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| Santuario de la Divina Misericordia, Cracovia, Polonia. En primer plano, urna de mármol blanco con restos de Santa Faustina. |
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| Santuario de la Divina Misericordia, Cracovia, Polonia. En primer plano, urna de mármol blanco con restos de Santa Faustina. |
La evidencia de los hechos deja claro que desde el Concilio Vaticano II, el "humo de Satanás", del que hablaba Pablo VI, penetró en la Iglesia en proporciones impensables que se extendieron día a día, con la terrible fuerza de expansión de los gases. Para escándalo de innumerables almas, el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo entró en el siniestro proceso de, por así decirlo, auto demolición, al que aludió el mismo Pontífice en una Alocución del 7 de diciembre de 1968.
La historia narra los innumerables dramas que sufrió la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana en los veinte siglos de su existencia. Oposiciones que germinaron fuera de Ella y que intentaron destruirla. Tumores formados dentro de Ella, extirpados sin embargo por la misma Esposa de Cristo; pero que, aun entonces de afuera hacia adentro, trataron de destruirla con ferocidad.
Sin embargo, ¿cuándo ha visto la historia, antes de nuestros días, un intento de derrumbar la Iglesia, ya no articulado por un adversario, sino calificado como una especie de auto demolición en un altísimo pronunciamiento de repercusión mundial?
La actitud normal de un católico al ver a la Iglesia, su Madre, atravesar esta crisis debe ser sobre todo, de profunda tristeza, porque es lamentable que así sea. Es un peligro para innumerables almas que la Iglesia se vea afligida por tal crisis. Y por eso se puede estar seguro de que, cuando Nuestro Señor desde lo alto de la cruz vio todos los pecados que se iban a cometer contra la obra de la Redención que Él realizó de manera tan profundamente dolorosa, sufrió enormemente en vista de tales pecados cometidos en nuestros días.
Y evidentemente todos estos pecados produjeron sufrimientos verdaderamente indecibles en el Sapiencial e Inmaculado Corazón de María, que latía de dolor en el pecho de la Santísima Virgen, mientras Ella permaneció junto a la Cruz.
Considerando lo mucho que Nuestro Señor y Su Santísima Madre han sufrido por lo que ahora está sucediendo, es imposible no desanimarse mucho más que en cualquier Viernes Santo anterior, porque quizás, este es uno de los puntos más agudos de la Pasión. y que se muestra en toda su fealdad, en las circunstancias actuales de la vida de la Iglesia .
* * *
El hombre contemporáneo es un adorador del placer, de la alegría, de la diversión y tiene horror al sufrimiento .
Ahora, estamos aquí en presencia de una dolencia muy aguda. Se puede comprender pues, aunque tal actitud no sea justificable, la posición de tantas almas que evitan pensar en ello y considerar profundamente lo que está pasando para no sufrir en unión con Nuestro Señor esta trágica situación, como trágica fue la Pasión.
Ante el drama en que se encuentra la Santa Iglesia, muchas almas buscan pues, asumir una posición de indiferencia, similar a la de muchos contemporáneos de Nuestro Señor que creían que Él era Hombre-Dios, pero que durante el vía crucis, al verlo pasar, en lugar de sentir pena por sus atroces sufrimientos, pensaron que era mejor no considerarlos, sino pensar en otras cosas.
Y aquí está la prueba: Nuestro Señor predicó maravillas y obró milagros portentosos que debieron impresionar al menos a una parte considerable de las personas que lo rodeaban. No sería concebible que esta parte, santamente impresionada, se hubiera quedado en una actitud tan quieta e inerte frente a lo que estaba pasando. Y que la única persona que hizo algo por el Redentor durante la parte inicial del Vía Crucis, fue la Verónica con su velo sobre el que se estampó más tarde el sagrado rostro del Salvador. En verdad nadie más tomó tal actitud excepto ella.
Las santas mujeres y Nuestra Señora acompañaron a Nuestro Señor en su penoso recorrido rumbo al Calvario. La Santísima Virgen está por encima de todo elogio. Las santas mujeres que la acompañaron merecen un elogio que comparte la alabanza a la que tiene derecho Nuestra Señora. Pero aparte de ellas, no encontramos sino pura inercia.
Con motivo de la Semana Santa, lo que más debemos pedir a la Virgen es que nos libere de este estado de ánimo, de esta mentalidad .
Si nuestro Redentor sufre, yo debo querer sufrir lo que le atormenta. Y lo sufriré meditando en Sus dolores. Este es mi deber dada la unión que Él misericordiosamente se ha dignado establecer entre Él y yo. Y lo que no es esto no puede ser sino descrito como abominable.
Los días que vivimos son de gravedad, de tristeza, pero en el último filo del horizonte aparece un gozo incomparablemente mayor que cualquier gozo terrenal: la promesa de un sol que nacerá, esto es, el Reino de María anunciado en 1917 por Nuestra Señora en Fátima.
Plinio Correa de Oliveira
25 de febrero de 1994
Fuente:
pliniocorreadeoliveira.info
En esta semana en que el mundo católico comienza a recordar la semana de Pasión de Nuestro Señor Jesucristo las atenciones se vuelven para una nación que a su modo está pasando por una verdadera pasión.
Nos referimos a Ucrania, injustamente invadida por la Rusia de Putin, en donde han fallecido miles de civiles.
Esta semana la prensa internacional informó de una “masacre” practicada en la ciudad de Bucha, ubicada al norte de Kiev, donde las imágenes muestran cadáveres apilados en fosas comunes y cuerpos con ropas de civil tirados en las calles
“Los civiles asesinados yacen en los patios, cerca de las casas, debajo de la carretera. Algunos tienen las manos atadas a la espalda, con signos de tortura en el cuerpo”. Así describió en su cuenta Telegram Lyudmila Denisova, comisionada parlamentaria de derechos humanos de Ucrania, sobre la situación en la localidad de Bucha. La funcionaria indicó que el Ejército ucraniano encontró los cuerpos de 280 civiles, algunos de los cuales habían recibido disparos.
Las fotografías publicadas por la prensa dan cuenta de la pasión que sufrió la población civil de esa ciudad.
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| Civiles masacrados cobardemente por el ejército ruso en Bucha, Ucrania |
Pero no es solo ella. Las atrocidades cometidas por los invasores rusos se repiten en cada ciudad ocupada o invadida temporalmente y los testimonios dan cuenta de cuánto ha sufrido esa nación.
Por esta misma razón varias naciones europeas y los Estados Unidos la han socorrido con armamento defensivo y pertrechos para alimentación de la población.
Sin embargo, pocos han pensado en el auxilio espiritual de esa población sufriente.
Es por ello que cobra particular destaque la iniciativa tomada por la sociedad italiana de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, que, en la persona de uno de sus voluntarios, Sr. Miguel Ángel Gutiérrez, viajó con 50.000 medallas para repartir a la población civil ucraniana.
La entidad ya había estado en muchas ocasiones anteriores en ese País difundiendo la devoción a la Virgen de Fátima y los contactos con Obispos, sacerdotes y católicos en general se había consolidado en una relación de confianza y amistad.
Por este motivo no fue difícil a la TFP italiana renovar sus contactos para llegar hasta la ciudad de Lviv o Leopolis, como se la llama en Italia. En 1991, tras la caída de la Unión Soviética, Leópolis finalmente pudo celebrar la independencia de Ucrania y, desde entonces, la ciudad ha mantenido su reputación como el lugar donde gente se identifica más con la nación ucraniana.
La historia de Lviv y sus cambiantes fronteras han quedado marcadas en la lista de nombres que ha acumulado con el tiempo. Habiendo sido una ciudad rutena, polaca, austríaca, soviética, alemana y ucraniana, reuniendo en su paisaje influencias góticas, renacentistas, clásicas, modernistas y de brutalismo soviético, Lviv o Leópolis, es considerada un milagro centroeuropeo y una de las ciudades más importantes de la cultura ucraniana.
Hasta allí viajó el Sr. Miguel Ángel Gutiérrez, y antes de pasar a territorio ucraniano concedió en directo una entrevista con el Instituto Plinio Corrêa de Oliveira, del Brasil. Desde la camioneta derenida en la frontera entre Polonia y Ucrania, y cargada de Medallas Milagrosas comentó que el paso de una frontera a otra normalmente demoraba más de 14 horas de espera.
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| El miembro de la TFP italiana, Sr. Miguel Ángel Gutiérrez, primero de derecha a izquierda, junto al obispo auxiliar de Lviv o Leópolis. |
Al cabo de algún tiempo el representante de la TFP consiguió pasar a Ucrania y se dirigió a un convento de religiosas amigas de la entidad. Al comentarles que llevaba el cargamento de Medallas, las religiosas se sorprendieron por la coincidencia. Ellas están dedicadas a coser uniformes para el frente de batalla y prenden una medalla en cada uno de los chalecos antibalas, por lo que solicitaron una cantidad considerable de la misma y así poder enviar más medallas cosidas en chalecos para lo soldados que luchan por expulsar a a los despiadados invasores rusos.
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| Religiosa ucraniana cosiendo la Medalla Milagrosa en los chalecos antibalas que luego serían enviados a los combatientes de primera línea. |
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Las Medallas llegaban al puerto indicado para proteger de modo sobrenatural la integridad física y espiritual de cada uno de los soldados ucranianos que las reciben.
Poco antes nuestro voluntario se había dirigió a la Iglesia de los Oblatos de María, congregación muy misionera y mariana, para bendecir todas las medallas de modo que ellas llegaran hasta los soldados con la protección de un objeto sagrado y bendito.
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| El Sr. Miguel Angel Gutiérrez, distribuyendo la Medalla Milagrosa en Lviv. |
Esta medalla no es un amuleto de la buena suerte, ni hace magia, simplemente se usa con fe y confianza para que, con el poder de la oración, se cumplan los buenos anhelos del alma cristiana.
Quizá alguien se pregunte ¿Qué significa llevar la Medalla Milagrosa?
De acuerdo con la doctrina de la Iglesia católica, el uso de sacramentales como la Medalla Milagrosa prepara a los devotos para recibir la gracia divina y los alienta a cooperar con ella.
Particularmente oportuna es su difusión al pueblo ucraniano que está pasando por una situación difícil y necesita de fortaleza, paciencia, perdón, arrepentimiento de sus culpas y fe. Ella puede obtenerlo con la devoción a la medalla, pues estos son los milagros más grandes que concede.
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| Ambiente de respeto, fe y sacralidad durante la recepción de la Sagrada Comunión y de la Medalla Milagrosa |
La Virgen ofrece protección a todos lo que la invocan con fe para obtener sus gracias y bendiciones.
La medalla debe portarse en el cuello y no sólo realiza beneficios materiales, sino cambios de comportamientos especialmente en la sanación de vicios morales.
Al portar esta medalla se debe recitar varias veces al día la jaculatoria: ¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos! Esa jaculatoria está impresa en la propia medalla, conforme Nuestra Señora se lo indicó a Santa Catalina Labouré cuando se apareció a ella en el convento de la Rue du Bac en Paris el 27 de noviembre de 1830 pidiéndole la creación de una medalla posteriormente conocida como la Medalla Milagrosa por la cantidad de intervenciones sobrenaturales alcanzadas gracias a su intercesión.
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| El Sr. Gutiérrez junto al obispo auxiliar de Lviv, Mons. Kava y religiosos ucranianos. |
Es una corta jaculatoria que ciertamente no interrumpirá la atención de los soldados ucranianos, sino que, al contrario, reforzará su fe y su fortaleza para defender la integridad de su territorio y la religión de sus antepasados.
Así, mientras Usted lee este artículo, ciertamente hay cientos o miles de jóvenes soldados en ucrania que llevan en su uniforme la Medalla Milagrosa como protección, compañía y estímulo en el cumplimiento de su difícil misión. Del mismo como la Santísima Virgen acompañó todos los pasos en la Pasión de su Divino Hijo.
La iniciativa de la Sociedad Italiana de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, hizo realidad la sentencia de Nuestro Señor Jesucristo: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios”. Agradezcamos su caridad y la valentía de su representante.
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