viernes, 13 de mayo de 2022

¿Están los rusos de acuerdo con el Mensaje de Fátima?

 




La guerra en Ucrania ha catapultado el Mensaje de Fátima al centro de las discusiones


Imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima que lloró en New Orleans, EEUU en julio de 1972



     Las referencias hechas en 1917 por la Madre de Dios acerca de Rusia y de sus errores, son el telón de fondo del número de muertos y la destrucción en Ucrania: “Si escuchan mis pedidos, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas”.

     Nuestra Señora habló también de la eventual conversión de Rusia, como probable consecuencia de la Consagración de dicha nación a su Inmaculado Corazón.

La conversión de Rusia dio un controvertido giro

     Muchos han afirmado con razón que los errores de Rusia fueron los del comunismo. De hecho, Rusia los esparció por todo el mundo desde 1917 en adelante.

     Sin embargo, a partir del colapso de la Unión Soviética en 1991, comenzó a circular entre los católicos de Occidente una corriente que sostenía que tal descalabro, significaba la conversión de Rusia anunciada por Nuestra Señora en Fátima. Dicha corriente cobró más fuerza, a partir del advenimiento de Vladimir Putin en el poder.

     La tesis de la conversión rusa, muy dudosa, por cierto, se apoyó en la caída del comunismo y en los intentos posteriores de restablecer una apariencia de orden, en una tierra con un espíritu de fe marchito debido a siete décadas de gobierno ateo. Algunos ven el aumento de la profesión religiosa, — verificada sólo en la teoría, y nunca en la práctica  sobre todo durante la época posterior a la Guerra Fría, como una especie de conversión en progreso.

     Actualmente, ciertos católicos están demasiado dispuestos a relacionar dichos esfuerzos con el mensaje de Fátima. Por pequeño que sea, interpretan cualquier gesto como parte del tal difundido proceso de conversión. Además, están felices de ver a la Iglesia Ortodoxa Rusa, NO a la Iglesia Católica, como el instrumento de Dios en esta conversión. Como si no existiese ninguna diferencia.

     Todos estos puntos, son en Occidente, objeto de discusión entre aquellos que apoyan lo que podría llamarse la narración de la conversión rusa a raíz del Mensaje de Fátima. Esta discusión incluye una contra narración, que afirma que son las naciones occidentales, decadentes y moralmente corrompidas, las que necesitan una conversión, incluso mucho mayor que la de Rusia.

Estirando la narración

     El problema es que la narración de la conversión rusa debe apoyarse en hechos verídicos dentro del Mensaje de Fátima. Los eventos deben corresponder a la realidad si se quiere creer que tal conversión es verdadera. No hay lugar para variaciones utilizando hechos distorsionados.

     Cualquier situación puede adaptarse a una versión o corriente siempre que se asemeje a la trama general. Sin embargo, dicha versión puede durar hasta cierto momento. Cuando los elementos claves no encajan, toda la estructura se cae, y en el caso de la narración de la conversión de Rusia, al momento de estirarse el guion que la difunde, éste no coincide con los hechos.

     La aparente conversión en curso de Rusia, se presenta más susceptible a la decadencia que en otros países europeos. Una encuesta nos muestra que los católicos de países de Europa del Este, por ejemplo, son mucho más propensos a asistir a los servicios religiosos semanales que los ortodoxos de Rusia (42 % en Polonia frente a 7 % en Rusia), a ayunar durante los días santos (72 % en Croacia frente a 27 % en Rusia) o a participar en la oración diaria (44% en Croacia frente a 18% en Rusia). Los datos de las Naciones Unidas revelan que Rusia tiene la tasa de aborto per cápita más alta del mundo, casi el triple que la estadounidense. Rusia sigue teniendo uno de los niveles más altos de consumo de alcohol en el mundo. Otros indicadores sociales como las tasas de suicidio y los niveles de prostitución también son extremadamente altos.


El suicidio alcanza en Rusia cifras desbordantes como consecuencia de la decadencia moral


Una conversión no deseada

     Sin embargo, el hecho que más contraría esta inexistente conversión, es que la mayoría de los rusos se identifican con la Iglesia Ortodoxa Rusa, NO con la Iglesia Católica Romana. Rechazan el Mensaje de Fátima porque es católico. La engañosa narración de la conversión rusa tropieza con el hecho de que los rusos no quieren ser convertidos por el Mensaje de Fátima.

     Eso no quiere decir que no puedan desear liberarse del yugo soviético. Sólo significa que ellos no ven esta liberación proviniendo de Nuestra Señora de Fátima. Trágicamente, los aparentes cambios que están ocurriendo en Rusia, no enmarcan como parte de un triunfo universal del Inmaculado Corazón de María.

     La narración de la conversión rusa se encuentra con más problemas. Los funcionarios ortodoxos rusos tienden a ver las apariciones de Fátima como una invención católica para invadir, lo que afirman que es un territorio canónico y un área de influencia exclusivamente ortodoxos. Visto a la luz del Gran Cisma de 1054, cuando la Iglesia de Oriente abandonó Roma, el mensaje de Fátima es rechazado. Los ortodoxos han perseguido durante mucho tiempo a los católicos en Rusia e inhibido la práctica de la fe verdadera.

     En lugar de aceptar el Mensaje de Fátima como una ayuda enviada por el Cielo, para animar a los rusos en este momento de gran necesidad espiritual, la Iglesia Ortodoxa de ese país lo ve con resentimiento. Afirma que Rusia no necesita conversión ya que ha sido cristiana durante más de mil años, y no tiene necesidad de consagración pues el pueblo ruso ya reconocía a Nuestra Señora como la Madre de Dios, la Theotokos.

     En resumen, la Iglesia Ortodoxa Rusa se autoexcluye del Mensaje de Fátima porque sus funcionarios no creen que provenga de lo Alto.

El mayor apoyo rechazado




     Por lo tanto, hay un gran silencio ominoso sobre Fátima en las vastas extensiones de Rusia. La Iglesia de ese país y sus funcionarios civiles no recurren a este poderoso aliado sobrenatural que les ha prometido la liberación de los males modernos. Como resultado, Rusia no se ha convertido y languidece en la corrupción moral y el pecado que dominan el mundo.

     Occidente tampoco se ha convertido. Tampoco prestó atención al Mensaje de Fátima, cuando se esperaba que ganaría tanto de él. Si el Mensaje de Fátima no hubiera sido rechazado, el llamado universal de Nuestra Señora a la oración, a la penitencia y a la enmienda de vida, hubiese resultado en maravillas que habrían transformado el mundo.

Una narración que no ha terminado

     El Mensaje de Fátima sigue siendo actual. Sin embargo, para que tenga sentido, se debe tomar una posición verdaderamente equilibrada al admitir que tanto Oriente como Occidente no han prestado atención al mensaje de Fátima. El mundo entero necesita conversión ya que el error domina en todas partes. Tanto Oriente como Occidente han adoptado una posición de cualquier cosa menos atender los pedidos hechos en Fátima, por la cual abrazan un mundo pecaminoso y moderno. Debido a que el Mensaje de Nuestra Señora no fue escuchado, tanto Oriente como Occidente se dirigen hacia un castigo sin precedentes en la historia del mundo.

     Este es el momento de golpearse el pecho en señal de arrepentimiento. Ahora más que nunca, el mundo entero necesita a Fátima. Necesita arrepentimiento, y su única esperanza es María.


Artículo original Are the Russians on Board with the Fatima Message?, de John Horvat II, de Return to Order, traducido por este Blog.

Nota de la Redacción: 
En su célebre ensayo Revolución y Contra RevoluciónPlinio Corrêa de Oliveira, denomina con el nombre Revolución, al fenómeno gestor de la decadencia que embarga a Occidente y a Oriente desde hace más de cinco siglos. Una de las características de la Revolución, anticristiana en su esencia, es su universalidad: "No existe hoy pueblo que no esté alcanzado por ella, en mayor o en menor grado". (Plinio Corrêa de Oliveira, Revolución y Contra Revolución, edición peruana, pág. 38).  

jueves, 12 de mayo de 2022

¿Te has hecho daño hijo mío? ¿Qué pensarían de este relato las madres que abortaron a sus hijos?

 





Había cierta vez un hombre joven dilacerado por una situación afectiva crítica. Quería con toda el alma a su bonita y joven esposa, y tributaba también mucho afecto y profundo respeto a su propia madre.

Pero las relaciones entre nuera y suegra eran bastante tensas y, por celos tal vez, la encantadora joven llegó a ser tan mala, que concibió un odio infundado contra la venerable anciana.

En cierta ocasión la joven colocó al marido entre la espada y la pared: o él iría a la casa de su madre y la mataría y le traería el corazón de la víctima, o la esposa abandonaría inmediatamente el hogar.

Después de muchas dudas e indecisiones, el joven cedió.

Y aquel conturbado marido, mató a aquella que le dio la vida, le arrancó el corazón de su pecho, lo envolvió fríamente en un paño y regresó apresuradamente a su casa.

Pero sucedió que en el camino el caballo del joven, desbocado en loca carrera, tropezó violentamente lanzando por los aires al infeliz jinete.

Caído en tierra oyó entonces él una voz que saliendo del corazón materno, le preguntaba llena de desvelo y cariño: ‘¿Te has hecho daño hijo mío‘?

Una alegoría sobre el amor materno
Con esta cruda alegoría el mencionado autor quiso destacar lo que el amor materno tiene de más sublime y conmovedor: su desinterés completo, su entrega gratuita, su ilimitada capacidad de perdonar.

La madre ama a su hijo cuando éste es bueno. Sin embargo, no lo ama sólo por ser bueno. Lo ama también aunque sea malo.

Lo ama simplemente por ser su hijo, carne de su carne, sangre de su sangre. Lo ama generosamente sin esperar ninguna retribución.

Lo ama desde el propio vientre y en la cuna, cuando todavía éste no tiene capacidad de merecer amor que le es prodigado.

Lo ama a lo largo de su existencia ya sea cuando ascienda al auge de la felicidad y de la gloria, o cuando ruede por los abismos del infortunio y hasta del crimen.

Es su hijo, y eso es suficiente.

Un amor razonable




Este amor, altamente de acuerdo con la razón, tiene en los padres también, algo de instintivo. En cuanto instintivo, es análogo al amor que la providencia puso hasta en los animales por sus crías.

Para medir la sublimidad de este instinto, basta decir que el más tierno, el más puro, el más soberano y excelso, el más sacro y sacrificado de los amores que existió en la tierra, el amor del Hijo de Dios por los hombres, fue por Este comparado al instinto animal.

Poco antes de padecer y morir, lloró Jesús sobre Jerusalén, diciendo: «¡Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces quise yo reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus pollitos debajo de las alas, y tu no quisiste!«.

Sin este amor no hay paternidad o maternidad digna de este nombre. Quien niega este amor en su excelsa gratitud, niega por lo tanto la familia.

Es este amor lo que lleva a los padres a amar a sus hijos más que a otros -de acuerdo con la ley de Dios- y desear para ellos con afán una educación mejor, una instrucción mejor, una vida futura estable, una superación verdadera en la escala de todos los valores, inclusive los de índole social.

Para esto los padres trabajan, luchan, economizan. Su instinto, su razón, los dictámenes de la propia Fe, los llevan a asumir tal actitud.

Acumular una herencia, por ejemplo, para ser transmitida a los hijos, es un deseo natural de los padres. Negar la legitimidad de ese deseo es afirmar que el padre debe tratar a su hijo como a un extraño. Es destruir la familia.



Artículo de Plinio Corrêa de Oliveira basado en una alegoría de Emile Faguet. Tomado de accionfamilia,org


martes, 3 de mayo de 2022

TERCER ROSARIO PÚBLICO EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DEL BUEN SUCESO







𝐔𝐜𝐫𝐚𝐧𝐢𝐚 𝐲 𝐄𝐜𝐮𝐚𝐝𝐨𝐫, 𝐞𝐧 𝐫𝐢𝐞𝐬𝐠𝐨 𝐝𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐧𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬.
¿𝐒𝐀𝐁𝐄 𝐔𝐒𝐓𝐄𝐃 𝐂Ó𝐌𝐎 𝐄𝐂𝐔𝐀𝐃𝐎𝐑 𝐒𝐄 𝐋𝐈𝐁𝐑Ó 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐈𝐍𝐕𝐀𝐒𝐈Ó𝐍 𝐃𝐄 𝟏𝟗𝟒𝟏?
A fines del siglo XVI e inicios del XVII, en sus Apariciones a la Venerable Madre Mariana de Jesús Torres, Nuestra Señora del Buen Suceso anunció un castigo y una victoria, e hizo una promesa: que acudiría en ayuda de todos aquellos que la invocaran bajo ese título en los tiempos calamitosos que sobrevendrían en el siglo XX y en nuestros días, caracterizados por la decadencia moral en los ámbitos civil y religioso, y la corrupción de las buenas costumbres.
El 5 de julio de 1941, el ejército peruano invadió Ecuador.
Con fuerzas y armas superiores, Perú tenía todo para derrotar a su adversario en caso de estallar un conflicto armado. El Ecuador corría el riesgo de desaparecer como nación.
Ante la difícil situación, el arzobispo de Quito, Carlos María de La Torre, ordenó que se rezara tres días seguidos ante todas las imágenes de la Santísima Virgen en las iglesias de la capital. Entre ellas estaba la imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso, venerada en la Iglesia de la Inmaculada Concepción. Allí, el Triduo comenzó el 24 de julio de 1941, con una sola intención: pedir la protección maternal de María Santísima.
El 27 de julio de 1941, alrededor de las 7 de la mañana, la Portentosa Imagen del Buen Suceso movía sus ojos de arriba hacia abajo, mirando primero al pueblo y luego al Cielo. Hizo esto repetidamente hasta las 3 de la mañana del día siguiente. Ese hecho fue presenciado por más de 30.000 personas, quienes acudieron a la iglesia para observar el milagro durante esos dos días. Este fue uno de los portentos más espectaculares del siglo XX sucedido en Quito, por ende, en Ecuador.
Al día siguiente, 28 de julio, Perú detuvo inesperadamente su invasión y comenzó a retirarse de Ecuador. Las escaramuzas cesaron y se firmó un armisticio. El clero y el pueblo se dieron cuenta que Nuestra Señora del Buen Suceso había intercedido ante Dios por ellos y salvó al Ecuador.
Hoy, Ucrania -como Ecuador en 1941- es víctima de una invasión injusta por parte de un país con armas y fuerzas muy superiores. Ucrania está en peligro de desaparecer violentamente como nación de manos de Rusia que quiere retornar a los tiempos del dominio de la ex-URSS (Unión de Repúblicas Socialistas), esto es, a los tiempos de la tiranía comunista sobre los pueblos libres del este europeo.
Pero también está en peligro Ecuador. Sus instituciones, amenazadas de sucumbir ante la corrupción y una violencia sin precedentes; la vida de los niños, violentada con el crimen del aborto; la familia caminando cada vez más hacia el abismo; se podría decir que una guerra interna empuja al Ecuador cada vez más hacia su desaparición como estado.
La actual terrible situación, nos exige actuar como lo hicieron nuestros mayores en 1941: es más que URGENTE QUE ACUDAMOS A NUESTRA SEÑORA DEL BUEN SUCESO y pedir su Auxilio inmediato para Ecuador, para Ucrania, para el mundo.
Los invitamos a rezar el Rosario Público, este sábado 7 de mayo, a las 12 AM, en la Plaza de San Francisco de Guayaquil, Av. 9 de octubre y Gral. Córdova.



¡Oh! Madre del Buen Suceso, a Ti nos dirigimos mirando hacia atrás con confianza en ese misericordioso precedente, "el Milagro del 41"; nos volvemos a Ti, terrible como un ejército en orden de batalla (terribilis ut castrorum acies ordinata), y te suplicamos:
¡Salva a Ecuador, a Ucrania y al mundo entero!
¡Los esperamos! Contamos con su asistencia.

domingo, 17 de abril de 2022

Una muy triste Pascua de Resurrección

 





Una muy triste Pascua de Resurrección
Sí, en Ecuador, para todo católico consciente de la realidad actual, la celebración de este día, el más grandioso para el catolicismo, y que debería ser motivo de júbilo, por el hecho del Hijo de Dios haber vencido la muerte, será, por lo contrario, motivo de mucho dolor.
En estos días conmemorativos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, acaba de entrar en vigencia, precisamente, el Viernes Santo, el veto presidencial al proyecto de ley que regula el aborto por violación.
Siguiendo los pasos de Poncio Pilatos, la Asamblea Nacional eludió el día anterior, Jueves Santo, pronunciarse sobre el veto del Presidente de la República. La presidenta del Legislativo, con un escueto, "se suspende la sesión, ¡buen feriado!", zanjó cualquier opción de debate, sabiendo que, al día siguiente, 15 de abril, vencía el plazo para los asambleístas pronunciarse y de ese modo el proyecto asesino, automáticamente, entraría en vigor por el ministerio de la ley.
El Presidente del Ecuador, sugirió el mes pasado que los abortos fuesen hechos en el plazo de 12 semanas de gestación, proponiendo "requisitos" como el presentar denuncias, declaraciones juradas o exámenes que acrediten la agresión sexual del violador.
¿QUÉ DIFERENCIA EXISTE ENTRE UNA Y DOCE SEMANAS, SI EL NIÑO IGUALMENTE SERÁ ASESINADO? LA PRESENTACIÓN DE DENUNCIAS O JURAMENTOS, ¿JUSTIFICAN LA MATANZA DE LOS NEONATOS?
¿Qué país es éste, en el que las madres matan vilmente a sus hijos, con la anuencia de sus gobernantes y representantes políticos? Ciertamente, un país indigno ante los ojos de Dios, que no dejará impune la sangre inocente de los niños.
Preparémonos, porque la justicia divina puede tardar, pero finalmente llega.
En medio de este inmenso pesar, deseamos a todos nuestros amigos una ¡Feliz Pascua de Resurrección!

viernes, 15 de abril de 2022

La Pasión de Cristo revive en la Pasión de la Iglesia

 




     La evidencia de los hechos deja claro que desde el Concilio Vaticano II, el "humo de Satanás", del que hablaba Pablo VI, penetró en la Iglesia en proporciones impensables que se extendieron día a día, con la terrible fuerza de expansión de los gases. Para escándalo de innumerables almas, el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo entró en el siniestro proceso de, por así decirlo, auto demolición, al que aludió el mismo Pontífice en una Alocución del 7 de diciembre de 1968. 

     La historia narra los innumerables dramas que sufrió la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana en los veinte siglos de su existencia. Oposiciones que germinaron fuera de Ella y que intentaron destruirla. Tumores formados dentro de Ella, extirpados sin embargo por la misma Esposa de Cristo; pero que, aun entonces de afuera hacia adentro, trataron de destruirla con ferocidad.

     Sin embargo, ¿cuándo ha visto la historia, antes de nuestros días, un intento de derrumbar la Iglesia, ya no articulado por un adversario, sino calificado como una especie de auto demolición en un altísimo pronunciamiento de repercusión mundial?

     La actitud normal de un católico al ver a la Iglesia, su Madre, atravesar esta crisis debe ser sobre todo, de profunda tristeza, porque es lamentable que así sea. Es un peligro para innumerables almas que la Iglesia se vea afligida por tal crisis. Y por eso se puede estar seguro de que, cuando Nuestro Señor desde lo alto de la cruz vio todos los pecados que se iban a cometer contra la obra de la Redención que Él realizó de manera tan profundamente dolorosa, sufrió enormemente en vista de tales pecados cometidos en nuestros días.

     Y evidentemente todos estos pecados produjeron sufrimientos verdaderamente indecibles en el Sapiencial e Inmaculado Corazón de María, que latía de dolor en el pecho de la Santísima Virgen, mientras Ella permaneció junto a la Cruz.

     Considerando lo mucho que Nuestro Señor y Su Santísima Madre han sufrido por lo que ahora está sucediendo, es imposible no desanimarse mucho más que en cualquier Viernes Santo anterior, porque quizás, este es uno de los puntos más agudos de la Pasión. y que se muestra en toda su fealdad, en las circunstancias actuales de la vida de la Iglesia . 

* * * 

     El hombre contemporáneo es un adorador del placer, de la alegría, de la diversión y tiene horror al sufrimiento .

     Ahora, estamos aquí en presencia de una dolencia muy aguda. Se puede comprender pues, aunque tal actitud no sea justificable, la posición de tantas almas que evitan pensar en ello y considerar profundamente lo que está pasando para no sufrir en unión con Nuestro Señor esta trágica situación, como trágica fue la Pasión.

     Ante el drama en que se encuentra la Santa Iglesia, muchas almas buscan pues, asumir una posición de indiferencia, similar a la de muchos contemporáneos de Nuestro Señor que creían que Él era Hombre-Dios, pero que durante el vía crucis, al verlo pasar, en lugar de sentir pena por sus atroces sufrimientos, pensaron que era mejor no considerarlos, sino pensar en otras cosas.

     Y aquí está la prueba: Nuestro Señor predicó maravillas y obró milagros portentosos que debieron impresionar al menos a una parte considerable de las personas que lo rodeaban. No sería concebible que esta parte, santamente impresionada, se hubiera quedado en una actitud tan quieta e inerte frente a lo que estaba pasando. Y que la única persona que hizo algo por el Redentor durante la parte inicial del Vía Crucis, fue la Verónica con su velo sobre el que se estampó más tarde el sagrado rostro del Salvador. En verdad nadie más tomó tal actitud excepto ella.

     Las santas mujeres y Nuestra Señora acompañaron a Nuestro Señor en su penoso recorrido rumbo al Calvario. La Santísima Virgen está por encima de todo elogio. Las santas mujeres que la acompañaron merecen un elogio que comparte la alabanza a la que tiene derecho Nuestra Señora. Pero aparte de ellas, no encontramos sino pura inercia.

     Con motivo de la Semana Santa, lo que más debemos pedir a la Virgen es que nos libere de este estado de ánimo, de esta mentalidad .

     Si nuestro Redentor sufre, yo debo querer sufrir lo que le atormenta. Y lo sufriré meditando en Sus dolores. Este es mi deber dada la unión que Él misericordiosamente se ha dignado establecer entre Él y yo. Y lo que no es esto no puede ser sino descrito como abominable.

     Los días que vivimos son de gravedad, de tristeza, pero en el último filo del horizonte aparece un gozo incomparablemente mayor que cualquier gozo terrenal: la promesa de un sol que nacerá, esto es, el Reino de María anunciado en 1917 por Nuestra Señora en Fátima.


Plinio Correa de Oliveira

25 de febrero de 1994


Fuente:

pliniocorreadeoliveira.info

jueves, 14 de abril de 2022

Le ataron las manos porque ellas hacían el bien

 






¿POR QUÉ el Señor fue maniatado por sus verdugos? ¿Por qué le impidieron el movimiento de sus manos, sujetándolas con duras cuerdas? Sólo el odio o el temor podrían explicar que así se reduzca a alguien a la inmovilidad y a la impotencia.

¿Por qué odiar así estas manos? ¿Por qué temerlas?

La mano es una de las partes más expresivas y más nobles del cuerpo humano. Cuando los Pontífices y los sacerdotes bendicen, lo hacen con un gesto de manos. Cuando el hombre inocente es perseguido, se ve saturado de dolores e implora la justicia divina – su último amparo contra la maldad humana – es también con las manos que maldice. Es con las manos que padres e hijos, hermanos, esposos, se acarician en los momentos de efusión. Para rezar, el hombre junta las manos o las levanta al cielo. Cuando quiere simbolizar el poder, empuña el cetro. Cuando quiere expresar fuerza, empuña la espada. Cuando habla a las multitudes, el orador acentúa con las manos la fuerza del raciocinio con que convence o la expresión de las palabras con que conmueve. Es con las manos que el médico administra el remedio, y el hombre caritativo socorre a los pobres, a los ancianos, a los niños.

Y por eso los hombres besan las manos que hacen el bien y esposan las manos que practican el mal.

Vuestras manos, Señor, ¿qué hicieron? ¿Por qué fueron atadas?

"En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios" (Jn. 1, 1).

Cómo describir vuestra trascendente, eterna e inefable majestad, cuando antes que todas las cosas y de todos los siglos vivíais de la vida supremamente gloriosa y feliz de la Santísima Trinidad. San Pablo contempló esta vida, y la única cosa que sobre ella consiguió decir, es que no puede ser expresada con palabras humanas. De lo alto de ese trono, vinisteis con designios de amor, para redimir a los hombres. Y por esto, con bondad inefable, asumisteis nuestra naturaleza humana. Quisiste tener un cuerpo humano, por amor al hombre. Fue para hacer el bien, que vuestras divinas manos fueron creadas.

* * *

QUIÉN puede describir, Señor, la gloria que esas manos – ahora ensangrentadas y desfiguradas, y no obstante tan bellas y tan dignas desde los primeros días de vuestra infancia – dieron a Dios, ¿cuándo sobre ellas posaron los primeros besos de Nuestra Señora y San José? ¿Quién puede describir con cuánta ternura hicieron a María Santísima la primera caricia? ¿Con cuánta piedad se unieron por primera vez en actitud de oración? ¿Y con cuánta fuerza, cuánta nobleza, cuánta humildad trabajaron en el taller de San José?

Manos del Hijo perfecto, ¿qué otra cosa hicieron en el seno del hogar, si no el bien?

Cuando comenzó vuestra vida pública, fuisteis principalmente el Maestro que enseñaba a los hombres el camino del Cielo. Y así, cuando en el "pusillus grex" de vuestros preferidos, enseñabais la perfección evangélica, cuando vuestra voz se levantaba y resonaba sobre las multitudes extasiadas y reverentes, vuestras manos se movían apuntando la morada celestial o reprobando el crimen y agregando a la palabra todos los imponderables con que la enriquece el gesto. Y los apóstoles, y las multitudes, creían en Vos y os adoraban, Señor.

Manos de Maestro, pero también manos de Pastor. No sólo enseñabais, sino guiabais. La función de guiar se ejerce más apropiadamente sobre la voluntad, como la de enseñar más precisamente sobre la inteligencia. Y como sobre todo es por amor que se guían las voluntades, vuestras divinas manos tuvieron virtudes misteriosas y sobrenaturales para acariciar a los pequeños, acoger a los penitentes, curar a los enfermos. Amor tan ardiente, tan abundante, tan comunicativo, que desde entonces hasta hoy, siempre que las manos de un cristiano – y más especialmente de un sacerdote – se mueven para acariciar a los pequeños, consolar a los penitentes, administrar remedio a los enfermos, el amor que las anima no es sino una centella de ese infinito amor, Dios mío.

* * *




PERO estas manos tan sobrenaturalmente fuertes que a su imperio se doblegaban todas las leyes de la naturaleza y, con un mínimo movimiento de ellas, el dolor, la muerte, la duda huían, estas manos tenían aún otra función a ejercer. ¿No hablasteis del lobo rapaz? ¿Seríais Pastor si no lo repelieseis? Y si hacéis todo con fuerza irresistible, ¿cómo podría alguien no sentir el golpe del latigazo que empuñaseis?

El lobo, sí… y ante todo el demonio. Vuestra vida tornó patente que el demonio no es un ente de ficción o casi tanto, un ser al que tan raras veces le es dado el poder de actuar, que prácticamente la inmensa mayoría de las cosas pasan como si él no existiese. Los hombres hipócritas o de costumbres disolutas, ostentando ropajes de justicia y hasta de sacerdocio, todo esto aparece en los Evangelios no sólo como consecuencia de la depravación humana en virtud del pecado original y de nuestra maldad, sino también como obra del demonio, activo, diligente, emboscando allí y acullá, y denunciando a veces su presencia con espectaculares manifestaciones de obsesión e de posesión.

Vos expulsabais al demonio, Señor, con terrible imperio, y delante de vuestra palabra grave y dominadora como el trueno, más noble y más solemne que un cántico de ángel, los espíritus impuros huían despavoridos y derrotados. Tan derrotados y tan despavoridos, que de ahí en adelante tuvieron que obedecer a vuestros apóstoles con docilidad. Por todas partes donde vuestra palabra, predicada, fue aceptada por los hombres, la impureza, la rebelión, el demonio huyeron siempre. Y sólo volvieron a extender sobre la humanidad sus alas de sombra y su poder de perdición, cuando el mundo comenzó a rechazar vuestra Iglesia, que es vuestro Cuerpo Místico. Tan derrotados y tan impotentes, que bastará que los hombres correspondan nuevamente a la gracia de Dios para que el imperio de las potencias infernales una vez más decaiga y las tinieblas, la lascivia, el espíritu de la revolución vuelvan hacia los antros secretos de los cuales hace siglos salieron.

* * *

PASTOR, vuestras divinas manos no se limitaron a blandir el cayado contra las potencias espirituales e invisibles que habitan en los aires – evocando las palabras de San Pablo – para perder a los hombres; sino que atacaron al demonio y al mal en sus agentes tangibles y visibles.

El mal, ante todo considerado en abstracto. No hubo vicio contra el cual no hablasteis.

Pero también el mal en concreto, en cuanto realizado en los hombres, y no sólo en los hombres en general, sino en ciertas clases – los fariseos, por ejemplo – y no sólo en ciertas clases sino en ciertos hombres muy concretamente considerados: los mercaderes del templo están inmortalizados en las páginas del Evangelio, por el castigo ejemplar que sufrieron.

Vos, que recomendasteis la mansedumbre hasta sus últimos extremos cuando estuviesen en juego solamente derechos personales, Vos que queréis que respondamos mostrando la otra mejilla cuando recibimos una bofetada, Vos empleasteis una ardiente y santa difamación para desacreditar a los fariseos, y empuñasteis el látigo para ensangrentar a los mercaderes. Pues se trataba, no de derechos meramente humanos, sino de la Causa de Dios. Y en el servicio de Dios hay momentos en que no recriminar, no fustigar, equivale a traicionar.

Y estas manos que fueron tan suaves para los hombres rectos como Juan, el inocente, y Magdalena, la penitente, estas manos que fueron tan terribles para el mundo, el demonio, la carne, ¿por qué están ahí atadas y hechas carne viva?

¿Acaso será por obra de los inocentes? ¿de los penitentes? ¿o bien por obra de los que de ellas recibieron merecido castigo, y contra ese castigo se rebelaron diabólicamente?

* * *




SI, ¿por qué tanto odio, por qué tanto miedo que hizo necesario atar vuestras manos, reducir al silencio vuestra voz, extinguir vuestra vida?

¿Fue porque alguien temiese ser curado? ¿o acariciado? ¿Quién teme acaso la salud? ¿o quién odia el cariño?

* * *

SEÑOR, para comprender esa monstruosidad, es necesario creer en el mal. Es preciso reconocer que los hombres son tales, que fácilmente su naturaleza se rebela contra el sacrificio, y que cuando siguen el camino de la rebelión, no hay infamia ni desorden de los que no sean capaces. Es necesario reconocer que vuestra Ley impone sacrificios; que es duro ser casto, ser humilde, ser honesto, y en consecuencia es duro seguir vuestra Ley. Vuestro yugo es suave, sí, y vuestra carga ligera. Pero es así, no porque no sea amargo renunciar a lo que hay en nosotros de animal y desordenado, sino porque Vos mismo nos ayudáis a hacerlo.

Y cuando alguien os dice "no", comienza a odiaros, odiando todo el bien, toda la verdad, toda la perfección de que sois la propia personificación. Y, si no os tiene a mano bajo forma visible para descargar su odio satánico, golpea a la Iglesia, profana la Eucaristía, blasfema, propaga la inmoralidad, predica la revolución.

* * *

ESTÁIS maniatado, Jesús mío, y ¿dónde están los cojos y los paralíticos, los ciegos, los mudos que curasteis, los muertos que resucitasteis, los posesos que liberasteis, los pecadores que reerguisteis, los justos a quienes revelasteis la vida eterna? ¿Por qué no vienen ellos a romper los lazos que prenden vuestras manos?

* * *

CURIOSA PARADOJA. Vuestros enemigos continúan temiendo vuestras manos, aunque estén atadas. Y por esto os matarán. Vuestros amigos parecen menos conscientes de vuestro poder. Y porque no confían en Vos, huyen despavoridos delante de los que os persiguen.

¿Por qué? Aún ahí la fuerza del mal se patentiza. Vuestros enemigos aman tanto el mal, que perciben, aún bajo las humillaciones de las cuerdas que os prenden, toda la fuerza de vuestro poder… y ¡tiemblan! Para estar seguros, quieren transformar en llaga el último tejido de carne aún sano, quieren derramar la última gota de vuestra sangre, quieren veros exhalar el último aliento. Y aun así no están tranquilos. Muerto, todavía infundes terror. Es necesario lacrar vuestro sepulcro, y cercar de guardias armados vuestro cadáver. Cómo el odio al bien los hace perspicaces, al punto de percibir lo que hay de indestructible en Vos.

Y, por el contrario, los buenos no ven esto con la misma claridad. Os reputan derrotado, perdido… huyen para salvar el propio pellejo. Sólo tienen ojos, sólo tienen oídos para presentir el propio riesgo. Es que el hombre sólo es perspicaz para aquello que ama. Y si ve mejor su riesgo de que vuestro poder, es porque ama más su vida que vuestra gloria.

¡Oh, Señor, cuántas veces vuestros adversarios tiemblan delante de la Iglesia, mientras yo, miserable, ¡viéndola maniatada reputo todo perdido!

* * *

¡PERO cuánta razón tenían vuestros enemigos! Resucitasteis. No sólo las cuerdas y los clavos de nada valieron, sino que, además, ni la laja del sepulcro, ni la cárcel de la muerte os pudieron retener. ¡Sí, resucitasteis! ¡Aleluya!

Señor mío, ¡qué lección! Viendo a la Iglesia perseguida, humillada, abandonada por sus hijos, negada por las costumbres paganas y por la ciencia panteísta de hoy, amenazada de fuera por las hordas del comunismo, y por dentro por los desatinos de los que quieren pactar con el demonio, vacilo, tiemblo, juzgo todo perdido.

¡Señor, mil veces no! Vos resucitasteis por vuestra propia fuerza, y redujisteis a la nada los vínculos con que vuestros adversarios pretendían reteneros en las sombras de la muerte.

Vuestra Iglesia participa de esa fuerza interior y puede en cualquier momento destruir todos los obstáculos con que la cercan.

Nuestra esperanza no está en las concesiones, ni en la adaptación a los errores del siglo. Nuestra esperanza está en Vos, Señor.

Atended las súplicas de los justos que os imploran por medio de María Santísima. Enviad, oh Jesús, vuestro Espíritu, y renovaréis la faz de la Tierra.


Artículo de Plinio Corrêa de Oliveira, escrito para la Revista "Catolicismo" Nº 16 de Abril de 1952.

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