de https://oracoesemilagresmedievais.blogspot.com)

lunes, 25 de diciembre de 2023

Y la luz brilló en la oscuridad









     En el período histórico en que el Verbo Divino se encarnó, la corrupción moral y la depravación campeaban en toda la tierra.

     Fue precisamente en medio de esas tinieblas —caracterizadas en el Benedictus de San Zacarías, padre de San Juan Bautista, como "sombras de la muerte [espiritual]" —, fue entonces, repetimos, cuando brilló el resplandor purísimo de la primera Navidad, la fuente incipiente del orden cristiano, basado en la fe sobrenatural y en la virtud.

     Pasados dos mil años, la cultura, las leyes, las instituciones, y una enorme porción de la vida doméstica y personal de grandísimo porcentaje de la población mundial ya no se ajustan a la Ley de Dios; dicho de otro modo, ya no son de justos.

     Aparte de la insuperable ventaja de que Cristo haya dejado inexpugnablemente fundada Su Iglesia, la desolación pagana del mundo actual es espeluznantemente similar a la de la época de la primera Navidad. 

     La Iglesia existe, es verdad, pero, ¿cuál es su situación actual? Sería para llorar cada vez que oímos a alguien decir que la situación de la Iglesia es buena. ¡Nada más apartado de la realidad! Muy por lo contrario, se encuentra sumida en la más grave crisis que jamás haya experimentado. ¡Y vaya si ha tenido gravísimas crisis que conjurar desde el inicio! Ahí está su historia para atestiguarlo.

     Pero desde lo alto de esa montaña sagrada que es la Iglesia, se proyectan las promesas esperanzadoras que la Santísima Madre del Redentor hizo en Fátima: "Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará" — esperanza cuyos rayos se extienden por todo el mundo, prolongando y reafirmando aquella esperanza surgida de la noche en que nació el Salvador—.

     Efectivamente, los días de la impiedad actual, mil veces peor que la del mundo antiguo, están contados. 

     La Santísima Virgen nos lo tiene prometido, y contra Ella nada podrán ni los grandes de la tierra ni el príncipe de las tinieblas. Será el triunfo de su Inmaculado Corazón; a saber, el reinado de la Virgen María, previsto por el gran misionero francés San Luis María Grignion de Montfort, autor del célebre Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, así como por otros santos y místicos.

     Esa bendita era será la de la virtud, en la que la humanidad, reconciliada con Dios en el seno de la Iglesia, vivirá según Su ley, preparándose para las glorias del Cielo. 

     En la noche de Navidad de este convulsionado 2023, imploremos al Niño Dios la misericordia de que todos, sin excepción, estamos necesitados, y tengamos la firme convicción de que el Divino Infante conquistará para siempre el mundo y la carne, y tiene preparados días de altísima gloria para su Madre Inmaculada, que brillará después de las terribles pruebas actuales. 

     La Iniciativa Apostólica —El Inmaculado Corazón de María Triunfará y el "Rosario Público de los Primeros Sábados por la Regeneración Espiritual del Ecuador", desean a Ud. y a los suyos una Feliz Navidad y un Año 2024 cuajados de las bendiciones de la Divina Providencia.



Tomado y adaptado de Plínio Corrêa de Oliveira, "Navidad: cantan los Angeles, exultan los justos" Catolicismo, diciembre de 1957, en https://www.atfp.it/

domingo, 17 de diciembre de 2023

La respuesta católica de la madre del Dr. Plinio cuando el médico le sugirió abortarlo




Doña Lucília con su hijo Plínio en brazos

     Cuando esperaba el nacimiento de Plínio, el médico le anunció a doña Lucília que el parto sería riesgoso y que probablemente ella o el niño morirían, y le preguntó si no preferiría abortar para no arriesgar su vida. Ella le respondió con calma pero con firmeza: "¡Doctor, ésta no es una pregunta que se le debe hacer a una madre! ¡Ni siquiera debió pensarlo!". 

     Este acto de heroísmo refleja lo que fue la vida de virtud de doña Lucília y que se la trasmitió al hijo que llevaba en su vientre. Mons. Trochu, escribe al respecto lo siguiente:

     "La virtud pasa fácilmente del corazón de las madres al corazón de sus hijos". 

     Y el padre Lacordaire, escribe sobre su propia madre:

     "Educado por una madre cristiana, valiente y fuerte, la religión pasó de su pecho hacia mí, como leche virgen y sin amargura". 

     En términos análogos, Plínio Corrêa de Oliveira atribuyó a su madre, doña Lucília, el cuño que selló su vida desde la infancia. 

     "Mi madre me enseñó a amar a Nuestro Señor Jesucristo, me enseñó a amar a la Santa Iglesia Católica. Recibí de ella algo que tomé en serio profundamente: la fe católica apostólica romana, y las devociones al Sagrado Corazón de Jesús y a Nuestra Señora". 

     En tiempos en que León XIII había exhortado a poner "toda esperanza en el Corazón de Jesús, y pedirle y esperar de Él la salvación", la devoción que caracterizó la vida de doña Lucília fue la del Sagrado Corazón de Jesús, quien es por excelencia la devoción de los tiempos modernos. No lejos de la casa de los Ribeiro dos Santos – los padres de ella –, se encontraba una iglesia dedicada al Corazón de Jesús. La joven madre la visitaba todos los días, llevando consigo a sus hijos Plínio y Rosée. Absorbido por la atmósfera sobrenatural que caracterizaba a las iglesias de otrora y viendo rezar a su madre, se formó en la mente de Plínio esa visión de la Iglesia que lo marcó profundamente. "Me di cuenta – recordó él – que la fuente de su modo de ser era su devoción al Sagrado Corazón de Jesús, por medio de Nuestra Señora".

Imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y de María Auxiliadora, en distintos altares de la Iglesia del Corazón de Jesús en São Paulo

     Doña Lucília siempre permaneció fiel a la devoción de su juventud. En los últimos años de su vida, cuando las fuerzas ya no le permitían acudir a la iglesia, permanecía largos ratos en oración, hasta altas horas de la noche, delante de una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, hecha de alabastro y entronizado en la sala principal de su casa.

     Las notas dominantes del alma de doña Lucília fueron la piedad y la misericordia. Su alma se caracterizaba por una extraordinaria capacidad de afecto, bondad y amor maternal, que se extendía más allá de los dos hijos que la Providencia le dio. 

     "Tenía una ternura enorme, – comentó Plínio – era muy afectuosa como hija, como hermana, como esposa, como madre, como abuela e incluso como bisabuela (por los hijos y nietos de Rosée). Llevó su cariño hasta donde le fue posible. Pero tengo la impresión de que algo en ella marcó la pauta de todos esos afectos: fue el hecho de ser ante todo, ¡madre!". 

     "Tuvo un amor desbordante no sólo por sus dos hijos, sino también por los hijos que no tuvo. Se diría que fue hecha para tener millones de hijos, y su corazón palpitaba con el deseo de conocerlos". 

Doña Lucília, madre de Plínio Corrêa de Oliveira


     Quienes no conocieron a doña Lucília pueden intuir su fisonomía moral a través de expresivas fotografías y de los numerosos testimonios de quienes la recuerdan en los últimos años de su avanzada edad. Representaba el modelo de una perfecta dama, que habría encantado a un San Francisco de Sales en su búsqueda de la figura ejemplar que inmortalizó con el nombre de Filotea. 

     Se puede imaginar que doña Lucília educara a Plínio en el espíritu de aquellas palabras que san Francisco Javier le dirigió una noche a su hermano, cuando lo acompañó a una recepción: "Tengamos buenas maneras, ad majorem Dei gloria". 

     La perfección de las buenas costumbres es fruto de una ascesis que sólo se logra con una educación refinada durante siglos o con un excelente esfuerzo de virtud, como el que se encuentra a menudo en los conventos contemplativos, donde las jóvenes novicias reciben una educación que, desde este punto de vista, podría considerarse rígida. Además, el hombre está compuesto de cuerpo y alma. La vida del alma se manifiesta de manera sensitiva a través del cuerpo, y la caridad se expresa en actos externos de cortesía. La cortesía es un rito social alimentado por la caridad cristiana, que también está ordenado a dar gloria a Dios. 

     "La cortesía es para la caridad  enseña el padre Roger Dupuis – lo que la liturgia es para la oración: el rito que la expresa, la acción que la encarna, la pedagogía que la suscita. La cortesía es la liturgia de la caridad cristiana". 

     Lucília Ribeiro dos Santos encarnó lo mejor del espíritu de la antigua aristocracia paulista. Y en la cortesía de su madre, expresión de su caridad sobrenatural, el joven Plínio vio un amor por el orden cristiano llevado hasta sus últimas consecuencias y una repulsión igualmente radical por el mundo moderno y revolucionario. Desde entonces, los modales aristocráticos y la afabilidad en el trato con él fueron una constante en su vida. 

     Plínio Corrêa de Oliveira, que en sus modales recordaba al cardenal Merry del Val, el gran Secretario de Estado de San Pío X, famoso por su humildad de alma y la perfección de sus modales, supo comportarse magníficamente en sociedad. Su compostura era ejemplar, su conversación inagotable y fascinante.

     La Providencia dispuso que estas cualidades se alimentaran y renovaran en una convivencia diaria con su madre, que se prolongó hasta 1968, cuando ella murió, a los 92 años de edad.



Notas:
Este artículo fue extraído de pliniocorreadeoliveira.info y traducido por este blog. 

El artículo contiene segmentos del libro El cruzado del siglo XX: Plínio Corrêa de Oliveira, de autoría del Prof. Roberto de Mattei.

domingo, 10 de diciembre de 2023

INVITACIÓN AL ROSARIO PÚBLICO POR NAVIDAD






Este sábado 16 de diciembre, a las 12h00, en la Plaza de San Francisco, Guayaquil 

Rezaremos el rosario y el primer día de la novena de la Natividad de Nuestro Salvador. 

Pidamos al Divino Niño que infunda en nuestros corazones la mentalidad de la era del Inmaculado Corazón de su Madre Santísima, que Ella anunció en Fátima. 

Los esperamos con sus familiares y conocidos para honrar al Niño Jesús. 

COLABORE CON EL ROSARIO PÚBLICO. SU CONTRIBUCIÓN NOS ES MUY NECESARIA 

Verdades poco difundidas de la Inmaculada Concepción

 




Columna de la Inmaculada Concepción en Roma. En el centro a la izquierda,
retrato fotográfico del Papa Bienaventurado Pío IX

     La definición del dogma de la Inmaculada Concepción encerraba dos notas particularmente contrarrevolucionarias. 

     Como sabemos, el dogma enseña que la Madre de Dios fue concebida sin pecado original, desde el primer momento de su existencia. Lo que significa que nunca tuvo mancha alguna de pecado original. La ley inflexible por la cual todos los descendientes de Adán y Eva, hasta el fin del mundo, tendrían pecado original, quedó suspendida respecto de la Santísima Virgen y naturalmente respecto de la humanidad santísima de Nuestro Señor Jesucristo.

     Por tanto, la Virgen no quedó sujeta a las miserias a las que están sujetos los hombres. No quedó sujeta a los malos impulsos, a las malas inclinaciones, a las malas tendencias que tienen los hombres. Todo en Ella discurría armoniosamente hacia la verdad y el bien; todo en Ella era el movimiento continuo hacia Dios. Ella fue el ejemplo perfecto de libertad, en este sentido de la palabra, que todo lo que la razón, iluminada por la fe, le indicaba, Ella lo deseaba plenamente y no encontraba en sí misma ningún tipo de obstáculo interior.

     La gracia en Ella se acumulada; estaba llena de gracia. De modo que el ímpetu con el que todo su ser se volvía hacia todo lo verdadero, hacia todo lo bueno, era verdaderamente indescriptible.

     Ahora bien, definir que una mera criatura humana como María Santísima,  – Nuestro Señor Jesucristo no era una mera criatura humana, era la naturaleza humana unida a la naturaleza divina formando una sola persona – que una mera criatura como Ella, tuviese este privilegio extraordinario, era algo fundamentalmente anti igualitario. Y definir eso como dogma, significaba definir una tal desigualdad en la obra de Dios, una tal superioridad de la Virgen sobre todos los demás seres, lo que evidentemente haría espumar de odio a todos los espíritus igualitarios.

    Pero había una razón aún más profunda por la que la Revolución anticristiana odiaba este dogma, y era que siendo el revolucionario amante del mal, simpatizante del mal, se alegra cuando encuentra en alguien un vestigio de mal; por el contrario, siente malestar delante de una persona en la que no percibe un rastro de maldad. Como es malo, siente simpatía por lo malo y trata de encontrar lo malo en todo. Ahora bien, la idea de que un ser pueda ser tan excelentemente bueno, tan excelentemente santo, desde el primer momento de su existencia, obviamente provocaría odio en un revolucionario.

     Consideremos a un individuo perdido en la impureza, convertido en un verdadero cerdo. Él siente las inclinaciones impuras que lo llevan a todas partes, y naturalmente siente la vergüenza, la depresión que estas inclinaciones le provocan, sobre todo porque son hechas con su consentimiento y terminó cediendo a ellas. Evidentemente se siente todo deteriorado por las concesiones que le hizo a la impureza.

     Imaginemos a un hombre así, pensando en María Santísima, quien no tenía apetito de impureza, que estaba enteramente hecha de la pureza más trascendental: evidentemente él siente un odio, una antipatía, porque siente su orgullo aplastado por la pureza inmaculada de aquella en quien está pensando.

     Entonces, definir tal ausencia de orgullo, tal ausencia de sensualidad, tal ausencia de cualquier deseo de revolución en este ser privilegiado, significaba afirmar que la Revolución fue objeto de tal repudio por parte de Ella, y entendemos que es algo que tiene que doler y provocar odio a los revolucionarios.

     Dentro de la Iglesia siempre hubo dos corrientes en relación a la Inmaculada Concepción. Una, que la combatió, y otra favorable a ella. Naturalmente, sería una exageración decir que todos quienes lucharon contra la Inmaculada Concepción lo hicieron porque estaban llevados ​​por impulsos revolucionarios, pero lo que sí es un hecho es que todo aquel que se dejó llevar por impulsos revolucionarios, luchó contra la Inmaculada Concepción. En cambio, es cierto que todos los que lucharon a favor de la Inmaculada Concepción, pidiendo su proclamación como dogma, demostraron tener, al menos en ese punto, una mentalidad contrarrevolucionaria.

     Por tanto, y de alguna forma, la lucha de la Revolución y la Contrarrevolución estuvo presente en la lucha entre estas dos corrientes teológicas. Y así podemos entender que en un momento en que la Revolución ya comenzaba a incendiar el mundo, hubo quienes se indignaron por la definición de dogma.

     Pero aún, había otra razón que hacía que la definición de este dogma resultase odiosa para los liberales. El dogma de la Infalibilidad Papal aún no había sido definido, y había una corriente en la Iglesia que sostenía que el Papa mismo no era infalible, lo era sólo cuando definía algún dogma asistido por un Concilio. Ante esto Pío IX, simplemente consultó a una serie de teólogos, luego consultó a todos los obispos del mundo y finalmente, por su propia autoridad y haciendo uso de la Infalibilidad Papal, aún definida como dogma, declaró a la Inmaculada Concepción como dogma de la Iglesia Católica.

 "Qué estupor del mundo impío, qué sarcasmo para el Papa que, en el momento en que se abrían los abismos ante sus pasos de rey temporal, se entregaba a cuestiones de pura teología. Pero antes que rey, el Papa es un teólogo, y cuando pronunciaba aquellas memorables palabras que llenaban la cúpula de San Pedro, la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, un rayo de sol que entraba por una ventana abierta iluminaba su rostro, resplandeciente como la de Moisés en las alturas del Sinaí. El cañón del Castel Sant’Angelo tronaba, como en sus mejores días; los interminables campanarios de Roma proclamaban la noticia y Roma se iluminaba aquella noche y miles de ciudades del mundo la imitaron, y millones de almas celebraban la gloria de María, en quien Dios puso la plenitud de todos los bienes, según la tierna palabras de San Bernardo, de tal modo que si hay en nosotros alguna esperanza, algún favor, alguna salvación, sepamos que nos viene de María, porque esa es la voluntad [de Dios] que quiso que todo lo tengamos por María".


El Papa Pío IX, proclamando el dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, el 8 de diciembre de 1854

     
     Obviamente esto representaba para todo teólogo liberal, una especie de petición de principios, pues, si no estaba definido que el Papa podía definirlo, ¿Cómo entonces iba a definirlo? Definiéndolo, Pío IX afirmaba contrariamente que poseía la Infalibilidad Papal.

    Esto provocó un estallido de indignación en el mundo revolucionario. Pero también un enorme entusiasmo en el mundo contrarrevolucionario. Entonces, las niñas bautizadas con el nombre de Concepción comenzaron a aparecer por todas partes, precisamente en alabanza del nuevo dogma. De ahí, una serie de Concepciones que se han ido multiplicando a lo largo del tiempo, cuyo nombre completo era Inmaculada Concepción de tal, y que era la afirmación de que los padres consagraron a aquella niña a la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen.

     Pío IX, –muy diferente a quien luego lo sucedió–, llevó las cosas a tal punto, que durante su pontificado hizo lo siguiente y que pude verlo en Suiza: la capital del protestantismo europeo fue la ciudad de Ginebra, Suiza, y que era el foco de todo el protestantismo, o el foco de irradiación de quizás la forma más execrable de protestantismo, que fue el calvinismo.

     Debido a cambios en la legislación suiza, se permitió la construcción de una catedral católica en la ciudad de Ginebra durante la época de Pío IX, quien cuando se enteró de esto, mandó avisar que enviaría como presente una imagen de la Inmaculada Concepción para ser colocada en el centro de Ginebra, para así afirmar y proclamar este dogma que los calvinistas, luteranos y todos los demás protestantes odiaban más que nada. Pío IX lideró así la lucha contra la Revolución durante su época y durante su pontificado.

Imagen de la Inmaculada Concepción, donada por Pío IX

      Vale la pena contar aquí hecho muy significativo: Pío IX se encontraba en una situación política terrible; los ejércitos de Garibaldi amenazaban cada vez más a los Estados Pontificios, de los cuales el Papa era rey, pera un rey cuyo poder temporal estaba siendo socavado, por lo que los liberales se burlaban de él diciendo: ¿Qué rey Papa es este? ¡Qué Papa más tonto! Está perdiendo sus tierras y se preocupa por definir dogmas. Pío IX permaneció imperturbable, definió el dogma, y ​​una explosión de entusiasmo universal siguió a la definición del dogma.

     Pero él fue más allá. En 1870, cuando los Estados Pontificios estaban a punto de caer, convocó el Concilio Vaticano I y durante éste, definió el dogma de la Infalibilidad Papal. 

     Cuentan que aquello fue una verdadera belleza. Que cuando el Papa se levantó para definir el dogma, se desató una tormenta con truenos y relámpagos sobre la Iglesia de San Pedro; se diría que se desataron todos los elementos de odio del infierno, convulsionando la naturaleza. Podemos imaginar a este Papa, que muchos dicen que era un santo –y no tengo ninguna dificultad en admitirlo–, de pie, en medio de un relámpago atronador, definiendo la infalibilidad del papado.

     ¿Qué sucedió luego? Días después de que se definiera la infalibilidad papal, las tropas francesas que protegían al Papa se retiraron de Roma, y las tropas de Garibaldi penetraron en Roma y Pío IX quedó prisionero en el Vaticano. Pero tal fue el prestigio que la Infalibilidad Papal le concedió, tal fue la autoridad que le dio sobre toda la Iglesia, que todos los historiadores dijeron que ni siquiera los Papas de la Edad Media tuvieron mayor poder que él.

     Entonces, tenemos entre Pío IX y San Gregorio VII, una analogía. San Gregorio VII obligó al Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico a inclinarse ante él pidiendo perdón; Pío IX hizo algo, a mi juicio, más arduo y más extraordinario: obligó a la Revolución a inclinarse ante él, sin pedir perdón, porque la Revolución nunca pide perdón, pero babeando, rugiendo de odio, humillada y aplastada, lo que es más hermoso aún de que hacer que un emperador pida perdón.

     Y fue así, en este ambiente de victoria, que el gran Papa Pío IX, prisionero, pero más señor que todos sus predecesores, más señor de la Cristiandad y de la Iglesia Universal, entregó su hermosa alma a Dios.

     Estas consideraciones, queridos amigos, nos llevan a otra que siempre es interesante, y es el papel de la TFP – Tradición Familia Propiedad  frente al papado. Podemos ver claramente que el papado es el pilar del mundo, es el pilar de la Iglesia, es el fuego que irradia toda verdad. Cuando un miembro de la TFP oye hablar del papado no puede evitar sentirse lleno de entusiasmo desde la cabeza hasta las plantas de los pies. No hay nada en el mundo que le guste tanto a un miembro de la TFP como el papado, y la razón por la que le gustan todas las demás cosas es porque se ajustan al papado, a las doctrinas de los papas.


Notas:
Artículo extraído de pliniocorreadeoliveira.info y traducido por este blog

El articulo original, titulado O caráter fundamentalmente contra-revolucionário do Dogma da Imaculada Conceição, corresponde a la transcripción de una conferencia de Plínio Corrêa de Oliveira, realizada en São Paulo, Brasil, el 15 de junio de 1973
 

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