lunes, 20 de abril de 2020

La Semana del devoto de Nuestra Señora del Buen Suceso, dia Lunes







"Hermosa doncella
delicia de Díos 
camina hacia mi alma
con paso veloz.

"En cruel amargura
en pena y dolor
sois Vos mi Consuelo 
y dadme valor.

"Cual débil barquilla
en mar tempestuoso
fluctúa mi alma
sin remo y sin luz

"Pidiéndote, Madre
sostén en mi lucha
consuelo en mi pena
alivio en mi mal". 


LA SEMANA DEL DEVOTO 
DE NUESTRA SEÑORA 
DEL BUEN SUCESO 
DE LA PURIFICACIÓN 


     Siete oraciones a la Santísima Virgen del Buen Suceso, para pedir las gracias necesarias para la salvación y para la fidelidad a su servicio, por San Alfonso María de Ligorio.


DIA LUNES

ORACIÓN PARA OBTENER LA GRACIA DE LA PERSEVERANCIA 


     ¡Oh Madre del Buen Suceso de la Purificación, Reina coronada del cielo! Yo que en otro tiempo fui desdichado esclavo del demonio, me consagro hoy a tu servicio para siempre; me ofrezco para honrarte y servirte todos los días de mi vida. Recibe mi ofrenda y, encomendado a Tí, espero recibir las dichas del Cielo.

     Bendigo a Dios, infinitamente misericordioso, por darme la bendición de confiar en tu maternal protección, prenda de eterna salvación.

     En otro tiempo yo estuve hundido en la perdición del pecado, nunca acudí a Tí, pero ahora, por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo y por tu súplica bondadosa, espero conseguir el perdón de mis culpas.

     Madre mía del Buen Suceso, me aflige el pensamiento de perder la gracia concedida, los peligros son muchos, las tentaciones se agolpan en mi mente.

     ¡Protégeme Señora mía! ¡No dejes que caiga otra vez en pecado!

     Sé que encomendado a tu protección, siempre recibiré tu socorro para salir victorioso, haz que nunca deje de invocarte como mi Madre Bendita. Amén.


ORACIÓN DE LA RESTAURACIÓN

     Hay momentos, Madre mía, en que mi alma se siente, en lo que tiene de más profundo, tocada por una añoranza indecible. Añoro la época en que yo os amaba, y Vos me amabais, en la atmósfera primaveral de mi vida espiritual. Tengo añoranza de Vos, Señora, y del paraíso que ponía en mí la gran comunicación que tenía con Vos.

     ¿No tenéis también Vos, Señora, añoranza de ese tiempo? ¿No tenéis añoranza de la bondad que había en aquél hijo que fui?

     Venid, pues, ¡oh la mejor de todas las madres!, y por amor a lo que florecía en mí, restauradme: recomponed en mí el amor a Vos, y haced de mí la plena realización de aquel hijo sin mancha que yo sería si no hubiera sido por tanta miseria.

     Dadme, ¡oh Madre!, un corazón arrepentido y humillado, y haced brillar nuevamente ante mis ojos aquello que, por el esplendor de Vuestra gracia, yo había comenzado a amar tanto y tanto...

     Acordaos, Señora, de este David y de toda la dulzura que en él poníais. Así sea.


JACULATORIAS 
PARA TODOS LOS DÍAS

     ¡Oh Señora del Buen Suceso dame todo lo que me une a tí, arranca de mí todo lo que me aparta de tí, aléjame de mí y entrégame a tí!

Rezar tres Avemarías en desagravio de las blasfemias contra la Santísima Virgen.

V/. Nuestra Señora del Buen Suceso 
R/. Ruega por nosotros.

V/. Madre Mariana de Jesús Torres 
R/. Ruega por nosotros.


CONSAGRACIÓN 
DE LAS FAMILIAS
A NUESTRA SEÑORA 
DEL BUEN SUCESO 


     ¡Oh! Santísima Virgen María del Buen Suceso, Madre de Dios, yo, aunque indigno de ser tu sirviente, me veo impulsado por tu admirable piedad y por el deseo de servirte, te elijo hoy, en presencia de mi Ángel de la Guarda y de toda la Corte Celestial, como mi especial Señora, Abogada y Madre, y me propongo firmemente servirte siempre y hacer todo lo que pueda, para que también por otros más puedas ser fielmente servida y amada. 

     Te suplico y ruego, oh Madre piadosísima, por la Sangre de tu Hijo, derramada por mí, recíbeme como tu servidor perpetuo en el número de tus devotos. 

     Asísteme en todas mis acciones, y concédeme por la gracia de tu Divino Hijo, para que así sea desde ahora y siempre en todos mis pensamientos, palabras y obras, que nunca más ellos ofendan tus ojos y los de tu divino Hijo. 

     Acordaos de mi y no me abandones ahora y en el momento de mi muerte. 
Amén

     [Si Usted y su familia hacen la Consagración, por favor envíenos en Comentarios, los nombres, por ejemplo: Pablo Pérez ó Familia Pérez Acosta)]


Cruzada del Santo Rosario en Honor de Nuestra Señora del Buen Suceso 

Todos los días a las 17h45
Santo Rosario, Ángelus (Regina Coeli en tiempo Pascual) 

y Letanías a la Santísima Virgen



viernes, 17 de abril de 2020

Las Sorpresas de Dios




Viernes Santo. Devotos del Milagroso Cristo del Consuelo, en Guayaquil, rezan desde la parte exterior del Santuario. 

     La situación mundial del coronavirus es grave. Miles de personas mueren por todos lados. La economía en algunos países parece estar en caída libre, con pérdidas de billones de dólares y de millones de empleos. Paradójicamente, mientras en países como Estados Unidos las clínicas de aborto y los dispensadores de marihuana están abiertos, las iglesias en el mundo están cerradas, sin poder administrar los sacramentos. El panorama, por tanto, apunta a desastres médicos, económicos y espirituales. 

     Agreguemos a esto, los problemas para el futuro. Las corrientes progresistas y liberales vienen advirtiendo de que las cosas no volverán a la normalidad. La crisis del coronavirus "alterará para siempre el orden mundial ", amenazó uno de esos gurús muy publicitados por la midia internacional, Henry Kissinger, en The Wall Street Journal, y  él y otros advierten - siempre bajo la óptica de la agenda revolucionaria, de que debemos prepararnos para abrazar un escalofriante futuro posterior a la pandemia.



En un reciente editorial en The Wall Street Journal, el político estadounidense de origen alemán,
Henry Kissinger, repite, como otros publicitados gurús revolucionarios, la idea que el virus "alterará para siempre el orden mundial".


     Al parecer, es poco lo que podrían hacer quienes defienden los principios cristianos para detener ese desastre. Las fuerzas se presentan desproporcionadas, sin embargo, hay un factor que no está siendo considerado: Dios.


El Factor Dios

     Sí, Dios ha sido dejado fuera de este panorama amenazante. Los científicos no reconocen el papel divino en el manejo de esta crisis. Dios no figura en las soluciones que ofrecen los políticos y tecnócratas. Con la supresión a nivel mundial de los servicios religiosos, se ha puesto a Dios alejado del manejo de la situación. Sin embargo, Dios está ahí.

     Su exclusión no es algo nuevo. Hubo momentos en la historia en que la causa de la Iglesia pareció perdida. Hoy, todas las potencias mundiales están dispuestas y listas para emprender el camino del desastre, sin Dios y sin la Iglesia. Parecen contentos de depender de sus propios recursos, de hacer alarde de su orgullo y de hacer cumplir sus agendas.

Las sorpresas de Dios

     Pero no todo está perdido.

     En momentos como estos, Dios guarda a veces sus sorpresas que confunden los planes de funcionarios públicos, científicos y políticos revolucionarios. Cuando menos se espera, sus planes comienzan a salir mal. Y sucede lo inesperado.

     Lo que normalmente desencadena las sorpresas de Dios, son las almas fervorosas que elevan sus voces al Cielo, pidiendo su ayuda. Tales almas pesan mucho en las esferas celestiales. 

     Según las corrientes actuales, en países de avanzada como los Estados Unidos, a la vanguardia de la modernidad y de la revolución sexual, dichas almas no deben existir desde hace tiempo. Sin embargo, en estos tiempos de tribulación por la crisis de la pandemia, muchos estadounidenses están recurriendo a Dios. Recientes encuestas indican que el 44% de la población ve en el coronavirus "un llamado de atención" para volverse a Dios, e incluso como una señal de los últimos tiempos. Más de la mitad de la población norteamericana (55%) ha rezado a Dios por el final de la crisis. 



Encuestas recientes dan cuenta de que más de la mitad de estadounidenses rezan por el fin de la pandemia (The Washington Post).


Una inquietud cada vez mayor

     Tales movimientos de alma hacia Dios expresan una inquietud cada vez mayor, con una situación que empeora a diario. La gente está perdiendo la fe en la capacidad de los políticos y tecnócratas para dominar el virus. Están confundidos por los medios de comunicación que crean pánico y alarma en torno al tema, hasta el punto de que es casi imposible entender correctamente y priorizar de manera inteligente.

     El cierre de las economías amenaza con hacer que la "cura sea peor que la enfermedad". Sobre todo, el cierre de las iglesias ha llevado a muchos a preguntarse: ¿por qué los gobiernos "ponen en cuarentena" a Dios?

     Es verdad que la mayoría de las personas no se ha convertido. Aún no están pidiendo ayuda a Dios con gran fervor. Sin embargo, sus miradas están siendo dirigidas a Él. Cada día que pasa, más son los que se preguntan si la solución podría venir de Dios





Preparándose para las sorpresas de Dios

     Cuando un número suficiente de personas cambia, las sorpresas de Dios pueden suceder. Él escucha los clamores de su pueblo y puede responder en su favor. Dios escribe recto en líneas torcidas. Por lo tanto, su acción puede no ser la solución instantánea del problema, ya que a menudo el sufrimiento vuelve a las personas mejores y las une a Dios. Sus soluciones pueden ser diferentes de lo que imaginamos, y siempre son mucho mejores. Dios escucha nuestras oraciones y las responde para su mayor gloria y para nuestro bien.

     En este panorama muy complejo, mucho depende de nosotros.Tenemos que invocar a Dios con suficiente celo y sinceridad. Si cumplimos con nuestra parte, Dios no nos abandonará. De hecho, Dios actúa en la historia, especialmente en tiempos como estos. Actúa cuando las personas parecen indefensas, para que así quede claro que fue Él quien actuó y cambió la situación. Por lo tanto, estamos invitados a confiar más en Él.

     Pero Dios también puede sorprendernos, pidiéndonos una ofrenda y un gran sacrificio. Nuestro amor por Él debe llevarnos al punto de convertirnos y enmendar nuestras vidas, como lo pidió la Santísima Virgen en Fátima. Nuestras súplicas de ayuda no pueden llevarnos a un regreso al mundo "normal" pre-coronavirus gravemente pecaminoso. Debemos desear una cultura y una sociedad que sigan la ley de Dios.

     Mientras la crisis del virus se mantiene, las cosas se ven sombrías. Confiemos entonces en las sorpresas de Dios.


Rezo del Rosario en Mainz, Alemania.


Tomado de Returntoorder.org


lunes, 13 de abril de 2020

¿Quién está por detrás de la apostasía de los últimos tiempos anunciada por las Sagradas Escrituras?








     ¿Los actuales acontecimientos en el mundo, tanto en el orden temporal como espiritual, son producto de una mera casualidad? O por lo contrario, ¿obedecen a una premeditación llevada a cabo por un ente superior oculto, capaz de influenciar en todos los campos de la acción humana? 

     En el libro Vida admirable de la Venerable Madre Mariana de Jesús Torres, su autor, el Padre Manoel de Souza Pereira, O.F.M., 
describe las profecías hechas por la Santísima Virgen del Buen Suceso durante los siglos XVI y XVII, a la religiosa española, fundadora del Real Monasterio de la Limpia Concepción de Quito. 

     Varias de esas profecías hacen referencia a un poder invisible y dominador, el cual mediante una guerra sin cuartel en contra de la Santa Iglesia, quiere acabar con esta, implantando el reinado del demonio sobre la tierra.

     Citamos aquí algunas de esas previsiones, hechas por Nuestra Señora del Buen Suceso a la Madre Mariana:

     – "Habiéndose infiltrado la secta en todas las clases sociales... (1)

     Otra referencia dice lo siguiente:

     – "Ecuador se verá oprimido, esclavizado y perseguido por sectas diabólicas" (2).

     Una otra dice:

     – 
"Habiéndose pasado a las filas del partido de Satanás..." (3).

     ¿A que secta o partido, capaz de dirigir los acontecimientos del mundo, se refirió la Santísima Virgen en sus profecías?

     Algunas respuestas a esas y otras interrogantes, precisamente están contenidas en el presente artículo. 

~~~~~ ○ ~~~~~

     En su célebre libro Revolución y Contra-Revolución, el Dr. Plínio Corrêa de Oliveira le da al vocablo revolución "el sentido de un movimiento que persigue destruir un poder o un orden legítimo e instalar en su lugar un estado de cosas (intencionalmente no queremos decir orden de cosas) o un poder ilegitimo".

     "Lo que la Revolución pretende abolir es una visión del universo y un modo de ser del hombre, con la intención de sustituirlos por otros radicalmente contrarios".

     "En efecto, el orden de cosas que viene siendo destruido es la Cristiandad medieval... realización... del único orden verdadero entre los hombres, o sea la civilización cristiana".

     "Así, lo que ha sido destruido desde el siglo XV hasta aquí, aquello cuya destrucción ya está casi enteramente consumada en nuestros días, es la disposición de los hombres y de las cosas según la doctrina de la Iglesia, Maestra de la Revelación y de la Ley Natural. Esta disposición es el orden por excelencia" (Revolución y Contra-Revolución, el Ideal de lucha del siglo XXI). 

     Además del Dr. Plínio, otros personajes han explicitado el término "revolución". Uno de ellos, y quizás el que más ahondó en el tema es el sacerdote carmelita español, Beato de la Iglesia, Francisco Palau y Quer.


Beato Francisco Palau y Quer O.C.D. (1811 - 1872)

     Nacido en Aytona, pueblo de la próspera región de Cataluña, el 29 de diciembre de 1811, y fallecido el 20 de marzo de 1872, el Beato Palau veía desarrollarse los hechos que se venían en su época, y en las posteriores,  tomando la siguiente sucesión fundamental de acontecimientos:

     Primero, la marcha del mundo rumbo a la disolución social y el establecimiento de un pseudo-orden caótico como fruto de una Revolución anticristiana;

     Segundo, la denuncia de la Revolución por un enviado de Dios y sus discípulos, seguida del justo castigo divino de la iniquidad;

     Finalmente, la renovación de la Iglesia y de las naciones por obra del Espíritu Santo y el advenimiento de un período en el que las personas, imbuidas del espíritu del Evangelio, rendirán gloria a Dios de una forma sin precedentes en la historia. Dicha época durará hasta el fin del mundo.

La Revolución en la Tierra, reedición de la rebelión de Lucifer en el Cielo

     El Bienaventurado Palau deploraba los sucesivos resquebrajamientos de las instituciones fundamentales del orden cristiano como la familia y la propiedad.

     Censuraba la demolición de las buenas costumbres y de los estilos de vida consuetudinarios por obra de la revolución industrial, al igual que el derrumbe de las formas de gobierno tradicionales por constantes golpes políticos.

     Pero él no aceptaba que todas esas acciones convergentes fuesen fruto del azar. Antes bien, la variedad de crisis provenía de una sóla causa.

     Se preguntaba si por detrás de esas crisis no habría alguna inteligencia diabólica que las comandase.

     ¡Sí!, se respondía, su gestor era ¡Lucifer!, el mismo que sedujo a un tercio de los ángeles en el Cielo y que luego cautivó el corazón de una serie de hombres claves en la tierra y agita una vez más su bandera de rebelión.


Luzbel se rebela ante Dios y es enviado junto a sus secuaces a los infiernos

     Y concluía que este nuevo Non serviam (“¡No obedeceré!”) era la causa suprema de las crisis en el mundo. A esa crisis la llamó “Revolución”.

     “¿Qué es la revolución? – explicaba–. Es lo mismo que sucedió en el Cielo cuando Dios creó a los ángeles, y que hoy se repite de modo similar en la tierra:

     “Satanás (...) ha seducido a todos los reyes y gobiernos de la tierra y con bandera desplegada dirige sus ejércitos a la guerra contra Dios (...).

     “Esto es revolución, esto es la anarquía entre los hombres y la guerra a Dios”.

     “Satanás es el padre de la revolución –enseñaba parafraseando a Mons. de Ségur0–, ésta es obra suya, comenzada en el Cielo, y que viene perpetuándose entre los hombres, de edad en edad.

     “Por primera vez después de seis mil años ha tenido la osadía de tomar en la faz del cielo y de la tierra su verdadero y satánico nombre: ¡revolución!

     “Ella tiene por lema, como el demonio, la famosa palabra: '¡no obedeceré!'

     “Satánica en su esencia, y aspirando a derribar todas las autoridades, tiene por fin postrero la destrucción total del reino de Jesucristo en la tierra” (“Adentros del catolicismo – abominaciones predichas por Daniel el profeta en el lugar santo: Apostasía”, El Ermitaño, Nº 21, 25-3-1869.).

     Para el P. Palau, esta Revolución conduce a la apostasía de los últimos tiempos anunciada por las Sagradas Escrituras. El análisis racional, sereno y vigoroso de los sucesos socio-políticos le confirmaba esta convicción..


"El Ermitaño", el periódico editado por el Beato Palau para su lucha contra la Revolución


La Revolución conduce a una catástrofe que el Beato Palau quería evitar

     En el siglo XIX, el orden eclesiástico y el temporal ofrecían en ciertos puntos, resistencias notables a la Revolución. No obstante, la humanidad se hundía displicente y velozmente en la anarquía, impulsada por las tendencias desordenadas que alimentan la Revolución

      ¿Qué son las tendencias desordenadas?

     Existen en el hombre tendencias buenas y malas. Las primeras, conducen a la práctica de sucesivos actos de amor a la verdad y al bien, por lo que una persona puede emprender un proceso gradual en la práctica de la virtud hasta convertirse al bien por completo.

     Por lo contrario, las pasiones desordenadas, atizadas por la acción preternatural del Poder de las Tinieblas, solicitan continuamente a los hombres y a los pueblos, la inclinación hacia el mal, por lo que el proceso puede ser también de decadencia, que sin duda conducirá al caos y a la disolución social de un modo implacable. 

     Plínio Corrêa de Oliveira sostiene admirablemente, en su libro Revolución y Contra-Revolución, la misma tesis del Beato Palau:

     "La más poderosa fuerza propulsora de la Revolución está en las tendencias desordenadas. Y por esto la Revolución ha sido comparada a un tifón, a un terremoto, a un ciclón. Es que las fuerzas naturales desencadenadas son imágenes materiales de las pasiones desenfrenadas del hombre...

     "Como los cataclismos, las malas pasiones tienen una fuerza inmensa, pero para destruir. Esa fuerza ya tiene potencialmente, en el primer instante de sus grandes explosiones, toda la virulencia que se patentizará más tarde en sus peores excesos" (Revolución y Contra Revolución, capitulo VI).


Revolución y Contra-Revolución ha sido editado en 16 idiomas. En la foto, una de las ediciones más recientes, la japonesa


     Es lo que caracteriza al carácter procesivo de la Revolución,  el cual posee su propio dinamisno. Continúa el Dr. Plinio:

     "Las tendencias desordenadas se desarrollan como los pruritos y los vicios, es decir, a medida que se satisfacen, crecen en intensidad, y producen crisis morales, doctrinas erróneas y después revoluciones. Unas y otras, a su vez, exacerban las tendencias. Estas últimas llevan en seguida, por un movimiento análogo, a nuevas crisis, nuevos errores, nuevas revoluciones. Es lo que explica que nos encontremos hoy en tal paroxismo de impiedad y de inmoralidad, así como en tal abismo de desórdenes y discordias (Revolución y Contra Revolución, capítulo VI).

La Revolución: un tren rumbo al abismo

     Para describir a la Revolución, el Beato Palau se sirvió de la ilustración de un accidente que conmovió a sus contemporáneos: el puente de un ferrocarril en Cataluña que fue derribado por un temporal.

     Durante cierta noche, un tren expreso –en aquel entonces símbolo embriagador del adelanto industrial– sin saber de lo acaecido, viniendo de Gerona se precipitó en el abismo.

     La catástrofe marcó la época: la euforia del progreso meramente maquinal y la alegría de los pasajeros dentro de vagones con butacas de cuero, cortinas de seda, vidrios con filigranas, vajilla de porcelana y cubiertos de plata, contrastaba estridentemente con la desesperación, en el momento de despeñarse en un oscuro y mortal precipicio.

     Ésta era la parábola de un mundo superficial y despreocupado, aún con restos de cultura y religión, conducido por la Revolución rumbo a un desastre que el Beato Palau deseaba evitar:

     “Una horrorosa catástrofe anunciada, por los profetas, por Jesucristo, por los Apóstoles, y por todos los órganos más autorizados del catolicismo.

     “La sociedad actual conducida en masa por el poder de las tinieblas y el poder político ha subido en un tren.

     “Sus maquinistas se la llevan a los infiernos. La estación de donde ha salido, se llama revolución, la inmediata se titula ¡catástrofe social!

     Ahora corre la línea que media entre estación y estación. Ella no lo piensa, el Ermitaño da gritos desaforados de ¡alto! ¡atrás! Esta voz, la voz del catolicismo queda sofocada por el ruido del tren (...)

     Una tempestad se llevó un puente de ferrocarril, no hace muchos años. Era de noche, el tren salió de Gerona y marchaba, los viajeros no sabían del peligro, el puente faltaba, pero el tren seguía su marcha.

     Las tinieblas encubrían el riesgo, llegaron al límite del abismo, la locomotora da un vuelo pero le faltan alas, falta la línea del tren, está cortada por el abismo, cae y arrastra tras de sí los coches y a la gente, y las aguas se tragaron a los viajeros.

     No creyeron en el peligro, pero existía, era una verdad, y su incredulidad no los salvó sino que los perdió. Los maquinistas y conductores del tren que dirigen a la sociedad actual, están ebrios, han perdido el juicio.

     “¿No lo veis que no aciertan? Bajad si podéis, y echáos en brazos de la Iglesia vuestra Madre y así os salvaréis”


El Beato Francisco Palau, en la tal vez, la única foto que se conserva actualmente



Notas:
(1, 2, y 3): Vida Admirable de la Venerable Madre Mariana de Jesus Torres, por el Padre Manoel de Souza Pereira. En su orden:

- (Vol. III, p. 30)
- (Vol. II, p. 235)
- (Vol. II, p. 109)

Fuente:
La materia acerca del Beato Palau fue extraída de: aparicaodelasalette.blogspot.com

sábado, 11 de abril de 2020

La epidemia, la cinta de María Santísima y el Milagro








     Con los progresos de la medicina moderna, no tenemos idea del pavor que despertaba antiguamente la palabra epidemia.

     El conocimiento de lo que son los virus causantes de la peste, su propagación y el modo de combatirlos, era prácticamente nulo, y el saber que ésta comenzó en una ciudad, era motivo de pavor.

     En el año de 1008, en la ciudad de Valenciennes, en el norte de Francia, el pavor tenía total razón de ser, pues en pocos días una epidemia mató a cerca de 8.000 personas!


Saber que la muerte está cerca, hace que las personas se vuelvan más religiosas. 

     En esa época, en Francia las personas eran real y sinceramente religiosas. Por ello, ante la situación, los moradores buscaban atraerse el favor del Cielo con frecuentes rogativas y continuas oraciones para terminar con el mortal flagelo.




La peste era un flagelo contra la cual la medicina aun no había encontrado remedio. Entierro de víctimas de la peste negra en Tournai, Bélgica, 1353.


     Cerca de la ciudad, alejado del ruido, vivía un eremita de nombre Bertelain, quien viendo el gran estrago de la peste y fuertemente conmovido por aquella mortandad, pedía con fervor a la Santísima Virgen que intercediese ante el Señor de las Misericordias, a fin de que aplacase sus rigores.

     El 5 de septiembre de 1008, luego de reflexionar sobre la protección que en los grandes peligros la Madre de Dios ha dispensado a sus hijos, Bertelain se postró humildemente en tierra, y con lágrimas en los ojos, se dirigió  a la celestial Señora diciéndole:

     "¡Madre mía y de los hombres, poderosa Reina de los Cielos, miren vuestros compasivos ojos el escenario triste y doloroso que presenta nuestra ciudad castigada por esta terrible peste que tantas víctimas inmola todos los días. Si bien que el hombre ingrato y rebelde a las sanas máximas de la doctrina que viniera a enseñar al mundo el Divino Salvador de los hombres, merece en verdad que sea humillado en su soberbia y orgullo; pero ved, oh amorosa Señora, que son muchos los que perecen, y que es muy terrible la pena que Dios impone al pecador. Tened de él, Señora, misericordia, y aplacad, Vos que podéis, las iras de Vuestro muy amado Hijo. ¡Oh, María, Consuelo de los afligidos! ¿Dejarás que perezca el pueblo que a Tí acude y que en Tí confía? ¿Se llegará a decir que en vano ha invocado Tu auxilio?"

     Mientras el fervoroso ermitaño rezaba esa ardiente oración con la mirada fija en los Cielos, aguardando alguna promesa de consuelo y ventura, quedó súbitamente  deslumbrado por el brillo de una luz más pura que la del sol.

     Entonces, la Santísima Virgen oyendo con agrado la plegaria que le hiciera aquel varón justo y piadoso, quiso premiar su ardiente caridad, su admirable fe, y en su presencia le dice:


     — "Cesen tus lágrimas, cálmese tu afán, venerable anciano; hay seres ingratos y descreídos, pero también, por fortuna cuenta mi Hijo con almas nobles y piadosas a las que sabrá premiar su virtud y su fe. Anda, marcha a la cercana ciudad de Valenciennes y di a mis fieles y devotos que vuelvan a pedir a Dios misericordia en sus graves peligros, diles que continúen con rogativas públicas y con ayunos y penitencias para que deponga su enojo, que yo siempre vuestra Abogada y Protectora seré medianera, no dudo alcanzar lo que para vosotros demande a mi Divino Hijo. Ve donde ellos y asegúrales que he aplacado a Mi Hijo con mis súplicas; diles también que es mi deseo que por la noche del dia 7, salga a la calle toda la gente de la ciudad".

     Luego, la excelsa Soberana de los Cielos desapareció, ocultándose entre las blancas nubes que se abrieran para dejar pasar su Inmaculada figura.

     Con gran diligencia procuró informar el ermitaño a las gentes de la ciudad de la aparición de la Virgen y del encargo que le encomendara.


     Mucha fue la confianza de los habitantes de Valenciennes cuando enterados por el anciano eremita de lo que la Madre de Dios exigía de sus fieles, para aplacar el rigor de su Divino Hijo, se apresuraron a cumplir lo que se les ordenara por medio de aquella aparición con que fue favorecido el piadoso anciano.


     Se hicieron las rogativas inmediatamente, orando en ellas todos los habitantes de la ciudad con gran fervor hasta altas horas de la noche. 


     Para el día 7 de Septiembre, la población llenó las murallas de la ciudad. Algunos copaban las  torres y lugares más elevados para poder presenciar mejor lo que les había sido anunciado.


     Y en efecto, en esa noche, la promesa de María se vio cumplida. Mientras los habitantes la aclamaban y bendecían con entusiasmo cada vez más mayor, contemplaron en medio de una inmensa luz, muy visible para todos, su descenso de las mansiones de la gloria. Nuestra Señora, acompañada de su Corte Celestial, se hacía presente en la ciudad, y mientras la recorría, dejaba caer en el suelo una cinta de color rojo. 






     Se puede pensar que aquello fue algo muy breve, o que la Santísima Virgen recorrió apenas unos metros pero no fue así: fueron nada menos que 14 kilómetros!, habiendo asistido al acontecimiento la ciudad entera. 

     Al contrario de otras apariciones en las cuales las fuentes históricas son pocas, todas las crónicas de la ciudad y de la época hablan de lo ocurrido como siendo un hecho de notoriedad pública. 

     La cinta quedó guardada en un relicario durante muchos siglos, hasta que fue quemada durante la Revolución Francesa. 

     Los revolucionarios no quieren saber de pruebas ni testimonios. Con o sin ellos, su odio es igual para con Dios, la Virgen y la verdadera Iglesia.


La procesión y el milagro

     La Santísima Virgen le hizo saber al eremita cuál era el significado de la cinta: Ella quería que al día siguiente, Fiesta de su Natividad, sea hecha una procesión siguiendo la misma ruta que Ella misma había recorrido y que había dejado marcada con la cinta; con eso la peste se acabaría. Si la procesión fuese repetida cada año, Nuestra Señora protegería a la ciudad de otras pestes semejantes.

     Al día siguiente, la procesión se llevó a cabo con todos los habitantes de la ciudad, y de hecho, la peste cesó poco después. Hasta el día de hoy la procesión se realiza todos los años, en la misma fecha, y es precedida por una imagen que representa a María Santísima dejando caer una cinta por el suelo.





     Llama la atención en la procesión, denominada "Le Tour du Saint-Cordon" la presencia de una cofradía medieval llamada "Los Rayados de Nuestra Señora del Santo Cordón". 

     Tal nombre se debe a que sus trajes tienen rayas azules y blancas.





     ¿Cuál era la población de la ciudad en esa época? Es una pregunta nada fácil de responder, ya que en aquel tiempo no existían los censos poblacionales de nuestros días. 

    Desde hace algún tiempo, la población de Valenciennes gira en torno de 40.000 habitantes.

     Pero es difícil calcular cuántos eran en el siglo XI. 





     En todo caso, para levantar una cifra aproximada, supongamos que la peste haya matado a la mitad de la población. Esto haría que hayan quedado vivas unas 8.000 personas, que pudieron ver a la Virgen, significando un gran número de testigos!

     ¿Porqué eso sucedía antes y no hoy?

     Para entender el motivo, primero debemos tomar en cuenta que el milagro está íntimamente relacionado con la fe. Un milagro acostumbra a ser un premio por la fe en lo que se cree y por lo que se reza, pero también es hecho para fortalecer la misma fe. 

     Los milagros no son el fruto de la banalidad, pues Dios, quien opera el milagro, es el mismo Creador de las leyes de la naturaleza, de las cuales el milagro es una suspensión. Y sería contrario a la sabiduría establecer leyes que puedan o deban suspenderse a cada instante. 





     La Santísima Virgen hace milagros teniendo como finalidad que las personas cambien, se vuelvan mejores, y obviamente no los haría para que sus hijos sean peores.


     Pensemos un instante en lo que pasaría, si en la ciudad donde vivimos sucediese lo mismo que en Valenciennes: Nuestra Señora aparece en el Cielo y todos pueden verla.

     Luego de un primer momento de encanto, la consecuencia natural sería que hubiese luego una mejoría significativa en la fe y en la moral.

     ¿Cuántas personas en nuestra ciudad, estarían actualmente dispuestas a dejar el modo de vida que llevan, apartado de Dios o contrario a Él, y pasar a vivir religiosamente?

     Más aún, ¿cuántos estarían dispuestos a abandonar sus vicios morales y decidir reformar seriamente su vida?

     ¿O no habría el peligro de, por lo contrario, las personas se rebelen por tener que dejar los robos, las mentiras, las envidias, la televisión inmoral, las modas indecentes?

     Quien recibe un milagro y no cambia, quedará peor que antes, y por eso es muy difícil que la Santísima Virgen aparezca. Cuán lejos estamos de la feliz Valenciennes medieval, en que la fe y las virtudes atrajeron la presencia de la Virgen. 

     No conocemos los misterios insondables de Dios. En el Ecuador la Santísima Virgen ya obró un milagro patente y masivo, sin duda el más extraordinario sucedido en el país en el siglo pasado. La Imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso parpadeó portentosamente ante 30.000 personas en Quito, el 27 de Julio de 1941.

     Así mismo, también es posible el milagro de la conversión del hombre pecador. 

     Pidamos a la Santísima Virgen, que cuanto antes, cumpla con su promesa del triunfo de su Sapiencial e Inmaculado Corazón, para que así, podamos vivir en una civilización realmente convertida y cristiana.


Fuentes: 
- Revista Catolicismo, Sao Paulo, Brasil
- Apariciones y Mensajes de la Virgen        María, Segunda Parte. 
- lahistoriasagrada.com
- Oracoesemilagres.blogspot.com

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