jueves, 28 de mayo de 2020

En la comunión, ya sacramental, ya espiritual, la divina Majestad de Nuestro Señor es huésped de nuestras almas. Recibámosla con reverencia sin par






Los tres pastorcitos de Fátima
recibiendo la Sagrada Comunión
de manos del Ángel de Portugal 


     Cuando las circunstancias permitan poder recibir 
nuevamente la Sagrada Comunión, 
hagámoslo de la única forma que "tan grande Sacramento" merece: con la reverencia 
con que lo recibirían 
los Ángeles, si fuese dado a ellos 
el privilegio de comulgar.


     En el siglo XVII, en sus apariciones en el Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito a la religiosa concepcionista, la Venerable Madre Mariana de Jesús Torres, la Santísima Virgen, en su profética advocación del Buen Suceso, advirtió de las terribles pruebas que sobrevendrían en la época actual.

     La Madre de Dios, en varias ocasiones enfatizó la actual corrupción moral de las costumbres como fruto de la pérdida de la fe, con la consecuente apostasía del mundo, en la que sobresale la persecución contra la Santa Iglesia y "el corto número de almas que aún conservarán el culto de la fe y de las virtudes".1

     La persecución referida por la Santísima Virgen, además de física, es especialmente  espiritual, e intenta acabar con la Esposa mística de Nuestro Señor Jesucristo, especialmente en lo que tiene de más precioso: su doctrina, desvirtuando sus enseñanzas y relativizando, cuando no atacando furibundamente, sus Sacramentos, muy especialmente aquel al cual están unidos los demás: es decir, la Sagrada Eucaristía.



Nuestra Señora del Buen Suceso advierte de la feroz embestida contra los Sacramentos:





     Esto dijo la Reina del Cielo el dia 2 de febrero de 1634:

     “En esos tiempos funestos... los Sacramentos serán atacados, oprimidos y despreciados... ¡Mi Hijo Santísimo será arrojado al suelo y pisoteado..."2


Trescientos cincuenta años después...

     La práctica de recibir la Comunión en la mano desde hace tiempo, ha traído consigo una profanación –en unos casos intencional y en otros no– del Cuerpo eucarístico de Cristo a unos niveles nunca vistos. Durante ya más de cincuenta años, el Cuerpo de Cristo ha venido siendo tratado con irreverencia creciente, incluso sacrílega, en la generalidad de las iglesias en todo el mundo.3

     El gesto de tomar la Comunión en la propia mano, y con los propios dedos, se parece más que nunca a lo que se hace al comer el alimento corporal. A no pocos católicos, la costumbre de recibir la Comunión en la mano les ha disminuido la fe en la Presencia Real, en la transustanciación y en el  sublime carácter sobrenatural de la Hostia consagrada. Con el tiempo, la presencia eucarística de Cristo se ha convertido de modo inconsciente para esos fieles en una especie de mero pan bendito o simbólico.4

     Es la dolorosa situación de estos "aciagos tiempos"5 y muy especialmente en estos momentos de pandemia, en la que casi todos los fieles han sido privados de asistir a la Santa Misa y recibir sacramentalmente la Sagrada Comunión.



Por primera vez en la historia de la Iglesia,
los templos se cerraron para el culto


La Comunión Espiritual, un medio para adorar y consolar a Nuestro Señor Sacramentado

     Dios Nuestro Señor estableció los sacramentos como medios ordinarios de salvación. En casos extremos, donde no hay posibilidad física de recibir los sacramentos del bautismo, de la penitencia y de la Eucaristía, existe el camino extraordinario del deseo del sacramento, o como dice la teología del “votum sacramenti". Así, la Iglesia enseña que el bautismo de deseo es válido y trae salvación a la persona no bautizada que desea el bautismo. Lo mismo ocurre con el sacramento de la penitencia. La Iglesia enseña que el acto de contrición perfecta o amorosa, junto con el deseo de recibir la absolución sacramental perdona los pecados.

     La comunión espiritual pertenece a la práctica comprobada de la Iglesia y a la vida de los santos. Cabe indicar que ella no produce la presencia sacramental pero sí los saludables efectos espirituales que opera en el alma la Sagrada Eucaristía propiamente dicha. En el acto de la comunión espiritual, el creyente debe tener un corazón contrito y desear la venida de Cristo a su alma, con todas las gracias que Cristo otorga con la recepción sacramental de la Sagrada Eucaristía.

     El Catecismo del Concilio (dogmático) de Trento, llamado Catecismo Romano, porque fue concebido como el compendio de la doctrina católica oficial del Primado de Roma, se expresa así a propósito de la Comunión Espiritual:

     “Hace falta que los pastores de almas enseñen que no hay sólo una manera para recibir los frutos admirables del sacramento de la Eucaristía, sino que hay dos: la comunión sacramental y la comunión espiritual. La comunión espiritual es poco conocida y poco practicada, sin embargo es un manantial especial e incomparable de gracias".

     La comunión espiritual es un gran complemento de la comunión sacramental pues prolonga su influencia y asegura su eficacia. Consiste esencialmente en un acto de ferviente deseo de recibir la eucaristía. Esta práctica piadosísima, bendecida y fomentada por la Iglesia, es de gran eficacia santificadora y tiene la ventaja de poderse repetir varias veces al día.6

     La comunión espiritual es una devoción que podemos iniciar por nuestra cuenta, ya sea dentro o fuera de la Santa Misa. Podemos hacerla en cualquier momento y en cualquier lugar, siempre y cuando la hagamos con "fe renovada, reverencia, humildad y plena confianza en la bondad del Divino Redentor y estar unidos a Él en el espíritu de la caridad más ardiente", según la encíclica Mediator Dei (La Sagrada Liturgia) del Papa Pío XII . En la comunión espiritual, recibimos los efectos como si realmente hubiéramos recibido a Nuestro Señor en la Eucaristía.



San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la iglesia


     El fundador de la Orden de los Redentoristas, y Doctor de la Iglesia, San Alfonso María de Ligorio, hacía sus comuniones espirituales siguiendo un método basado cuatro pasos7:

     Primero: hacer un acto de fe, por el cual renovamos nuestra firme convicción de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Es excelente preparación para comulgar espiritual o sacramentalmente.

     Segundo: hacer un acto de querer recibir sacramentalmente a Cristo y de unirse íntimamente con Él. En este deseo consiste formalmente la Comunión Espiritual.

     Tercero: Petición fervorosa, pidiendo al Señor nos conceda espiritualmente los frutos y gracias que nos otorgaría la Eucaristía como si realmente fuera recibida.

     Finalmente, invitamos a Nuestro Señor a entrar en nuestros corazones espiritualmente. (San Alfonso recomendaba incluso abrir la boca como si recibiéramos una comunión real).

     Esto nos pone en el estado mental de estar siempre en unión con Nuestro Señor. Es muy simple, solo lleva un momento, y podemos hacerlo durante nuestro trabajo, nuestros estudios o cualquier otra cosa que estemos haciendo.

     La comunión espiritual nos da una mayor conciencia de la presencia general de Dios en nuestras vidas y aumenta nuestra fe en la Presencia Real. Entonces, cuanto más nos comunicamos espiritualmente, más unidos estaremos con Cristo. La Iglesia recomienda hacer comuniones espirituales tan a menudo como sea posible, y al menos tres comuniones espirituales durante la misa: al principio, en la Consagración y al final.


Los Santos, innegables testigos del valor de la Comunión Espiritual 

     Los santos son unánimes en exaltar las maravillas de la comunión espiritual. Muchos la practicaron y aconsejaron hacerla. Llegaron a decir, como la Venerable María de la Cruz, “que Dios, con este medio, nos colma muchas veces de las mismas gracias de la comunión sacramental”; y, con Santa Gertrudis y el P. Rodríguez, “alguna vez también da gracias más grandes”; porque, anota este último, “aunque la comunión sacramental sea, de por sí, de una mayor eficacia, sin embargo el fervor del deseo puede compensar la diferencia".

     La Beata Águeda de la Cruz lo hacía doscientas veces al día. Y San Pedro Fabro, primer compañero de San Ignacio, decía que para hacer bien la Comunión sacramental, ayuda sobremanera el comulgar espiritualmente.

     Después de una comunión espiritual de la que gozaba todas las delicias, Santa Catalina de Siena oyó que Jesucristo le decía: “En cualquier lugar, de cualquier manera que me guste, yo puedo, quiero y sé satisfacer maravillosamente los santos ardores de un alma que me desee”.

     A la Beata Ida de Lovaina, durante una Misa en la que ella no había podido comulgar, Nuestro Señor le decía:

     “¡Llámame y yo vendré a ti!” - “¡Venid, oh Jesús!”, exclamó entonces la santa, y se sintió llenar de felicidad como si realmente hubiera comulgado. 



San Antonio María Claret era consumido por las ansias de estar siempre con Jesús Sacramentado, por eso Nuestro Señor le concedió el privilegio de conservar en su interior las especies sacramentales de una comunión a otra, durante nueve años. Este milagro se lo representa en un cuadro del santo, en la iglesia parroquial de su nombre en la ciudad de Guayaquil

     San Antonio María Claret tenía siempre este propósito: "Tendré una capilla fabricada en medio de mi corazón y en ella, día y noche, adoraré a Dios con un culto espiritual".

     Santa Teresa de Jesús enseña que "cuando no podáis comulgar ni oír Misa, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho".

     "A veces, la Comunión Espiritual puede traer las mismas gracias que la sacramental" (Padre Maximiliano Kolbe).


Los maravillosos frutos de la Comunión Espiritual 

     El deseo de Nuestro Señor de unirse a nosotros es infinito y omnipotente: no conoce otro obstáculo que nuestra libertad. Él ha multiplicado los milagros para venir a encerrarse en la hostia, para poder darse a nosotros. ¿Qué le cuesta hacer un milagro más y darse a nosotros? ¿No es acaso el dueño de sí mismo, de todas sus gracias, de su divinidad? Y si, llamado por unas pocas palabras, baja del Cielo a la hostia, entre las manos del sacerdote, ¿no bajará a nuestro corazón, si es llamado por el ardor de nuestros deseos?

     El primer efecto de la comunión espiritual es, entonces, el de acrecentar nuestra unión con la humanidad y con la divinidad del Verbo encarnado. Este es su efecto principal, su fruto esencial; todas las demás gracias que se reciben, derivan de esta. He aquí un resumen de ellas:



San Juan María Vianney, el Cura de Ars,
prototipo del sacerdocio 


     El fervor es reavivado. La “comunión espiritual”, decía el Santo Cura de Ars, “hace sobre el alma el efecto de un golpe de fuelle sobre el fuego cubierto de ceniza y próximo a apagarse. Cuando sentimos que el amor de Dios se enfría, ¡corramos pronto a la comunión espiritual!” 

     En medio de las pruebas de nuestra peregrinación en este valle de lágrimas, continuamente nos invade la tristeza, y nuestro corazón se llena de densas tinieblas. La comunión espiritual disipa la bruma, como el sol de la mañana; ella devuelve la alegría al corazón y da al alma la paz.

     Ella conserva también el recogimiento; es el medio más eficaz para predisponerse contra la disipación, la ligereza y todas las divagaciones de la mente y de la fantasía.

     Nos acostumbra a tener nuestra mirada fija en Nuestro Señor, a conservar con Él una dulce y constante intimidad, a vivir con Él en una continua unión de corazones.

     Ella nos desapega de todo lo que es puramente sensible y terrenal; nos hace despreciar las vanidades que pasan, los placeres del mundo que duran poco. “Ella es el pan del corazón dice S. Agustín ella es la curación del corazón”. Ella separa nuestro corazón de todo lo que es impuro e imperfecto; lo transforma y lo une estrechamente al corazón de Jesús.


Condiciones para la Comunión Espiritual





     Recordando la distinción tomista entre la comunión espiritual como acto de nutrición espiritual ("spiritualis manducatio") y como deseo espiritual ("in voto"), es claro que para una persona que interpuso un obstáculo a la unión con Cristo, viviendo fuera de sus mandamientos, no es posible ninguno de los dos tipos de comunión espiritual.

     Por tanto, debemos evitar el error de pensar que la comunión espiritual sirve como sustituto de la comunión sacramental, para alguien que está impedido de recibir la Eucaristía a causa del pecado mortal.

     Solo es posible una verdadera comunión espiritual para quien está también en condiciones de recibir la comunión sacramental, pues se exigen igualmente condiciones morales en el alma, la primera de las cuales es el estado de gracia. No es admisible, por tanto, que quien no tenga la disposición correcta para realizar la comunión sacramental pueda pensar que está en condiciones de realizar una comunión espiritual, no importa qué otras circunstancias.

     El pecado es, ESENCIALMENTE, anticomunión con Dios, o sea. ruptura con Él. Dice San Juan: "Si decimos que estamos en comunión con Él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad" (1 Jn 1,6). "Caminar en tinieblas" es estar en pecado mortal. Y también: "Todo el que peca, no le ha visto, ni conocido" (1 Jn 3,6). El pecado pone un obstáculo en el trato con Dios. San Pablo habla de enemistad (Rm 5,10). De ahí que quien está en estado de pecado no puede hacer una verdadera comunión espiritual. Puede, sí, hacer actos de deseo, que no producen la unión con Dios, ni aun espiritual. Para producir una unión espiritual, debería primero borrar el pecado por un acto verdadero e intenso de perfecta contrición (arrepentimiento por puro amor de la santidad de Dios).
     
     "Los que están en pecado mortal deben hacer un acto previo de contrición, si quieren recibir el fruto de la comunión espiritual. De lo contrario, para nada les aprovecharía, y sería incluso una irreverencia, aunque no un sacrilegio".8

     Cuando brota por motivo de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama "contrición perfecta" (contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales, obtiene también el perdón de los pecados mortales, si incluye la firme resolución de recurrir, tan pronto sea posible, a la confesión sacramental.9

     La contrición llamada "imperfecta" ("o atrición") es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna, y de las demás penas con las que es amenazado el pecador. Tal remezón de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma, la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la penitencia.10


Los beneficios de la Comunión Espiritual


San José de Cupertino levitando
durante la Elevación de la Sagrada Hostia

     Cada vez que hacemos una comunión espiritual, agradamos a Dios y recibimos abundantes gracias.

     Aumentando cada día nuestros deseos de recibir a Jesús, ella nos empuja a la comunión sacramental, nos impide dejarla por culpa nuestra, la hace ser más frecuente, nos dispone a recibirla mejor y a sacar más frutos de ella. La comunión espiritual es, según todos los santos, como ya vimos, la mejor preparación para la comunión sacramental.

     Podemos hacerla después de la oración, después de la meditación, después de la lectura espiritual, antes y después del rezo del rosario y por la noche antes de dormir. Se puede hacer todas las veces que se quiera. Aquí no importa el tiempo, importa el ardor y la vehemencia del deseo, el hambre y la sed del alma, ¡el impulso del corazón!

     La comunión espiritual tiene también una eficacia maravillosa para borrar los pecados veniales y para perdonar las penas debidas al pecado. La comunión espiritual dará en el cielo, a las almas que la hubieren hecho bien, una gloria sorprendente, y estas gustarán de unas alegrías especiales, más dulces y deliciosas, que otros no conocerán. Nuestro Señor le decía a Santa Gertrudis que, cada vez que uno miraba con devoción a la Hostia Santa, aumentaría su felicidad eterna y se prepararía para el Cielo tantas delicias distintas a medida que multiplicaba aquí abajo las miradas de amor y de deseo hacia la Eucaristía.

     Además, la comunión espiritual se puede ofrecer según la intención del prójimo, sea a favor de los vivos, sea a favor de los difuntos. La beata Margarita María de Alacoque recomendaba la comunión espiritual en sufragio de las almas del Purgatorio:

     “Vosotros aliviaréis bastante a aquellas pobres almas afligidas, decía ella, ofreciendo por ellas comuniones espirituales para reparar el mal uso que ellas han hecho de las comuniones sacramentales”.

     Insistimos: no hay que poner al mismo nivel la comunión espiritual y la comunión sacramental, ni mucho menos privarse de esta con el pretexto de que se suple con aquella. Nuestro Señor mostraba a la piadosa Paola Maresca un cáliz dorado que contenía sus comuniones sacramentales y un cáliz de plata que contenía sus comuniones espirituales, indicándole así el valor de las unas y de las otras.





     Pidamos a Nuestra Señora del Buen Suceso, unidos espiritualmente a todos los cristianos encarcelados por su fe, a todos los cristianos enfermos impedidos de ir a Misa, y a todos los cristianos que mueren privados de los sacramentos, que con nuestras frecuentes comuniones espirituales, podamos enviar a nuestros santos ángeles custodios a adorar y a consolar a Nuestro Señor en el Tabernáculo, ultrajado infinitas veces, y muchas otras tratado y recibido con irreverencia, convencidos del inmediato triunfo del Inmaculado Corazón de María sobre los enemigos de la Iglesia y sobre el demonio. Pidamos también la gracia de unirnos a Ella en esta época de privación temporal de la Santa Misa y del Santísimo Sacramento, y finalmente, pidamos la gracia insigne de luchar por la Santa Iglesia en  defensa  de sus derechos.


COMUNIÓN ESPIRITUAL

     ¡Oh! Santísima Madre de Dios, en el momento en que me preparo para la comunión espiritual, imploro tu auxilio.

     Tengo presente, de manera muy especial, el período de tiempo santo y glorioso en que Nuestro Señor Jesucristo, viviendo en tu claustro virginal, estaba contigo noche y día.  Y te pido que por los méritos de dicha etapa de tu vida, me concedas un deseo ardiente de recibir en mi pobre corazón al Santísimo Sacramento.

     También tengo presente, ¡oh! Madre Santísima, tu Primera Comunión, durante la celebración de la Primera Misa, en el Cenáculo. Cuán  inefables fueron los actos de Adoración, de Acción de Gracias, de Reparación y de Petición con que recibiste en tu pecho, en aquella ocasión, al Santísimo Sacramento. Cuantos actos de piedad perfectísimos le hiciste entonces a tu Divino Hijo, ¡oh! Madre.

     Creo con toda el alma en la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, y me acuerdo en este momento de las numerosas comuniones que tuve el honor y el regocijo espiritual de recibir a lo largo de mi vida. Las recuerdo con amor, gratitud y añoranza, pues, debido a mis deberes de estado, estoy privado de esa gracia inefable en las circunstancias en que ahora me encuentro.

     La idea de que en este instante pueda estar recibiendo a Nuestro Señor Jesucristo realmente presente en la Sagrada Eucaristía, me transporta de amor.

     Y no pudiendo en este momento comulgar sacramentalmente,  me presento delante de Él en calidad de esclavo de amor. Lo hago por intermedio tuyo, ¡oh! Santísima Madre de Dios y mía, y te pido que me concedas un ferviente deseo de recibir ahora mismo, si fuese posible, la Comunión Sacramental. Y de este modo, espero que esta comunión espiritual sea bien acogida por mi Divino Salvador.

     Por los ruegos de María, los cuales no dejas de atender jamás, te pido, ¡oh! Señor, que me concedas todas las gracias necesarias para mi pronta santificación. Amén.

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, ruega por nosotros.


ACCIÓN DE GRACIAS POR MEDIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

     ¡Oh! María Santísima, madre mía, Tú tenías tantas cosas para decirle a tu Divino Hijo, cuando estuvo en tu claustro. Mira qué miserias son las que yo le digo... y dile por mí, lo que me gustaría decirle si supiera lo que le decías cuando estuvo en tu claustro. Háblale por mí, Madre mía, y dile cuánto me gustaría ser capaz de decirle pero no me atrevo.

     Adóralo como yo quisiera adorarlo -lo que ¡oh! dolor,- no soy capaz de hacer.

     Dale la acción de gracias que yo debería y no le sé dar.

     Preséntale actos de reparación por mis pecados y por los del mundo entero, con un fervor que infelizmente no tengo.

    Madre mía, pide por mí todo lo que mi alma necesita, todo lo que necesitan los hombres para instaurar tu Reino en la tierra. Pero lo que más te pido, ¡oh! mi Madre, es el triunfo de tu Corazón Sapiencial e Inmaculado, y la implantación de tu Reino, en mí y en todos los hombres. Así sea.


Fórmula 
de San Antonio María Claret, 
de su libro Camino Recto y Seguro para Llegar al Cielo

¡Oh Jesus y Señor mío!... Creo firmísimamente que Vos estáis realmente en el Augusto Sacramento del Altar. ¡Ay Dios mío! ¡Qué feliz sería mi suerte, si pudiera recibiros en mi corazón!... Espero, Señor, que Vos vendréis a él, y lo llenaréis de vuestra gracia. Os amo, mi dulcísimo Jesús... ¡Como no os he amado siempre! ¡Ojalá que nunca os hubiera ofendido ni agraviado, dulcísimo Jesús de mi corazón!... Yo deseo recibiros en mi pobre morada.
(Pausa en silencio para adoración)
Como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno todo a Vos. No permitáis, Señor, que jamás me separe de Vos. Amén.



San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milano, administrando la Comunión, durante la peste de 1538 


ACTO DE CONTRICION PERFECTA

He aquí, ¡Oh mi Dios, a tu hijo pródigo que vuelve contrito a tu seno paternal! Qué motivos de confusión para mí, misericordioso Señor y Padre amoroso, haberte ofendido, después de haberte prometido tantas veces enmendarme. Cómo pude haberme atrevido a pecar en tu presencia, sabiendo cuánto te desagrada el pecado. ¡Oh! mi Dios y mi Padre, perdóname y no me castigues según el rigor de tu justicia; ten piedad de mí, no soy digno de ser llamado tu hijo, y acepta los deseos de un corazón lleno de pesar por haberte ofendido, y dispuesto a amarte por siempre. Detesto Señor todos mis pecados, los cuales son muy graves. Con ellos merezco las penas del infierno por haber ofendido tu divina majestad, tu santidad y tu bondad infinitas. ¡Oh! mi Dios, mi Padre y mi Salvador, te amo sobre todas las cosas y, por eso, quiero primero morir antes de volver a ofenderte. Amén


Fuentes:
elespañoldigital.com
nationalcatholictegister.com

Notas:
1, 2, 5: Vida Admirable de la Madre Mariana de Jesús Torres, del Padre Manuel de Souza Pereira, OFM.
3, 4: Mons. Athanasius Schneider, ORC, Obispo Auxiliar de Astaná, Kazajistán.
6: P. A. Royo Marín, OP.
7: Padre Jim White, OSSR, Director del Centro de Retiros Redentoristas en Oconomowoc, Wisconsin.
8:P. Royo Marín, OP, Teología Moral para seglares.
9: Concilio de Trento. DS 1677.
11: Concilio de Trento. DS 1678, 1705.


sábado, 23 de mayo de 2020

María Auxilio de los cristianos, una bondad que jamás se cansa de dar y perdonar






Imagen de Maria Auxilium Christianorum.
Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. S. Paulo, Brasil


     La idea de auxilio evoca la idea de necesidad. Sólo pide auxilio quien está necesitado; quien no tiene necesidad no precisa de auxilio.

     Sólo es auxiliadora Aquella que tiene como función normal, como misión propria, como trazo característico de su personalidad, el hecho de ser auxiliadora. Para serlo por excelência, Aquella que auxilia a todos de todos los modos, en todas las circunstancias y en todos los lugares, debe tener una riqueza simplemente fabulosa. Ella debe tener una bondad aún más extraordinaria que su propria riqueza. De modo que, sin cansarse nunca de dar, sin cansarse nunca de perdonar, siendo el perdón uno de sus dones tan inmensamente preciosos - hasta se podría decir "tan inmensamente deliciosos" -, y después de haber dado y perdonado mucho, aún tiene para aquél que la ofendió, una sonrisa de piedad cuando él llama y pide misericordia.

     Cuando no se la invoca, Ella auxilia aunque no se le pida. Ella ve la condición miserable de esa u otra alma y pide a Dios Nuestro Señor Jesucristo por aquella alma. Ella va en auxílio del alma que no pide, le da el auxílio que no quiere, y la socorre, a bien decir, por las espaldas, o dándole una gracia cualquiera por la cual el alma se siente tocada de amor, de reverencia y de gratitud. Entonces,  comienza a venerar a Nuestra Señora Auxiliadora y se forma una cierta relación entre auxiliadora y necesitado.


Nuestra Señora siempre nos auxilia y nos invita a pedirle más ayuda


     A partir de entonces, la persona queda comprometida la vida intera, a tener un relacionamiento con la Santísima Virgen, porque Ella auxilia cada vez más, invitando al alma a pedir más, dándole fuerzas para pedir más auxílio. Es una especie de polea que lleva hasta el Cielo.

     Puede suceder que el alma esté abundantemente auxiliada; entonces se da lo contrario. A fuerza de ver tanto auxilio, el alma recibe por medio de Ella la gracia de comprender el valor, la utilidad, la importancia y la bondad áurea de ese auxilio; y cuanto más ella recibe, ella comprende más; cuanto más ella comprende, ella quiere más; cuanto más ella quiere, ella pide más; y cuanto más ella pide, tanto más la persona recibe lo que pidió. Es la polea, con la que Nuestra Señora, con una cuerda misteriosa, va jalando hacia el Cielo a la persona, siempre que ésta simplemente quiera agarrarse de dicha cuerda.


Basílica de María Auxiliadora, en Torino, construída por San Juan Bosco a partir de 1860


     Por tanto, el título de María Auxilio de los Cristianos, es un incentivo para que pidamos, porque comprendemos que lo propio de Ella es auxiliar. Si necesitamos un auxilio y encontramos a la Auxiliadora de los Cristianos, entonces estamos seguros de ser atendidos, porque el necesitado encuentra su alivio junto a la auxiliadora. Si consideramos que la auxiliadora es Madre, tendremos la certeza de ser atendidos. 

     Una oración como el «Acordaos» nos puede ser sumamente útil. Al rezar esa oración podemos decir: «Acordaos que nunca se oyó decir que Vos abandonásteis a ningún pecador. Ahora bien, yo soy un pecador. ¿Será que Vos iréis a interrumpir dos mil años de gloriosa asistencia a los necesitados y a abrir una excepción conmigo? Yo no creo». Es una linda expresión: «Acordaos».

     Pero también, siempre que necesitemos de Ella, podemos pedir su auxilio con uno de los títulos más lindos, contenido en las Letanías Lauretanas: "Auxilium Christianorum, ora pro nobis" - "Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros" -. Ella nos dará su auxílio. Por tanto, nunca desesperemos ni nos sintamos desamparados, Ella arregla todo.

     Este “Auxilio de los Cristianos” no tiene en vista únicamente las necesidades de esta vida, sino también y muy principalmente, las necesidades de la vida eterna.


La Santísima Virgen salva a un pecador

     Leí una vez en un libro de vida espiritual algo muy bonito respecto al auxilio de la Santísima Virgen:

     Una señora – si no me engaño era de la nobleza de París – poseía una casa muy bien arreglada, en cuya sala de visitas había un cuadro con una bonita moldura y un almohadón de terciopelo con una medallita muy común, que estaba rota. Uno u otro visitante que aparecía allá, a veces preguntaba qué era ese objeto sin ningún valor artístico, hasta dañado, en medio de aquella sala tan fastuosa y de tan buen gusto. Y la señora contaba lo siguiente:

     «A esa medallita le debo la vida y la conversión de mi hijo. Él era ateo, estaba saliendo de un lugar de perdición – o bebiendo, o haciendo algo malo; en fin, se encontraba en estado de pecado – y hubo un crimen en la calle; el proyectil se desvió y lo golpeó en el pecho, chocándose contra esa medallita».

     «El proyectil está guardado junto a la medalla. La torció y la dañó, pero milagrosamente no mató a mi hijo. Él tuvo un tal golpe, que se convirtió. Y ese gran milagro bien merece que yo tenga esos objetos aquí expuestos».

     Vemos ahí por tanto la bondad de Nuestra Señora por alguien que, si hubiese muerto de un disparo, se hubiese ido al infierno, pues estaba ofendiéndola en ese momento. Ella le hizo un milagro espléndido.


Cuadro de María, Auxilio de losCristianos, pintado por TomásLorenzonea pedido de S. Juan Bosco.
Basílica de María Auxiliadora, Torino



Nuestra Señora Auxiliadora: una bondad que jamás se cansa de dar y de perdonar


     Si ese hombre, en su agonía y en pecado mortal, supo decir: "Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros" y supo decir también: "Madre mía, perdóname, ten pena de mí, auxiliame, ayúdame", él habrá obtenido una gracia en la última hora. Y en ese instante, quizás Nuestra Señora pudo haberle dicho: "¡Hijo mío, yo te salvaré!", concediéndole una de esas gracias fulminantes que hizo que San Pablo se convierta en el camino a Damasco.

     De ese modo, un precito o un futuro precito, puede transformarse en un alma de luz que va al purgatorio. Tendrá en ese sitio, mayor o menor tiempo, pero cuando las llamas purificadoras lo hagan sufrir mucho por la penitencia que cumple, desde el purgatorio dirá: "Auxilium Christianorum, ora pro me". 


Aquellos que negaron el auxílio de Nuestra Señora obtuvieron lo que eligieron...


     En el Cielo, inundado de felicidad, inundado de gloria, de santidad, de toda especie de perfecciones, está Dios Nuestro Señor, y debajo de Él todos los Angeles buenos – los malos están en otro lugar –, todos los Santos, todos aquellos que al menos en su última hora dijeron con un espíritu de contricción sincero: "Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros", siendo por Ella escuchados. 

     Del otro lado, en el infierno, aquellos que rechazaron su auxilio, que desconocieron el “Auxilium Christianorum” y que dijeron: "Yo no quiero tu auxilio, no lo necesito, me basta conmigo mismo, no simpatizo contigo y no quiero el Cielo, prefiero el infierno".

     Obtuvieron lo que eligieron, están en el infierno, y por toda la eternidad. Y la Iglesia nos enseña que el alma que está en el infierno no puede recibir ninguna gracia de Dios, pues entre Él  y el condenado hay un paredón impenetrable, que nadie lo atraviesa jamás, y que Dios no quiere, no permite, ni permitirá jamás que sea atravesado. 

     Vemos entonces los premios magníficos para quienes dijeron “Auxilio de los Cristianos”, y el destino horrible para quienes no lo quisieron decir.


Auxilio que duró toda una vida


Imagen de María Auxiliadora
que perteneció a Plinio Correa de Oliveira. 


     En algún momento de mi niñez, llegué a encontrarme en medio de alguna dificultad. Un día, estando en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (en Sao Paulo), acudí a la imagen de María Auxiliadora que en ella se venera. Mientras rezaba una Salve, la miré fijamente, casi por casualidad, y tuve la impresión de que, sin que acontezca algún milagro, la imagen me miraba, y sin ningún milagro de por medio, me decía: "Hijo, a pesar de todo, Yo te quiero mucho. A pesar de todo, pide mi ayuda que Yo te la daré". Así comenzó mi vida, que la Providência Divina alargó hasta hoy.


Todo huele a muerte, todo da a entender que el organismo terrestre está en descomposición 


     Las circunstancias presentes nos indican que vivimos buena parte de los acontecimientos previstos en Fátima, La Salette, Akita y Quito. 

     En el desvarío del mundo caótico de hoy, en el que los pecados se multiplican fabulosamente en cantidad, gravedad, horror y malícia, y en el que sentimos cada vez más, que el gran triunfo de la Iglesia y de la Civilización Cristiana después de esta crisis, está llegando, percibimos que hay um olor a muerte en medio del caos por toda parte. Vemos en una u otra noticia, que en todo hay olor a muerte; que todo da a entender que algo se está descomponiendo en toda la tierra, y que una especie de lepra mortal se ha esparcido por todo el globo terrestre.

     Hace poco oímos hablar de una enfermedad llamada ébola, originada en Africa y que fulmina a la persona no recuerdo bien en cuanto tiempo – parece que en uno, dos o tres días la persona muere –, y entre las cosas espantosas que pueden sucederle al contagiado antes de morir, es que se le caigan los ojos de la cara. 

     En este trânsito, ¿cuántos dolores nos toca sufrir? Sin embargo, siempre que tengamos confianza en decir “Auxilium Christianorum”, y que nos sujetemos a la cuerda que Ella siempre nos ofrece, tendremos la certeza de que Nuestra Señora nos llevará hacia lo alto.

     Que María Auxiliadora nos prepare, para que, cuando recibamos el llamado para la otra vida, sea en momentos en que nuestras almas más la complazcan, y Ella tenga así, la ocasión de ser más especialmente nuestro auxilio en la hora suprema. En la hora en que estemos por ser juzgados, que en un minuto nos conceda todo aquello que hayamos rechazado en la vida, para así poder alcanzar nuestro ideal: llegar a ser en la hora en que comparezcamos ante su presencia, todo aquello que Ella quiso que seamos cuando fuimos creados.


La Santísima Virgen auxilia a los cristianos en la Batalla de Lepanto. Paolo Veronese.


Extraído de conferencias de Plinio Correa de Oliveira para jóvenes catolicos, en S. Paulo, Brasil 

lunes, 18 de mayo de 2020

La Voz de Fátima queriendo ser silenciada. Advertencias del Padre Gabrielle Amorth sobre el castigo








La voz de Fátima
llegará a nosotros
pese a la oposición del infierno


Construyeron una paz sin Cristo, una paz contra Cristo. 

El mundo se hundió 
aún más en el pecado, pese al mensaje de Nuestra Señora. 

En Fátima, los milagros se multiplicaron por decenas, 
por centenas, por millares. 

Y sin embargo, 
con todo esto, 
nadie escuchó a Fátima. 

Un buen día, 
se vieron señales extrañas 
en el cielo ... 
era una aurora boreal, 
informada por todas las agencias telegráficas de la tierra. 


Pronto llegó la guerra.

"Si hoy escuchas su voz, 
no endurezcan sus corazones", 
dice la Escritura. 


     ¡Han pasado 103 años!

     En el día de su fiesta, la voz de Fátima debía alcanzarnos una vez más. Pero fue silenciada por aquellos que deberían servirle de eco en todo el orbe.

     El 13 de Mayo, el Santuario de Fátima, estuvo cerrado. La férrea dictadura de los dueños del mundo, impidió el ingreso de los que confían en la Reina del Cielo, y que en Ella depositan toda su esperanza. Tiempo atrás, lo mismo sucedió en Lourdes...



Santuario de Fátima. El año anterior, para el 13 de mayo, asistieron doscientos mil peregrinos. Este año, lució vacío. ¡Fueron prohibidos de asistir! 

     El periódico portugués "Observador" escribió como titular, para resaltar lo que fue la fiesta reprimida de Nuestra Señora: 

     "Fátima era un 'desierto oscuro' en un santuario vacío, una noche de velas sin luz".

     Incluso, el Santuario fue sitiado por 3.500 policías portugueses para ¡evitar peregrinaciones!

     Luego se dio un hecho que aparentemente es inédito, pero que es propio de un mundo sin fe:



Por querer pedir la ayuda divina, dos peregrinos fueron arrestados


     Dos peregrinos que ingresaron al Santuario fueron arrestados por la policía. Su crimen: rezar en ese bendito lugar por el fin de la epidemia, que en Portugal registra el mayor número de pacientes recuperados en Europa y el segundo mayor descenso de internados...

     ¿Podría intentarse una peor amortiguación de la voz de Fátima?





El Padre Gabriele Amorth, exorcista de Roma advierte:
"La consagración de Rusia no se hizo, por lo que el castigo puede estar cerca"


     LifeSite (edición impresa) entrevistó al Padre Gabriele Amorth, el principal exorcista de Roma, la ciudad de los Papas, antes de la muerte del venerado sacerdote.

     Fue autor de diversos libros sobre el delicado tema. Entre ellos: "Un exorcista cuenta su historia", y "Un exorcista: más historias".

     El P. Amorth fundó y dirigió la Asociación Internacional de Exorcistas, y practicó cientos de exorcismos en sus más de 30 años en esa función apostólica.

     Es toda una autoridad en la materia y conoce la insidia y los artificios del príncipe de las tinieblas.

     También discierne con acuciosidad, las conspiraciones del padre de las mentiras contra la Iglesia y la Cristiandad, para la perdición del mayor número de almas.

     Nuestra Señora de Fátima advirtió a los tres pastorcitos sobre las artimañas de Satanás para la perdición del mundo.

     También hizo una referencia explícita e insistente sobre los males que, inspirados por Satanás, homicida por excelencia, vendrían por medio de Rusia, en caso de que ésta no sea consagrada a su Inmaculado Corazón.





     Desde 1917, se hicieron varias consagraciones, por diversos Papas. La más solemne fue la del 25 de marzo de 1984, por Juan Pablo II junto a todos los obispos del mundo.

     Sin embargo, explicó el Padre Gabriele Amorth, estas consagraciones no cumplieron con las condiciones pedidas por Nuestra Señora y no pueden considerarse como una atención a su pedido hecho en 1917.

     Ha pasado demasiado tiempo y, según el experimentado sacerdote, es de temer las más terribles consecuencias en un plazo muy corto 

     Sobre la solemne consagración de 1984, el Padre Amorth testifica: “Estuve allí el 25 de marzo, en la Plaza de San Pedro, en primera fila, prácticamente a poca distancia del Santo Padre".

     “Juan Pablo II quería consagrar a Rusia, pero su comitiva no quiso, por temor a que los ortodoxos [cismáticos rusos] queden contrariados, por lo que el Papa se vio frustrado en su intento".

     “Cuando Su Santidad consagró al mundo de rodillas, agregó una frase que no se incluyó en el texto distribuido y que hablaba de consagrar 'especialmente a los pueblos de los que Vos esperas nuestra consagración'.

     "Indirectamente, eso incluía a Rusia. Sin embargo, aún no se ha hecho una consagración específica”.





     LifeSite le recordó que la Virgen en Fátima predijo, que la sangre de los mártires correría si no se hacía penitencia. Y esa sangre de mártires hoy fluye copiosamente. Luego preguntó: ¿cuánto tiempo pasará antes de que Dios envíe el castigo?

     El exorcista respondió: “No olvidemos lo que dijo Nuestra Señora: 'Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz'...". El P. Amorth agregó: "Pronto tendremos grandes acontecimientos".

     ¿Cuando? - insistió LifeSite :

     El sacerdote respondió:

     “En cierta ocasión, Israel se apartó de Dios por abrazar la idolatría. Los profetas fueron tratados muy mal. Finalmente, Dios castigó. Hoy, el mundo continúa en medio del ateísmo. Sin el Señor, el progreso es mal utilizado".

     "Lo vemos en las leyes, que van totalmente en contra de la naturaleza, como el divorcio, el aborto, la 'unión' ​​homosexual ...

     "Por eso Dios, pronto amonestará a la humanidad de una forma muy poderosa. Él sabe cómo recordarnos Su presencia".



     El Padre Amorth aclaró que no fijaba ni conocía las fechas. Pero dijo:

     "Creo que esta vez estamos más y más cerca. El Señor se hará escuchar y el mundo tendrá que responder".

     “Miro todo esto con optimismo, porque Dios siempre actúa para otorgarnos un bien mayor que los castigos infligidos, y que tienen como objetivo, abrir los ojos de la humanidad, que olvidó y abandonó a Dios".

     "Estuve con el Padre Pío durante 26 años y recuerdo cómo estaba furioso con la invención de la televisión: '¡Verá lo que ella causará!', dijo, y agregó: "tengo mucho contacto con la gente y veo cuántas almas han sido arruinadas por la televisión". Hoy le agregaríamos: y también por el Internet...


     "Cada año, 50 millones de niños son asesinados por el aborto. Y la eutanasia, la familia partida, la convivencia ... ¡Todo esto es destrucción! El Señor declaró: "Que ningún hombre separe lo que Dios ha unido".



La destrucción de Sodoma y Gomorra. John Martin 


     “Hoy se habla mucho del amor, pero no hay amor verdadero. Precisamente en Fátima, Nuestra Señora le dijo a Jacinta, de siete años: 'El pecado que lleva a la mayoría de almas al infierno es el pecado de impureza', el pecado de la carne".

     “¡La Virgen le dijo eso a una niña que ni siquiera sabía lo que significaba! Debemos escuchar lo que dice Nuestra Señora".



VIDEO
P. AMORTH, EXORCISTA DE ROMA, ADVIRTIÓ:
"EN FÁTIMA, NUESTRA SEÑORA PIDIÓ LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA, Y NO FUE ATENDIDA. GRAVES CONSECUENCIAS".



Fuente:
https://aparicaodelasalette.blogspot.com

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